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Ponencias
LA INDUSTRIA AGROALIMENTARIA
SU PAPEL EN LA VERTEBRACIÓN DEL TERRITORIO
Salvador Serrats
Adjunto a la Presidencia y Director General de Relaciones
Institucionales de Grupo Campofrío
1. INTRODUCCIÓN
2. UNA REALIDAD LOCAL
EN UN ENTORNO GLOBALIZADO
3. CONCLUSIONES
1. INTRODUCCIÓN
El sector agroalimentario de Madrid es un sector en permanente
expansión, que ocupa un puesto relevante en la producción
y comercialización en España y que, además,
cuenta con unas características particulares que hacen
que se distinga de la industria agroalimentaria en el resto
del país.
Concretamente, debe tenerse en cuenta que el
territorio de la Comunidad de Madrid es pequeño, de
aproximadamente 8.000 kilómetros cuadrados, y que de
este total únicamente se puede trabajar sobre el 40%,
aproximadamente 3.200 kilómetros cuadrados, ya que
los 4.800 kilómetros cuadrados restantes son territorio
protegido y, por tanto, corresponde a los parques, las montañas,
las cuencas hidrográficas, etc, que únicamente
permiten trabajos de investigación, conservación
y desarrollo ecológico. Y de este 40%, para que se
hagan ustedes una idea, únicamente 306.000 hectáreas
corresponden a tierras de cultivo.
Pues bien, en tan reducido espacio, se administra
un 18% del Producto Interior Bruto de España, lo que
da una muestra de la actividad que se desarrolla, sobre todo
si se tiene en cuenta que Madrid, una de las 17 Comunidades
Autónomas de España, y de las más pequeñas
por su extensión, absorbe prácticamente un quinto
de la producción del país.
Asimismo, en este espacio residen cinco millones
de habitantes de derecho, aunque algo más de seis millones
de habitantes de hecho, lo que convierte a nuestro territorio
en uno de los de mayor densidad de población de Europa,
que se incrementa con la aportación del turismo. Y
es que la Comunidad de Madrid recibe cerca de medio millón
de turistas al mes, es decir, de personas que pernoctan por
lo menos dos noches en nuestra Comunidad, siendo difícil
de calibrar el número de visitantes, o de aquellos
que aunque estén de paso duerman tan solo una noche.
Lógicamente, todo ello tiene una influencia considerable
en la actividad de nuestra Comunidad.
Con tales datos, no es aventurado afirmar que
el desarrollo de la Industria Agroalimentaria madrileña,
cuyas cifras daré más adelante, ha estado siempre
muy vinculado al consumo, en el que la elevada densidad de
población tiene mucho que ver.
Es decir, a diferencia de otras comunidades
o regiones en las que la evolución del sector agroalimentario
viene determinada por la existencia de un sector primario
de relevancia, que impone la industrialización de sus
productos para incrementar su valor añadido, en la
Comunidad de Madrid la evolución viene determinada
por su particular característica de gran centro de
consumo, consecuencia lógica de la influencia y reclamo
de la capital de España y, claro está, de su
privilegiada ubicación geográfica, habiendo
sabido aprovecharse de sus oportunidades de negocio, como
demuestra el hecho de que actualmente se haya traspasado la
frontera del mercado local para "exportar" más
del 40% de la producción fuera de nuestra Comunidad
Autónoma.
Sin embargo es preciso resaltar que la industria
agroalimentaria de la Comunidad de Madrid juega asimismo un
papel fundamental en el entramado socioeconómico del
medio rural, sobre todo cuando hablamos de la industria agroalimentaria
ligada al territorio como son las almazaras, bodegas e industrias
de transformación de frutas y hortalizas. La búsqueda
de nuevas salidas comerciales y la adición de valor
a los productos agrícolas y ganaderos contribuyen a
mejorar la competitividad del sector agrario, facilitando
la diversificación y el aprovechamiento de los mejores
recursos del medio rural, incentivando la mejora de equipamiento
e infraestructuras y estimulando nuevas iniciativas en el
medio rural.
Otro dato a tener en cuenta, sobre todo
por su protagonismo en el desarrollo de la Industria Agroalimentaria
en España, es el hecho de que tradicionalmente este
sector viene siendo, sin duda, el
más intervenido en cualquier sistema económico
dentro del ámbito industrial. Ello es debido a su carácter
de mayor comprador de las producciones primarias, a su vez
fuertemente intervenidas, y al mercado final de los productos,
los consumidores, lo que a su vez ha generado una prolija
legislación protectora para los mismos, dando como
resultado una actividad sometida a una exhaustiva legislación
que en ocasiones puede llegar a ahuyentar iniciativas. Es
importante señalar que en sectores tan intervenidos
la competitividad y eficacia
de las Administraciones Públicas llegan a ser parte
importante de la competitividad y eficacia de las empresas,
desembocando en una competencia entre administraciones no
sólo en el marco regional sino entre países.
