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LA IMPORTANCIA DE LOS
REGADIOS EN EL DESARROLLO RURAL
Pedro Llorente Martínez
Presidente de la SEIASA del Norte
El Desarrollo Rural está de moda y,
como todas las cuestiones que alcanzan una cierta popularidad,
se corre el riesgo de que los conceptos sean distintos de
unas personas, o Entidades, a otras. El Desarrollo Rural se
ha calificado como el segundo pilar de la Política
Agraria Comunitaria (P.A.C.) y no hay Administración
o Institución que se precie, que no haya cambiado su
estructura y tenga un Departamento así denominado.
Este Departamento sigue, seguramente, haciendo lo de siempre
y tan sólo ha variado de denominación.
Refiriéndonos a Castilla y León,
probablemente todavía no hemos calado en la importancia
del medio rural, de la grave situación en que se encuentra
y, consecuentemente, en la necesidad de mantenerle poblado
y, en este sentido dicho mantenimiento ya sería un
buen Desarrollo Rural.
En el medio rural, como en cualquier otro medio
humanizado, inciden todos los aspectos necesarios, para la
vida digna de los que en él habitan y si deseamos mantenerle,
a todos esos aspectos habrá que atenderlos.
Con frecuencia equiparamos al Desarrollo Rural
con el desarrollo de la agricultura y siendo verdad que es
imprescindible, el desarrollo de ésta para el de aquel
no es, ni mucho menos, suficiente.
De tal manera esto es así que si hiciéramos
una encuesta sobre los motivos que tuvieron las gentes que
han emigrado y emigran, veríamos que la inmensa mayoría
lo hace más por motivos sociales que económicos,
sobre todo durante los últimos años en los que
las compensaciones de la P.A.C. han rellenado no pocos huecos
dinerarios. Pues a esos motivos sociales son a los que hay
que dar solución.
La vivienda, las comunicaciones de todo tipo,
la enseñanza, la sanidad, las oportunidades de ocio
son, entre otras, carencias con las que se encuentra el habitante
de este medio.
Está ocurriendo que los responsables
políticos y económicos de la agricultura, quieren
propiciar, con los mejores deseos, un desarrollo rural y,
lo mismo les ocurre a los responsables de esos otros aspectos
que decíamos anteriormente. Pero ¿hay algún
tipo de conexión entre éstos planes de desarrollo
parciales?. Mucho me temo que no, e incluso se da la paradoja
cuando hablamos del necesario ocio que se procura éste
para aquellos que visitan esporádicamente el medio
rural, olvidando paladinamente facilitarle a quienes en él
habitan permanentemente. Y en el mundo actual el ocio es importante
y más en el mundo rural, donde en los inviernos, sobre
todo, se produce soledad.
En otros casos hay programas de Desarrollo
Rural con ya bastantes años de experiencia, en los
que, a veces, entra la duda de si el desarrollo que se busca
no empieza por el desarrollo de quienes lo promueven.
Nuestra Región (la más amplia
de Europa en lo que a territorio se refiere), es una de las
de más baja densidad de población y, ese escaso
índice de poblamiento, se agrava con un envejecimiento
preocupante.
Si en los pueblos que conocemos cada uno de
nosotros, hacemos un cálculo de su destino y población,
con tan sólo una perspectiva de los próximos
10 años, veremos con excesiva frecuencia que caminamos
vertiginosamente hacia unos despoblados.
Castilla y León es una gran Comunidad
no precisamente homogénea. Las orlas montañosas
que la rodean, sólo se parecen en lo accidentado de
su topografía, pero tienen recursos e idiosincrasia
muy distintas de unas comarcas a otras. Comparemos las montañas
de Riaño con las de Gredos, o los Arribes del Duero
con La Sierrra de la Demanda. Incluso en la zona llana Tierra
de Campos es distinta, en los aspectos señalados, de
la Dehesa Salmantina o de la Tierra de Pinares del sur del
Duero.
