| Sevilla, 10 de
diciembre de 2002
ILMO. SR. D. MANUEL
LAMELA FERNÁNDEZ, SUBSECRETARIO DE AGRICULTURA, PESCA
Y ALIMENTACIÓN, MAPA
Muchas gracias y buenos días a
todos.
En primer lugar, quiero comenzar esta intervención
señalando, como todos muy bien saben, que correspondía
al Ministro de Agricultura estar hoy presidiendo este acto,
pero a raíz del siniestro del Prestige, ha tenido que
acudir en el día de ayer y de hoy a toda la Cornisa
Cantábrica para visualizar y poner en marcha un paquete
de medidas para todas las Comunidades Autónomas afectadas
por el mismo. Dispenso, por tanto, su presencia en este acto,
correspondiéndome a mí el honor de proceder
a su inauguración, y la satisfacción de estar
en Andalucía y en Sevilla compartiendo un rato con
todos ustedes.
Lo primero que quiero es plantear una reflexión,
que probablemente esté en la mente de todos y que se
circunscribe a la necesidad del Libro Blanco. Nos encontramos
ante una coyuntura nacional e internacional complicada, con
distintos ámbitos y escenarios abiertos, como son la
ampliación de la Unión Europea hacia los países
del Este, -a la que ha hecho referencia el Consejero de Agricultura-
las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio
y los retos planteados por los denominados mercados emergentes.
En este contexto, el Gobierno de España
y el Ministerio de Agricultura, están abordando un
debate serio, reflexivo y objetivo sobre el diagnóstico
de la situación de la agricultura, la ganadería
y la industria agroalimentaria, sectores básicos de
la economía española y de Andalucía.
La necesidad de impulsar este debate y de trasladarlo al seno
de un Libro Blanco, se plantea abiertamente hacia todos los
sectores y sus interlocutores sociales, para conocer realmente
cuáles son sus sensibilidades, inquietudes y problemas.
No es un libro con un diagnóstico impuesto. El objetivo
es alcanzar un diagnóstico consensuado con el propio
sector, certero de la situación.
En segundo lugar, reflejará una realidad de nuestros
sectores productivos compartida por la totalidad o por la
mayoría de la sociedad española, de donde se
desprenderán un conjunto de líneas directrices
materializables en un conjunto de directrices y de políticas
activas consensuadas y dialogadas.
En definitiva, y de acuerdo con el lema del
Libro Blanco, creemos realmente que la Agricultura es un compromiso
de todos y que el futuro de la misma pasa realmente por que
ese compromiso exista de manera seria y rigurosa. Es un estilo
de hacer política, de aproximación a la realidad
a través del diagnóstico y del criterio de las
Organizaciones Agrarias, de las Cooperativas, de las Organizaciones
Sectoriales, de las fuerzas políticas, de las Administraciones
Territoriales y de la propia sociedad civil.
Estamos ante un momento coyunturalmente adecuado
para abordar este ambicioso objetivo, intentando no caer en
la tentación de utilizar criterios de valoración
política en lugar de criterios sectoriales objetivos.
Los intereses del sector agrario y de la industria agroalimentaria
en su conjunto, y la andaluza en particular, están
por encima de cualquier coyuntura o vicisitud política
y requieren aunar esfuerzos, criterios y objetivos para definir
ese conjunto de políticas activas que nos permita alcanzar,
a medio y largo plazo, el reto de contar con un sector real
y verdaderamente competitivo.
Soluciones que se plasmarán, en un futuro,
en los textos normativos que correspondan, en la línea
de dos grandes normas, una Ley que sea Básica de la
Agricultura y del Desarrollo Rural, y una Ley de Régimen
Jurídico de la Propiedad y la Empresa Agraria. Normas
que atiendan realmente a políticas incentivadoras eficaces,
orientadas a los objetivos que nos marquemos en todos los
ámbitos y por supuesto, en el ámbito de la fiscalidad
agraria.
Para alcanzar este futuro tenemos que mirar
hacia el pasado con orgullo y el presente y el futuro, con
realismo. ¿Qué es lo que quiero decir cuando
planteo que tenemos que mirar el presente y el futuro con
realismo? En primer lugar, el esfuerzo ha de ser de todos,
administraciones, sectores e interlocutores sociales, sabiendo
que se puede pedir a los poderes públicos y qué
tienen que hacer los sectores, sin depender de un poder o
de una administración pública. En segundo lugar,
debemos saber qué es lo que podemos y qué es
lo que debemos exigir al ámbito comunitario sin caer
en la tentación de convertir la parte comunitaria del
Libro Blanco, en una carta a los Reyes Magos. No estamos escribiendo
una carta a los Reyes Magos, estamos elaborando un diagnóstico
real con unos objetivos reales.