En cualquier caso, como he tenido oportunidad
de oír en diferentes ocasiones al Consejero de Economía
e Innovación Tecnológica de la Comunidad de
Madrid, Don Luis Blázquez, las corrientes liberalizadoras
presentan un balance positivo y favorable para Madrid. Y es
que, efectivamente, y repitiendo un tanto de memoria sus palabras,
la filosofía básica de liberalización
es un principio que a Madrid le va bien. A Madrid le ha funcionado
la libertad siempre, en todos los conceptos. De hecho, las
etapas de crecimiento de Madrid son aquellas en que el Estado
se hace menos intervencionista; en que de verdad se deja jugar
a las fuerzas del mercado de la forma más espontánea
posible. De hecho, las cifras, y los diversos estudios de
estructura económica de Madrid en diferentes etapas,
demuestran que Madrid aprovecha positivamente la libertad
que se le confiere desde la legislación básica
del Estado. En este contexto, siendo un sector, el de la industria
agroalimentaria, fuertemente intervenido, contamos con la
eficacia y competitividad de la Administración de la
Comunidad como motores del desarrollo del sector en Madrid
Cifras de la Industria
Agroalimentaria
Para tener una idea adecuada del papel que
juegan los madrileños en el sector agroalimentario,
es necesario hacer referencia al sector en su conjunto, lo
que, con su permiso, voy a intentar abordar con brevedad.
Cifras - España
Dentro del conjunto de la industria española, la industria
alimentaria ocupa una posición privilegiada y dominante,
al absorber aproximadamente el 20% del Producto Interior Bruto
(PIB) nacional y el 19% del gasto en materias primas.
Concretamente, este sector realiza unas ventas
netas totales superiores a los 55.704 millones de euros, cerca
del 10% de la producción de esta industria en Europa,
de los que la industria cárnica aporta casi 11.000
millones de euros, cerca de un 20%. El resto se distribuye
entre las industrias lácteas (11%); los productos de
alimentación animal (10%); el grupo de Pan, Pastelería
y Galletas y la industria del Vino (8% cada uno); las Conservas
de frutas y hortalizas (7,5%); y las Grasas y Aceites (6,8%).
El 28,7% restante se reparte, por este orden, entre Aguas
y Bebidas analcohólicas (6,4%); Azúcar, Chocolate
y Confitería (5,3%); otras Bebidas Alcohólicas
(5,1%); otros Productos Diversos (4,8%); Transformación
de Pescado (3,9%); y productos de Molinería (3,6%).
De esta clasificación de productos, cabe destacar el
protagonismo adquirido por los Vinos, cuyas ventas netas se
han incrementado en el último lustro más de
un 57%, ritmo de crecimiento que sin duda es espectacular
y que, los que nos dedicamos a otros subsectores, como en
mi caso el cárnico, debemos reconocer y aplaudir.
Asimismo, actualmente el parque alimentario
español tiene censadas más de 33.000 empresas,
de las que un 37,5% son del subsector Azúcar, Chocolate
y Confitería (12.447), y un 13,6% del subsector cárnico
(4.518). Le sigue, con un 12,2%, la industria de los Vinos
(4.055). Como en el caso anterior, es en el subsector Vinos
en el que mayor número de empresas se han creado en
los últimos cinco años, con un crecimiento cercano
al 14%.
Si bien, cabe destacar que la tónica
general viene marcada por una reducción paulatina de
empresas y establecimientos industriales (en torno al 15%
entre los años 1995 y 2000), que pone de manifiesto
el proceso de ajuste y equilibrio que el sector ha iniciado,
aunque la atomización sigue siendo su característica
principal, hecho que se refleja en que un 83% de las empresas
censadas de la industria alimentaria española tiene
menos de diez empleados, mientras que, por el contrario, únicamente
un 0,7% cuenta con más de 200 trabajadores.
Del resto de la cifras que configuran el perfil
de la industria alimentaria española, y por no extenderme
demasiado, les diré que el sector emplea a más
de 381.000 personas, con una tasa de paro anual que se ha
ido reduciendo del 16%, en 1995, a índices actualmente
cercanos al 9%.
