|
Ponencias
EL SECTOR FORESTAL
DE CANTABRIA EN EL MARCO DEL DESARROLLO RURAL
Juan José
Peralta Galarreta
Ingeniero de Montes
Desde que los naturalistas forestales españoles
emprendieron, en palabras de Josefina Gómez Mendoza,
la ardua tarea de impedir, en la mayor medida posible, la
venta de los montes durante el largo proceso desamortizador
que se extiende de 1821 a 1924, se va fraguando en las élites
ilustradas, y así lo prueban numerosos preámbulos
legales de los mejores políticos decimonónicos,
la aspiración de hermanar ciencia y administración,
y la consecuencia, quizá utópica, de armonizar
las leyes naturales con las económicas, jurídicas
y morales.
Esto dio como resultado unas actuaciones forestales
al amparo de una consideración ecológica y educadora
de los montes que, en sus versiones más logradas, pudo
hacer compatibles estas aspiraciones con una movilización
productiva, científicamente fundada, de los recursos
forestales.
La guerra civil iba a cambiar mucho más
la inspiración profunda, ética y estética,
de la ideas de regeneración nacional en las que este
aspecto forestal se englobaba, que los contenidos de los programas
forestales hasta entonces en marcha.
Más adelante, la necesidad urgente de
ganar territorio forestal arbolado y la demanda de madera,
además de otras consideraciones que no son relevantes
al caso que nos atañe, determinaron medidas que se
visualizan en la Ley de Montes de 1957 y la de Fomento de
la Producción Forestal de 1977. Cuerpo legislativo
éste de clara orientación productiva en el sector
privado, y menos de lo achacado en lo que se refiere a la
vigente ley del 57, ya que en toda ella persiste una protección
y sostenibilidad del recurso aunque no se haga patente, como
es lógico, de la forma más explícita
que a partir de la Conferencia de Estocolmo la sociedad comienza
a demandar.
La atención que las sociedades más
desarrolladas fueron prestando a lo largo de la última
mitad del siglo XX a los problemas de deterioro progresivo
de los recursos naturales, en cuanto a su incidencia en la
calidad de vida de las propias colectividades, tuvo como consecuencia
la aparición de formulaciones teóricas, diseño
de estrategias y políticas concretas para frenar e
invertir el proceso.
En los últimos 25 años la comunidad
internacional y en particular la europea han establecido criterios
y políticas para la protección y conservación
de los recursos naturales, con la consideración integrada
de los valores ambientales en el resto de las políticas
sectoriales.
Al tiempo se hace patente que la situación
de los bosques y en sentido amplio de las tierras forestales,
es en todo el mundo de general fragilidad, con problemas añadidos
en cuanto a despoblamiento rural, pérdida de capacidad
económica, desequilibrios regionales, influencias negativas
en el ciclo del agua, de contaminación y degradación
de los recursos suelo y agua y, en definitiva, de sinergias
que influyen negativamente en las posibilidades de desarrollo.
Nuestra Constitución reconoce en su
artículo 45 el derecho de todas las personas a disfrutar
de un medio ambiente adecuado, para lo cual impone a los poderes
públicos el deber de velar por la utilización
de todos los recursos naturales, entre los que se encuentra
el patrimonio forestal.
Se produce entonces, de manera expresa y casi
general, un cambio sustantivo de lo forestal, pues si bien
de manera implícita nunca, en mayor o menor medida,
dejó de ser un concepto integrador de funciones ecológicas,
sociales y económicas, la primera, la función
ecológica, abandonó su puesto de equilibrio
con el resto para convertirse en aquello que da pleno sentido
a las funciones que lo forestal cumple y vincula con el resto
de los recursos naturales.
En este sentido, la Ley 4/89 de Conservación
de los Recursos Naturales y de la Flora y Fauna Silvestres
busca, y así lo dice en su exposición de motivos,
el equilibrio ecológico, esto es: el mantenimiento
de los procesos ecológicos esenciales y de los sistemas
vitales básicos, pero también la ordenada utilización
de los recursos, especies y ecosistemas.
