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Ponencias

ANÁLISIS DE LA AGRICULTURA BALEAR. EVOLUCIÓN Y SITUACIÓN ACTUAL

Dr. Pere A. Salvà-Tomás
Catedrático de Universidad de Geografía Humana.
Universitat de les Illes Balears.



1. INTRODUCCIÓN

Esta ponencia, que únicamente pretende aportar una lluvia de ideas, tiene como objetivo el realizar una exposición general sobre la situación actual y reciente del mundo rural de las islas Baleares, resaltando las alternativas que a los actuales inicios del siglo XXI presenta su uso agrario, agrícola y ganadero. En la historia reciente de los cambios del mundo rural de las Baleares deben tenerse en cuenta una serie de acontecimientos decisivos que han implicado fuertes impactos sobre su agricultura y ganadería. Entre estos destacan por profundidad de sus efectos:

  1. La irrupción del turismo de masas, cuyo despegue puede datarse en los años finales de la década de los 50, que provocó una mutación profunda del modelo territorial y económico de las Islas Baleares e incidió en la crisis del modelo de productividad agraria vigente en la etapa anterior. La agricultura y la ganadería balear no pudo adaptarse al nuevo sistema provocando su progresiva transformación que pondrá en evidencia el frágil equilibrio de la explotación familiar de pequeñas y medianas extensiones que se verá afectada con una importante reducción. La población activa agraria se verá afectada por un importante éxodo rural . Por otra parte la influencia de una serie componentes incidirán también en el cambio del modelo de productividad: la aceleración desde los años 60 del proceso de mecanización del campo, la progresiva sustitución del sistema de aparcería por el de arrendamiento, que implica un aumento de las unidades productivas y una mayor rentabilidad de la explotación y el cambio en la producción agraria, representado por un crecimiento de las tierras de regadío y su dedicación a productos agrarios perecederos adaptados a la demanda urbana y/o turística. Globalmente implicó una disminución de las tierras cultivadas, muy especialmente las del sistema de secano.
  2. La integración española a la Unión Europea en 1986 que representó un nuevo impacto para las actividades agrarias, ya muy afectadas anteriormente por el desarrollo turístico balear.

Estos dos hechos, desarrollo turístico e integración europea, definen claramente diferentes etapas en la evolución del mundo rural balear. El análisis de los impactos de ambos acontecimientos es muy importante para poder realizar un diagnóstico de su situación actual y para poder perfilar posibles alternativas de futuro. En la actualidad la situación actual y el futuro del mundo rural de las Islas Baleares aparece condicionado por una serie de variables básicas:

  1. La percepción del mundo rural en el marco de la política general de la Unión Europea.
  2. La situación del mundo rural en los países desarrollados en los que se engloban las Islas Baleares.
  3. El papel que se asigna a la agricultura y la ganadería en el mundo rural.
  4. Las características particulares de las Islas Baleares afectadas por la insularidad, factor que implica la búsqueda de estrategias diferenciadas de la agricultura continental europea. Completando esta especificidad debe destacarse también el hecho de que el territorio de abarca las Islas Baleares se estructura en diferentes islas, lo que implica una no continuidad territorial desde el punto de vista geográfico. Cada una de las islas presenta particularidades que necesitan estrategias especiales en función de sus características agroeconómicas.

En relación a la primera variable debe destacarse que la situación actual del mundo rural en la mayoría de los países desarrollados europeos es el resultado de diversas políticas de desarrollo económico se han ido implantando en Europa en los últimos 50 años. En este contexto debe recordarse que en la década de los años 70 apareció el concepto de Desarrollo Rural como estrategia para superar los efectos negativos de las políticas de desarrollo económico que habían ido marginalizando las áreas rurales, implicando importantes diferencias entre el desarrollo económico de las áreas urbanas y el de las áreas rurales. Desde esta perspectiva el mundo rural ha sido objeto de especial interés como se demuestra a través de diferentes documentos aprobados a lo largo de los últimos quince años en los que se diseñan actuaciones y/o se definen nuevas funciones para el mundo rural. Destacamos, entre otros, “El futuro del medio rural” (1988) y/o la Declaración de Cork “Un medio rural vivo”, que manifiestan la necesidad de buscar alternativas a los modelos tradicionales de desarrollo rural, que fueron impulsados por iniciativas de carácter público y/o en forma de subvenciones para pasar a nuevas estrategias que basadas en nuevas iniciativas conviertan a los espacios rurales en sectores dinámicos, en los que la participación de la población residente es una de las bases para posibilitar un desarrollo integral en el que domine el movimiento ascendente.