Tienen, sin embargo, todas ellas, con carácter
general, los mismos síntomas antedichos: escasa densidad
de población y envejecimiento de ésta. Pero
teniendo esos mismos síntomas ¿tienen las mismos
remedios?. Naturalmente que no, si como se decía, recursos
e idiosincrasia, son distintos.
Estas reflexiones nos indican que hemos de
abordar el desarrollo rural en geografías homogéneas
en cuanto a los dos factores anteriormente indicados. Con
frecuencia, se está en la teoría del “café
para todos” y surte el mismo efecto que surtiría
en un caso sanitario, si a todos los enfermos que entran en
un hospital con un síntoma febril se les aplicara el
mismo remedio, sin investigar las causas que provocan tal
anomalía. Ese hospital está llamado al fracaso
y puede que corramos el mismo riesgo en cuanto a los planes
de desarrollo rural, con esa uniformidad que se ha apuntado.
Así pues, los Programas de Desarrollo
deben abordarse, a través de áreas homogéneas,
cualquiera que sea su magnitud o incluso provincias a las
que pertenecen, lo que no debiera impedir, ni mucho menos,
que exista una buena interconexión entre ellos.
Dicho esto, el Programa de verdad debe ser
diseñado por quienes sufren las consecuencias de las
carencias de este medio, pues si todos afirmamos que nadie
conoce mejor un pueblo que quien vive en él, y lo decimos
axiomáticamente, tal aseveración es perfectamente
extensible a un área homogénea. Mil ejemplos
podían ponerse al respecto y mil más de fracasos
de quienes intentaron “hacer felices” a unos comarcanos
por un procedimiento que no gustaba a éstos.
Por otro lado, y como ya se anunciaba, un Programa
de Desarrollo Rural ha de contemplar todos los aspectos de
la vida de un área homogénea, porque todos están
interrelacionados y sólo a efectos de estudio, análisis
y diseño podemos separarlo.
Con frecuencia, sin embargo, esta separación
se aisla y se convierte en acción, separación
responsable en muchos casos de no pocos fracasos. Quienes
pretendan promocionar, por ejemplo, el turismo rural, no deben
estar desconectados de quienes sean los responsables de la
mejora de las comunicaciones, ni éstos y aquellos de
las restantes estructuras productivas (agricultura, artesanía,
etnografía, etc.) y todos ellos arropados, protegidos
y amparados por un medio ambiente natural conservado y mejorado
en su caso.
Si el desarrollo rural ha de ser global y contemplado
en todos sus factores, parecería, en principio, absurdo
hablar de los regadíos exclusivamente como factor de
desarrollo rural porque cometeríamos el mismo error
que venimos denunciando. Los regadíos son un factor
más de desarrollo rural, lo que ocurre es que tienen
un gran peso en muchas de las áreas que componen la
Comunidad Autónoma sobre todo en el aspecto de la mejora
de la estructura económica. En éste apartado,
como luego se verá, se incluyen muchos factores parciales,
algunos de ellos tradicionales y otros novedosos. Los regadíos
no sólo están entre los tradicionales , sino
que han demostrado a través de los tiempos su eficacia
en promover el desarrollo. Tienen, por así decir, comprobada
“la regla del 9”.
Llegado a este punto, no me resisto a exponer
un procedimiento, confieso que teórico y completo,
que según mi criterio se debiera de seguir o, por lo
menos aproximarse a él, en la contemplación
y diseño de los Programas de Desarrollo Rural.
“Apunta a las estrellas sino quieres
errar en el blanco, porque si apuntas a él, el disparo
se te clavará en los pies”. El proverbio quiere
decir que nuestras aspiraciones deben apuntar a la perfección
que ya se encargaran los hechos de rebajarlas.
En dos grandes grupos podemos clasificar los
objetivos del Desarrollo Rural:
Aquellos que pretenden la mejora del medio
de vida rural y
Aquellos que pretenden la mejora de la estructura económica
en su más amplio sentido.
Echemos un “cuarto a espadas” en
los aspectos generales del desarrollo rural: Es necesario
articular un territorio rural atractivo.
