El agotamiento de los recursos naturales
básicos, como consecuencia de la Revolución
Industrial decimonónica y la progresiva evolución
posterior de la civilización occidental, así
como la aparición de accidentes y fenómenos
perjudiciales para el medio Ambiente, provocaron en la segunda
mitad del siglo pasado una serie de movimientos y de sensibilidades
muy agudas hacia la conservación de nuestro medio
natural.
Dicha preocupación quedó plasmada
en diversos movimientos sociales, así como iniciativas
intergubernamentales, que se fueron sucediendo con el paso
de los años, hasta que a finales de siglo los aspectos
ambientales han llegado a quedar inmersos en todas las áreas
de la actividad económica humana. Como es lógico,
el concepto de medio ambiente y la filosofía para
su conservación, ha variado sensiblemente a lo largo
de este periodo. Cabría destacar dos hitos en ese
devenir: el de la Estrategia Mundial Para La Conservación
(UICN, PNUMA, UNESCO, FAO, etc.) gestado a finales de los
setenta y marcado por un ángulo proactivo en planteamientos
conservacionistas, y la Cumbre de Río de Janeiro
(CNUMAD) de 1992, en la que se acuña la filosofía
de "Desarrollo Sostenible", que debe ser la que
ilumine las políticas sectoriales y la propia dinámica
ambiental en las primeras décadas del nuevo milenio.
Ese término de sostenibilidad o de
desarrollo sostenible admite varias definiciones más
o menos acertadas y generalistas como aquel "que satisface
las necesidades de la generación presente sin comprometer
la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer
sus propias necesidades" (Estrategia Mundial para la
Conservación, UICN), redefinido años más
tarde en la forma: "El desarrollo sostenible consiste
en mejorar la calidad de vida humana sin rebasar la capacidad
de carga de los ecosistemas que la sustentan" (PNUMA,
UICN y WWF). Más actual es la definición de
que "el concepto de sostenibilidad no consiste en dejar
los recursos naturales intactos, sino que implica hacer
un uso eficiente de los mismos, siendo necesario introducir
todos los costes y beneficios en que la sociedad tiene que
incurrir. Y el desarrollo sostenible no es un concepto exclusivamente
ecológico, sino un triángulo de equilibrios
entre lo ecológico, lo económico y lo social,
cuyo resultado es la solidaridad".
El concepto de sostenibilidad se nos presenta,
a la vista de lo anterior, muy ambicioso y difícil
de conseguir, ya que pretende reconciliar aspectos que muchos
autores y una gran parte de la sociedad consideran como
antagónicos: ecología, economía y desarrollo
social. La innovación de mayor calado en el contenido
conceptual del desarrollo sostenible es ponderar entre la
perspectiva en ocasiones monocorde de la conservación
de la naturaleza y la realidad socio-económica y
cultural de las áreas rurales.
En su aplicación práctica a
nuestra realidad rural, el desarrollo sostenible se perfila
como el establecimiento de unas pautas de manejo sobre los
recursos naturales, mediante las que se consiga alcanzar
un equilibrio permanente en el espacio y en el tiempo entre
las diferentes demandas y necesidades que actúan
en un escenario territorial.