El diagnóstico de la situación del mundo rural de las regiones europeas desarrollados presenta puntos muy semejantes a la situación registrada en las áreas rurales de las Islas Baleares:

  1. Decadencia y/o disminución de la población activa agraria, que aparece ligada a un declive de la profesión de agricultor.
  2. Un progresivo aumento del índice de envejecimiento de la mano de obra agraria que no es substituida por la falta de aportes de personas jóvenes.
  3. Una regresión de los espacios cultivados.
  4. Una apropiación sistemática del suelo rural por parte de los urbanitas para actividades de función urbana (espacios residenciales, de ocio y/o recreación).
  5. Una progresiva descapitalización de la agricultura y ganadería que marginan un considerable número de explotaciones no competitivas.

Partiendo de esta situación la PAC ha considerado en general sólo las ventajas de los sistemas de producción agraria más productivos y más competitivos, circunstancia que ha implicado una marginalización de los espacios agrarios tradicionales insulares que en general, presentan por sus características territoriales y ambientales, importantes desventajas respecto a los espacios continentales europeos. La estrategias y actuaciones propuestas implican iniciativas de adaptación y reorganización de las explotaciones existentes a las nuevas circunstancias, que en el caso de los espacios insulares se basan mayoritariamente sobre acciones sustentadas sobre la filosofía de que los espacios agrarios pueden mantenerse a través de actividades no basadas exclusivamente en criterios de la producción agraria sino que se asignan nuevas funciones a los espacios rurales no ligadas directamente a la agricultura y la ganadería. Es lo que algunos autores han denominado como agricultura postproductiva. Partiendo de la idea de que el agricultor es necesario independientemente de la producción agraria se sugieren nuevas actividades para los activos agrarios, tales como la del agricultor como factor esencial para la conservación de la naturaleza. Se pasa del agricultor productor de alimentos al agricultor englobado en el sector terciario como administrador de servicios. Por otra parte sugiere el desarrollo de actividades no agrarias en espacios rurales, especialmente las turísticas, con el fin de equilibrar rentas (Agroturismo, turismo verde, turismo de deporte, turismo de salud o relax). El debate que se plantea es si estas nuevas formas desarrolladas son un elemento de desarrollo rural o son factores de rururbanización.

Incluso a nivel de la planificación territorial de las Baleares, las Directrices de Ordenación Territorial de las Islas Baleares (DOT), aprobadas a inicios de 1999, establecen en el marco de sus estrategias unos objetivos de actuaciones cuyas claves se basan en la función turística dominante y en la especialización residencial.

2. HACIA UN DIAGNÓSTICO DE LA SITUACIÓN DE LA AGRICULTURA Y LA GANADERÍA EN LAS ISLAS BALEARES

El territorio rural de las Islas Baleares (Superficie Agraria) se extendía, según los datos del Censo Agrario de 1999, sobre el 74,76 por ciento del territorio insular, mientras que la población que vive en él solo representa una cuarta parte de la población balear. Por lo tanto desde la perspectiva territorial la superficie agraria con 374.826 hectáreas en 1999 tiene un importante papel en la fisonomía del paisaje de las Baleares. Pero su análisis desde la perspectiva de su evolución histórica, social, histórica y económica presenta su diagnóstico, a excepción de algunos sectores, nos presenta una situación grave y preocupante. Debe señalarse que en la evolución de la agricultura y la ganadería ha intervenido diversas variables entre las que destacamos:

  • El desarrollo del turismo de masas desde finales de la década de los años 50 del siglo XX.
  • Unos recursos físico-naturales y una infraestructura socio-jurídica que tradicionalmente ha condicionado las actividades agrarias.
  • Una situación de lucha competencial entre la agricultura y el turismo.
  • La nueva situación con la entrada española a la Unión Europea.

La expansión progresiva del fenómeno turístico ha provocado cambios importantes en el espacio rural imponiendo una reorganización del mismo, provocada por la obligada adaptación de sus características a las nuevas coordenadas económicas de las islas, que marginalizan a los activos agrarios y las producciones agrícolas y ganaderas a una situación residual. La evolución positiva de los restantes sectores económicos ha sumido al sector agrícola y ganadero a una constante reducción de su peso relativo en la economía balear. En 2001 la composición del PIB (pm) presenta una distribución en la que la agricultura y la ganadería sólo representan el 1,40 por ciento, mientras que la industria abarca el 8,56 por ciento, la construcción el 9,27 por ciento y los servicios el 80,76 por ciento del total del PIB regional de las islas Baleares. Todo ello teniendo en cuenta que se mantiene la aportación en euros corrientes, aumenta la renta agraria por ocupado y por lo tanto la productividad del sector.
Como elementos clave para un diagnóstico descriptivo de la situación de la agricultura y la ganadería balear destacamos:

  1. Una importante reducción del número total de agricultores. La población activa agraria experimenta una progresiva disminución de sus efectivos, consecuencia, en una primera fase, de un éxodo rural muy intensivo que se desarrolla en las décadas de los años 50 y 60. Este hecho ha incidido sobre sus estructuras de edades que registran un alto índice de envejecimiento, consecuencia de la continuidad en las tareas agrarias de las personas de más edad a las que es difícil cambiar su actividad. La evolución de este importante retroceso del número de agricultores queda bien patente al pasar de una cifra superior a los 100.000 activos que se registran hasta 1940 a apenas 8.300 agricultores en 2001 (Figura 1), que representan poco más del 2% del total de los activos de las Baleares (Figura 2). Por lo tanto en el espacio rural de las islas Baleares no se encuentra una situación de paro laboral sino que se ha registrado en los últimos 40 años un traspaso de los activos desde la agricultura y la ganadería hacia los sectores secundario y de servicios. Este declive de los activos en la agricultura se registra paralelamente al considerable aumento del sector de los servicios, sector que engloba el 72 por ciento del total de los activos de las Baleares, mientras que el sector industrial ocupa el 10 por ciento y el de la construcción el 16% de la población activa. De los 8.300 agricultores afiliados a la Seguridad Social Agraria de las Islas Baleares un 70 por ciento se dedica a tiempo parcial, obteniendo los principales ingresos en otras actividades económicas. Solo unos 1.500 afiliados declararon rendimientos provenientes de la actividad agraria que superaban el 50 por ciento de sus ingresos totales.
  2. Un importante proceso de envejecimiento de la población activa agraria. Un alto nivel de envejecimiento de la población activa agraria. Más de la mitad tiene más de 50 años. El resultado de este vaciado de activos agrarios implica que la estructura por grupos de edades de los agricultores presente una acumulación en las edades superiores a los 50 años, en las que se concentran más de la mitad del total de activos agrarios, mientras que se observa una falta de sustitución en las edades más jóvenes (Figura 3). Este hecho contrasta con la distribución por grupos de edades de los titulares de la explotación que aún presentan valores más elevados de envejecimiento (Figura 4).
  3. La contracción del espacio agrario: El abandono progresivo de las zonas cultivadas. La demanda de suelo urbano de función turística y/o residencial ligado al desarrollo de las infraestructuras turísticas y las demandas urbanas implican una contracción del espacio agrario que se ve parcialmente transformado en suelo urbanizado. Esta disminución se ha estabilizado en relación a la superficie agraria que solo ha disminuido en un 2,44 por ciento entre 1989 y 1999. En esta última fecha la superficie agraria censada se extendía sobre 374.826 hectáreas. Pero la superficie agraria útil ha experimentado un pequeño incremento superando las 222.000 hectáreas que representan el 44,30 por ciento de la superficie total de las Islas Baleares. En parte la mencionada disminución viene provocada por un retroceso de las tierras cultivadas (Tabla 2, Figura 5). Estas sufren diversos impactos que se pueden resumir a través de dos procesos bien claros:
    1. Una retrogresión progresiva de las tierras de secano, debida a su baja capacidad de resistencia frente al fenómeno turístico y/o urbano y a las dificultades de adaptación este sistema de cultivo. Se define por la presencia individual o combinada de cereales y arbolado y/o cultivos arbustivos, que globalmente defines las pautas paisajísticas humanizadas de amplios sectores de la comarca del Pla de Mallorca y las islas de Eivissa y Formentera. A este sistema puede añadirse una residual agricultura de subsistencia en fase de desaparición ubicada esencialmente en la montaña de Mallorca, en la que domina el olivo (Tabla 2, Figura 6) .
    2. El aumento de la demanda de carne y leche en los años del desarrollo del turismo provocaron una primera expansión del sistema de ganadería, que en la actualidad sufre las consecuencias de la competitividad con los productos procedentes de la Unión Europea. Provocó un crecimiento de la ganadería vacuna y porcina, que hasta la fecha sólo se había desarrollado en la isla de Menorca, única que presenta una cierta estabilidad en función de su industria agro-alimentaria fundamentada en la producción de leche para la elaboración de quesos artesanales y/o industriales y la mantequilla menorquina.
    3. Ligado al aumento de consumo de forrajes de regadío y el aumento de la demanda urbana y/o turística de productos hortícolas se registró hasta 1986 una expansión de las tierras de regadío cuyo crecimiento se desarrolló a expensas de las de secano. Pero entre 1989 y 1999 registran un retroceso del 11,72 por ciento, ligado en parte al abandono de amplios sectores de producción forrajera para una ganadería estabulada (Tabla 2, Figura 7).
    4. Por su parte el aumento del nivel de vida de la población residente en las islas así como parte de los visitantes implicó que a lo largo de estos 45 años, y muy especialmente desde los años 70, que el espacio rural sufriera el impacto de un importante proceso de rururbanización, ligado a la urbanización de los espacios rurales de Baleares a través de la extensión del fenómeno de las residencias secundarias. Este proceso de rururbanización se ha intensificado en la última década con el retorno a los espacios rurales de un número importante de personas que residían antes en las principales ciudades de las islas, fenómeno que se agrava con la irrupción de residentes permanentes de origen extranjero que implican un proceso de compra de tierras antes dedicadas a la agricultura y la ganadería. Es el paso de los urbanitas a ruralitas con mentalidad urbana. Estos hechos provocan un paso desde funciones del espacio rural que fueron hasta la década de los años 60 casi exclusivamente agrarias a su coexistencia con nuevas funciones no agrarias, especialmente las residenciales. Desde esta perspectiva las zonas rurales desfavorecidas de las Baleares, especialmente las tierras de agricultura seca, no registran una ausencia de una actividad de sustitución de la agricultura, ya que estos espacios agrarios se van convirtiendo en espacios de función residencial y/o de ocio.