Sin ánimo ni mucho menos de ser exhaustivos,
podemos enumerar como grandes factores en este apartado, aspectos
relacionados con : transportes y comunicaciones; agua, energía
y otras infraestructuras; servicios sanitarios, educativos
y culturales; servicios postales, financieros y técnicos;
servicios a empresas contable, jurídicas, fiscales,
etc.
En otro segundo gran apartado, podríamos
incluir un capítulo cada ves más importante
que está empezando a condicionar incluso las ayudas
directas a los agricultores y que va a ser cada vez más
importante y decisivo. Nos referimos a la conservación
de los recursos naturales y del paisaje.
Los grandes aspectos a incluir en este capítulo
hacen referencia entre otros a: cuidado de las superficies
abandonadas a la producción; producciones extensivas
y agricultura ecológica; protección de biotopos
en peligro, forestación selectiva y protección
de las superficies forestadas y prácticas agrarias
compatibles con el medio natural.
Antes de entrar en los aspectos puramente económicos,
se debe considerar un gran capítulo que informa y debiera
estar presente en todas las actividades de desarrollo rural.
Se trata de conseguir nada más y nada menos que una
población rural capacitada y activa.
Capacitada a través de actividades formativas
e informativas realizadas para responder a las necesidades
reales y sentidas por la población.
Activas a través de actuaciones de animación,
promoción de cambio de actitud y organización
asociativa.
Bien se ve quizá, en este último
aspecto, la necesidad de la extensión agraria que de
alguna manera en su filosofía de formación,
información y promoción ha dejado de prestar
los impagables servicio que prestó hasta hace bien
poco tiempo.
Hoy día se realizan más cursos
de formación que responden a programaciones ajenas
al sector, que como solución a los problemas de éste
y sospechamos que tienen más valor para equilibrar
presupuestos de diversa índole que para cumplir el
objetivo de formación.
La información se reduce en nuestros
días casi exclusivamente a aquella que hace referencia
a la solicitud de las ayudas directas y es posible que se
estén consiguiendo unos agricultores que cada vez saben
pedir mejor, sin investigar campos de actuación de
los que se pudieran obtener beneficios, aunque eso sí
con más esfuerzo.
Finalmente la promoción y el cambio
de actitudes es un terreno prácticamente inexplorable
y absolutamente necesario si se desea dar más agilidad
a los cambios necesarios para hacer frente a las nuevas situaciones
que provoca un mundo, desde todos los aspectos (incluido el
agrario), cada vez más globalizado.
Entremos por fin en los aspectos puramente
económicos que, son ciertamente la argamasa que une
a los demás factores de desarrollo.
No hay desarrollo si no hay economía
y ésta ha de estar sostenida por actividades que forme
un tejido sin el cual, el resto de ellas se convierten en
medidas de buena voluntad que no proporcionan más desarrollo
que el angelical.
Desde este punto de vista, la primera necesidad
está en diversificar la económica, a través
de actividades no agrarias que colaboran con las que si lo
son: turismo rural, producciones artesanales, pequeñas
industrias de transformación, talleres, etc.
Tampoco en este aspecto, el medio rural es
homogéneo y en él habría que distinguir
tres grandes grupos diferenciados: Las áreas rurales
periurbanas que tienen muchas más facilidades para
diversificar su economía; las áreas rurales
propiamente dichas en las que la diversificación es
más difícil y donde habría que promover
económica y fiscalmente actividades extraagrarias o
de transformación de los productos en ellas obtenidos
y, finalmente lo que pudiéramos llamar las áreas
rurales profundas, donde quizá tengan más sentido
factores de desarrollo que apoyándose en actividades
tradicionales inicien nuevos yacimientos de desarrollo.
Desde el punto de vista agrario y tratando
de ser breve, podemos englobar el desarrollo bajo el epígrafe
de la modernización del sistema agroalimentario. Con
dos grandes capítulos: la comercialización y
transformación de productos agrarios que de por sí
da, no para una conferencia, sino para todo un ciclo.
