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10 de julio de 2002
SR. D. JUAN MIGUEL
DIZ GUEDES, ILMO. CONSELLEIRO DE POLITICA AGROALIMENTARIA
E DESENVOLVEMENTO RURAL
Señor Subsecretario del Ministerio
de Agricultura, Pesca y Alimentación. Señores
ponentes, señoras y señores. Muy buenas tardes
a todos. Iniciamos la clausura de estas Jornadas y, en primer
lugar, quisiera agradecer al Ministerio de Agricultura el
haber tomado la decisión y la iniciativa de celebrar
esta Primera Jornada Autonómica en Galicia. Al mismo
tiempo, y de manera principal, felicitar al Ministerio por
haber asumido este reto, el haber tomado la iniciativa de
llegar a la definición de un Libro Blanco sobre la
Agricultura, sobre el futuro de la agricultura en España.
Un reto y un proyecto apasionante pero, sobre todo, necesario.
Y por ello felicitamos, por esta iniciativa, y, sobre todo,
porque es un proyecto abierto a la participación de
todos, tanto de las Comunidades Autónomas, como de
los sectores, de los distintos sectores, y de los distintos
agentes activos y protagonistas de la agricultura en España.
Es lo cierto que la agricultura, desde tiempo
inmemorial, como otros sectores productivos, han estado siempre
sometidos a cambios permanentes. Y los cambios son consecuencia
de distintas circunstancias o causas pero que siempre son
motivados por la propia sociedad. La sociedad es la que marca
siempre las pautas de los cambios a todos los niveles. Y la
agricultura, un sector productivo importante, una actividad
económica importante y que tiene también implícitamente
un aspecto social, más que cualquier otro sector, quizás,
pues también está sometido a los cambios que
la propia dinámica de la sociedad marca y la sociedad
camina y camina siempre inteligentemente y la historia así
nos lo demuestra.
Pues bien, en este proceso de cambios, cambios
que queramos o no, la realidad nos demuestra que han sido
cambios inteligentes, necesarios. Evidentemente, cambios que
siempre suponen y supusieron situaciones difíciles,
traumáticas, sobre todo desde el punto de vista social,
pero que la propia dinámica así lo exigía
en cada momento. Y de ahí ha surgido, desde el nacimiento
de la Comunidad Económica Europea y, sobre todo, a
partir de la Unión Europea y de la participación
de los Estados Miembros, entre ellos de los nuevos Estados
Miembros, entre ellos España, pues, también
la política europea ha influido y ha determinado nuevas
políticas, nuevas acciones y cambios profundos en las
estructuras, en los proyectos, en los planteamientos de la
agricultura.
Pero esos cambios también han llevado
consigo mejoras importantes y transformaciones importantes,
sobre todo estructurales. Pero esos cambios han venido acompañados,
pues, de ayudas importantes y gracias a esas ayudas se ha
modernizado nuestra agricultura, se ha modernizado nuestro
campo, se ha cambiado de mentalidad. Se empezó a considerar,
realmente, la agricultura como una actividad económica
y, por tanto, como tal actividad económica, la exigencia
de incorporar progresivamente y de manera acelerada una mentalidad
empresarial y una nueva cultura de hacer las cosas. Y ahora,
pues, también se inicia un nuevo cambio. Se inicia
un nuevo cambio desde el punto hora que se está hablando,
se habla incluso ya se habla de manera avanzada, con documentos
y con propuestas de una reforma de la PAC, con lo que eso
significa y lo que eso va a suponer de cara al futuro, desde
el punto y hora de lo que ya ha supuesto la PAC como una realidad
de transformación del campo en general.
Y, bien, yo creo que todos tenemos que mentalizarnos
en esos procesos de cambio. Y los cambios son retos. Y los
retos son dificultades. Y las dificultades las superan las
personas, los hombres y las mujeres que quieren afrontarlos
con serenidad, con seriedad, con rigor, pero, sobre todo,
con estímulos y con ganas. Que esos son los argumentos
con los cuales las sociedades avanzan, se modernizan y superan
los retos y las dificultades y creo que desde aquí
hay que dejar bien claro que tenemos que incidir, insistir,
partiendo de la realidad, partiendo de los análisis,
partiendo de los informes, y aquí hoy se han escuchado
informes y propuestas y reflexiones, pero creo que hay que
hacerlo con absoluto realismo, no tratando de ocultar nada,
ni mucho menos de engañarnos a nosotros mismos ni engañar
a nadie.