  4. El fuerte descenso del número de explotaciones. En los últimos treinta años las Islas Baleares han experimentado un fuerte descenso del número de explotaciones agrarias. Según los datos del censo agrario de 1999 el número de explotaciones agrarias se ha reducido 31,32 por ciento en relación al censo agrario de 1989 siendo el número total de 19.788 explotaciones agrarias. En 1989 se registraron 28.810 explotaciones, cifra que ya en su momento representaba una fuerte disminución si se comparaba con los datos del censo agrario de 1972, fecha en la que el número total de explotaciones se acercaba a las 50.000 explotaciones agrarias. Entre 1972 y 1999 se detecta un alto abandono de explotaciones agrarias de escasa entidad superficial o bien su fagocidad por parte de otras de tamaño mayor (Figura 8). Entre 1972 y 1989 el número de explotaciones agrarias disminuye en un 31 por ciento en la isla de Mallorca, un 67 por ciento en Menorca y un 2 por ciento en las Pitiusas. A nivel global las explotaciones de tamaña inferior a 5 hectáreas son las que tienen una tendencia mayor al abandono, mientras que las que resisten de manera más significativas son las de tamaño mediano entre las 5 y 70 hectáreas, así como las de 100 a 200 hectáreas (Figura 9 y Figura 10). Esta desagrarización que incide en las explotaciones de tamaño reducido es el resultado de un proceso de reestructuración que sigue en líneas generales la actual tendencia de la mayoría de los sistemas agrarios de producción de la Unión Europea. Este proceso de modernización y adaptación de la estructura agraria balear es un síntoma de una nueva percepción de la empresa agraria que ha propiciado una concentración de tierras agrarias, muy especialmente en el tamaño de las explotaciones de tipo mediano, que experimentan un aumento en la UTA y una mayor capitalización. La superficie media de las explotaciones ha pasado de 13,34 hectáreas en 1989 a 18,94 hectáreas en el censo de 1999. La utilización de mano de obra por explotación ha pasado de ser de 0,46 UTA/ explotación a 0,67 UTA/ explotación. El 74,97 por ciento es mano de obra familiar que se divide entre un 66,21% del titular y el 21,16% del cónyuge. Destaca sin embargo el incremento importante en un 53% del volumen de la mano de obra asalariada, que representa el 25,03 del total, siendo en un 73,73% fija y el resto eventual. En consecuencia, cada vez es menor el número de explotaciones, pero estas se concentran y en general son más grandes y más rentables. Esta es una tendencia generalizada en el mundo agrario español que implicará una continuidad en la desaparición de explotaciones resistiendo aquellas que tengan posibilidades de futuro en relación a una dimensión económica y laboral suficiente. De esta manera cabe destacar que solo unas 1340 explotaciones de las Baleares registran una rentabilidad superior a 16 unidades de explotación, lo que implica que sean casi las únicas explotaciones que generan movimiento de capital (ongresos, puestos de trabajo e inversiones). Sólo en 3.900 explotaciones trabajan más personas que el titular de la explotación.
  5. Cambios en los regímenes de tenencia de la tierra. Las Islas Baleares también han experimentado un importante cambio estructural representado por un notable avance del régimen en propiedad que globalmente se extiende sobre el 75,42 por ciento de la superficie agraria total balear. El cambio más significativo es el que registra la Isla de Menorca en donde el régimen de tenencia de la propiedad ha pasado a extenderse sobre el 85,48 por ciento de las tierras agrarias, superando con creces al tradicional predominio de la aparcería, régimen dominante hasta los años 90 del siglo pasado. Pero también debe constatarse que en el caso de la isla de Menorca se trata de nuevos tipos y/o formas de explotación cuya gestión es novedosa, pero que sustancialmente continúan siendo explotadas en aparcería.
  6. Importantes cambios en el sector ganadero. El sector ganadero también experimentan procesos semejantes al de la agricultura. Registran en general una perdida del número de explotaciones ganaderas si bien globalmente aumenta el número total de cabezas en un 67,65 por ciento en relación al censo de 1989 (Tabla 3). En todos los tipos de ganadería se registra un aumento del número de cabezas por explotación. Pero el comportamiento es diferencial según las tipologías de ganado. De todos ellos las aves es la tipología que registra mayor incremento con un incremento del orden del 100,55 por ciento. En segundo lugar aparecen los porcinos con un incremento del 39,07 por ciento, que en el caso de los ovinos fue del 8,98 por ciento. Sólo en el caso del sector bovino y caprino se registra una disminución del número de cabezas de ganado. El sector bovino en continua reestructuración desde la integración española a la Unión Europea disminuye en un 8,25 por ciento su cabaña, si bien incrementa en un 24,53 por ciento la relación del número de cabezas por explotación, lo que es indicativo de una mejora de su estructura productiva.
  7. Una mejora de las variables económicas que se constata por la desaparición de un importante número de empresas con unidades de dimensión económica (UDE) inferiores a los 9.600 € de margen bruto anual al mismo tiempo que se incrementan en un 114 por ciento el número de explotaciones con un margen bruto superior a los 19.200€ anuales.
  8. La inexistencia de un plan estratégico global a nivel de investigación agraria a pesar de los grandes avances en el marco de la Universidad de las Islas Baleares y otros organismos de investigación, planificación e introducción de nuevas tecnologías. Destaca la existencia de convenios puntuales en sectores concretos (biología animal, producciones derivadas de la ganadería- queso y lacteos- o cultivos concretos que implican la introducción de proyectos I+D, pero que no cubren una visión global de la problemática del sector agrario balear (análisis de las potencialidades, adaptación de nuevos cultivos, planteamiento de alternativas).
  9. Un déficit en los programas de formación agraria que únicamente han sido potenciados en los últimos años (Nuevas carreras Ingeniería Técnica Agrícola en la UIB, cambios en la formación profesional).