El saldo exterior del sector agroalimentario
y del medio rural español es de 360 millones de euros,
fruto de unas exportaciones superiores a los 8.500 millones
de euros y de unas importaciones que se han situado en los
8.150 millones de euros. Asimismo, el gasto en materias primas
asciende a 32.000 millones de euros, mientras que la inversión
del sector en activos materiales supera los 2.600 millones
de euros.
Cifras Comunidad de
Madrid
En lo que a la Comunidad de Madrid se refiere,
sin entrar en detalle puesto que las magnitudes económicas
del sector serán tratadas en una comunicación
posterior, aunque la ganadería y la agricultura han
representado, al cierre de 2001, tan sólo el 0,5% del
Producto Interior Bruto (PIB) de la región, el conjunto
de la industria agroalimentaria madrileña supone un
6,5%, con un volumen de negocio de 4.358 millones de euros.
Se encuentra entre las Comunidades Autónomas punteras
en el sector, habiendo pasado en tan sólo 8 años
de ser la 9ª a la 4ª en el ranking por valor añadido
bruto.
Asimismo, el parque alimentario de la Comunidad
de Madrid dispone de aproximadamente 1.700 empresas que, tanto
en zonas industriales como en zonas rurales, se asientan sobre
más de cien municipios de nuestra región y representan
cerca del 5% del total de las existentes en España.
La producción agroindustrial conjunta
de los madrileños ha superado los 4.000 millones de
euros, lo que supone cerca de un 11% de la producción
industrial de Madrid. Dicho valor de producción ocupa
el quinto lugar dentro del total del sector industrial madrileño.
Asimismo, da trabajo a más de 24.000 personas, cifra
que representa el 8,5% del empleo industrial de la Región,
ocupando el cuarto lugar por personal ocupado. De esta última
cifra, el 25% es empleo femenino, lo que arroja un ratio superior
al de la media nacional de participación femenina en
el sector industrial, que se sitúa en el 20,5%.
Por su dimensión, el subsector más
destacado es el cárnico, que sobresale por dar ocupación
a 3.750 personas habiendo superado en cifra de ventas los
740 millones de euros, y representa, sectorialmente, mas del
9% del conjunto nacional, y alrededor del 18% de la producción
final de la industria agroalimentaria de la Comunidad de Madrid.
El sector de pan-pastelería y galletas es el más
relevante en ocupación de personal con 9,215 personas
ocupadas, superando la cifra global de facturación
los 450 millones de euros. Destacan asimismo el sector lácteo
con una cifra de negocios superior a los 600 millones de euros
y el sector de bebidas no alcohólicas con una facturación
superior a los 670 millones de euros.
En la Comunidad de Madrid, se asienta un potente
sector transformador de productos de la pesca y la acuicultura,
con más de 200 industrias registradas dedicadas a las
actividades de congelados, precocinados, ahumados, salazones,
etc., que dan empleo a unos 1.000 trabajadores, dato que,
debido a la ubicación geográfica de la Comunidad
de Madrid, cuando menos, resulta sorprendente, pero que avala
el hecho de que en Madrid se comercialice cerca del 12% del
total de la pesca marítima desembarcada en España
y el 39% del producto comercializado por los mayoristas. El
8% de las importaciones de pescado del conjunto nacional entran
por la aduana de Madrid.
Y ya que he mencionado el tema de la comercialización
y la venta mayorista, conviene hacer un breve apunte a Mercamadrid,
emblema del mercado madrileño por cuanto, al ser el
complejo de distribución mayorista más grande
de Europa, ofrece una clara idea de la importante dimensión
del mercado de la Comunidad de Madrid. No en vano sus instalaciones,
de más de 1,8 millones de metros cuadrados, reúnen
a diario a los mercados mayoristas de frutas y hortalizas,
de carnes y de pescados; a un número importante de
empresas de distribución y logística y a diversas
empresas de actividades complementarias.
La Distribución
madrileña
Otro de los aspectos que creo conveniente analizar
para poder configurar un perfil completo de la industria agroalimentaria
de la Comunidad de Madrid es el del comercio y, más
concretamente, el del sector de la distribución madrileña,
tan vinculado al tema que hoy nos reúne.
Un repaso a los acontecimientos del último
año demuestra que el proceso de concentración
vivido en España ha tenido su repercusión en
Madrid, mercado éste fuertemente expansivo en lo que
a su superficie comercial se refiere. Así, es en la
Comunidad de Madrid donde se concentra el mayor número
de los principales grupos de distribución presentes
en España, cuyas cuotas de mercado prácticamente
se mantienen igual a pesar de las 80 aperturas de establecimientos,
con una media de mil metros cuadrados de sala de ventas por
tienda, realizadas durante 2001.