Creo que ha llegado el momento en que cada
vez todos tenemos que hablar más claro, ser más
transparentes y afrontar los problemas de frente y con realismo.
Y eso es lo que supone en un primer momento la posible reforma
de la PAC, que, evidentemente, los Estados Miembros, los analizan,
están analizando, juntamente en España con las
Comunidades Autónomas. En estos momentos, y desde que
yo soy Consejero y, por tanto, hablo desde ese momento, porque
no tengo otras experiencias, hay una relación extraordinaria,
un escenario de participación, de diálogo, con
el Ministerio extraordinario, respetando las discrepancias
porque España es un mosaico de particularidades, de
especificidades, cada Comunidad tiene sus peculiaridades,
tiene su propia economía y la agricultura gallega es
distinta de la andaluza y distinta de la catalana y distinta
de la valenciana. Pero el Estado, la responsabilidad del Estado,
como Estado Miembro, es definir una política global
para todos y en ese sentido nosotros queremos, desde Galicia,
ser solidarios para conformar una posición, que sea
lo más unánime posible, porque, evidentemente,
cada región de manera individualizada y aislada no
vamos a lograr nada. Entonces tenemos que participar de un
proyecto común nacional. En este caso participando
solidaria y lealmente con el Ministerio de Agricultura a los
efectos de definir perfectamente la posición española
dentro de la Unión Europea, respecto a la Reforma de
la PAC, por lo que eso puede significar.
Pero, en todo caso, en todo caso, yo sí quiero reiterar
una vez más que Galicia a pesar de los discursos pesimistas,
a pesar de que todo se ve negro, Galicia, el pesimismo de
siempre, permanente del pasado y del presente, superó
ese pesimismo. Las propias personas superaron los pesimismos,
porque ante el pesimismo está la fortaleza y la ilusión.
Con trabajo, con sacrificio, con dificultades, con cambios,
con reestructuración. Pero, hoy por hoy, Galicia cuenta
y está en una posición distinta a hace cinco
años y a hace diez años y eso es fruto, no de
la naturaleza en sí mismo, es fruto del esfuerzo de
muchas personas que están haciendo un brillante trabajo.
Y hay buenos ejemplos en Galicia por fortuna, que nos demuestran
que utilizando determinadas políticas empresariales,
determinada formación y determinadas apuestas hay unos
resultados que son y deben de ser un espejo para el propio
sector y para el Gobierno Gallego, para ser optimista de cara
al futuro, y lo somos. Y lo somos y, por ello, contra el pesimismo,
nosotros contraponemos realismo y el realismo es formación,
mentalidad empresarial, profesionalidad, viabilidad, rentabilidad.
Y en eso estamos y desde ahí vamos a contribuir para
que, realmente, el futuro de la agricultura sea un futuro
real, realista y esperanzador. Y, desde luego, estoy convencido
que todos aquellos que viven del campo y en el campo, en su
concepto genérico más amplio, partiendo de estas
premisas y de estos principios, seguiremos contribuyendo al
producto interior bruto gallego, de manera eficaz y eficiente.
Querido Subsecretario, te agradecemos tu presencia,
al igual que esta mañana la del Ministro y agradecemos
también toda cuanta colaboración prestáis
a la agricultura y al campo gallego, conscientes de las
limitaciones,
desgraciadamente, en las que todos nos movemos. Pero a pesar
de esas limitaciones creo que el trabajo está siendo
muy positivo. Gracias a los ponentes y gracias a todos
ustedes.
Muchas gracias.
ILMO. SUBSECRETARIO
DE AGRICULTURA, PESCA Y ALIMENTACION, SR. D. MANUEL LAMELA
FERNÁNDEZ
Muchas gracias Excelentísimo
Señor Conselleiro de Política Agroalimentaria
y Desenvolvimiento Rural de la Xunta de Galicia, queridas
autoridades, queridos ponentes, señoras y señores.