Cabe señalar por otra parte que existen importantes diferencias territoriales entre los tipos de agricultura existentes en las Islas Baleares y/o practicados en cada una de las islas que componen la Comunidad Autónoma Balear, que deben ser objeto de estrategias diferenciadas. Destacamos:

  1. El sistema de agricultura mediterránea de secano, definida por la presencia individual y/o combinada de cereales y arbolado y complementada por una ganadería extensiva, básicamente de ovinos, que es especialmente significativa en el Pla de Mallorca y las islas Pitiusas (Eivissa y Formentera).
  2. El sistema de ganadería con cultivos forrajeros de la isla de Menorca.
  3. El sistema de ganadería intensiva con cultivos forrajeros de Mallorca (bovino y vacuno) actualmente en regresión en cuanto al número de cabezas y explotaciones ganaderas.
  4. El sistema de agricultura de horticultura en régimen de producción intensiva ubicada tanto en huertas tradicionales como en nuevos regadíos, que es el que presenta mejores perspectivas de resistencia al abandono.
  5. El sistema de agricultura de subsistencia caracterizada por áreas de cultivo abandonadas y/o de ganadería extensiva y que se convierte en una agricultura marginal.
  6. El surgimiento de una “hobby agricultura” o agricultura de fin de semana.
  7. La agricultura a tiempo compartido.
  8. Nuevas formas de prácticas surgidas de nuevas alternativas como es la agricultura y/o ganaría ecológica o la especialización en productos de calidad (viña, olivo,...)

3. LOS EFECTOS SOBRE LA AGRICULTURA Y GANADERÍA BALEAR DE LA INTEGRACIÓN DE ESPAÑA EN LA UNIÓN EUROPEA

Sobre la crítica situación de los espacios rurales y de sus actividades productivas en el momento de la entrada española a la Unión Europea, la PAC implicó una nuevo golpe sobre la débil agricultura y ganadería, que se encontraba, a excepción de las tierras regadas, en una situación residual, resultado de su persistencia en una progresiva decadencia.
Esta situación de la agricultura y la ganadería balear se ve afectada por:

  1. La tendencia de una PAC, que se posesiona a favor de unos sistemas de producción más productivos y competitivos, circunstancia que ha ido marginalizando los sistemas agrarios de la agricultura de secano de Baleares, que de una manera generalizada se encontraban en una situación de atraso tecnológico, baja competitividad de sus producciones, falta de participación del agricultor en la comercialización de sus propios productos, bajo nivel de formación, alto índice de envejecimiento de sus activos agrarios, una caída de las rentas agrarias y una falta de capitales de inversión. Todo ello representa una clara inadaptación a la nueva situación política y económica. Esta situación impide las posibilidades de un resurgimiento de las actividades agrarias. Cabe señalar que existen diferencias en los impactos sufridos según los diferentes sectores, los tamaños de las explotaciones y/o los tipos de agricultura practicados. Cabe recordar que las explotaciones dominantes antes de 1986 en cuanto al número total correspondían a explotaciones de superficies inferiores a las 5 hectáreas, lo que indicaba el dominio de un alto nivel de minifundismo. Por otra parte, el sector agrícola ha sufrido las consecuencias de una lucha constante con el turismo en el marco de las competencias espaciales, especialmente con relación al problema de la gestión del agua que, hoy por hoy, es contemplada en las islas Baleares como un recurso para uso urbano y turístico y no agrario. La combinación de la tipología de los cultivos, las dimensiones de las explotaciones, las producciones agrarias y los tipos de apropiación de la tierra indica que existen sectores beneficiados y sectores problemáticos relativos con escasa posibilidad de resistencia desde la perspectiva económica. Dado el predominio absoluto en las Baleares de una agricultura no competitiva y con posibilidades reducidas de resistencia, la situación actual del sector agrario puede definirse como una situación de mantenimiento del abandono del campo, especialmente grave en el sector de agricultura seca, sistema que se ve afectado por una parte por las deficiencias de sus cosechas y la caída de los precios (almendra, algarrobo, olivo). La ganadería, especialmente la bovina, presenta graves problemas en función de las cuotas de producción lechera, las deficiencias de la estructura de la producción y regularización, lo que ha implicado la clausura de un número considerable de explotaciones lecheras al igual que el ganado porcino que en función del problema sanitario de la peste africana tampoco tiene salida. Sólo pequeños sectores de regadío con introducción de nuevas técnicas de cultivo resisten en función de una producción controlada de hortalizas, frutas y/o flores.
  2. En consecuencia las tierras más afectadas por la evolución de una economía de libre mercado aplicada a través de la PAC son las tierras de agricultura mediterránea de secano, hecho que ha implicado su marginalización hacia una situación de RESERVA, que implica un progresivo crecimiento de la superficie de las tierras no cultivadas, resultado de un abandono sistemático de las áreas agrarias de cultivo. El espacio resultante de este proceso de abandono sufre una progresiva forestación y/o invasión de las zonas antes agrarias por el matorral y el bosque. Este hecho se complementa con un abandono del sistema de ganadería intensiva por cierre de un elevado número de explotaciones de ganado bovino.
  3. La difícil situación del mundo rural de las islas Baleares implica la necesidad de buscar alternativas que permitan su preservación y/o resurgimiento. En el momento actual la mayoría de las actuaciones propuestas y previstas son resultado del impulso de la sociedad urbana para poner los espacios rurales a su servicio. Entre ellas destacan:

La PAC propone una serie de actuaciones que se manifiestan por el establecimiento de nuevas funciones para los activos en la agricultura y ganadería de las Islas Baleares. Se parte del concepto de que el agricultor es necesario independientemente de la producción agrícola. La idea es que los espacios rurales de las Islas Baleares pueden mantener otras funciones no basadas en los criterios económicos de la producción agraria, sino en nuevas funciones, tales como:

  1. La función del agricultor con relación a la gestión ambiental. En el marco de esta concepción la actividad agraria en los espacios rurales es considerada como un factor esencial para la conservación de la naturaleza y, por lo tanto, esta acción debe considerarse como un servicio a la colectividad y, en consecuencia debe ser retribuido. El agricultor pasa de esta manera del sector primario de la producción de alimentos al sector terciario como suministrador de servicios.
  2. El desarrollo de actividades no agrarias en los espacios rurales. Para posibilitar unas rentas equilibradas de los activos agrarios existe la posibilidad del desarrollo del turismo en los espacios rurales. De esta manera van apareciendo en el espacio rural de las islas distintas formas de gestión turística, que básicamente se refieren a la práctica del agroturismo, que en 2002 contaba con unos 100 establecimientos con una capacidad de unas 1000 plazas turísticas. Paralelamente van surgiendo otras ofertas relacionadas con la demanda de nuevas formas de práctica turística ligadas con el turismo verde, de deporte (excursionismo, cicloturismo) y/o de salud y relax (tratamiento de stress, meditación,...) que implican el nacimiento de establecimientos situados en espacios rurales no ligados a la práctica de la agricultura y la ganadería. Estas nuevas funciones desarrolladas en el espacio rural implican un debate en función de su consideración como elemento de desarrollo rural o como factor de rururbanización. Desde una perspectiva positiva esta nueva utilización del espacio rural puede permitir:
  1. Una posibilidad de gestión humanizada del paisaje y la preservación de los hábitats rurales;
  2. Una movilización de los recursos culturales, especialmente a través de acciones de descubrimiento de formas tradicionales de artesanía y/o tareas agrarias, la producción de productos agrarios ligados al desarrollo de una gastronomía de platos tradicionales;
  3. Una rehabilitación del patrimonio inmobiliario de los edificios rurales, que en general tendrán una utilización recreacional disfrutada por los urbanitas;
  4. Una gestión y constitución de parques naturales con una habilitación de comunicaciones y servicios, para la movilización y visita de la población urbana; e) La posibilidad de establecer una producción de calidad remarcada por una denominación de origen que garantice la procedencia de los productos ofertados. Los aspectos negativos se pueden encontrar en los hipotéticos conflictos entre la preservación y la protección de los espacios de utilización agraria y las consecuencias de las actividades recreativas y /o la excesiva promoción de residencias secundarias.