En el conjunto de normas que como consecuencia
del desarrollo autonómico se van produciendo cristalizan
no sólo los criterios anteriores sino la percepción
social de lo que significa lo forestal como una de las infraestructuras
básicas, la necesidad de su cuidado por ser indispensable
para el desarrollo económico y el mantenimiento de
todas las formas de vida y por constituir uno de los mayores
componentes de la diversidad genética.
Estamos pues en el final de un proceso de evolución
del pensamiento social ligado al desarrollo económico
y cultural por el que la naturaleza, en sentido amplio, incluyendo
no sólo el medio natural y sus recursos y valores sino
también la cultura, tradiciones y modos de vida del
medio rural que contiene, ha tomado un valor en sí
mismo y como ámbito donde se satisfagan necesidades
no sólo productivas sino de ocio, recreo, esparcimiento
y cultura.
Proceso en el que, además, el medio
urbano es protagonista que actúa como usuario de ese
medio natural exigiendo, al tiempo, la defensa de todos sus
valores ecológicos y culturales.
Por lo que se refiere expresamente a los terrenos
forestales, como áreas donde el conjunto de los valores
antes citados están más representados, se ha
producido un cambio en la apreciación de lo que se
consideró su función social, casi limitada a
los de propiedad pública, desplazándola de la
satisfacción de necesidades colectivas de la comunidad
en contacto con aquellos y ampliándola a todos, con
indiferencia a su régimen de propiedad; y reorientándola
a favor de necesidades recreativas, de ocio, esparcimiento
y cultura propias de las sociedades urbanas e industrializadas.
Una de las primeras consecuencias de todo esto
es la discusión de lo que se entiende por monte o terreno
forestal, ya que mientras persista la Ley del 57 y no se cumpla
el mandato constitucional de elaborar una nueva legislación
básica se mantiene un concepto de monte técnico,
descriptivo, en parte positivo y en parte residual, de unos
terrenos fácilmente identificables incluso por su aspecto
físico.
Sin embargo, en las CCAA que han elaborado
leyes forestales, el concepto de monte es más acorde
con los aspectos a los que anteriormente me he referido, en
cuanto a que, de una u otra forma, se da prioridad a lo ambiental,
sin menoscabo del resto, en las masas forestales.
En unos casos, p.e. Navarra, el monte comprende
terrenos que suponen una ampliación descriptiva respecto
al alcance que tiene la Ley del 57. En otros, p.e. Valencia,
se introducen incluso superficies por la mera capacidad de
cumplir funciones ecológicas, protectoras, de producción,
paisajísticas o recreativas.
En el caso de Cantabria que como otras CCAA,
no cuenta con una ley forestal específica, la 4/2000
de Modernización y Desarrollo Agrario, señala:
" la inaplazable exigencia del desempeño
de una actividad agraria armónico con la defensa del
medio ambiente y los equilibrios ecológicos",
"...la defensa del medio rural, de su
función productiva y de su correspondiente adecuación
a las nuevas demandas y necesidades sociales",
"...la preservación de un medio
ambiente adecuado no sólo constituye un derecho indispensable
para el desarrollo integral de la persona sino que, estrechamente
relacionado con el principio de solidaridad, queda configurado
como un principio rector de la política agraria de
la Comunidad, que se concreta en la asunción de los
principios de integración de los factores ambientales,
con especial énfasis en la conservación y en
la biodiversidad y desarrollo sostenible".
Es decir, de manera implícita, y al
estar los terrenos forestales englobados en el ámbito
de estas declaraciones, los dota de las características
anteriores.
Se ha producido por tanto, salvados los bandazos
iniciales desgraciadamente habituales en estas situaciones,
una evolución que trasladando el sentir social al que
antes me referí, se caracteriza por tomar el monte
como ecosistema forestal que desarrolla funciones propias
de su naturaleza ambiental y suponen relevantes beneficios
sociales. Ecosistema que influye sobre el clima y los procesos
atmosféricos vitales y asegura el mantenimiento de
los procesos ecológicos esenciales, proporcionando
beneficios económicos y sociales. Al mismo tiempo que
determina la necesidad de una gestión integrada del
monte y los demás recursos naturales, y procura un
resultado de protección equilibrado, con independencia
de la titularidad, pública o privada, del sujeto a
quien pertenezca, respetando tantos los derechos públicos
como privados de sus titulares.