No obstante quiero incidir, como resumen en
este aspecto, en la necesidad de profundizaren el desarrollo
asociativo y en la interprofesión en una agricultura
contractual.
El segundo gran capítulo hace referencia
a las mejoras estructurales tanto desde el punto de vista
de excedentes habituales, cuya reconversión es necesaria,
cómo del aspecto que hace referencia al minifundismo
económico.
Difícil es solucionar este minifundismo
a través del aumento de la superficie por explotación
o del aumento de la producción por ha. (aunque no imposible)
y en muchos casos se puede conseguir sobre la base de aumentar
la dimensión económica de las explotaciones.
Este aumento puede llegar a través de
la explotación mixta agricultura-ganadería,
o a través de la transformación y mejora de
los regadíos que es el aspecto que estamos, por el
título dela conferencia, obligados a abordar.
En todo caso, y antes de cerrar el global sentido
del Desarrollo Rural, quizá convenga considerar y recalcar
su situación en Castilla y León y el modelo
teórico que hemos apuntado. La diferencia es tan exagerada
que merecería una especial atención y una completa
programación y coordinación. No debiera de haber,
según nuestro criterio, islas programáticas
y ejecutores que no responda a un objetivo común y,
seguramente, el establecimiento de un Organo especial para
este fin, en los Gobierno, podía paliar la actual situación.
A grandes males, grandes remedios. Que luego haya desconcentración
es otro paso, pero siempre respondería a un objetivo
común.
Quizá para los agricultores de hoy,
el regadío tiene el mismo sentido de siempre (aseguramiento
de las cosechas, lucha contra la sequia, aumento de ingresos,
etc.), pero hay que considerar que desde un punto de vista
social y general las motivaciones del regadío han decaido.
El regadío, tradicionalmente considerado,
era uno de los mejores medios para aportar los escasos alimentos
de los que hasta hace bien poco faltaban en nuestro mundo
(el occidental) y una forma de aumentar el empleo.
Por otro lado, disminuía el volumen
de importaciones de productos alimenticios que también,
al igual que en el párrafo anterior, ha decaído.
En esa época nadie pensaba en la implicación
que el regadío pudiera tener en el medio ambiente.
Hoy el regadío está afectado,
cómo en el resto de las actividades productivas y económicas,
por la famosa globalización. No hay que corregir déficits
alimentarios, no hay que ahorrar divisas de importación
si no, muy al contrario, generar divisas de exportación
y sigue vigente sino la creación de empleo, si la fijación
de población, si la mayor seguridad en la obtención
de cosechas e ingresos familiares y nacen, en contraposición,
otros aspectos.
Nos referimos fundamentalmente a la fijación
de población, al cuidado y conservación del
medio ambiente y, como primera derivada de este último
aspecto, al ahorro de agua.
Decíamos respecto al primer punto, que
los instrumentos de desarrollo rural son entre si interdependientes
y también lo es la transformación en regadío,
sólo que ésta tiene probada su eficacia.
Vamos a referirnos a una serie de aspectos
fundamentales:
Aumento de seguridad en la producción
agrícola.
Fijación de la población
Aspectos medioambientales
No merece la pena gastar demasiado tiempo en
demostrar que el regadío elimina los principales riesgos
que tienen las cosechas, ya que en nuestro clima la carencia
de agua, la sequia, es la principal limitación.
En efecto, en Castilla y León tan sólo
el 8,94% de la superficie cultivada está transformada
en regadío por diversos sistemas y, sin embargo, la
participación del regadío en la renta agraria
es nada menos que el 44,35%, lo que supone que una ha. de
regadío equivale prácticamente, en lo que a
producción se refiere, a 5 has. de secano en años
de cosechas normales.
Pero no es esa sólo la principal virtud,
sino que el regadío abre extraordinariamente el abanico
de posibilidades en los cultivos.
