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Ponencias
NUEVA POLÍTICA
PARA LA RURALIDAD: EL DESARROLLO LOCAL
Fermín Rodríguez
Gutiérrez
Catedrático de Geografía. Universidad de Oviedo
Director del CeCodet
Los componentes territoriales esenciales
de la identidad de Asturias:
LA MONTAÑA
La identidad regional está caracterizada
por la montaña. Con toda propiedad se puede hablar
de que más del 90% del país es legalmente territorio
de montaña, y en él habita más de la
mitad de la población regional. Por lo tanto, la calificación
se superpone a la práctica totalidad de Asturias y
no hubiera hecho falta tal declaración para recordar
la esencial asociación de los conceptos Asturias y
montaña, pues ambos se imbrican necesariamente en un
entramado imposible de separar.
Asturias ha sido una de las regiones pioneras de la industrialización
española; tal proceso se ha desarrollado condicionado
por el carácter montañoso del medio físico,
lo que ha propiciado el aislamiento, y, ello, junto con otras
causas ha incidido en el modelo de industrialización
seguido en el país
Por tanto, aún dentro del reducido espacio regional,
existen diferencias sustanciales entre los concejos calificados
de montaña e, incluso, en el interior de un mismo concejo,
donde la proximidad a los centros industriales ha primado
la concentración en los fondos de valle más
próximos a ellos, quedando el resto del término
despoblado , con comunidades agrarias que no han sido absorbidas
por completo por la dinámica industrial de las áreas
bajas y que se vieron sometidas a procesos de disolución
que amenaza a convertirlas en marginales.
Diferencias que se han acrecentado en el último
cuarto de siglo, cuando la fuerte polarización de la
actividad económica en el centro de la región
aceleró los procesos de desarticulación de las
estructuras campesinas tradicionales, que, sin embargo no
colapsaron el territorio, sino que iniciaron, asunto especialmente
visible desde la incorporación a la UE un nuevo proceso
de integración, de resultado incierto y aún
hoy no concluido, pero que va en paralelo a la dinámica
del sistema territorial regional que, analizándolo
como un individuo físico, podríamos decir que
ha conocido una fase hiperactiva hasta fines de los 70 comienzos
de los 80, manifestada en la concentración de la población,
en un poblamiento rural numeroso y apenas dotado de servicios
e infraestructuras, en el empleo primario significativo, un
secundario mayoritario, el terciario sesgado y un aislamiento
relativo.
Los años 80-90 son los años del desconcierto,
donde la desindustrialización es el rasgo sobresaliente
de una región, con carencias de comunicaciones, sin
alternativas a las actividades tradicionales, con escasa articulación
interna y desconectada de los principales flujos de la nueva
economía
Hoy, superado lo más duro del ajuste,
se percibe una nueva fase, un nuevo proyecto regional, en
el que se va perfilando un nuevo modelo de integración
regional dentro del esquema continental europeo y en unas
nuevas condiciones de relaciones económicas globales.
URBANIZACIÓN Y DESINDUSTRIALIZACIÓN
Asturias se enfrenta, desde hace dos décadas,
a un cambio estructural radical. Ha pasado de los primeros
puestos en la clasificación de las regiones españolas
atendiendo a su nivel de producción y renta, a lugares
bastante más retrasados, en posiciones inferiores a
los valores medios españoles y con menor crecimiento
económico que las demás.
La causa directa de este proceso ha sido el declive progresivo
de sus actividades tradicionales, sin que se produjera la
consolidación de un nuevo modelo de actividad. Pero
el proceso de desarrollo regional también ha dado una
alta tasa de urbanización; la subregión central,
a la que para identificarla mejor llamamos Ciudad Astur, es
una aglomeración urbana, que concentra el 80% de la
población regional y está compuesta por distintas
poblaciones de diverso tamaño y dinamismo. El proceso
de integración urbana continúa en la actualidad,
siguiendo la traza de las principales vías de comunicación,
consolidando nuevas formas de poblamiento, mientras en su
inmediato antepaís permanecen las huellas de una perpleja
ruralidad, claramente ciudadana. En definitiva, la aglomeración
urbana es una buena parte del organismo vital asturiano, y
su integración como ciudad se va haciendo de forma
contumaz de la mano de las nuevas comunicaciones y de la incesante
interacción que se da en este espacio de vida y trabajo.
Pero, al lado de esto, e, incluso, dentro de
la realidad urbana polinuclear que, progresivamente, se va
integrando y uniformando de la mano del aumento de la renta
disponible, del incremento de la accesibilidad, y de la distribución
de servicios propia del estado de bienestar, existe otro subsistema
que, apoyado sobre las villas, de naturaleza urbana y hábitos
ciudadanos, es de carácter esencialmente rural y que
contiene a los núcleos rurales.
Aceptando, a efectos operativos, el umbral de 100 habitantes
nos encontramos con que en Asturias existen unos 6.000 núcleos
de población (6.085) a los que podríamos considerar
en términos genéricos como pueblos pequeños;
aunque no todos, ni mucho menos, podemos considerarlos como
rurales, pues las especiales características de la
estructura urbana central asturiana hace que muchos de esos
pueblos se manifiesten como asentamientos propiamente urbanos.
Probablemente, los situados fuera de Ciudad Astur, delimitada
ahora a través de un factor que relaciona la distancia
y el tiempo (superficie definida por un diámetro recorrido
en unos 30 minutos aproximadamente y cuya longitud oscila
entre 20 y 50 kms.), se sitúen en torno a los 4.000.