Es por tanto, en este marco conceptual en el
que pasaré revista al sector forestal en Cantabria
siguiendo un esquema que partiendo de su estructura superficial
y usos, se detenga, someramente, en cómo están
representadas las diferentes funciones (ecológicas,
económicas y sociales), en la utilización de
sus recursos, las potencialidades que presentan en orden al
desarrollo rural y las fragilidades más significativas
que deben ser tenidas en cuenta.
Quedarán fuera de este análisis
por ser objeto de sendas ponencias lo relativo a los Parques
y Espacios Naturales dotados de diversa protección,
así como al aspecto relativo a las industrias forestales
y su influencia en el empleo y desarrollo rural.
Sin hacer referencia a su historia forestal,
me limitaré a establecer las coordenadas del sector,
tomando como base las diferentes estadísticas existentes,
los inventarios forestales y los estudios que los servicios
forestales de Cantabria, su Universidad y alguna organización
privada relacionada con el ámbito general de lo forestal,
han elaborado.
De toda esta información puede deducirse
en términos generales que la destrucción general
de monte alto y la transformación de monte bajo en
repoblaciones productivas se ha frenado e incluso invertido
en los últimos años en el sentido de recuperar
áreas de bosque e incrementar la superficie de plantaciones
con claro componente productivo.
Para el presente aceptaremos las cifras disponibles
del INF3, y que, en coherencia con todo lo expresado anteriormente
abarca los riesgos (erosión, incendios, estado fitosanitario),
régimen de protección, recursos cinegéticos,
biodiversidad, valoración económica de los recursos
productivos, recreativos, ambientales e integral de los sistemas
forestales, industrias ligadas al sector, personas ocupadas
por cada estrato de actividad, infraestructuras, equipamientos
de recreo, entre otros muchos datos dasonómicos y dendométricos
de las masas arboladas. Inventario que de haberse publicado
habría sido una base exhaustiva de análisis.
En los cuadros:
Superficie por propiedad y uso
Uso forestal
disponemos de las magnitudes básicas.
Podemos avanzar que:
Existe en Cantabria una cantidad inapreciable
de superficie forestal pública del Estado y la CCAA.
Un 71,62% de la superficie forestal corresponde
a predios de U.P. de Entidades Locales.
Un 28,34% de la Superficie forestal corresponde
a montes de carácter privado.
Se observa aquí una diferencia importante
con el resto de España y es la gran cantidad de superficie
pública 71,62% frente al 28,34% de privada, al contrario
de lo que sucede en el resto en el que, de media, hay un 66%
de superficie privada frente a un 33% de carácter público.
Es significativo también que en el periodo
transcurrido entre el segundo y el tercer inventario, unos
12 años, el uso forestal parece haber avanzado un 6,55%,
al situarse en la actualidad en el 66,55% de toda la superficie
de la Comunidad.
Hay también un incremento sustancial
en la superficie arbolada, aproximadamente un 36% , que debe
achacarse fundamentalmente a la disminución de la superficie
forestal desarbolada, 20.382 has. o lo que supone un 12,31%,
y haber cambiado de uso otros terrenos, generalmente suelos
agrarios marginales. Si bien sería preciso un estudio
más riguroso para precisarlo, parece evidente la extensión
de los bosques de frondosas ganando la superficie de las orlas
adyacentes y el abandono y cambio de cultivo a plantaciones
de crecimiento rápido de algunos predios particulares.
Lo que esto representa en el caso de las especies
más características en esta Comunidad puede
resumirse en el ámbito superficial en:
Un incremento sustancial de las masas de frondosas
especialmente de hayedos y en menor magnitud de robledales.
Una disminución significativa de las
plantaciones de pino radiata en terrenos particulares.
Un incremento de la superficie ocupada por
especies del género eucalyptus a costa del pino radiata
y terrenos agrícolas de baja productividad.
Mientras que en lo referente a existencias:
Se detecta en los montes de frondosas autóctonas,
un fuerte incremento de existencias que por una parte se corresponde
al aumento superficial antes señalado y por otra a
la deficiente gestión selvícola con acumulaciones
de biomasa, el correspondiente riesgo de problemas fitosanitarios
y el envejecimiento y posibles dificultades de regeneración.