Según la fórmula o formato comercial,
y siempre dentro de la venta minorista, son los supermercados,
con un 47,5% en 2001, tres puntos más respecto al ejercicio
anterior, los que mayor participación tienen en la
Comunidad de Madrid. A este formato le sigue el de los hipermercados,
que cae hasta el 40%, aunque su cuota es en este caso la más
elevada, sin duda, de todo el territorio nacional. En tercer
y último lugar se sitúa el hard discount, que
con el 12,5% de la tarta prácticamente repite su participación
en el mercado madrileño.
Ni que decir tiene que, como en el resto de
las comunidades autónomas, en Madrid, como se ha apuntado
anteriormente, la lucha por la concentración responde
al intento de los diferentes grupos por ganar cuota de mercado,
sobre todo ante un horizonte, el de 2005, que ha de cambiar,
en parte, las reglas del juego de la distribución en
una autonomía como la de Madrid. Actualmente, la distribución
ocupa un nivel principal en el volumen de las transacciones
comerciales y supone el 16% del valor añadido bruto
de nuestra Comunidad.
Cuando hablo de nuevo horizonte, me refiero,
lógicamente, al hecho de que es a partir del 1 de enero
del año 2005 cuando entrará en vigor y quedará
establecida, por el decreto 6/2000, la libertad total de horarios
en materia de comercio, decisión que sin duda ha generado
y está generando (y no entro a valorar, sino simplemente
subrayo un hecho), cierta controversia entre los distintos
formatos comerciales y las diferentes asociaciones del sector.
En cualquier caso, en lo que sí parecen
coincidir todas las partes es en que la ordenación
del comercio minorista en la Comunidad de Madrid ha de perseguir
ciertos objetivos irrenunciables, como la defensa de la libertad
de empresa, la libre competencia, la libre circulación
de bienes en todo el territorio español y, por supuesto,
la garantía de la defensa de los derechos de los consumidores
y de sus intereses.
Y en la medida en que se consigan estos objetivos,
el éxito, indudablemente, redundará también
en beneficio del sector agroalimentario.
Denominación
de Origen
Otro factor importante, y que año tras
año está cobrando más importancia, en
la medida en que las Administraciones se han dado cuenta de
ello e intentan fomentarlo y promoverlo, es la Denominación
de Origen.
Es éste sin duda un valor añadido
del sector agroalimentario, ya que contribuye a potenciar
el prestigio de la marca y la excelencia del producto y es
una herramienta muy útil para enfrentarse a la competencia,
tanto interior como exterior, y aumentar el dinamismo empresarial.
No debe olvidarse que tanto la denominación
de origen como la marca trasmiten, además, calidad,
garantía y seguridad alimentaria tanto a la gran distribución
como al consumidor final.
Permítanme que dedique unos minutos
de mi intervención a la seguridad alimentaria, capítulo
que, por la importancia y protagonismo adquirido, merecería
una sola jornada para profundizar y sacar conclusiones.
Seguridad alimentaria
La preocupación de la industria
alimentaria por la seguridad de los alimentos que produce
ha sido una constante desde hace muchos años.
Las recientes crisis europeas de seguridad, principalmente
la de la EEB (Encefalopatía Espongiforme Bovina), seguida
por la de las dioxinas y las pequeñas alarmas que constantemente
se suceden, y me refiero no sólo a las que se producen
en la UE, han ido generando una demanda, cada vez mayor, por
parte de la opinión pública, de información
fiable y objetiva sobre una nutrición de calidad y
la seguridad en los alimentos. Tanto es así que a principios
de este año, el 28 de enero para ser más exactos,
se aprobaba el reglamento jurídico para la creación
de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (AESA), cuyo
principal cometido será prestar asesoramiento científico
independiente sobre todos los asuntos que tengan un impacto
directo o indirecto en la seguridad de los alimentos.
Pero no sólo desde la Unión Europea
se ha reaccionado a esta demanda de los consumidores. Organizaciones
como la European Food Information Council (EUFIC), sustentada
por los principales fabricantes de alimentos, organizaciones
de consumidores, agencias nacionales, y otros organismos intentan
con su quehacer diario concienciar sobre la importancia de
una manipulación correcta de los alimentos, de la también
correcta aplicación de la biotecnología en la
cadena alimentaria o del cada vez más relacionado trinomio:
nutrición - dieta - salud.
Nuestro sector, con la colaboración
de las diferentes administraciones, incluida la local, debe
vigilar y aplicar estos preceptos para garantizar que todos
los procesos que intervienen en la cadena alimentaria no suponen
ninguna amenaza para los consumidores, porque no olvidemos
que la seguridad alimentaria es una responsabilidad compartida
por todos los actores importantes que participan en ella,
productores, fabricantes, distribución, administración
y consumidores.