En primer lugar, quiero comenzar esta breve intervención
de clausura de esta larga jornada agradeciendo a todos su
asistencia, su participación activa a todos y a cada
uno de los que aquí están, y muy especialmente
a los ponentes que con su conocimiento, su sabiduría
y su buen hacer han abordado el presente y planteado estrategias
de futuro para la agricultura, la ganadería y las políticas
activas de desarrollo rural en el ámbito de esta Comunidad
Autónoma y en el de España.
Esta mañana comenzaban estas Jornadas con la inauguración
por el Presidente de la Xunta de Galicia y el Ministro de
Agricultura del Gobierno de España. Creo que ello demuestra
y avala la importancia que ambas instituciones conceden a
algo que históricamente se viene demandando desde el
Gobierno, a saber, el trabajo conjunto de las Administraciones
para garantizar el futuro de un sector.
Con este ambicioso proyecto, nunca antes acometido en la historia
agraria de España, el Gobierno pretende elaborar un
documento objetivo que muestre la realidad actual de la agricultura
española que como ha señalado el Conselleiro,
presente la auténtica realidad, que contemple los diversos
modelos productivos que constituyen las distintas agriculturas
que, afortunadamente, tenemos como modelos productivos en
España.
Pero no solamente pretendemos que sea un diagnóstico
objetivo de la realidad actual de nuestro tejido productivo,
sino que debemos apostar por trasladar el esfuerzo necesario
al Libro y plasmar en él las distintas actuaciones
y objetivos que para el futuro consideremos o creamos todos,
que deben de ser conseguidos.
Estamos ante un futuro, que como bien se ha señalado
a lo largo de esta mañana, está lleno y plagado
de retos e incertidumbres.
Desde el punto de vista internacional, la globalización,
los debates de la Organización Mundial de Comercio,
la ampliación de la Unión Europea a los Países
del Este, y consecuentemente, la modificación real
de la Política Agrícola Comunitaria, son retos
que están sobre la mesa y que tendremos que tener presentes
de cara a abordar las políticas activas que debamos
poner en marcha de manera consensuada.
Ese futuro, debe plasmarse, elaborarse y abordarse con realismo,
con objetividad, sin dramatismo, sin pesimismo, con la máxima
ambición posible y considerando nuestro pasado con
orgullo, sin nostalgia.
Todos tenemos la obligación y la responsabilidad de
confiar en nuestros enormes activos - el de nuestra economía
y nuestra sociedad, el de nuestras tierras y nuestros campos,
el de nuestras explotaciones -. Y desde luego, y sobre todo
hemos de confiar en el enorme activo de nuestro factor humano,
con una especial mención para nuestros jóvenes,
que a mi juicio tienen que ser nuestro primer compromiso con
el futuro y nuestra primera responsabilidad en el diseño
de todas las políticas que establezcamos.
Creo que es importante que esas políticas y esas estrategias
tienen, necesariamente, que configurar la realidad territorial
de nuestra economía y la realidad territorial de nuestro
Estado.
Debemos ser capaces de aglutinar nuestros objetivos desde
el máximo respeto a la realidad competencial de nuestro
estado y apostando por la adecuación de todas las políticas
activas a la diversidad de los modelos y de las estructuras
existentes.
Tenemos que apostar, indudablemente, por los mejores y los
más altos niveles de competitividad, con políticas
regionales y nacionales que sean coherentes, que sean capaces
de aglutinar esos objetivos comunes de las políticas
regionales y de vertebrar el territorio con una filosofía
ordenadora del mismo y con un principio claro de subsidiaridad.
Es indudable que esta realidad y este objetivo complejo y
ambicioso, exige un esfuerzo común entre administraciones
públicas y, por encima de todo, una leal cooperación
entre administraciones y gobiernos. Y creo que un magnífico
ejemplo de esa leal cooperación y de ese esfuerzo común
es el que se viene realizando, desde hace ya mucho tiempo,
entre el Gobierno de España y el Gobierno de la Xunta
de Galicia, ejemplo que a su vez sirve de referencia en las
relaciones del Estado con otras administraciones territoriales.
España puede y debe apostar por la competitividad de
su modelo productivo y puede y debe hacerlo al margen de las
vicisitudes, de los problemas o de los elementos de duda generados
en el ámbito de la Unión Europea y en particular,
de las reformas que puedan abordarse en el marco de la Política
Agrícola Comunitaria.