LA DINÁMICA RELATIVA REGIONAL,
CONVERGENCIA Y FONDOS ESTRUCTURALES
En un informe (Fayolle y Lecuyer, 2000) sobre
los factores de evolución de la geografía económica
europea el director del Observatorio Francés de las
Comunidades Europeas (0FCE) analiza las 131 regiones europeas
durante el periodo 1986-96. Según él la situación
de Asturias no es precisamente halagüeña: "en
España, sus regiones objetivo 1 están bien dotadas
(en fondos estructurales) pero el rendimiento de su proceso
de acercamiento (con la región líder, Hamburgo)
es muy limitado y a veces negativo. Asturias está fuera
de la elipse que agrupa a las regiones objetivo 1 españolas
y su caso ilustra hasta el exceso este resultado decepcionante"
Asturias no es la región que, en términos absolutos,
más fondos estructurales recibió por habitante
en el período 86-96, pero está en el bloque
de cabeza. Tampoco es de las que más se aleja de la
convergencia con la región líder, pues buena
parte de las objetivo 2 tiene un índice de alejamiento
mayor, si bien entre las objetivo 1 es la que presenta el
mayor.
Las tendencias de futuro en un momento en el que la Unión
monetaria va a perfilar aún más netamente una
economía europea diversificada y jerarquizada, revelarán
aún con mayor claridad las fuertes heterogeneidades
que ahora se manifiestan en el espacio europeo y, por eso,
es importante cuando hablamos del desarrollo rural de una
región considerar la marcha de ésta en su contexto,
en su bloque continental
En la política regional de la Unión lo que en
el fondo se debate es qué clase de políticas
deben acometerse, si las que favorezcan la convergencia-diversificación
o las que apoyen la aglomeración-especialización.
El informe se decanta por un escenario de síntesis,
apoyándose en la dualidad nación/región
para combinar los dos escenarios elementales, haciendo de
la especialización la fuerza dominante en la escala
regional y la diversificación en la escala nacional.
A partir de esta consideración deberían actuar
las políticas estructurales y redistributivas. Las
primeras, como la política tecnológica, por
ejemplo, serían definidas a escala europea y buscarían
promover la especialización más eficaz para
el crecimiento colectivo de la unidad europea; las segundas,
las de cohesión, por una aplicación mecánica
del principio de subsidiariedad, deberían atender a
corregir, mediante la redistribución efectuada desde
el Estado, las desigualdades territoriales de los niveles
de renta.
En cuanto a la relación existente por regiones entre
la cantidad de los fondos estructurales recibida por habitante
y la convergencia de las regiones retrasadas, con referencia
a la región líder, se debe concluir que tal
relación es, en general, débil
Lo normal sería que las más dotadas
de fondos se acercasen, lo que ocurre en las ultraperiféricas;
otras, en cambio, mantienen su posición, pero con un
montante de fondos similar a éstas Asturias hasta 1996
se despegaba en sentido contrario, lo que hacía aparecer
su comportamiento excepcional.
El informe apunta a que dentro de Europa existen esquemas
de convergencia o
acercamiento entre regiones de carácter nacional. Así,
la mayor parte de las regiones españolas crecen, no
siendo éste el caso de nuestra región desde
1986 a 1996, incorporándose la región al crecimiento
general de las españolas en los años finales
de esta década, con un crecimiento superior al medio
europeo. También se observa que hay un agrupamiento
entre las regiones objetivo 1 por países. En España,
las regiones, bien dotadas, se agrupabann dentro de una elipse,
manteniendo su posición, a excepción de Asturias
que se alejaba de las demás durante el decenio de observación,
manifestando un cambio de tendencia a fines de los noventa.
En definitiva, la eficacia de los fondos estructurales
para el acercamiento de las regiones retrasadas (objetivo
1) no parece apenas disociable del contexto económico
e institucional propio de cada país, que condiciona
la distribución, la ejecución y el uso de los
fondos estructurales utilizados.
También la Comisión reconoce que en muchas regiones
objetivo 1 la convergencia se registra más en la modernización
productiva (productividad) que en su PIB por habitante, sin
que tal modernización se traduzca en creación
de empleo. Por lo tanto, parece que una cosa es la modernización
productiva y otra el desarrollo regional. Este puede ser el
caso de Asturias, para la cual no sirve la apreciación
de la Comisión en cuanto a la convergencia global de
los países, ni tan siquiera para la convergencia intra-nacional
En definitiva, la eficacia de los fondos estructurales
para el acercamiento de las regiones retrasadas (objetivo
1) no parece apenas disociable del contexto económico
e institucional propio de cada país, que condiciona
la distribución, la ejecución y el uso de los
fondos estructurales utilizados El aprovechamiento de los
fondos estructurales, en clave de desarrollo regional, parece
ser producto de la naturaleza de las relaciones económicas
e institucionales entre los diferentes niveles de gobierno
(comunitario, nacional, regional y local) y entre los agentes
del interior de las dos escalas básicas (regional y
local)
En la escala nacional la gestión de los fondos estructurales
es a menudo muy centralizada por los Estados-miembro y no
tiene en cuenta la realidad de las dinámicas regionales,
a veces muy específica, tan excepcional, por ejemplo,
como la asturiana. En la escala regional se podría
tener en cuenta que las políticas públicas no
necesariamente deben estar basadas en la subvención,
que la dinamización persigue la activación de
la componente productiva del sistema, incentivando la especialización
del mismo en el marco de redes europeas, donde el nivel de
la calidad y el grado tecnológico sitúan a cada
región. Y que en el campo local es preciso determinar
con claridad la unidad pertinente de desarrollo, aquella unidad
territorial que dispone de recursos comunes e identificables
(ventajas comparativas y social capabilities) que sus agentes
pueden movilizar para participar en el conjunto.