Desde este realismo, las políticas de
cohesión y de protección social, desarrolladas
por el Gobierno en todos los sectores, son políticas
que han de ser homogéneas y convergentes en el ámbito
nacional. Se ha de conseguir que no haya agricultores de primera,
segunda o tercera categoría, dependiendo de la zona
de la geografía en donde radiquen sus explotaciones
o de donde tengan ubicadas sus razones sociales.
Ser realistas significa ser conscientes y críticos
con nosotros mismos, saber que la cultura del subsidio, es
sin duda, el mayor enemigo del sector para conseguir una auténtica
competitividad en el futuro. No podemos pedir a la sociedad
civil apoyo o comprensión de la realidad del sector
primario, sin ser lo suficientemente autocríticos y
realistas ante las demandas de la propia sociedad civil.
Como destacaba antes, estamos ante un sector
estratégico de la economía nacional, y especialmente,
de la economía de Andalucía, que cuenta con
un alto valor añadido derivado de su tremendo contenido
social, con un papel evidente en el mantenimiento y fijación
de la población en el territorio, de su conservación,
con una función social que va más allá
de la estrictamente económica. Desde esta doble realidad,
deben surgir todas y cada una de las políticas activas
que seamos capaces de implementar con ese objetivo, insisto,
de competitividad futura.
Estos elementos han de situarse en dos ámbitos,
en el del propio Libro Blanco y en el de la realidad competencial
del Estado español que diseñaron la Constitución
de 1978 y los Estatutos de Autonomía. Constitución
y Estatutos que atribuyen competencias exclusivas a las Comunidades
Autónomas en materia de Agricultura y que por lo tanto
trazan de manera bastante nítida, cuál tiene
que ser el papel de la Administración del Estado, de
las Administraciones Territoriales, en este caso de las Comunidades
Autónomas, y de la Unión Europea. Debemos ser
capaces de integrar estos tres estadios, el de la política
agrícola europea comunitaria, la política agrícola
regional a nivel de territorio y el de la política
agrícola nacional. Estas tres políticas han
de ser coordinadas y orientadas hacia los mismos objetivos,
hacia objetivos comunes y objetivos compartidos.
La política agrícola nacional,
hoy más que nunca, tiene importancia desde el punto
de vista de vertebración del territorio, de la cohesión
territorial, de alcanzar un sector competitivo en el ámbito
nacional. Esa política agrícola nacional tiene
que ser una política coordinadora de políticas
regionales, y a su vez, ejecutora y tributaria de las políticas
comunitarias. Tiene que ser una política ordenadora
y subsidiaria de aquellas actuaciones que las administraciones
territoriales no quieran o no puedan realizar, garantizando
el equilibrio regional que diseñó y plasmó
nuestra Constitución de 1978.
Si España en su conjunto apuesta por
la competitividad de su agricultura, de su industria agroalimentaria
y en definitiva de su sector primario, está apostando
por un sector estratégico, el agroalimentario. Si desarrollamos
macropolíticas, políticas que diseñen
objetivos comunes y los medios para alcanzarlos, su consecución
resultará mas fácil. Si nos limitamos a micropolíticas,
a pequeñas actuaciones en determinados territorios
con criterios más o menos coyunturales o puntuales,
indudablemente será mucho más difícil
hacer realidad estos retos. Creo que es fundamental, desde
este punto de vista, el aunar esfuerzos entre las distintas
administraciones, para la consecución de estos objetivos.
El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación,
con el Libro Blanco, ha abierto un amplio debate social que
no tiene parangón ni antecedentes en la historia de
España. Nunca jamás un gobierno ni un ministerio
han impulsado un debate tan amplio sobre el futuro de un sector
tan importante como éste. Como destaqué anteriormente,
se ha puesto en marcha un proceso con toda la generosidad
posible, para recabar y plasmar todas y cada una de las opiniones
y de los criterios existentes.
Este proceso se está desarrollando en
dos ámbitos, el de los grandes temas que afectan a
nuestra agricultura, a la vertebración de nuestro sector
productivo, de nuestro sector primario y de nuestra industria
agroalimentaria; y al territorial, donde los problemas específicos
de los diversos modelos productivos que tenemos en España,
tienen lugar. De ahí, que en el seno del Libro Blanco,
se contemplen dos tipos de jornadas, las que denominamos “temáticas"
basadas en los grandes temas que en el ámbito nacional
afectan a toda la agricultura, la ganadería y la industria
agroalimentaria, y las jornadas “autonómicas”,
como es el caso de la que hoy se celebra en Andalucía,
con el fin de descender al territorio, de conocer su realidad.
El Libro Blanco contemplará en un apéndice,
cada una de las diversidades productivas de nuestra rica agricultura.
Creo que la jornada que van a desarrollar a
continuación es una jornada lo suficientemente amplia
en contenido como para que el resultado sea satisfactorio.