Las innovaciones técnicas aplicadas
a la industria alimentaria comenzaron en la década
de los años 70, a la par que aumentaba la preocupación
de los consumidores por la seguridad alimentaria. Eran los
años en los que crecía el interés por
los aditivos empleados en los alimentos y en los que surgió
un concepto novedoso, el de "nuevos alimentos" que
designaba alimentos hasta entonces no consumidos nunca y que
se basaban en una compleja mezcla de ellos. Estas innovaciones
fueron desarrollándose con el tiempo y pronto fue fácil
ver que los avances tecnológicos aplicados a la genética
tendrían una gran influencia en el suministro de los
alimentos, sobre todo en lo relativo a incrementar su cantidad
y calidad.
En la década de los años 90 surgía,
de nuevo, otro concepto hasta entonces desconocido el de "alimentos
transgénicos" o alimentos genéticamente
modificados. Organizaciones internacionales comenzaron a trabajar
para estudiar la inocuidad de estos alimentos. En concreto,
tres instituciones se distinguieron en este análisis:
La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización
de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(FAO) y la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económico (OCDE). Ha sido, por tanto,
un proceso parejo; conforme se iban desarrollando nuevos conceptos
de alimentos se incrementaba la preocupación de la
opinión pública por la seguridad y la inocuidad
de los mismos.
En este aspecto, las industrias agroalimentarias,
al igual que los propios consumidores, tienen un papel decisivo
para asegurar la calidad de toda la cadena alimentaria o,
si se quiere, "desde
la granja a la mesa", que
es la política auspiciada por la Unión Europea
para certificar la calidad de los alimentos. Esta política
abarca todos los segmentos de la cadena alimentaria - como
la producción de alimentos para animales, la producción
primaria, la transformación de alimentos, el almacenamiento,
el transporte y la venta minorista -.
Es preciso recalcar que la cadena alimentaria
europea es una de las más seguras del mundo y que,
por lo general, el sistema ha funcionado bien. Las medidas
de seguridad alimentaria vienen formando parte del acervo
de normas europeas desde los inicios de la Comunidad. Históricamente,
estas medidas se han desarrollado principalmente desde una
base sectorial. Sin embargo, la creciente integración
de las economías nacionales en el mercado único,
la globalización de los mercados, los avances agrícolas
y en la transformación de alimentos, así como
los nuevos patrones de manipulación y distribución
hacen necesario un nuevo planteamiento global e integrado
como el propuesto en el Libro Blanco de Seguridad Alimentaria
de la Unión Europea.
El asunto no es baladí. El sector agroalimentario
es de gran importancia en el conjunto de la economía
europea. Según datos de este Libro (año 2000),
la industria productora de alimentos
y bebidas es uno de los sectores industriales más
destacados de la UE, con una producción anual valorada
en casi 600.000 millones de euros, es decir, cerca del 15%
de la producción industrial total. Una comparación
internacional muestra que la UE es el mayor productor mundial
de productos alimenticios y bebidas. Esta industria es el
tercer mayor empleador en el sector industrial, y ocupa a
más de 2,6 millones de empleados, un 30% de los cuales
trabajan en pequeñas y medianas industrias. Por otro
lado, el sector agrícola tiene una producción
anual de cerca de 220.000 millones de euros y proporciona
el equivalente a 7,5 millones de puestos de trabajo a tiempo
completo. Las exportaciones de productos alimenticios y bebidas
ascienden a 50.000 millones de euros al año.
Por tanto, la importancia económica
de los alimentos en nuestra vida sugiere que la seguridad
alimentaria ha de ser uno de los principales intereses del
conjunto de la sociedad y, especialmente, de los poderes públicos
y de los productores del sector.
Los sistemas de seguridad alimentaria de la
Comunidad y de los Estados miembros se han visto sometidos
a presiones sin precedentes durante las recientes emergencias
relacionadas con productos de alimentación humana y
animal (las dioxinas y las vacas locas). Estas emergencias
han puesto de manifiesto deficiencias que exigen medidas por
parte de las autoridades responsables destinadas a reforzar,
mejorar y proseguir el desarrollo de los sistemas existentes.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria
(AESA) - cuya creación, como decía hace un momento,
data de este mismo año - trabajará en este flanco.
Sus tareas primordiales serán la formulación
de dictámenes científicos independientes sobre
todos los aspectos relacionados con la seguridad alimentaria,
la gestión de los sistemas de alerta rápida,
la comunicación y el diálogo con los consumidores
sobre las cuestiones sanitarias y de seguridad alimentaria,
así como la creación de redes con las agencias
nacionales y los organismos científicos.