Aún con la diferencia de producción
y en nuestro sistema agroclimático, pocas son las posibilidades
de variación en el secano y en él es impensable
el cultivo de hortalizas, de cultivos industriales, de patata
e incluso de cereales, sobre todo los de primavera.
Si examinamos con detenimiento todas las circunstancias
que concurren en el sector agrario y más concretamente
en el de Castilla y León y, más específicamente
aún, a través de su integración en la
Política Agraria Común , sacamos la conclusión
de la contingentación de producciones por un lado y
como derivada las limitaciones en las ayudas. Porcentajes
que sobrepasan el 90% tienen sus cuotas de producción
cubiertas y, con frecuencia, se soportan sanciones por sobrepasar
estas cuotas.
No es infrecuente, desde la lejanía,
criticar por estas circunstancias la transformación
del regadío en Castilla y León, e incluso la
mejora y modernización de los regadíos existentes.
Cierto es que, ante la situación actual,
parece un contrasentido transformar y mejorar para aumentar
los montones de productos excedentarios, pero ello seria cierto
sino se tuvieran en cuenta otros factores.
El Plan Nacional de Regadíos en vigor,
establece en sus actuaciones de transformación dos
grande bloques: nuevos regadíos y regadíos sociales.
Estos últimos tienen por misión actuar como
polos y motivo de desarrollo en zonas con problemas, fundamentalmente,
de despoblamiento y de escasa diversificación económica.
Hay que convenir pues que en Castilla y León, también
los denominados nuevos regadíos tienen ese carácter
social. Hay que reconocer, también, la sensibilidad
del Gobierno que, a pesar de las circunstancias antedichas,
a programado nuevos regadíos hasta cerca del 23% del
total de la superficie a transformar en España.
La virtualidad de los regadíos no está
sólo, cómo se ha dicho, en el aumento de producción
o en las posibilidades de los cultivos en la alternativa,
sino que, y sobre todo las producciones, consolidan la industria
agroalimentaria que, sin ellos o decaería muy sensiblemente,
o necesitaría la importación de materias primas
de otras áreas regionales.
Finalmente se deben considerar los efectos
directos que en otros sectores tiene el regadío y que
sólo a efectos de enumeración podemos considerar:
la compra y empleo de maquinaria, de fertilizantes y fitosanitarias
y, en general, de todo el sector de consumo que se ve beneficiado
por el aumento de la renta familiar. Es fácil suponer
la situación de estos sectores si no existieran las
superficies de regadío.
Según el profesor Lamo de Espinosa que
examina los regadíos, desde el punto de vista de la
competitividad, del territorio y de la implicación
en la Unión Europea, se interroga sobre el futuro de
la agricultura en las mesetas ante un futuro previsible por
una modificación de las condiciones de la P.A.C. y
con la “espada de Damocles” de una disminución,
concluyendo que si estas ayudas desaparecen “buena parte
de nuestra agricultura de secano entrará en crisis
y tal ves entonces la agricultura a la que nos estamos refiriendo,
será de regadío o no será”.
Fijación de la población.- Siguiendo
con las críticas que con frecuencia se hacen a los
regadíos de las mesetas, decíamos que había
factores distintos a los puramente económicos y productivos.
El principal de ellos es, sin duda alguna, la fijación
de la población, por lo menos de fijar la que hay.
La situación de Castilla y León
en este aspecto es bien difícil. La población
rural de Castilla y León tiene una serie de negativas
connotacions: está distribuida en numerosísimos
núcleos de población (2.248 municipios) de los
que la inmensa mayoría tiene menos de 500 habitantes
y alrededor de un 12% no sobrepasan los 8 habitantes por Km2.
Esta situación equivale a un despoblado.
Pero ésta no es sólo la única
característica negativa, sino que la pirámide
de edades está prácticamente invertida, lo que
supone un envejecimiento extraordinariamente grave que compromete
las posibilidades poblacionales en un futuro inmediato. Seguramente
ésta situación no ha sido aún abordada
por las distintas administraciones con la intensidad y seriedad
que el hecho merece. La prospectiva de que hablábamos,
a propósito de los conceptos generales de desarrollo
rural, merecería la pena hacerla individualizada y
en su conjunto para todos los municipios de Castilla y León;
centenas de municipios (miles de núcleos “poblados”)
están llamados a la desaparición a corto plazo.