En las plantaciones de eucalyptus, el crecimiento
también significativo de las existencias se corresponde
tanto al aumento de la superficie como al resultado de los
programas de mejora genética y los esfuerzos en tratamientos
selvícolas adecuados, que en parte de su superficie
se vienen llevando a cabo desde hace años.
En las plantaciones de Pino radiata también
se aprecia un aumento de existencias que se produce porque
si bien ha disminuido su superficie, se han alargado significativamente
los turnos de corta tanto por razones económicas como
para minimizar los daños de posibles incendios forestales.
Las superficies consideradas como Desarboladas
en el INF3 incluyen fundamentalmente suelos cubiertos por
brezales, escobonales, piornales, tojales o aulagares, pastos
poco explotados y pastizales de montaña.
El estudio de análisis territorial llevado
a cabo por el Departamento de Ciencias de la Tierra y Física
de la Materia Condensada, de la Universidad de Cantabria,
junto con la Dirección General de Montes y Conservación
de la Naturaleza de la Consejería de Ganadería,
Agricultura y Pesca que ha dado como resultado un "Mapa
de orientación de usos forestales", ha de
servirnos como instrumento técnico en cuanto al posible
destino de estas áreas desarboladas, por lo que me
remito a lo que textualmente se dice al respecto en el epígrafe
de introducción en "Masas forestales de turno
medio y largo":
"....además de superficies actualmente
arboladas se incluyen otras con adecuada vocación para
estarlo. En general son suelos cubiertos por brezos, escobas,
aulagas o piornos, así como pastos subexplotados y
prados de baja productividad.
Son superficies de pendiente moderada a fuerte,
con suelos diversos y perfiles climáticos de húmedos
a hiperhúmedos. Esta variabilidad ambiental permite
un amplio abanico de especies forestales entre las que cabe
citar desde las autóctonas de mayor interés
al conjunto de coníferas presentes en nuestra región".
Cantabria tiene un 35,64% de su territorio
por encima de los 800 m.s.n.m. y esa superficie presenta una
desforestación del 57,24% que además, como es
lógico, avanza progresiva y aceleradamente con la altitud.
Tiene también una alta potencialidad erosiva debida
sobre todo a sus condicionantes físicos: fuertes pendientes,
sustratos geológicos fácilmente deleznables
y precipitaciones elevadas y con cierta frecuencia de gran
intensidad, a la que se une la pequeña y muchas veces
deficiente cubierta vegetal en gran parte de las cabeceras
de algunas cuencas.
Esto condiciona, negativamente, la regulación
del ciclo del agua y agrava los procesos erosivos. Por ello,
a partir de las propuestas que para esta Comunidad presentaba
el Plan de Propuestas Prioritarias en materia de Restauración
Hidrológica-Forestal, control de la erosión
y defensa contra la desertificación" del MIMAM
se están determinando por los servicios de la DGM y
CN de Cantabria aquellas "zonas de Actuación Prioritaria"
teniendo en cuenta los dos problemas fundamentales a resolver:
La determinación de las zonas con mayor
necesidad de regulación natural y conservación
de los recursos hídricos.
Las áreas más afectadas por los
procesos erosivos en términos tanto actual como potencial.
Es posible avanzar los resultados, significando
que razonablemente será la cabecera de la Cuenca del
Pas la que requiere una intervención más urgente,
siguiéndola las del Besaya, Saja y Cuenca alta del
Asón-Gándara.
En todo caso hay que resaltar que en esas áreas,
en su gran mayoría montes de U.P., son urgentes las
actuaciones restauradoras de la cubierta vegetal y de ordenación
agrohidrológica de la cuenca en conjunto. Se hace indispensable,
en estos momentos por desgracia, hacer una mención
a los incendios forestales como elemento perturbador de la
estructura forestal y acelerador de posibles procesos erosivos,
entre otros aspectos negativos sobre conservación de
la biodiversidad y equilibrios ecológicos básicos.
Los datos estadísticos nos informan
de que en el periodo de los últimos 15 años
se han producido cerca de 6.000 incendios afectando a una
superficie arbolada de 18.000 has. y habiendo recorrido el
fuego una superficie total de casi 75.000 has.