4. UNA PROPUESTA DE DAFO PARA LA AGRICULTURA Y GANADERIA DE LAS ISLAS BALEARES

A partir de los análisis expuestos anteriormente exponemos un DAFO sobre la situación y perspectivas del sector agrícola y ganadero de las Islas Baleares.

DAFO AGRICULTURA Y GANADERÍA ISLAS BALEARES
DEBILIDADES
AMENAZAS

  • Envejecimiento de la población activa agraria.
  • Escaso atractivo para la instalación de jóvenes en las áreas rurales.
  • Insuficiente incentivo a la formación y calificación profesional agraria específica. Bajo nivel de formación profesional. Según el censo agrario de 1999 la formación agrícola del titular de la explotación era en un 96,61 % solo experiencia agrícola, un 1,54% tenía formación profesional agrícola, un 0,41% formación universitaria agrícola y un 1,40 por ciento otras formaciones agrícolas.
  • Minifundismo dominante que impide la introducción de nuevas tecnologías. Se detecta un importante retraso tecnológico. El 90,73% no utiliza libros contables para facilitar la gestión de la explotación.
  • La insularidad que reduce su nivel de competitividad. Cabe desarrollar un informe de los efectos negativos y/o costes de insularidad.
  • Renta agraria baja.
  • Escasa productividad de un elevado número de explotaciones agrarias obsoletas. Descapitalización. Este aspecto debe relacionarse con la problemática económica y jurídica que se convierten en factores explicativos de la evolución de las tierras cultivadas y su retroceso.
  • Deficiente dotación y estado de conservación de las infraestructura rurales.
  • Falta de información.
  • Insuficientes redes de comercialización y reducido asociacionismo. Destaca la falta de participación del agricultor en la comercialización de sus productos.
  • Presión urbanística que encarece el suelo rústico. De los espacios agrarios a los espacios urbanos. Las residencias secundarias.
  • Falta de un plan estratégico global del sector agrario que implique un análisis profundo de las potencialidades del sector en sus diferentes tipología.
  • Falta de formación.
  • Falta de investigación global.

 

  • La problemática de las competencias entre la demanda de los urbanitas y la tradición de los ruralitas.
  • Uso agrario (agricultura/ ganadería) vs. Uso urbano. Relación retroceso, declive y urbanización.
  • Competencias en relación al recursos agua basculado hacia el consumo urbano y no agrícola.
  • Sin rentabilidad agraria el único valor que queda a la tierra es la "rentabilidad urbanística".
  • Deficiente gestión del ciclo agua.
  • La problemática social del agricultor. La profesión de agricultor goza en la actualidad de escaso prestigio social favoreciendo su extinción.
  • Aparente falta de concienciación de la sociedad balear en temas agrícolas.
  • Descapitalización del sector que no encuentra por si mismo financiación.
  • Preocupación por el futuro de diversos sectores productivos agrarios entre las que destaca la preocupación por el futuro de los frutos secos por el recorte de las ayudas comunitarias,
FORTALEZAS
OPORTUNIDADES

 

  • Entorno privilegiado que debe mantenerse. Conforma un sector clave en la configuración territorial de las islas en función de la conservación de los valores ecológicos, culturales y la comprensión de la estructura social característica de las Islas Baleares.
  • Productos agrarios autóctonos de gran calidad.
  • Existe una mayor concienciación del papel de la agricultura como servicio público insustituible al que se debe ayudar en su mantenimiento si bien esta ayuda aun no es efectiva.
  • La introducción de nuevas estrategias de formación agraria como la implantación de la Ingeniería Técnica Agrícola en la Universitat de les Illes Balears y/o los nuevos programas de la Escuela de Agricultura (IRFAC de la Conselleria d’Agricultura i Pesca del Govern de les Illes Balears).
  • El aumento de convenios de Investigación entre diversas entidades y la Universitat de les Illes Balears, así como la puesta en marcha de diversas iniciativas de investigación en instituciones públicas.
  • El sector turístico es el máximo beneficiario de la venta de un territorio en un mundo rural vivo y arreglado, indirectamente reconoce que debe potenciar su mantenimiento.
  • Políticas de denominación de origen: vino, aceite, quesos, productos cárnicos

  • Potencial desarrollo del turismo en el medio rural como oferta complementaria más.
  • Desarrollo del sector agroalimentario.
  • Colaboración con el sector turístico para la comercialización de productos frescos.
  • Agricultura ecológica
  • Elevados valores paisajísticos y patrimoniales susceptibles de potenciar una actividad económica que complemente la oferta tradicional.
  • Las posibilidades de la Reforma de la Política Agrícola Común.
  • La creciente percepción de una agricultura balear viva, activa y competitiva, lejos de los tipismos y concepciones folklóricas. Una agricultura basada en la calidad y en el bien social tanto desde su perspectiva como sector de la alimentación como en la de su papel paisajístico.