Ya se ve, también claramente que no
sólo las medidas de transformación en regadío
son suficientes pues, aún dando por supuesto este hecho,
hay una carencia más que importante en la mayoría
de nuestros municipios en lo que comúnmente se llama
equipamiento social. Pero este es, aunque sea importantísimo,
otro tema que, según nuestras noticias, está
abordando la Consejería de Fomento a través
de unas bases de ordenación del territorio en las que
se contemplan áreas geográficas que integran
a municipios con situaciones homogéneas que pueden
paliar los inconvenientes enunciados.
Volviendo a nuestros regadíos y a su
poder de fijar población, un estudio y encuesta de
la Dirección General de Desarrollo Rural de la Junta
de Castilla y León, pone de manifiesto la virtud antedicha.
A medida que aumenta el porcentaje de regadío en un
término municipal lo hace en proporción similar
la densidad de habitantes por Km2. En efecto la densidad poblaciones
en habitantes/Km2 es de 8,06 en el secano d la región;
si el regadío ocupa el 30.40% de la base territorial
de un determinado área, la densidad sube a 31,38 y,
si es el 80% y está entre el 60 y 80%, la densidad
se sitúa en el 49,44.
Por otro lado y como parece lógico está
situación tiene una serie de efectos derivados:
Un peso mayor de la población joven.
Un peso menor de los jubilados.
La razón de sexos es equilibrada y
El índice de reemplazamiento es favorable hasta alcanzar
un 120%
Desde el punto de vista de la productividad
ésta se sitúa entre 1980 y 2000 en un 9%.
Hay, sin embargo, otros factores que analizaremos
cuando tratemos de la mejora, consolidación y modernización
de los regadíos.
Así pues, queda patente que la promoción
de regadíos en Castilla y León ha de hacerse
desde el estratégico punto de vista del poblamiento.
Aspectos medioambientales.- Estamos plenamente
convencidos que la mayor agresión medioambiental de
un área son la miseria y el despoblamiento. Superada
la primera, afortunadamente, la segunda corre el riesgo, como
se ha visto anteriormente, de producirse en la España
interior.
En el mundo medioambiental hay dos radicales
actitudes: Aquella que prohibe prácticamente las modificaciones
hechas por los humanos y aquella que considera explotable
a la naturaleza hasta su esquilmación. Naturalmente,
y como siempre, en el medio está la virtud aunque no
siempre sea el medio lo que se practica.
No se sabe porque extraña razón
el regadío, sin mas consideraciones, soporta la mala
fama de ser agresivo para el medio ambiente y ésta
situación se ha convertido axiomática en muchos
casos y como tal, innecesaria de demostración, seguramente
porque es difícil hacerlo.
La especie humana está obligada a equilibrar
los defectos y excesos que tiene la naturaleza en beneficio
de si misma y una vez superadas las necesidades vitales de
alimentación y vestido, nace la necesidad de cuidar
el medioambiente y ello no significa la inactividad sino la
práctica de actividades compatibles y la adopción
de las medidas correctoras que sean necesarias para evitar
las agresiones. Es pues más un problema de “cómo
hacer las cosas” que de simplemente hacerlas.
¿Cuáles son, desde nuestro punto
de vista, las agresiones que produce el regadío en
un área continental-extremada como es Castilla y León?
Efectos sobre el paisaje – Cierto es
que se produce una transformación pero va en gustos
si es, o no, mejor.
Efectos sobre la fauna – Indudablemente
cambia el ecosistema y seguramente propicia una mayor diversidad
y un mejor mantenimiento de las especies autóctonas.
