| Toledo, 26 de
septiembre de 2.002
ILMO. SR. D. MANUEL
LAMELA FERNÁNDEZ, SUBSECRETARIO DE AGRICULTURA, PESCA
Y ALIMENTACIÓN, MAPA
Buenas tardes a todos y muchas gracias
por su paciencia dada la duración de la Jornada de
hoy y la densidad de las ponencias presentadas. Por ello,
voy a tratar de ser lo más breve posible en mi intervención.
Resulta sumamente grato acudir a la clausura de una Jornada
de carácter autonómico del Libro Blanco de la
Agricultura y del Desarrollo Rural, en este caso en Castilla-La
Mancha, en Toledo.
Cuando en el mes de febrero iniciamos la andadura del Libro
Blanco, en el acto de la presentación sentamos las
bases de lo que pretendíamos con el mismo. Por una
parte, establecer una foto fija del campo español,
conocer la realidad objetiva de las producciones españolas
de la industria agroalimentaria española y del desarrollo
rural español, de la realidad agro rural española.
Desde este diagnóstico objetivo de la situación,
trazaremos objetivos y metas ambiciosas y sobre las mismas
desarrollar y diseñar políticas activas que
permitan alcanzar los objetivos pretendidos.
Desde ese punto de vista, por lo tanto, el
Libro Blanco no solamente apuesta por el análisis de
la realidad sino que apuesta por el diseño de futuro
de la agricultura española. Una agricultura que, indudablemente,
como esta mañana señaló el Ministro de
Agricultura, está sometida a inmensas incertidumbres,
a grandes cambios, a grandes retos que van desde la globalización
de los mercados y su liberalización más absoluta
a la ampliación de la Unión Europea a los países
del Centro y Este. Estos son retos que tenemos que tener presentes
y plantearse objetivamente sin engañarnos, para ser
capaces de que las medidas y las recetas que busquemos para
el campo español sean realistas y cubran los objetivos
que pretendemos.
De cara al futuro tenemos que confiar en nuestros
inmejorables activos, en nuestras tierras, en nuestros campos,
en nuestras explotaciones agrarias, y en nuestro principal
activo, el factor humano. Desde esa perspectiva, debemos apostar
por el futuro, por la juventud, por su incorporación
a la titularidad y gerencia de las explotaciones con criterios
empresariales y de competitividad.
Nunca antes en la historia de España
se había acometido un proyecto tan ambicioso como el
de someter, a revisión profunda, toda la realidad de
un sector productivo estratégico para la economía
española. Ninguna Administración, ningún
Gobierno se habían arriesgado a realizar esta tarea
en un contexto de amplio y abierto debate social, sobre todos
y cada uno de los problemas que se suscitan y se ciernen en
el campo y en medio rural español.
Un debate abierto a los sectores, a las Organizaciones
Agrarias. Un debate también abierto a la sociedad civil,
que tiene mucho que decir sobre el medio rural, sobre la producción
agrícola española, sobre la producción
ganadera, sobre la calidad de los alimentos, sobre la seguridad
alimentaria y, en definitiva, sobre todo lo que hoy es la
realidad de la cadena agroalimentaria de nuestro país.
Todas y cada una de las aportaciones que hasta
la fecha se hayan hecho, y todas y cada una de las aportaciones
que se sigan haciendo, van a ser referencia clara del contenido
del Libro Blanco. Serán evaluadas y tratadas en su
seno y desde luego, de una manera o de otra, supondrán
importantes granitos de arena, importantes aportaciones a
las recetas, a las medidas, a las políticas y a las
normas que del mismo se deriven y se pongan en marcha.
Tenemos que apostar por un Libro Blanco que
sea capaz de aglutinar la realidad de todas las agriculturas
españolas, de los múltiples modelos productivos
y realidades agrarias con los que contamos y lograr aunar
esfuerzos entre todas las Administraciones y los sectores
en la consecución de esos objetivos.