Analizaran las estructuras agrarias, esenciales para conseguir
un redimensionamiento incentivado de nuestras explotaciones.
Si queremos que esas explotaciones sean competitivas, tenemos
que tener estructuras agrarias competitivas acordes con la
realidad social que he destacado anteriormente. No podemos
ser ajenos a la existencia de un modelo -a veces lo denomino
como “modelo nacional”-, basado en la explotación
familiar agraria, que hay que apoyar sin fisuras, en un esfuerzo
común para conseguir su competitividad, enmarcándolas
en sinergias de creación de valor añadido, de
riqueza estabilizadora de rentas y de fomento de los movimientos
asociativos y cooperativistas.
Todo ello, en un escenario de tranquilidad
financiera. En este aspecto, como señalaba el Consejero,
discrepo o discrepamos, amigablemente como siempre, en la
valoración de los acuerdos presupuestarios de cara
a 2013, los cuales garantizan las ayudas de la Política
Agrícola Común para todos los socios actuales
de la Unión. Hemos pasado de un escenario de incertidumbre
financiera hasta el 2006, a un escenario libre de la misma
hasta 2006 y de extensión de la certidumbre hasta el
año 2013. Para el caso de Andalucía están
asegurados 19.000 millones de € hasta 2013, de los que
más de 14.500 millones de € se percibirán
en concepto de ayudas directas.
Contamos con una fecha, 2013, a partir de la
cual, no será necesario tener bolas de cristal para
saber qué es lo que va a sucede. Aprovechemos las dos
cosas, el calendario y el dinero. Tenemos posibilidades de
conseguir que en 2013 dispongamos de sectores competitivos
capaces de asumir y enfrentarse a ese mercado de más
de 100 millones de europeos que se incorporan, accediendo
al mismo en condiciones de superioridad respecto a los productos
que ellos puedan fabricar. Aprovechemos estas sinergias, aprovechemos
estos fondos, aprovechemos estos esfuerzos y aprovechemos
la capacidad que tiene el Estado, también de tipo normativo,
para incentivar todas estas políticas. De ahí
la importancia de dotarnos de una política agrícola
nacional que complemente estos fondos y estas políticas
procedentes de la Unión Europea.
En materia de Desarrollo Rural contamos con
los programas recientemente firmados, Leader y Proder, que
son una apuesta muy importante por la diversificación
económica del medio rural, por la mejora de sus condiciones
de vida - en relación con el mundo urbano- y por la
integración real de la mujer y los jóvenes,
dándoles una opción real de futuro.
Otro de los temas destacados de estas jornadas,
es el de la comercialización. Es sin duda, una de las
grandes asignaturas pendientes del sector agrario español
y del sector agroalimentario en su conjunto. Tenemos que ser
capaces, no de producir con máxima calidad, que ya
lo somos; no de producir con estándares de seguridad
alimentaria que demandan nuestros consumidores, que ya lo
hacemos; si no de comercializar esos productos de la manera
más ágil y dinámica posible, colocándolos
dentro y fuera de nuestras fronteras. Creo que hay que hacer
un esfuerzo y una reflexión, desde el punto de vista
de la comercialización, pensando en el futuro de las
reformas y de las estructuras comunitarias, pero sabiendo
que es lo que debemos y podemos hacer dentro del Estado español.
Hoy se analizarán los tres grandes sectores
agroalimentarios andaluces: el sector ganadero, que es casi
el tercer sector estratégico en Andalucía; el
sector de la horticultura, de una enorme importancia dentro
de esta tierra (en el año 2001 ha tenido un crecimiento
de casi el 4% en relación con el año anterior)
y supone aproximadamente un tercio de la producción
final agraria andaluza; se analizará el sector olivarero
andaluz, que es prácticamente decir el sector olivarero
español, con una facturación de más de
2.400 millones de €, en la última campaña.
También se abordarán los problemas
relacionados con la rentabilidad del agua, la política
de regadíos - a la que hacía referencia el Consejero
– el Plan Nacional de Regadíos y del esfuerzo
coordinado de las dos administraciones para hacer frente a
la modernización y mejora de los regadíos en
España y en Andalucía. Para ello contamos con
la inversión de más de 800.000 millones de €
en todo el territorio del Estado.
Dejo para el final, porque así figura
en el orden de las comunicaciones, el problema de la industria
agroalimentaria. Andalucía tiene una oportunidad histórica
desde hoy hasta 2013, de alcanzar el reto de la competitividad,
aprovechando con el máximo esfuerzo, las sinergias
y las políticas activas nacionales y regionales. Por
parte del Gobierno de España y del Ministerio de Agricultura
se va a poner toda la carne en el asador para que esta oportunidad
histórica no se pierda ni en Andalucía ni en
el resto de nuestro Estado. Oportunidad de especial trascendencia
para la industria agroalimentaria andaluza, que genera casi
el 23% del empleo total industrial de la comunidad autónoma,
con más de 53.000 puestos de trabajo en la industria
agroalimentaria, en aproximadamente 7.000 centros de trabajo
pertenecientes a 7.000 empresas distribuidas por toda su geografía.