Hay especies que están calificadas como puramente esteparias
(la avutarda es emblemática), pero que en modo alguno
supone una agresión a su vida la transformación
en regadío. Estas especies son capaces de aguantar
condiciones extremas pero hay experiencia más que suficiente
para saber que agradecen la dulcificación de esas condiciones.
En todo caso, y en la transformación de grandes superficies
ya se reserva una parte de ellas (lógicamente las de
menor productividad), para seguir manteniendo el ecosistema
primigenio.
Efectos sobre el suelo – Es quizá
el aspecto menos evidente y más vulnerable pues la
intensidad de los cultivos conlleva la aplicación de
productos químicos en mayor proporción que en
las superficies de secano y, por tanto, con mayor riesgo de
contaminaciones de suelos y acuíferos.
En este sentido no está lejano el día
en que se impongan estrictos códigos de prácticas
agrícolas y, en este sentido también, la tecnología
nos ofrece, cada vez con mayor abundancia, productos específicos
de combate de plagas, enfermedades y hierbas y más
inocuas para el conjunto de la vida en el ecosistema. Indudablemente
nadie duda de que en este aspecto la tecnología será
imparable.
El sistema de riego – Aunque luego hablaremos
de este asunto, el control del agua de riego es fundamental
para impedir la contaminación de suelos y acuíferos
y una buena proporción de los riegos de Castilla y
León no están preparados para afrontar ese control.
Cerca del 60% de la superficie regable se hace por gravedad,
bien sea por surcos, por desbordamiento o por inundación.
En definitiva hay casos que no están
contemplados en este breve análisis del regadío
y medio ambiente y que conviene, en las evaluaciones previas
o concretas, abordar, porque la geografía no es homogénea,
los factores ambientales pueden ser muy diferentes y será,
seguramente, necesario en el próximo futuro una cartilla
de buenas prácticas agrarias para cada zona o sistema
regable.
Sistemas de riego.- El Plan Nacional de Regadíos
dedica, casi las 2/3 partes de las inversiones que prevé,
a la mejora, consolidación y modernización de
los regadíos. Es un asunto de vital importancia, no
sólo por el ahorro de agua, que la mejora y modernización
conlleva, sino incluso desde el punto de vista medioambiental
y, por supuesto, del de la producción, la productividad,
la humanización de los trabajos y la preparación
del sector para una mayor competitividad.
En los sistemas de riego por gravedad es difícil,
por no decir imposible, controlar el agua que se utiliza,
así como la regularidad y homogeneidad de su distribución
cualquiera que sea el sistema de éste tipo de riego.
Un riego controlado y que no despilfarre agua,
conlleva, por otro lado, la práctica presencia permanente
del hombre, que supone una baja productividad de la mano de
obra, así como la lógica incomodidad de la operación.
Lo que realmente está ocurriendo con
este sistema de riego, sobre todo en las zonas con abundancia
de agua, es la inundación de la parcela y el abandono
del operario para hacer otras labores y la vuelta de éste
al cabo de un tiempo más o menos calculado.
Lugares hay con escasez de agua en la cola
del sistema, que se práctica en su cabecera este despilfarrante
procedimiento.
Naturalmente, este sistema tiene los días
contados, pues está prevista la instalación
de contadores y sobre todo está mas que prevista la
aplicación de la Directiva Marco del Agua.
La SEIASA del Norte tiene la función
de promover y ejecutar la mejora de los regadíos existentes
en colaboración con las Comunidades de Regantes de
las Comunidades Autónomas de Castilla y León,
Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco. Dadas las
características de éstas comunidades, la principal
fuente de trabajo está en Castilla y León.
Por las razones anteriormente apuntadas y por
las características de los cultivos extensivos, en
Castilla y León nos hemos inclinado quizá radicalmente
(y no pocas críticas estamos por ello recibiendo),
en modernizar los regadíos a base de riegos comunitarios
a la demanda con presión en las lindes de las parcelas.
Hemos renunciado a la consolidación de los riegos por
gravedad, porque se estima que son “pan para hoy y hambre
para mañana”, además de invertir un dinero
público cuya virtualidad decae a muy corto plazo.