El Libro Blanco tiene que ser absolutamente
respetuoso con la estructura competencial del Estado y con
las competencias que tienen las Administraciones Territoriales
y las Comunidades Autónomas en materia de agricultura,
ganadería y desarrollo rural.
Pero también es absolutamente imprescindible
que el Libro Blanco siente las bases de lo que tiene que ser
una Política Agrícola Nacional que sea capaz
de garantizar el tejido productivo nacional y su competitividad
dentro y fuera de nuestras fronteras. Esto conlleva el establecimiento
de líneas generales de integración de políticas
activas que cuenten con un común denominador, asumiendo
un papel coordinador y subsidiario de la Administración
del Estado en el impulso y en la dirección de esas
políticas generales.
A su vez, somos tributarios de la Política
Agrícola Comunitaria y, como esta mañana ha
señalado el Ministro, ése es uno de los enormes
retos que ahora mismo tenemos sobre la mesa. Pero con independencia
de las vicisitudes y del futuro que nos plantee la citada
política, en tanto que administración responsable,
debemos tener nuestras propias recetas dentro de nuestro margen
de competencias para ser capaces de abordar los retos del
futuro. Creo que esos son objetivos en los que todas las Administraciones
deben de cooperar aportando sus planteamientos y sus soluciones,
manteniendo una relación entre las Administraciones
desde la leal cooperación y colaboración institucional.
A lo largo de la Jornada habéis analizado
lo que es la realidad productiva de esta Comunidad Autónoma,
la conocéis perfectamente y no voy a entrar en ella.
Su superficie es un 15% de la nacional, cifra que justifica
sobradamente la importancia del Libro Blanco en este territorio.
Ha apostado, a lo largo de los últimos años,
por la diversificación productiva y cuenta con importantes
intereses en determinados sectores estratégicos para
ella y para España, lo que motiva y exige el máximo
esfuerzo no sólo de la Administración Territorial,
sino de la Administración del Estado y en particular
del Ministerio de Agricultura.
Conseguir un sector cada día más
competitivo y estable, garante de las rentas del productor,
de una estructura moderna de comercialización, capaz
de colocar su producto en las mejores condiciones posibles
dentro y fuera de nuestras fronteras, es uno de los enormes
retos que tiene hoy Castilla-La Mancha y España. Y
saben que me estoy refiriendo al sector vitivinícola,
que tiene una importancia fundamental en esta tierra y cuenta
con una prioridad, no ya en el Libro Blanco sino dentro del
Gobierno de España y en particular del Ministerio de
Agricultura. Dicha prioridad se materializa ya, en un proyecto
de ley, que dentro de quince días será aprobado
por el Consejo de Ministros. El mismo contempla un plan de
actuaciones, que ya está sobre la mesa y un futuro
plan estratégico más ambicioso a medio plazo,
que contemplará mayores y más importantes retos
para el sector.
Políticas activas que todos conocéis,
porque yo mismo las he presentado al sector en más
de una ocasión y que pasan por la adecuación
de la oferta y la demanda. En el ámbito de la oferta
mediante la racionalización de la producción
con criterios objetivos y en ámbito de la demanda mediante
una política efectiva, real y agresiva de promoción
de nuestros vinos de máxima calidad y que son el resultado
del enorme esfuerzo realizado a lo largo de los últimos
años.
Políticas de promoción que están
avaladas por el Gobierno de España y el Ministerio
de Agricultura, y contempladas en el marco de la futura Ley
de la Viña y del Vino que aprobará el Gobierno
en breve, para dar a conocer un producto saludable, como es
el vino. Un producto procedente de la fermentación
y no de la destilación. Un producto, cuyo consumo moderado
nadie lo puede criticar y que, en definitiva, con una promoción
inteligente y razonable puede cada día tener una mayor
cuota de mercado, dentro y fuera de España.