Existe también una tendencia al mantenimiento
del número de incendios y a su causalidad, siendo la
intencionalidad tanto dolosa como culposa el origen más
importante de estos siniestros. Y que el uso o mejor dicho,
el mal uso del fuego como herramienta agraria, (ganadera),
es una de las causas más significativas y uno de los
factores más importantes de riesgo. Riesgo que además,
como sucede en la realidad, multiplica sus efectos perniciosos
sobre los terrenos forestales al incidir en muchos casos reiteradamente
sobre las mismas superficies.
Es por tanto otro de los aspectos de fragilidad
a los que hay que tener en cuenta y dedicar esfuerzos de todo
tipo, especialmente en lo que concierne a los componentes
que pueden incidir en el cambio de actitudes consuetudinarias
del medio rural en el uso del fuego.
Me parece interesante también resaltar
los esfuerzos tanto de la propia Administración como
de algunas iniciativas particulares de Cantabria en la conservación
de recursos genéticos y en la producción de
material de reproducción forestal de calidad.
Aspectos ambos esenciales, no sólo en
orden a esa función ecológica de conservación
de la biodiversidad sino en lo que suponen para el mantenimiento
y mejora de la calidad de las masas forestales.
En este sentido si bien hay 5 viveros privados
y 1 público, y la Sociedad Bosques 2000, filial de
Sniace, desarrolla programas de investigación de mejora
genética centrada en diversas especies del género
eucalyptus, y los servicios de la Dirección General
de M. Y C.N. hacen un esfuerzo importante en la localización
y señalamiento de rodales de calidad para renovar el
banco de semillas de especies forestales propias del área,
hay, a mi juicio, unas potencialidades aún sin explotar
que, singularmente cercanas al medio rural, podrían
suponer un motor de desarrollo.
Las funciones económicas de los terrenos
forestales comprenden, de manera directa, la producción
y comercialización de los productos forestales de manera
que se asegure una renta suficiente al propietario de esos
terrenos ya que en caso contrario al disminuir la utilidad
lo hará de la misma manera el interés por su
conservación y mantenimiento.
Los productos más importantes son, en
Cantabria, la madera y los pastos aprovechados por la ganadería
extensiva.
En cuanto a la madera, la información
suministrada por los INF nos indica que si bien comienza a
hacerse patente una mejora en la selvicultura de las especies
de crecimiento rápido, probablemente como consecuencia
de los programas de mejora genética a los que acabo
de aludir, aún dista de encontrarse en estado óptimo.
A pesar de ello las excelentes condiciones de habitación,
especialmente para algunas especies del género eucalyptus,
permiten crecimientos y existencias importantes.
El volumen anualmente extraído de las
masas arbóreas de la Comunidad es aportado en un 98%
por las plantaciones de especies de crecimiento rápido,
y entre ellas el 84% corresponde a los eucaliptos y el 14%
al pino radiata. Además las dos terceras partes del
volumen de madera de eucalipto proceden de montes privados,
mientras que por el contrario la gran parte de pino radiata
tiene su origen en los montes de U. P. de las Entidades Locales.
El aprovechamiento de este tipo de plantaciones
por la forma en que se realiza y el corto número de
años de su turno necesitan de precauciones especiales
para limitar y, si es posible, impedir los daños que
muy frecuentemente producen.
Las masas de frondosas y pino silvestre aportan
una cantidad insignificante, más bien testimonial,
muy por debajo de la que correspondería a la selvicultura
teórica de estas especies.
Todo esto vuelve a indicarnos, como ya se vislumbraba
el analizar la estructura y existencias de las diversas masas,
que existe un descenso acusado en tratamientos selvícolas
y actuaciones de regeneración y mejora, quizá
debidos en parte a ese cambio brusco de entender el medio
forestal al que me referí al comienzo de la intervención.
Afortunadamente, hoy, debemos considerar esto superado e intensificar
la gestión ordenada y racional de estas masas.
La ganadería extensiva es un factor
más, intrínseco, de lo que consideramos el sector
forestal y además, muy especialmente en el caso de
Cantabria, un factor cultural específico del medio
rural. Va ligada además al mantenimiento de razas autóctonas
que presentan el mayor grado de adaptación a condiciones
desfavorables o extremas y son, por lo tanto, una reserva
importante de variabilidad genética.