Estamos ante la mayor concentración
temática y espacial de fondos estructurales para el
período de programación 2000-2006, y uno de
los tres objetivos y capítulos que orientarán
su gasto es el de hacer converger a las regiones más
retrasadas, entre las cuales cabe pensar que en un escenario
europeo ampliado Asturias ya no se encuentre, debido más
al "efecto estadístico" derivado de la incorporación
de los nuevos Estados del Este que a la superación
clara del umbral de las regiones Objetivo 1 si la Unión
permaneciera como hasta ahora, integrada por quince estados
miembros.
Si a efectos de estas cuestiones de desarrollo y convergencia
regional las pecualiaridades de las escalas local y regional
se muestran tan significativas, conviene entonces precisar
la diversidad de situaciones territoriales que en el marco
regional se encierran.
UNA CLASIFICACIÓN TIPOLÓGICA
LOCAL DE LOS CONCEJOS DE ASTURIAS
Se trata de una clasificación de tipo
geográfico, esto es, integral, que clasifica tipológicamente
los concejos en varios grupos, interesándonos de ellos
los rurales (Rodríguez Gutiérrez, 1987)
Concejos del grupo rural
hipercrítico
Son 20 concejos, distribuidos sobre
la divisoria de aguas de la Cordillera, que ocupan un cuarto
de la superficie del país, mientras que su población
está unas décimas por encima del 2% del total
regional; su densidad media es muy baja, cercana a los 10
hbs/km2, con una población vieja o muy envejecida (más
de 125 viejos por cada centena de jóvenes); presentan
una evolución descendente de la población; no
cuentan con cabecera municipal mínimamente potente
y contienen 662 pueblos menores de 100 habitantes. Su población
activa agraria no baja del 80%, a pesar de lo cual generan
una escasísima aportación al VAB regional al
sector, lo que explica el bajo nivel medio de renta por habitante.
Su producción es ganadera cárnica y sus explotaciones
están dirigidas por ganaderos envejecidos.
Concejos del grupo rural
crítico
Grupo muy semejante en sus caracteres
al anterior. Las variables analizadas, aunque no alcanzan
los valores que presentan en el primero se acercan peligrosamente.
Se trata de un conjunto integrado por 10 concejos, contiguos
a los del grupo anterior, enclavados sobre las sierras y cordales
que descolgándose de la divisoria penetran hacia el
interior. Ocupan el 12% de la superficie regional y en ellos
reside el 2% de la población, agrupada en 514 pueblos
de menos de 100 habitantes. Su población agraria representa
aproximadamente los dos tercios de los activos
Concejos rurales, no diversificados
con fuerte sector agrario
Grupo compuesto por otros 10 concejos,
emplazados en la marina y en el interior occidental. De tamaño
demográfico superior a los dos anteriores, con un índice
de vejez que, aunque alto, se separa notablemente de los anteriores,
cuentan con una cabecera municipal relativamente potente caracterizada
como villa y su población no decrece apreciablemente
o está estancada; tienen 1.435 pueblos de tamaño
poblacional inferior a los 100 habitantes. Su empleo agrario
es muy significativo y, además, genera una importante
aportación al VAB regional en el sector agrario, basada
en la alta productividad agraria.
Concejos rurales diversificados
Grupo integrado por 15 concejos, con un
notable dedicación agraria de sus activos, la suficiente
como para que el sector primario ofrezca el mayor número
de empleos en ellos. Ocupa el 23% de la superficie regional,
en la que habita el 10% de la población. Cuentan con
núcleos urbanos de cierta entidad y con 1.208 pueblos
de menos de 100 habitantes; su tendencia demográfica
está prácticamente estabilizada en la actualidad
y han efectuado la transición desde el primario hacia
el sector servicios. Ya sea por la productividad del primero
o por el tamaño de los concejos todos hacen una aportación
sustancial al VAB regional agrario
También deberíamos considerar como rurales parte
de los pueblos de los concejos de implantación minera
sobre un sector agrario muy difundido, de corte tradicional
más o menos degradado y orientación ganadera
cárnica. Son ocho concejos vecinos o incluidos en el
yacimiento hullero, lo que provocó la dedicación
minera de sus efectivos en grado significativo, más
generalizada en las áreas bajas y próximas a
los centros de trabajo y diluida a media que se asciende hacia
la cabecera de los valles, donde la ruralidad es manifiesta.
Igualmente, en los seis pertenecientes al grupo
de concejos de implantación industrial sobre un sector
agrario difundido de corte ganadero lechero encontramos formas
de poblamiento claramente rurales, donde a pesar de que el
sector industrial puede acoger a la mitad de los activos,
la impronta cultural y espacial de la actividad agraria es
relevante, dinámica y altamente productiva.
Estas tipologías de concejos ocupan el 92 % de la superficie
regional y en ellos reside el 38 % de la población
del país, distribuida en unos 5.000 pueblos aproximadamente,
de los cuales 3.814 corresponden a las cuatro tipologías
primeramente descritas
El desigual potencial de los territorios y
su aportación a la identidad regional
Desde un enfoque economicista y de vitalidad social quizás
alguien estuviera tentado a considerar que estos concejos
representan la Asturias "inútil" frente a
la Asturias "útil", apenas 8 concejos: mineros,
industriales y de servicios, situados en el centro de la región,
y que en el 8% del espacio regional concentran el 62% de la
población.
Esto es un error, basado en un reduccionismo absurdo e injustificado,
pues la realidad territorial asturiana es más compleja,
su realidad urbana aún más amplia, y las conexiones
de ésta con el mundo rural, ya sea directamente o a
través de las villas, muy estrechas y profundas; haciendo
posible atisbar la aparición de la realidad territorial
conocida como ciudad-región, concepto intuido como
realidad y también hipótesis práctica
organizadora de la acción territorial de gobierno y
en la que se aprovecha de manera integrada el potencial regional.