El planteamiento global e integrado de la UE
en materia de seguridad alimentaria, al que antes aludía,
propiciará una política alimentaria más
coherente, eficaz y dinámica, y resolverá las
insuficiencias derivas del enfoque actual, sectorial y rígido,
que han limitado su capacidad de abordar rápidamente
y con flexibilidad los riesgos para la salud del ciudadano.
En general, el sistema de alerta rápida
ha funcionado bien en el caso de productos alimenticios destinados
a consumidores finales. Sin embargo, algunos ámbitos
han estado completamente excluidos de estos sistemas, como
el de los alimentos destinados al consumo animal. Por esta
razón, el término "cadena alimentaria"
que maneja la UE abarca la totalidad de la cadena de alimentos
para humanos y animales. De nuevo, estamos ante un tema capital.
La salud animal constituye un factor importante en la seguridad
alimentaria y en la salud pública.
Una política alimentaria eficaz
exige, además, un sistema de trazabilidad de los alimentos
destinados al consumo animal y humano y de sus ingredientes.
Y es que aunque parezca extremadamente riguroso, los mercados
más importantes, los más exigentes, los que
valoran la calidad por encima de todo, tienen un camino marcado:
el de consumir alimentos sanos, naturales y exigir y demandar
controles para garantizar la seguridad alimentaria.

2. UNA REALIDAD LOCAL EN UN ENTORNO GLOBALIZADO
Y ya que he hecho referencia a la política
adoptada por la Unión Europea, creo que es el momento
para abordar otra situación, de enorme trascendencia,
en la que estamos actualmente inmersos.
Y es que resulta imposible describir una realidad
local, autonómica, sin hacer referencia a un fenómeno
que, en apenas unos años, ha cambiado de manera radical
la forma de entender la economía y que ha supuesto
la paulatina supresión de todo tipo de fronteras. Estoy
hablando, evidentemente, del fenómeno que con tanta
profusión se menciona en los últimos tiempos
y que recibe el nombre de globalización, un concepto
sin el cual es prácticamente imposible entender la
economía del siglo XXI.
El creciente proceso globalizador, inevitable
por otro lado, no significa sin embargo que vaya a desaparecer
un concepto localizado, regionalizado, si se quiere, de la
actividad industrial y económica. Al contrario, ahora
más que nunca es necesario comprender lo particular
para poder afrontar con éxito el reto de la universalidad.
Es cierto que la tendencia actual de la actividad
económica nos obliga a tener una visión global,
de conjunto de los acontecimientos, pero no es menos cierto
que olvidar nuestras raíces, las peculiaridades de
nuestros mercados, locales, regionales o nacionales, así
como de aquellos otros en que nos instalemos, puede conducirnos
al fracaso.
El espíritu de los empresarios presentes
en la Comunidad de Madrid, tanto en el sector agroalimentario
como en cualquier otro, ha de conjugar a la perfección
esa visión universal de las tendencias, hechos y circunstancias
que nos imponen los nuevos tiempos con la necesidad ineludible
de adaptar todos nuestros proyectos e iniciativas a las peculiaridades
de cada mercado o grupo social. Entender la situación
y evolución del sector en nuestra Comunidad es vital
para aprender a desenvolverse con naturalidad y, lo que es
más importante, con probabilidades de éxito
en el contexto internacional, de una economía cada
vez más interrelacionada y de una realidad a la que
no es posible sustraerse, sino tan sólo hacer frente
con decisión.
Es por ello que el sector agroalimentario de
la Comunidad de Madrid debe trabajar de acuerdo con esa visión
integral, lo que implica dotarnos de las últimas y
más modernas tecnologías, de una estructura
profesional y técnica adecuada, flexible y capaz de
ofrecer rápidas respuestas ante una competencia feroz,
así como de un espíritu de constante crecimiento
y mejora.
La territorialidad existe y, sin duda, resulta
beneficiosa para quienes disfrutan de ella porque permite
gestionar las soluciones con mayor eficacia e inmediatez.
La delimitación geográfica y, si se quiere,
administrativa y política, son positivas porque nos
permiten trabajar en aspectos y necesidades que nos son más
próximos y, en consecuencia, ser mejores, más
productivos y competitivos en un entorno mucho más
amplio.