El uso de este tipo de explotación,
no solo en las áreas más específicas
por su suelo y productividad -fondos de valle, llanuras aluviales
y collados de media montaña - sino en aquellas en que
sea compatible con los parámetros de conservación,
ha de llevarse a cabo de forma que sea un factor añadido,
un factor más, de la dinámica forestal y no
pase a convertirse en peligro potencial para recursos como
el suelo, la propia vegetación y el recurso agua.
El inadecuado, en la gran mayoría de
las ocasiones, uso del fuego para conseguir pastos de este
tipo y la falta de gestión por los ganaderos pone un
tanto en cuestión la vigencia de mis palabras anteriores.
Es de esperar que lo previsto en la Ley 4/2000
de Modernización y Desarrollo Agrario tenga cada vez
un funcionamiento más preciso y alejando los problemas
asegure una simbiosis necesaria y positiva entre la ganadería
extensiva y el ecosistema forestal.
Hay que considerar también Recursos
complementarios como hongos, frutos silvestres y plantas aromáticas
y medicinales, de los que hay un creciente interés
social que, poco a poco, está traspasando los límites
de actividad ligada al recreo para crear un ámbito
de cierta importancia económica, pero lo que es más
importante, que puede ser casi monopolizada por el medio rural.
Existe un espacio socio-económico para
su desarrollo como otro elemento a tener en cuenta como alternativa
a zonas de pequeña productividad.
La caza, o mejor los recursos cinegéticos
son con las actividades de ocio, recreo y turismo de naturaleza
las posibilidades más destacadas que generan empleo
rural directo y dinamizan actividades industriales conexas
en ese medio.
Es evidente en ambos casos su potencial expansivo
y el creciente desarrollo en los últimos años.
Desarrollo que ha de ser compatible con la capacidad de acogida
del medio. En el caso de los recursos cinegéticos para
que la cantidad y calidad de las poblaciones no añadan
peligros zoosanitarios y supongan daños relevantes
a los ecosistemas forestales. En el caso del uso social -
podríamos denominarlo así - de estos espacios
porque el medio no puede, sin deteriorarse, sobrepasar su
capacidad de acogida. Ni aceptar, sin ordenar, usos potencialmente
dañinos como el indiscriminado de vehículos
todo terreno, motos de cross, piragüismo,etc., actividades
que actualmente van creciendo de manera, creo, bastante descontrolada
y que es necesario atajar antes de que se conviertan en un
verdadero problema.
Es momento de concluir haciendo una reflexión,
en los aspectos que me corresponden en esta charla, en cuanto
a las potencialidades del sector forestal en el desarrollo
rural y me parece conveniente reiterar que en ese marco conceptual
de conservación de los espacios naturales, esto es,
el mantenimiento de los procesos ecológicos esenciales
y de los sistemas vitales básicos, la utilización
ordenada de los recursos, especies y ecosistemas orienta la
acción en materia forestal para lograr la protección,
mejora y ordenado aprovechamiento de los montes.
Que todo ello ha de llevarse a cabo atendiendo
al interés público pero de forma que no se menoscabe
el legítimo interés de los propietarios de los
predios, tanto particulares como Entidades Locales, que en
caso contrario perderían el incentivo necesario para
su mantenimiento y mejora.
La importancia cualitativa y cuantitativa de
los terrenos forestales para movilizar recursos endógenos
de las áreas rurales, y estabilizar los sistemas sociales
de esas zonas como gestores específicos en muchos aspectos,
requieren también acciones compensatorias de las limitaciones
que se les impongan en consideración a la defensa de
los valores ambientales. Aspecto en el que sería deseable
que las Administraciones Públicas hicieran un esfuerzo
en orden a la diversificación de la esencia de las
ayudas para intentar una mayor interrelacción de los
sectores productivos en el medio rural, como también
se ha señalado en alguna de las intervenciones anteriores.
La selvicultura, especialmente en las masas
de frondosas, es un elemento con un potencial muy relevante
de creación de empleo. El déficit actual que
los inventarios nos indican y que supone un problema para
el adecuado desarrollo de las masas de frondosas hace doblemente
aconsejable un esfuerzo en este sentido.