Pongamos el ejemplo de la cultura de la manzana y la sidra,
que naciendo en el campo crea un ambiente urbano original,
ya sea el bulevar de la sidra en la calle Gascona de Oviedo
o la plaza de Requejo en Mieres, que son aprovechados regionalmente.
Puede que la tendencia evolutiva interna siga
concentrando la población y la actividad en Ciudad
Astur, pero aún estabilizando la actual proporción
(80% de la población sobre el 20% del territorio) debemos
pensar el componente urbano y el rural como dos integrantes
indisociables de la identidad de Asturias, siendo los dos
útiles e indispensables para la cohesión social
y la buena salud económica de toda Asturias y en su
complementariedad ancla el modelo de desarrollo de Asturias.
LA POLÍTICA DE LA RURALIDAD
Esta conclusión debe ser puesta en práctica
a través de una Política de la ruralidad, que
reconozca la importancia que para la identidad y el desarrollo
regional tiene su territorio rural, manejado por una escasa
población cuyas perspectivas demográficas constituyen
el problema.
Envejecimiento, alteración de la pirámide de
edades, graves desafíos para el desarrollo económico
y el empleo, fórmulas de puesta en valor de sus recursos,
conservación de la calidad ambiental de los pueblos,
formación, calidad de vida, provisión de servicios,
participación de las comunidades en su desarrollo,
y adaptación de los modos de intervención, son
parte del problema y de la solución, entrelazándose
en forma de medidas que constituyen integradamente una nueva
forma de aproximación para el desarrollo, en la que
la perspectiva territorial deviene esencial.
Desde luego que los desafíos son estimular el desarrollo
sostenible y la prosperidad de las comunidades rurales, asegurar
su calidad de vida y su poder de atracción para la
gente y, finalmente, sostener la implicación de los
ciudadanos en el desarrollo de su comunidad y asegurar la
perennidad del mundo rural.
Entrelazar las medidas en que se concretan estos grandes objetivos
de manera integrada, dotarlas de un elevado presupuesto financiero
y establecer el Pacto rural como procedimiento para utilizar
la herramienta de desarrollo, podrían ser las novedades
de esta Política de la ruralidad.
El Pacto rural puede ser una suerte de partenariado
formado por el gobierno regional con los líderes de
las comunidades locales, agrupados comarcalmente en nuevas
formas de gestión participativa para coproyectar operaciones
estratégicas de desarrollo, a las cuales se transfieran
los recursos que son la base de actuación de ese pacto
de solidaridad. Ya hay un aprendizaje social iniciado para
ello. Los buenos resultados y enseñanzas de la experiencia
LEADER y PRODER, garantizan, con las necesarias adaptaciones,
la posibilidad de incluir en el PDR una apuesta más
elevada.
No obstante, Asturias presenta en la actualidad un Programa
de Desarrollo rural que ancla en una red de territorios-proyecto
apoyados en la iniciativa comunitaria LEADER+ (tres) y en
la medida de desarrollo endógeno de zonas rurales incluida
en el Programa Operativo de Asturias (siete) que responde
a una filosofía integrada y concordante con los objetivos
generales de la Comisión, cuyo desarrollo va a estar
marcado no sólo por esta integración en el plan
regional, sino por la propia conexión en red de los
grupos (RADER)y la cualificación de los cuadros técnicos
operadores, a la cual ha contribuido de manera significativa
la Universidad de Oviedo, a través de una línea
de investigación-formación-acción organizada
a través de institutos específicos (CeCodet)
y de la formación profesionalizada de alto nivel (Master
en Desarrollo Local).
La nueva política de la ruralidad no es subsidiadora;
por su importancia y complejidad debe superar la faceta asistencial,
si pretende alcanzar su objetivo de recrear un territorio
vivo. Utiliza los recursos para desarrollar el territorio,
lo que es algo más que crecimiento económico,
favorece la actuación integrada de los diversos departamentos
de la administración, excesivamente estancos, e introduce
en el diálogo a los actores sociales. Ante todo, está
el hombre en el territorio, y el rural es un actor mayor,
al que se reconoce la necesidad de sostenerse y la obligación
de acompañarle en sus esfuerzos de desarrollo. No se
trata de algo que la administración pueda hacer sola,
sino a través del compromiso de confianza entre ella
y los múltiple actores e instancias que construyen
el territorio local y que se fijaría en el Pacto rural,
como política básica del país.
Esto ha supuesto un gran giro con respecto
a los criterios con los que se dirigían estas cuestiones
años atrás, y no sólo en Asturias o en
España, pues no sólo aquí se reclamaba
que"el número de municipios deberá disminuir
a la mitad, pues los cierres y las fusiones necesarios permitirán
realizar importantes ahorros que podrán ser reinvertidos
en la zona".Igualmente, el proceso de "racionalización"
hizo que en muchos países, por ejemplo, se redujeran
sus servicios de correo rural, se cerraran escuelas donde
el número de alumnos de primaria disminuía,
se suprimieran líneas de transporte de viajeros, y
cuando el número de empresas agrícolas descendía
se suprimían las oficinas locales de la administración
competente. Lo habitual fue aplicar reglas burocráticas,
que aludían a la subutilización de los servicios
y, por tanto, a su no rentabilidad, o al simple hecho de que
las normas que los rigen no podían ser cumplidas.
Si esta lógica económico-burocrática
se incorpora en la imaginación política, la
esclerotiza, impidiendo cualquier atisbo de creación.
Por otro lado, se exige a los políticos locales que
hagan milagros con presupuestos de miseria.
El problema rural no es estrictamente de redistribución
de recursos, no solamente esto, lo recalcamos, sino de externalidades.