Prácticamente todos los inconvenientes
apuntados en el regadío por gravedad se eliminan en
el de por presión, aunque si supone una inversión
por ha. más elevada y la necesidad de adquirir a cargo
del agricultor los equipos móviles dentro de las parcelas,
hoy sin ayuda al menos en la totalidad de los casos.
Este inconveniente que presentan las Comunidades
de Regantes no es ni mucho menos el único pues se presentan
otros que, resumidamente, podemos enumerar:
Indefinición del futuro de la política
agraria, sobre todo en lo que a la duración de las
ayudas directas se refiere.
Cuotas de producción sometidas a estricto
control y con frecuencia a sanciones de los principales productos
del regadíos de la Comunidad.
Alto grado de envejecimiento que en el caso
de los todavía activos, ven la conclusión de
su vida laboral a corto plazo y que, con frecuencia, no existe
continuador familiar en la explotación.
Propiedad de la tierra en manos de jubilados
y emigrantes. En la medio de la Comunidad de Castilla y León
el 30% de la superficie cultivada en regadío está
en arrendamiento y un 5% más (hasta el 35%) en otro
tipo de tenecia. Esta situación presenta no pocas dificultades
a la hora de comprometer, por pequeña que sea, aportación
económica a las mejoras del regadío, ya que
exige cientos de acuerdos privados entre el propietario (que
normalmente no quiere “líos”) y el cultivador
que, en la mayoría de los casos, ha de hacerse cargo
de la inversión en las parcelas de su propiedad y en
las que cultivan arrendamiento.
RESUMEN
Debe interpretarse el Desarrollo Rural como
un proceso integral y coordinado de todos los agentes, oficiales
y privados, que intervienen.
Los Programas de Desarrollo Rural debieran
nacer de abajo a arriba y, en todo caso, ser conocidos, consensuados
y adoptados por las Comunidades objeto de desarrollo.
Los Programas de Desarrollo Rural deben comprender
áreas geográficas homogéneas, con similares
situaciones en lo que a recursos e idiosincrasia se refiere.
Los Programas de Desarrollo Rural deben tratar
de solucionar aquellos problemas que han propiciado y propician
la emigración rural. Tanto los que afectan a la economía,
cómo los que afectan al equipamiento social.
La formación, información y promoción,
son fundamentales para que los Programas de Desarrollo Rural
sean eficaces por adaptarse a los intereses de la población.
Dada la gravedad de la situación del
medio rural en Castilla y León, sería conveniente
la creación de un Organo de Gobierno que planificara
y coordinara todas las iniciativas públicas y privadas
de Programas de Desarrollo Rural.
El regadío ha de ser considerado con
bases distintas a lo que lo ha sido tradicionalmente: aumento
de producción, seguridad en las cosechas, abastecimiento
de la industria agroalimentaria y, sobre todo, fijación
de la población.
Los posibles cultivos de regadío en
Castilla y León tienen cubiertas, y a veces sobrepasadas,
sus cuotas de producción. El despoblamiento debiera
ser un fuerte argumento para la distribución de los
Fondos Estructurales.
En atención a las graves y especiales
circunstancias por las que atraviesa el medio rural de Castilla
y León, debiera aumentarse las cuotas de producción,
que darían amplitud y virtualidad a los regadíos
actuales y futuros.
La mejora de los regadíos actuales tiene
serias dificultades: indefinición de la Política
Agraria Común del futuro; alto nivel de arrendamiento
y, envejecimiento de los activos.
Los regadíos tienen demostrada su eficacia
en la fijación de población.
Los regadíos no son incompatibles con
el respeto y cuidado al medio ambiente. Son, sin embargo,
necesarios Códigos de Buenas Prácticas Agrarias,
adaptados a cada sistema regable.
Y para finalizar,
Es aconsejable el riego por aspersión
sobre el de gravedad por economía de funcionamiento,
productividad y más fácil cuidado del medio
ambiente.
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