He hecho referencia a este producto, porque
sé que estamos en campaña y porque es uno de
los más sensibles. Pero no podemos olvidarnos de producciones
como los cereales, las hortalizas, los cultivos industriales,
del aceite, en definitiva, de toda la variedad y diversidad
de producción de las tierras de Castilla-La Mancha
y que necesariamente tienen que tener su reflejo en el Libro
Blanco y en la normativa que desarrolle ese Libro. Es importante
recordar que tenemos un sector con más de 70.000 personas
ocupadas, con un tejido social muy importante y con una industria
agroalimentaria que facilita el 18,3% del empleo total del
sector industrial y el 28% de las ventas netas de producto.
El Libro Blanco, una vez que esté culminado,
será un instrumento y un documento de reflexión
y de propuestas que serán asumidas indudablemente por
el Gobierno de España y que se trasladarán a
los marcos legislativos correspondientes mediante dos normas
importantes. Una de ellas relativa a la ordenación
de las relaciones entre Administraciones Territoriales, en
concreto, una Ley Básica de la Agricultura y del Desarrollo
Rural, que delimite de manera definitiva el marco de competencias
y especialmente las relaciones institucionales y de cooperación
entre las Administraciones en el sector agrario. En segundo
lugar, una Ley de Régimen Jurídico de la Propiedad
Agraria, la Explotación Agraria y la Empresa Agraria,
que sea capaz de acometer la modernización real de
todo el marco jurídico, organizativo, administrativo
y sectorial agrario e industrial.
Dos proyectos muy ambiciosos en cuanto a su
contenido y que a nuestro juicio, son absolutamente imprescindibles.
Dos proyectos que se han de abordar, en opinión del
Gobierno, con un amplio espíritu de consenso, de colaboración
y de diálogo en el seno del Libro Blanco. Han de ser
proyectos de ley con una vigencia que vaya más allá
de una legislatura, que superen vicisitudes políticas
en su caso.
El sector agrario para ganar competitividad
requiere de estabilidad, tanto económica como jurídica
y normativa. Requiere de la eliminación de los enormes
corsés que hoy contempla nuestra legislación
y que no se adaptan en modo alguno a la realidad del campo
español, ni a lo que tiene que ser un sector en crecimiento,
en expansión y con capacidad de dinamismo.
Todos esos objetivos, todos esos retos, estamos
seguros que se plasmarán y se recogerán en el
contenido del Libro Blanco y que después serán
recogidos en ambos proyectos de ley a los que os invito a
participar y cooperar en su elaboración y, desde luego,
en su consenso.
Quiero terminar esta intervención agradeciendo
a todos los presentes tanto su asistencia y las importantes
aportaciones que han hecho a través de las ponencias,
las comunicaciones y los debates realizados, como animaros
a que sigáis trabajando en el Libro Blanco. La tarea
del Libro Blanco en Castilla-La Mancha no termina hoy, continúa
hasta el último día, hasta el día en
que sea editado y publicado el Libro Blanco. Por lo tanto,
todo el mundo debe y puede seguir colaborando y trabajando
y todo el mundo debe y puede seguir aportando sus ideas, sus
criterios, sus opiniones y sus valoraciones en esta gran empresa,
en esta gran tarea común, que es labrar el futuro de
la agricultura española, del campo español y
del desarrollo rural español.
Quiero terminar agradeciendo a la Comunidad
Autónoma de Castilla-La Mancha y especialmente a su
Consejería de Agricultura, su colaboración y
participación en estas Jornadas y especialmente desde
los criterios de leal cooperación que deben inspirar
las relaciones entre todas las Administraciones. Os invito
a seguir participando y trabajando en estos objetivos comunes
por encima de divergencias políticas. Al tener entre
manos algo tan importante como es el futuro del campo español,
todos tenemos la responsabilidad de aparcar las divergencias
políticas en aras de conseguir los objetivos comunes.
Muchas gracias a todos. Muchas gracias señora
Delegada por acompañarme en esta clausura. Declaro
clausurada la Jornada Autonómica del Libro Blanco de
la Agricultura y del Desarrollo Rural en Castilla-La Mancha.
Buenas tardes.

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