De recrear una atmósfera adaptada a las potencialidades
del lugar y en la que se garanticen servicios, igualdad de
oportunidades, interacción personal y ruptura de la
soledad, y en ello desempeñan un importante papel la
dotación de servicios, debiendo ser la carta de los
servicios públicos y de interés general la formalización
del compromiso de la administración con el ciudadano,
especialmente con el del medio rural. Con ella se garantizaría
el nivel básico de prestación, pero, además,
sin duda influiría positivamente en el empleo, al encontrar
en los nuevos yacimientos de empleo, como la atención
a las personas mayores y a los niños, puestos de trabajo
directos y facilidades para la fijación de población
en los núcleos rurales.
LA RENOVACIÓN DE LOS PUEBLOS
Y SU CATÁLOGACIÓN
Precisamente el BOPA número 102, de
4 de mayo de 2002 publicaba la Ley del Principado de Asturias
3/2002, de 19 de abril de régimen del suelo y ordenación
urbanística. Ella ofrece una puerta a la posibilidad
de actuación integrada para la renovación de
los núcleos rurales, al atribuir al Principado la obligación
de "catalogar las agrupaciones de población que
estando calificadas como núcleos rurales por el planeamiento
urbanístico vigente a la entrada en vigor de la Ley,
ofrezcan un conjunto de interés significativo en cuanto
exponentes de asentamientos consolidados de edificación
imbricados racionalmente en el medio rural asturiano, merecedores
por esta razón de una especial preservación
urbanística, de acuerdo con los requisitos y condiciones
que posteriormente se aprobarán".
La Ley abre una cierta posibilidad de acción integrada
para la regeneración rural a partir de la plataforma
o núcleo desde donde se dirige la actividad territorial,
y afecta a cuestiones de índole identitaria, a la idea
de núcleo rural como totalizador histórico de
una comunidad. Idea o imagen que debe ser construida a través
de la co-interpretación y co-proyectación de
los núcleos actuales.
Es evidente que no es una cuestión exclusivamente de
tipo de conservación arquitectónica, ni de encontrar
los núcleos de buena o bella construcción. Las
aldeas asturianas son, en su mayor parte, aldeas de humildes
campesinos, en las que se conseguía burlar la necesidad
con mucho artificio, con el que daba la rancia cultura agraria
histórica, el sistema ganadero tradicional, que venía
a satisfacer los requerimientos del subsistema social y del
subsistema ecológico.
Las aldeas asturianas respetaban las determinaciones
de los dos subsistemas aludidos. En el centro y en el oriente
donde la costumbre hereditaria era básicamente igualitaria
entre los hijos, la escasa propiedad de los padres se repartía
entre los descendientes; al occidente, en cambio, estaba más
arraigada la figura del mayorazgo, que casaba para la casa,
y que mantenía unida la explotación. La variante
igualitaria favorecía la endogamia en el valle, pues
hombres y mujeres se convertían en pequeños
propietarios de casi nada que, para convertir en algo, buscaban
casarse entre sí para ampliar, con las fincas vecinas,
la pequeña hacienda de cada joven, lo que favorecía
los matrimonios entre los individuos de la misma parroquia,
que al casarse abrían casa con humos y se convertían
en vecinos con plenitud de derechos en la comunidad local.
Eso si, con una humilde casa de irregular sillarejo y diminutas
dimensiones. Al occidente y en la marina la institución
del mayorazgo estaba más asentada, la propiedad no
se dividía sino que se incrementaba, la casa era diferente
y sus "valores" arquitectónicos también.
Sólo el mayorazago tenía los derechos de vecino
y nadie más de los que se abrigaban bajo el mismo techo.
Incluso no era tan necesario buscar mujer en la misma parroquia
puesto que poco podía aportar, en términos fundiarios,
a la casa.
En resumen, las aldeas asturianas vinculadas
al sistema agrario tradicional no se caracterizan precisamente
por su esmerada arquitectura, constituyen más bien
un ejercicio de destreza y acomodación popular, hasta
hace bien poco escasamente valorado, que necesita consideración,
pues evidentemente contiene parte de la memoria y el espíritu
de Asturias.
Entre estos valores está el de su integración
en el paisaje. Las aldeas en la montaña se asentaban
por cuestiones climáticas y de seguridad en las laderas,
los replanos, rupturas de pendiente, hombreras, terrazas,
son el soporte, a veces imposible, de muchas aldeas. Allí
se localizaron, preservando el terrazgo y comprimiéndose
en el mínimo espacio. Así mantenían las
servidumbres del riguroso sistema agrario tradicional. La
degradación de éste provocó, igualmente,
la degradación de los asentamientos, alterados de muchas
maneras y desprotegidos al romperse las cautelas culturales
que sostuvieron identidad, e impronta física, pero
siguió estando allí la reconvertida ería,
ahora dedicada a pradería, los bosques de castaños,
robles y hayas, los helechos de la carba, los pastos de altura
y sobre ellos las albos picos caliares. Es decir, se mantuvo
la integridad de la cuenca paisajística, sólo
alterada en el elemento más accesible.
Quizás el tiempo se acelere y a partir
de ahora se conozca otra oleada de transformación-agresión
del paisaje hacia las cumbres, debido a tendidos eléctricos,
autovías, trenes, pistas forestales, ganaderas, de
ocio, turísticas, aerogeneradores, estaciones de esquí,
minicentrales, cebaderos y cualquier otra actividad que "genere
empleo", pero aún se está a tiempo de optar
por la calidad y por la reforma de lo tradicional con un modelo
sensible de explotación territorial. En otros casos,
como en los pueblos de la marina, la renovación del
caserío se ha hecho por la vía de adaptarlo
a las necesidades de la ganadería lechera, constituyendo
hoy los pueblos el soporte físico de una ganadería
de vanguardia y altos rendimientos que actulmente necesita
completar su dotación de equipamientos para garantizar
externalidades a estas mismas explotaciones y servir de base
logística para un turismo de calidad, y ofrecer nuevas
oportunidades a las mujeres al margen de las auxiliares que
hasta ahora ofrecía la propia explotación ganadera.