Los representantes del sector agroalimentario
presentes en la Comunidad de Madrid debemos trabajar pensando
en el largo plazo, en un futuro que comienza por nuestra región
y continúa por el resto de la Comunidades Autónomas
hasta proyectarse al conjunto del Estado y la economía
españoles, a los que debemos dotar de las armas necesarias
para mantener elevados sus índices de productividad
y competitividad en un entorno que se caracteriza, sobre todo,
por la celeridad de los cambios, que se suceden de manera
continúa y obligan a un permanente esfuerzo de adaptación.
En este contexto, uno de los aspectos más
importantes de ese necesario esfuerzo de modernización
pasa por la innovación tecnológica como herramienta
imprescindible de adaptación a los imperativos del
mercado y la economía.
En ningún caso, el desarrollo tecnológico
ha de ser entendido como un activo exclusivo de determinados
sectores. Al contrario, sectores tradicionales como el nuestro
han de hacer un esfuerzo especial de adaptación a los
nuevos tiempos, demandas y exigencias de los consumidores.
En el sector cárnico, por ejemplo, la
renovación experimentada ha sido espectacular en los
últimos años. Aunque todavía hay quienes
defienden una concepción casi artesanal de la producción
en esta actividad, lo cierto es que ha asumido un serio compromiso
con el consumidor, que cada día es más exigente.
Demanda unos exhaustivos controles de calidad y sanitarios,
quiere que se le garantice totalmente el producto, lo que
implica, un riguroso control desde el nacimiento del animal,
incluida su genética, pasando por la crianza, hasta
llegar a su posterior y adecuada manipulación previa
a la llegada a la mesa para su consumo.
Estas garantías serían impensables
sin la necesaria y más avanzada tecnología.
El proceso ya no se limita, como hace unos años y por
poner un ejemplo, a la crianza de ganado en una granja y el
posterior envío del producto a los puntos de venta,
sin apenas otros pasos intermedios.
En este contexto, no puedo más que coincidir
con la Comunidad de Madrid en la necesidad de que las Administraciones
incentiven, tal y como lo está haciendo nuestra autonomía,
la realización de inversiones en nuevas tecnologías
por parte de las empresas de la Comunidad. Dichas inversiones
se antojan imprescindibles para adecuarse a las nuevas tendencias
del mercado y hacer más competitivas a las compañías
tanto en los mercados locales, como nacionales e internacionales.
Evidentemente, todo lo que he dicho hasta el
momento no significa, en modo alguno, que las empresas agroalimentarias
de la región no sean suficientemente competitivas ni
gocen de un elevado nivel tecnológico. Al contrario,
como ya he dicho al inicio de mi intervención, resulta
patente dentro y fuera de nuestra Comunidad que las empresas
aquí instaladas destacan por su capacidad profesional
y técnica y por sus elevados índices de productividad,
equiparables a cualquier compañía de ámbito
internacional.
La fortaleza de nuestra economía regional
es indudable, así como el papel que juega en el conjunto
del Estado español. La situación y comportamiento
de nuestras empresas constituyen un fiel reflejo y una adecuada
respuesta al reto que los distintos sectores de actividad
deben afrontar en el contexto de la mundialización
de la economía. En términos generales, la compañías
de esta región hemos alcanzado un alto nivel de desarrollo,
competitividad y calidad, tendencia en la que debemos seguir
trabajando, día a día.
Porque la globalización es una carrera
de fondo, repleta de oportunidades, pero también de
obstáculos y desafíos, que nos obliga a una
labor permanente de mejora, de crecimiento y de renovación.
Sería una veleidad por mi parte pretender poner de
manifiesto todas las oportunidades y amenazas que un proceso
inexorable de globalización, como el que se está
viviendo, unido a una enorme sensibilización del consumidor,
ofrecen. No obstante intentaré resumir algunas de las
circunstancias que considero de mayor relevancia en el sector
agroalimentario de la Comunidad de Madrid.
.- Asistiremos a una creciente desregulación
de los intercambios agroalimentarios que debiera comportar
en paralelo una creciente regulación en las políticas
de competencia, derechos laborales, medioambientales y de
calidad, a fin de evitar la irrupción de una competencia
desleal en nuestros mercados. Para desenvolverse en este escenario,
tanto la producción agraria como la industria agroalimentaria
deberán estar al día en términos de competitividad,
máxime si se tiene presente que en el futuro las ayudas
a las que hoy pueden acceder estos sectores disminuirán
de forma drástica, a medida que se vayan incorporando
nuevos miembros a la Unión Europea.