Tenemos que ser capaces de abordar, con nuestros propios medios,
con nuestros propios recursos y con nuestro propio esfuerzo,
una política real de renovación y de modernización
de nuestras explotaciones y de aplicación de criterios
de gestión empresarial como única fórmula
real de garantizar la modernidad y competitividad de nuestras
explotaciones.
Para ello creo que es importante no solamente el recabar la
opinión de las administraciones competentes en el territorio,
sino también la opinión de los sectores productivos
afectados y de ahí la necesidad de la participación
de todas las organizaciones agrarias y de todas las asociaciones
y organizaciones en la red de productores en el amplio debate
iniciado con el Libro Blanco.
Un debate que tiene una estructura nacional, en la que se
enmarcan las grandes cuestiones que afectan a todas y cada
una de las partes del territorio del Estado. Junto a ellos,
hemos considerado la necesidad de dotar al Libro de una parte
específica, de naturaleza territorial, que se oriente
hacia la diversidad productiva y los problemas específicos
de la misma, en todas y cada una de las partes de nuestro
territorio.
Acercarnos a la realidad de nuestras Comunidades Autónomas,
es un ejercicio de responsabilidad a la hora de abordar el
inmenso reto de diseñar una política agrícola
nacional capaz de aglutinar a todas y cada una de las políticas
agrícolas regionales.
Creo que en el caso concreto que nos ocupa, en el caso de
Galicia, su realidad tiene que verse recogida en el Libro
Blanco. Galicia tiene mucho que decir y que aportar al Libro,
en beneficio de su modelo productivo, de sus propias estructuras
productivas y las del resto del Estado.
Galicia es hoy un ejemplo de esfuerzo en la modernización
del campo y de las explotaciones y en el desarrollo de las
políticas activas de desarrollo rural. Pero todavía
es necesario esforzarse para la consecución de todos
estos objetivos, para los que tenemos que aglutinar el esfuerzo
de todos y alcanzarlos en el menor tiempo posible.
Los gallegos tienen que ver su futuro reflejado en las políticas
y en las recetas que salgan del Libro. Un Libro Blanco que
no fuera capaz de aglutinar esas recetas y esas políticas,
a la medida de una parte tan importante del territorio, como
es el de esta Comunidad Autónoma, sería, simplemente,
un fracaso.
Creo que este propósito, a la vista de la magnífica
acogida que ha tenido esta Jornada y a la luz de las magníficas
aportaciones que se han realizado, se va a conseguir.
Creo que uno de los motivos por los que en Galicia se ha celebrado
la primera Jornada Autonómica del Libro Blanco de la
Agricultura y el Desarrollo Rural, no es sólo la estrecha
y la permanente cooperación y colaboración entre
Administraciones, la del Estado y la de la Xunta de Galicia,
sino la de reconocimiento de un esfuerzo a lo largo de muchos
años y, por lo tanto, de un ejemplo a seguir por otras
economías productivas y por otros modelos agrarios.
Quiero concluir esta breve intervención agradeciendo,
especialmente a la Xunta de Galicia, el esfuerzo y la colaboración
que ha prestado al Ministerio de Agricultura en la elaboración
y diseño de los trabajos previos realizados, y en el
desarrollo de esta Jornada.
También quisiera invitar a la Xunta de Galicia y al
resto de la sociedad civil gallega a seguir aportando al Libro
Blanco, sus recetas, sus compromisos, sus estrategias y sus
políticas, que tienen que formar parte, de manera clara
e imprescindible, de las estrategias, de las recetas y de
las políticas activas que desarrolle el Gobierno de
España en los próximos años.
Hoy Galicia empieza a trabajar en el Libro Blanco y os pido
que por ello en los próximos meses sigáis colaborando
y apoyando esta iniciativa que creo que es fundamental para
el futuro de la agricultura española y de nuestro tejido
social. Tejido social que se encuentra aferrado al campo,
actuando como elemento de vertebración de nuestra sociedad
civil, como parte inherente de nuestra propia cultura, de
nuestra propia idiosincrasia y, por lo tanto parte de nuestra
realidad histórica y cultural.
Muchas gracias a todos por su atención y declaro clausurada
la Jornada del Libro Blanco dedicada a Galicia.
Buenas tardes.

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