5. A MODO DE CONCLUSIÓN: ESTRATEGIAS Y PROPUESTAS PARA UN FUTURO ESCENARIO PARA LA AGRICULTURA Y LA GANADERÍA DE LAS ISLAS BALEARES. HACIA UNA REDIFINICIÓN DE LOS USOS DE LOS ESPACIOS RURALES

Como conclusión y en función de todo lo expuesto queda bien claro la necesidad de adoptar estrategias con objetivos y programas de actuación que articulen el escenario de futuro deseable para la agricultura y la ganadería de las Islas Baleares. Partiendo de las premisas de que es fundamental y prioritario el mantenimiento del mundo rural en Baleares y de que no es posible un mundo rural sin sector agrario se impone la necesidad de diseñar una plan estratégico de política agraria para las Islas Baleares que contemple los marcos territoriales en los que se ubica (Unión Europea, revisión de la PAC,...) en la que debe tenerse en cuenta:

  1. La necesidad de políticas específicas para territorios insulares cuyos sistemas agrarios tienen comportamientos y características diferentes a los ámbitos continentales europeos. El sector agroalimentario debe considerarse como sector estratégico, factor que implica una realidad a conocer profundamente. Deben diseñarse estrategias teniendo en cuenta los factores de insularidad, lo que implica realizar un completo análisis de los costes de insularidad en Baleares.
  2. Potencialización y reactivación del sector agrario profundizando en la búsqueda de ámbitos rentables. Implica realizar un análisis profundo de las posibilidades reales de la agricultura y la ganadería en las islas Baleares así como un análisis de la realidad de las explotaciones agrarias.
  3. Integrar a la agricultura y la ganadería en una política activa de promoción del mundo rural, en la que se integren los elementos medioambientales, de calidad de vida y la búsqueda de rentas complementarias que potencien la economía agraria.
  4. Intensificación de los mecanismos de apoyo de relevo generacional de los agricultores. Programas de incorporación de jóvenes en el marco de políticas atractivas para jóvenes)
  5. Intensificación de los mecanismos de apoyo al aumento del tamaño de las explotaciones.
  6. Incorporación de nuevas técnicas de cultivo.
  7. Medidas de comercialización de la agricultura y la ganadería para superar la actual situación. Ello implica diseñar estrategias de capitalización así como superar el concepto de las subvenciones como elemento de dependencia y convertirlas en factores de dinamismo.
  8. Fomento de actuaciones tendentes a concienciar al agricultor de la necesidad del cooperativismo.
  9. Revitalización de las funciones agrarias tradicionales y acciones de preservación de las actividades agrarias y del paisaje rural humanizado (conservación de la ganadería extensiva, extensión de los frutales tradicionales, explotación de la ganadería tradicional).
  10. Creación de centros de interpretación de actividades económicas agrarias tales como ecomuseos (rutas del vino, del queso,...)
  11. Potencialización del sector agroalimentario.
  12. Superar el concepto de un territorio rural con una agricultura de decoración que convierta al mundo rural en un parque-museo en el que se muestran de manera fosilizada paisajes humanizados y tareas agrícolas tradicionales. Debe superarse la percepción de la función del agricultor como el jardinero de Europa.
  13. Gestión sostenible respetuosa con el medio.
  14. Gestión adecuada del uso no agrario del espacio rural que permita hacer compatible la practica de actividades no agrarias y la vocación original del territorio rural.
  15. Valorización y protección del sistema agro-forestal natural con figuras de gestión como dinamizadoras económicas de los espacios rurales.
  16. Mejora de la calidad de vida de los agricultores mediante la dotación de un nivel adecuado de servicios, equipamientos e infraestructuras.
  17. Medidas de formación continuada para jóvenes agricultores. Incidencia en la Formación Agraria
  18. Fomento de actuaciones hacia una igualdad de oportunidades entre las zonas rurales y las zonas urbanas.
  19. Incorporación de la mujer a la actividad agrícola con más intensidad y garantizando su integración en el Régimen de la Seguridad Social Agraria en condiciones iguales a la del cónyuge cuando trabaja en la unidad familiar.
  20. Potencialización de la investigación I+D, como factor básico de estrategias de cambio y dirección.

BIBLIOGRAFÍA

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