Es por ello que adquiere especial importancia
el esfuerzo realizado por la Comunidad de Madrid en la captación,
para el periodo 2.000/2.006, de Fondos Europeos ( FEOGA, FEDER,
etc.), del Ministerio de Agricultura y de la propia Comunidad,
fondos que permitirán a la industria alimentaria Madrileña
realizar inversiones por valor de 282 millones de euros que
serán financiadas con aportaciones públicas
de mas de 72 millones de euros. Las actividades a las que
podrán destinar estas ayudas están relacionadas
fundamentalmente con las mejoras de competitividad y de la
mejora de la calidad del producto final. Quizás para
algunos puede ser su última oportunidad de ponerse
al día para competir en mercados globalizados como
los que se avecinan.
.- Asistiremos, asimismo, a un creciente proceso
de concentración empresarial, que sin duda en algunos
sectores de la industria agroalimentaria está por hacer,
corrigiéndose la excesiva atomización que les
caracteriza.
.- El proceso de concentración en la
distribución, unido a nuevos requerimientos derivados
de la sensibilización por la seguridad alimentaria,
enmarcará el entorno de relaciones en una nueva dimensión
que obligará a un entendimiento entre la distribución,
los ganaderos y agricultores y la industria agroalimentaria.
.- Asistiremos, también, a impactos
cada vez más violentos de los acontecimientos que se
produzcan en otros sectores, países o economías,
y no me refiero sólo a los derivados de episodios relacionados
con epizootías animales o con la seguridad alimentaria.
.- Los nuevos hábitos de consumo unidos
a las nuevas costumbres que paulatinamente van arraigando
en Madrid, exigirán de la industria alimentaria una
nueva capacidad de respuesta, creatividad y una aproximación
a la realidad del consumidor, para satisfacer sus necesidades.
Es importante en este campo la importancia progresiva y creciente
del sector "FOOD SERVICE", hostelería, restauración,
colectividades, etc
, que a medida que la alimentación
fuera del domicilio va creciendo, exige un enorme esfuerzo
de la industria alimentaria para comprender las nuevas necesidades
de su cliente. Esto establece un nuevo campo de oportunidades
que en la Comunidad de Madrid adquiere máxima relevancia
dada la velocidad del cambio a que estamos asistiendo.
.- El reto para aquellos que no quieran
o no puedan entrar en la batalla y la dimensión que
el nuevo entorno global exige, se decantará por el
desarrollo de especialidades, por la diferenciación
y la búsqueda de productos con mayor valor añadido.
Puede ser una gran oportunidad el desarrollo de especialidades
regionales, denominaciones de origen y la alimentación
biológica, campos donde los esfuerzos de las autoridades
deben ser máximos a fin de asegurar una respuesta a
una demanda creciente del consumidor y una viabilidad a determinado
tipo de industrias alimentarias. Nuevamente, la capacidad
de consumo que una Comunidad como Madrid tiene, abre enormes
oportunidades y asegura grandes posibilidades de éxito.
3. CONCLUSIONES
En definitiva, y para concluir esta intervención
sin, espero, haberles aburrido en demasía, cabe decir
que el sector agroalimentario de la Comunidad de Madrid ocupa
actualmente una excelente posición, tanto en el mercado
nacional como internacional y cada año las salidas
fuera de La Comunidad que representan un 40% del total de
la producción, tienen una mayor importancia en el diseño
de las estrategias comerciales de las empresas y cooperativas
que operan en nuestra Región.
Todo ello contribuye a la dinamización
de la economía madrileña, en la medida en que
el sector da ocupación a 24.000 personas y respuesta,
sin contar las exportaciones, a las necesidades de una población
de hecho cercana a los 6 millones de personas.
Para seguir dando respuesta a estas necesidades
con éxito es imprescindible que cuantos formamos parte
de este sector contribuyamos a aumentar la competitividad
de las diferentes industrias, buscando potenciar la calidad
en el producto final y en la gestión que permita la
mejora continua de las empresas.
A ello ha de unirse el esfuerzo de la administración
madrileña para destinar, en la medida de lo posible,
fondos que permitan la financiación de proyectos dirigidos,
prioritariamente, a la innovación y a la implantación
de mejoras competitivas en las industrias agroalimentarias
o en las actividades primarias, agrícolas y ganaderas,
de La Comunidad, como medio para combatir el proceso de globalización
de los intercambios agroalimentarios, que inexorablemente
se avecina.
Si todos los esfuerzos se encaminan en
este sentido, no cabe duda de que el futuro de la industria
agroalimentaria madrileña será tan halagüeño
como lo es actualmente; se afianzará como uno de los
motores de la economía regional, tanto en la creación
de empleo como en la generación de ingresos y recursos;
añadirá valor a otros factores trascendentales
del entramado socioeconómico de su entorno; y contribuirá
al desarrollo local, propiciando una mejora de las infraestructuras
y generando nuevos vínculos empresariales.

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