Igual consideración, en cierta medida
compartida con lo anterior, puede hacerse de las acciones
prioritarias en cabeceras de cuenca para evitar o disminuir
los procesos erosivos.
La ganadería extensiva requiere para
que pueda llevarse a cabo lo previsto por la ley 4/2000 de
Modernización y Desarrollo Agrario, no sólo
los esfuerzos de la Administración autónoma
y las entidades locales, sino también un impulso de
modernización y profesionalización de los ganaderos.
La lucha contra los incendios forestales, en
un marco forestal como el actual, ha de ser una lucha integrada
plenamente en el ámbito de la conservación de
los ecosistemas forestales y la biodiversidad, y por tanto,
tener como prioridad la prevención, por supuesto sin
abandonar las lógicas medidas de vigilancia, detección
y extinción, para las que la CCAA mantiene ya unos
medios humanos y materiales muy importantes.
La prevención, dada la casuística
de estos incendios, debería de realizarse no sólo
en los aspectos selvícolas sino muy intensamente en
aquellos aspectos educativos del medio rural, especialmente
el subsector ganadero, que propicien un cambio sociológico
respecto a este problema y claramente lleven a un cambio significativo
de la actual tolerancia y actitud ante el uso del fuego como
herramienta agraria.
Estos dos aspectos anteriores, de manera fundamental
por su incidencia en el futuro de los sistemas forestales,
justificarían la ubicación en áreas rurales
de elementos formativos en el manejo forestal y lo relacionado
con la conservación de la biodiversidad. Núcleos
donde impartir conocimientos básicos y capaces de formar
el personal necesario para el conjunto de actividades que
también el uso turístico, recreativo y cultural
de los espacios naturales demanda cada vez más en cantidad
y calidad. Y que claramente serían, a mi juicio, determinantes
para consolidar todo el resto de los procesos orientados a
la movilización de los recursos endógenos de
las áreas rurales y evitar problemas como los señalados
por la Profesora Delgado en la puesta en marcha de los nuevos
programas PRODER Y LEADER.
Sería deseable también que se
produjera en la Comunidad, dados los elementos de análisis
ya disponibles, una decisión respecto a la superficie
desarbolada, fuente importantísima de desarrollo económico
del medio rural.
Y finalmente, para evitar de nuevo actuaciones
pendulares, sería deseable que se tomaran medidas de
control en cuanto al uso de los terrenos forestales, tanto
los sujetos a una u otra protección especial como al
resto, ya que la circulación indiscriminada por determinados
caminos, el uso de ciertos vehículos ( no sólo
de 4 ruedas), algunos deportes muy especializados, la intensidad
turística en ocasiones, han de estar, siempre, limitados
por la capacidad de acogida de estas áreas y la necesidad
de conservar y proteger estos ecosistemas singularmente frágiles.
BIBLIOGRAFÍA
ABREU PIDAL, F.M., "El medio natural en la planificación
del desarrollo". Monografía 14. ICONA. 1975
FERNANDEZ TOMÁS, G. "Estrategia Forestal de la
CEE". Foresta. 1991.
GARCÍA DE ENTERRÍA, E. "La Constitución
como norma jurídica. La C.E. de 1978". Madrid.
1978
GÓMEZ DEL ÁLAMO, R. "Evolución histórica
de las masas forestales en Cantabria". Foresta. 2001.
GÓMEZ MENDOZA, J. "Ciencia y política de
los montes españoles". Clásicos Icona.
1992
G , A. "Montes". N.E. Jurídica Seix. Barcelona.
1990
LÓPEZ RAMOS, F. "El Derecho ambiental como derecho
de la función pública de protección de
recursos naturales". RDA. Nº 13
MARTÍN MATEO, R. "Principios básicos en
Derecho Ambiental". C. N. De D. A. Sevilla. 1995
MONTERO DE BURGOS, J. L. "Evolución vegetal. Óptimo
natural y óptimo forestal". R. Ecológica.
1990
PUIG, R. "Una estrategia comunitaria global en el sector
forestal". R. Montes nº 37. 1994
VICENTE DOMINGO, R. DE. "Espacios forestales". Monografías
Civitas. Generalitat Valencina. 1995
|