En este sentido, llama la atención cómo
los pueblos inician su propio proceso de renovación
aprovechando las oportunidades que recientemente se presentan,
iniciando su proceso de transformación de manera más
o menos espontánea, como por ejemplo ocurre en los
pueblos de la comarca del Oriente de Asturias, donde la mitad
de los núcleos cuentan, al menos con un establecimiento
hostelero (Menéndez, 2000) y han experimentado, en
los últimos años, un proceso relativamente rápido
de regeneración física, que, sin duda, se vería
optimizado integrando a través de contratos de explotación
las diversas potencialidades que se hacen presentes en el
proyecto estratégico de la comarca, o contrato de territorio,
cuya apuesta por el turismo puede verse reforzada, por ejemplo,
con esta clase de operaciones, que son complementarias con
el aprovechamiento paisajístico y de los propios valores
de los núcleos y del territorio, capaz de sostener
una actividad de explotación turística alternativa
al deporte de aventura y consistente en aprovechar, enseñándolos,
los valores culturales y la originalidad patrimonial de la
localidad
En definitiva, la operación estratégica de renovación
de núcleos que puede comenzar a ser abordada, entre
otras vías, a partir de la catalogación de los
núcleos rurales, ha de poner su referencia en la búsqueda
de la calidad territorial, un asunto que necesita del diálogo
social y de la participación, además de la reconstrucción
de la imagen rural, cuestión de índole identitaria.
Se trataría, en principio de añadir
valor a los núcleos rurales, de hacer que valgan más.
No se trata de abordar el asunto desde la perspectiva de la
conservación, retórica con la que se suele iniciar
muchos asuntos peliagudos. Los pueblos siguen siendo contenedores
de actividad, y por tanto de vida, y hemos de ser respetuosos
con la vida, y con las formas de vida. Se debería liderar
(dirigir convenciendo) un proceso que condujera al aumento
del valor de la propiedad, no a su estancamiento o disminución
Los núcleos rurales tienen un carácter singular,
pues ellos mantienen la identidad del poblamiento tradicional,
por lo tanto están dotados de un fuerte valor simbólico.
Son contenedores de la población, por lo tanto, necesitan
servicios y dotaciones. Y finalmente, son soportes y generadores
de actividad, y por ello necesitan margen para activar la
economía; no cualquiera y a cualquier precio, sino
la que añada valor manteniendo el flujo vital y la
variedad de los procesos en el sistema rural montañoso,
ofreciendo innovación y originalidad.
Los núcleos rurales son muy originales y diversos,
la adaptación a las condiciones sociales y ecológicas
dio lugar a tipologías constructivas muy diversas,
que cambian en función de la topografía o la
altitud a la que los núcleos se sitúen, incluso
en un misma parroquia. Además, el proceso reciente,
aún introdujo más diversidad.
De todo ello se deduce que a la hora de extraer
del universo de núcleos rurales una población
que pase a engrosar la bolsa de pueblos catalogados, con la
aspiración de añadirles valor y garantizar así
su renovación vital, necesitamos abrir varias puertas
para entrar en dicha bolsa.
Una de las puertas es la arquitectónica. Entendiendo
por ella el valor que adquiere la preservación de la
morfología tradicional del conjunto, fijándose
en el valor de las alteraciones, en el crecimiento y en su
ubicación
Otra puerta es la paisajística. El sistema agrario
tradicional muy depurado por siglos de práctica (ensayo-error)
determinó una relación muy ajustada entre recursos
y población, que cuajó en un paisaje integrado.
La superación de los frágiles equilibrios en
un medio montañoso, determinó que las prácticas
se ajustasen a ciclos temporales largos, lo que determina
básicamente modelos de desarrollo sostenibles, si bien
en unas condiciones sociales y laborales inaceptables hoy
día. Paisaje integrado y desarrollo sostenible cuajan
en determinado lugares valiosos por la integración
del caserío en su entorno inmediato.
Una tercera puerta hace referencia a los núcleos
incluidos en espacios protegidos o catalogados. Si el concepto
añadir valor deviene en concepto estratégico
para el tratamiento de los núcleos, tanto más
en los territorios clasificados. Si allí las especiales
condiciones del medio han determinado su clasificación
se debe considerar que para conseguir sinergias también
se deben clasificar los núcleos incluidos, frente a
la habitual tendencia a excluirlos. En relación con
esto también se deberían considerar nuevas figuras
de clasificación de territorios, como los parques rurales,
ya definidos en la legislación canaria o en las NSPM
de Lena (1995), que encajan perfectamente en esta filosofía
Finalmente, una cuarta puerta de acceso al
catálogo podría ser la que permitiera apoyar
ciertas operaciones integradas de desarrollo, que aún
basadas en una actividad, por ejemplo la turística,
necesitan recrear un entorno de calidad basado en la identidad
y que, mediante la inclusión en el catálogo,
podría ser garantizado en cierto modo. Igualmente,
esta puerta podría contener apreciaciones locales,
propias de un núcleo, que necesitan ser valoradas y
que por su especificidad no admiten un tratamiento generalizado.
Cada puerta, también podría ser considerada
una familia, integrada por distintos indicadores de cualificación
y, a veces, hasta de calificación, que permitieran,
una vez aplicados, objetivizar la pertinencia de la inclusión
y el tratamiento, necesariamente diverso para cada grupo de
núcleos clasificados.