Con una facturación de casi 8.000 millones de €,
es la segunda industria agroalimentaria de España,
solamente superada por la industria agroalimentaria catalana.
Es una enorme responsabilidad el conseguir que esta industria
sea cada día más competitiva y fuerte dentro
y fuera de España. Que sus estructuras productivas
dinámicas y estables y que continúen asentándose
y actuando como auténtico motor de esa política
de desarrollo sostenible para el medio rural, por la que todos
apostamos.
Tenemos que ser conscientes de dos datos relevantes:
6.800 ó 7.000 industrias en Andalucía son muchas
industrias. Son muchas las 36.000 industrias con las que contamos
en el ámbito nacional. Si a esto le añadimos
que en Andalucía, casi el 90% de las mismas son pequeñas
y/o medianas industrias, tenemos que realizar un segundo esfuerzo
para su mejora, potenciación y viabilidad. La política
de concentración llevada a cabo por la industria agroalimentaria
española a lo largo de los últimos años
–con magníficos resultados desde el punto de
vista de su competitividad, de la creación de riqueza
y de la creación de empleo- es un objetivo, a mi juicio,
a tener en cuenta y a plantear de cara al futuro.
Como destacaba el Consejero, una producción
final agraria que ha crecido de manera importante a lo largo
de este año - más de 9.000 millones de €
- demuestra que la agricultura andaluza está viva,
crece y tiene posibilidades de seguir haciéndolo de
manera sostenida, con independencia de los posibles mensajes
más o menos catastrofistas. La renta agraria por ocupado
también ha crecido en Andalucía a lo largo de
los últimos años - el 14,6 % respecto a 2001
y el 30% respecto al año 2000 -. Pese a la tozudez
de los datos anteriores, Andalucía tiene una dependencia
real y objetiva de las subvenciones comunitarias.
El segundo esfuerzo que tenemos que hacer es
doble. Hemos de ser capaces de optimizar esas ayudas comunitarias
garantizadas hasta 2013 y esforzarnos por reducir la dependencia
de las mismas, en todos los sectores productivos. La competitividad
de un sector depende básicamente de su propia capacidad
para colocar productos rentables en el mercado, no de la dependencia
de la percepción de subvenciones en un momento determinado,
en un período de tiempo determinado.
Un sector estable, en el contexto de una estructura
económica estable, es un sector capaz de comercializar
sus productos con regularidad, minimizando los picos inflacionistas
que en la actualidad padece. Un sector inflacionista es un
sector que no crece de manera estable, que está abocado
a crisis cíclicas. Las coyunturas de bonanza de precios,
como se ha demostrado reiteradamente, después se pagan.
El mejor objetivo a conseguir es una estabilidad razonable
en el tiempo que es lo más rentable a medio y a largo
plazo.
Quiero terminar esta intervención con
un agradecimiento y un llamamiento. Agradecimiento, en primer
lugar, a la Consejería de Agricultura de la Junta de
Andalucía por el trabajo y la colaboración desarrollada
para que esta jornada sea una realidad y que culmine con éxito.
En segundo lugar, mi agradecimiento a ponentes, comunicantes
y a todos ustedes por asistir a esta jornada y por intervenir
a lo largo de la misma.
Y, como decía antes, un llamamiento.
Llamamiento, en primer lugar, a todos los que hoy representan
al sector productor andaluz y a la industria agroalimentaria
andaluza, para aprovechar la oportunidad, creo que de oro,
para afrontar los retos que tenemos sobre la mesa. Con el
inicio de los trabajos del Libro Blanco de la Agricultura
en esta comunidad autónoma, les invito a aportar sus
diagnósticos, sus incertidumbres, sus dudas, sus problemas
y sus soluciones de futuro para que tengan su plasmación
real y concreta en el contenido definitivo del Libro Blanco
de la Agricultura y el Desarrollo Rural.
Con esta invitación a todos a seguir
participando y con el ofrecimiento del Ministerio de Agricultura,
Pesca y Alimentación y del Gobierno a colaborar codo
con codo, por encima de cualquier tipo de coyuntura política,
con ese ofrecimiento y con ese compromiso de todos –
sectores, administraciones agrarias, en este caso Junta de
Andalucía - termino mi intervención. Agradezco
a todos su paciencia y declaro inaugurada la jornada autonómica
del Libro Blanco de la Agricultura y del Desarrollo Rural
en Andalucía.
Muy buenos días.

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