Si de lo que se trata es de añadir valor
a los núcleos para conseguir su vivificación
y auto-mantenimiento, invirtiendo la actual tendencia declinante
de muchos, o las alteraciones que a la baja inciden en ellos
degradándolos, hay que considerar quién paga
la primera adición de valor. La nueva política
de la ruralidad quizás nos de el método, con
nuevas formas de gobernación a las que antes aludíamos,
pero la disposición financiera, bien podrían
venir de la puesta en práctica del principio de "aprovechar
las posibilidades de complementariedad entre diferentes políticas
y medidas" promovidas por distintos operadores públicos
que operan en el campo de la vivienda, las infraestructuras,
la formación o el empleo.... los cuales podrían
establecer cuánto cuesta al promotor privado que actúa
en un núcleo catalogado acceder al plus de calidad
prescrito (en calidad de materiales, tipos de obra, cautelas
técnicas,...) y suplementar desde ellos, todo o parte
del valor de ese plus que se induce, suponiendo que la consecución
efectiva de más valor para su propiedad y para el conjunto
hará que, encauzadas las aguas, ellas fluyan, pudiendo
desplazar la actuación progresivamente a otros territorios,
y afianzar también una de las tendencias posibles,
los pueblos de las clases medias.
En estos momentos y en la misma línea
se hacen presentes otras operaciones de promoción pública
convergentes con la línea anterior, como las iniciadas
a través del Fondo de Cooperación Municipal,
o del Plan Complementario para las comarcas mineras, o dentro
de programas de promoción europea como el Pacto Territorial
para el Empleo en las comarcas mineras, que van destinadas
a la mejora del equipamiento y la renovación de las
dotaciones de los núcleos rurales.
En conclusión, la regeneración
de los núcleos se plantea aquí como un proceso.
El resultado buscado será su mantenimiento como soporte
de la vida social y económica, estimándose que
la estrategia a utilizar para conseguirlo descansa sobre la
identidad rural. Sobre ella puede forjarse una economía,
la economía de la identidad. La identidad se reconstruye
y se manipula, por ello establecer cauces amplios de participación,
dar la voz para integrar y renovar la herencia transmitida
es una cautela útil. Pero la identidad no es artificio,
nace de un sentimiento de pertenencia que implica co-responsabilidad,
en este sentido y de cara a la gestión del proceso,
el éxito no se asegura sin más con la intervención
de la Administración, en el esfuerzo hay que implicar
a los vecinos, quienes con su práctica modifican sensiblemente
todas las acciones públicas. De ahí que se podría
considerar, como se hace en otros campos, por ejemplo en el
caso de las prácticas agro-ambientales por parte de
la Unión Europea, el establecimiento de un sistema
de niveles de referencia y objetivos para asignar o repartir
los costes asociados a la consecución y el mantenimiento
de la calidad en los núcleos rurales.
LA TENDENCIA EN EL DESARROLLO RURAL
Los inicios del desarrollo rural anclan en
los años ochenta en un contexto europeo de intervención
de carácter sectorial, del que son ejemplo las política
de montaña, considerando preponderante la de agricultura
de montaña, concretada en 1975 en la Directiva 75/268/CEE
y la de áreas desfavorecidas (Directiva 86/466/CEE),
que no ocultan la creencia en la imposibilidad de la agricultura
de montaña para desempeñar una función
económica, pero reconocen su función social,
y a tal fin refuerzan su vertiente asistencial, polarizada
en las explotaciones. En paralelo con este enfoque coexistió,
si bien es cierto que en un plano secundario, otro global
e integrado, que se plasma en algunas acciones financiadas
por el FEOGA-Orientación y por el FEDER, que concretan
las recomendaciones contenidas en el informe que en 1979 publica
la Comisión con el título "Desarrollo integrado
de las regiones de montaña" cuyo enfoque global
se percibe, con total claridad, como recomendación
esencial para el desarrollo del mundo rural en el documento
COM 88/501 "El futuro del mundo rural", que reconoce
la decisiva importancia de los llamados programas integrados
para garantizar la coherencia de las intervenciones que en
el futuro se realicen en el campo.
Como respuesta al primero de los enfoques y
al mandato contenido en el artículo 130.2 de la Constitución
de España, el legislador aprobó en 1982 la Ley
25 de agricultura de montaña, cuyas dos facetas de
actuación: la asistencial y la estructural sólo
conocieron el desarrollo de la primera. Si bien en Asturias
tenemos un ejemplo pionero de lo que podrían haber
sido los PROPOM, pues la intervención en Oscos-Eo no
se desarrolló como tal Programa de Ordenación
y Promoción de Recursos Agrarios de Montaña
sino como Programa de Desarrollo Integral Oscos-Eo a impulsos
de la Administración del Principado de Asturias, pues
la comarca no fue declarada como ZAM a todos los efectos,
y siguió un modelo de desarrollo endógeno, promoción
pública, concebido en la escala de comarca, con la
intención de hacer frente a la marginacion económica.
Mientras la Unión Europea reforma la PAC y crea en
1990 Leader I España enfrenta verdaderamente al concepto
de desarrollo local. Ya se asiste a una "re-metropolización"
y a un aumento de las organizaciones y redes, que tiene como
consecuencia una especie de fragmentación del territorio,
mientras que lo "local" se esfuerza en la atenuación
de la divergencia urbano/rural
Leader representa un explorador de desarrollo
y un proceso de aprendizaje social que pone en relación
a los actores del desarrollo local: los elegidos, que representan
al territorio y se preocupan de las cuestiones referidas a
los equipamientos y a la organización; las asociaciones,
que representan a la llamada sociedad civil local, interesadas
especialmente en la integración social y en la cultura
local, y las empresas, que representan a la economía,
interesadas en el proyecto concreto y en la adición
de valor al mismo
La primacía tiende a desplazarse hacia el polo económico.
Ello entraña una especie de cambio semántico.
El desarrollo local deja paso, paulatinamente, al concepto
de desarrollo territorial. Se pasa del catálogo de
actuaciones, de comienzos de los años 80, a la búsqueda
de métodos, con Leader en los años 90, y actualmente
intentamos encontrar puntos de vista más estratégicos.
LA CONSTRUCCIÓN DEL PROYECTO
DE DESARROLLO TERRITORIAL
El "proyecto de territorio" enriquece
al concepto de desarrollo local. Es la forma actual de presentar
la necesidad de una reflexión estratégica que
encuadre y dinamice los proyectos económicos o sociales;
así el desarrollo territorial implica una voluntad
activa, la ejecución de una auténtica estrategia
común para los tres núcleos de actores que modelan
el triángulo mágico del territorio local a través
de:
- La fuerza del proyecto (no hay movilización
sin proyecto)
- Alrededor del proyecto:
- Se estructuran los intereses y la
relación de los actores.
- Se precisa su capacidad colectiva:
- para observar la realidad local
- para apreciar y articular las
prioridades,
- para organizar los recursos
disponibles.
- Se diseñan estrategias y
cooperaciones.
- Se crean asociaciones de acciones
- La fuerza de la idea (no hay proyecto
sin idea)
- Alrededor de las ideas:
- Se organiza la reflexión
y se modifican los comportamientos.
- Se expresan las esperanzas y los
conflictos y se aproximan los puntos de vista.
- Se muestran las competencias y las
capacidades artesanas.
- Se organiza la innovación.
- La fuerza de la identidad compartida
(no hay idea sin debate)
- Alrededor del debate sobre el
desarrollo:
- Se elaboran interpretaciones enriquecidas
del territorio
- Se fundan nuevas asociaciones de
ideas.
- Se maduran los proyectos.
- Se crean vínculos que demuestran
la mejora de la realización.
- La fuerza de la gestión (no
hay debate sin gestión)
- La gestión debe ayudar
a los actores locales:
- A situarse, a participar y a asumir
sus responsabilidades.
- A asumir las posibilidades y las
limitaciones inherentes a su posición.
- A aceptar, entender e integrar los
intereses de los distintos grupos.
- A descubrir oportunidades insospechadas,
a dominar colectivamente los riesgos.
- A hacer germinar la innovación
y renovarse.
- Conceptos necesarios para el acuerdo
entre los actores locales
- Pertinencia territorial (proyectos de
territorios y territorio de proyectos).
- Complementariedad de las lógicas
(proyecto, estrategia de territorio)
- Lógica de actores y solidaridad
entre socios
- Factores experimentados (exógenos)
y factores adquiridos (endógenos)
- Transversalidad y efectos (sinérgicos,
multiplicadores)
- Formación-acción (ligada
a un proyecto) y Formación-desarrollo (ligada
a un territorio).
- La importancia de ciertas reglas
- Enfoque contractual
- Enfoque ascendente
- Enfoque integrado
- Enfoque asociativo
- Enfoque multianual y global
- Los efectos esperados
- Movilización de las personas,
detección de portadores de ideas y proyectos
- Federación de los medios alrededor
de las ideas latentes
- Modificación de los comportamientos
y creación de vínculos
- Renovación de la democracia local
y la nueva ciudadanía
- Apertura hacia otros grupos sociales
y hacia el exterior
- Aparición de la red.
En términos de gestión territorial,
una de las cuestiones centrales es: ¿cómo movilizar
a los actores económicos y facilitar su organización
sobre una base territorial para crear una dinámica
de proyecto en el nuevo contexto mundial?
Los efectos de la mundialización dan lugar a nuevos
modos de desarrollo que obligan a la empresa a abrirse a su
entorno inmediato. La colaboración entre empresas,
la externalización de un cierto número de funciones,
la búsqueda de servicios añadidos o complementarios,
la calidad de los recursos humanos o, en el medio rural, las
imágenes de autenticidad y de territorio propio, son
otras tantas bazas que en este momento condicionan el rendimiento
de una empresa
Pero el territorio no tiene como único
objetivo proveer de servicios a las empresas. Su principal
vocación es movilizar, crear vínculos, hacer
actuar, hacer que colaboren los actores inicialmente aislados
o encerrados en un esquema sectorial para producir una plusvalía
imposible de conseguir de otro modo.
La nueva gestión territorial debería establecer
un lazo permanente entre un pilotaje estratégico, duradero,
que dé preferencia a la transversalidad y la ambición
compartida por un proyecto de territorio, y un pilotaje estratégico,
más efímero, más sectorial, que acompañe
a los proyectos de las empresas o los actores. La complementariedad
debe enriquecer recíprocamente estos dos procesos,
cuya dimensión central sigue estando fundamentada en
lo humano, en los valores de los que el territorio suele ser
portador.
La actual desmaterialización de la economía
hace que se pase de la repetición a la búsqueda
de la diferencia,
- de la producción a la innovación,
- de la productividad a la competitividad,
- de la cantidad a la calidad,
- de las necesidades a los problemas,
- de los recursos a la riqueza humana,
- del mando a la gestión, es decir,
se pone la vista fuera de la empresa, en la inteligencia
territorial, la que crea diferencias y moviliza para crear
competencia introduciendo innovaciones apropiadas colectivamente.
En el porvenir de las regiones se establecerán
diferencias entre aquellas capaces de reunir su "capital
inmaterial" (saber, talento, experiencia, sensibilidad,
cultura, relaciones humanas) con su "capital relacional"
(imagen,, propiedad industrial, redes, relaciones con el entorno
y con los valores que inspiran sus decisiones) y esto es válido
para las urbanas como las rurales, y por eso mismo creo que
estas consideraciones son pertinente para aplicar al proceso
de desarrollo rural.
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