| 6 de noviembre
de 2002
ILMO. SR. D. MANUEL
LAMELA FERNÁNDEZ
Damos comienzo al acto de inauguración
de las Jornadas Autonómicas de Navarra del Libro Blanco
de la Agricultura y del Desarrollo Rural.
Excelentísimo Consejero de Agricultura,
Ganadería y Alimentación del Gobierno de Navarra,
Excelentísimo Señor Delegado de Gobierno, Ilustrísimos
Directores Generales y autoridades.
En primer lugar, quiero realizar esta breve
intervención señalando la enorme satisfacción
que me produce, como representante del Ministerio de Agricultura,
Pesca y Alimentación, acudir una vez más a esta
comunidad foral y participar en este caso, en el acto de inauguración
del Libro Blanco de la Agricultura y del desarrollo rural
en la misma. Asisto por delegación del Ministro de
Agricultura, Pesca y Alimentación, que por motivos
de agenda no ha podido estar en la jornada de hoy como hubiese
sido su deseo.
Estamos ante una jornada, en la que una vez
más, el objetivo prioritario para el Ministerio de
Agricultura es estudiar y conocer, de la manera más
pormenorizada posible, las peculiaridades de la agricultura
española, de la ganadería, del tejido social
y del mundo rural español, y específicamente
en esta tierra, de la agricultura Navarra y de la realidad
social, agroalimentaria y rural de Navarra.
Creemos que ese contenido debe de ser una aportación
fundamental al Libro Blanco que se está elaborando,
y desde esa seamos capaces de extraer reflexiones y planteamientos
que a su vez nos permitan adoptar terapias, medidas, políticas
activas que garanticen en el medio y en el largo plazo un
tejido competitivo en nuestro sector agroalimentario.
Cuando en el mes de febrero de este año,
iniciábamos los trabajos del Libro Blanco de la Agricultura
y del Desarrollo Rural, y cuando en aquellas fechas hacíamos
la presentación en Madrid de los objetivos que se pretenden
con este trabajo, destacaba dos cuestiones que creo que son
importantes.
En primer lugar, que nunca antes en la historia
de España, un gobierno ha acometido una tarea de esta
envergadura. Una tarea de someter a revisión toda la
realidad del sector productivo agrario y de realizar esa revisión
desde el diálogo, desde el debate, desde el conocimiento
del propio sector y por lo tanto, desde el más amplio
abanico, de aspectos sensibles en relación con el presente
de nuestro sector agroalimentario.
Se trata de un debate que se ha planteado desde
el Ministerio de Agricultura como absolutamente abierto y
no solamente abierto a los protagonistas del sector, a los
agricultores, a los ganaderos, a los industriales agroalimentarios,
a los que hoy habitan en el mundo rural, sino a toda la sociedad
en su conjunto, porque entendemos que realmente también,
toda la sociedad en su conjunto tiene mucho que decir sobre
qué modelo agrícola, ganadero y agroalimentario
quiere para el futuro, y sobre qué elementos debe de
construirse ese futuro.
Por lo tanto, somos conscientes de que hemos
asumido un enorme reto, que es el de elaborar este Libro Blanco.
Pero también somos conscientes que este reto sólo
va a ser posible con la colaboración y con las aportaciones
de todos y cada uno de los protagonistas del sector, de todos
y cada uno de los interlocutores sociales y de todas y cada
una de las administraciones territoriales que tienen competencias
exclusivas en materia de agricultura, de ganadería
y de desarrollo rural.
El Libro Blanco, pretende elaborar por tanto
un documento objetivo, que determine cuál es el presente
de nuestro sector, cuál es la realidad actual de la
Agricultura española, aunque quizás debiésemos
decir cuáles son las realidades actuales de los distintos
modelos de la agricultura española. Porque afortunadamente
también, hay que reconocer que tenemos distintos modelos
productivos, distintas realidades en distintas partes del
territorio nacional, y que por lo tanto, esas realidades van
a ser distintas, y van a requerir, muy probablemente terapias
y actuaciones distintas.
Pretendemos además, que desde esa expresión
de esos modelos, y desde esa constatación objetiva
de cuál es el diagnóstico de situación
de esos modelos productivos, el Libro Blanco plantee estrategias
de futuro y objetivos ambiciosos, que las administraciones
públicas asuman como propios y que nos lleven desde
una modernización de todo nuestro régimen jurídico,
ordenador y vertebrador del sector agroalimentario español,
hasta actuaciones concretas, políticas concretas que
permitan desarrollos específicos en determinadas zonas
del territorio español.
Estamos ante un escenario, español,
europeo y mundial, de grandes cambios. Estamos ante una inminente
ampliación en el ámbito de la Unión Europea
a nuevos países. Estamos ante retos de liberalización
del comercio en el seno de la OMG y en el seno de lo que conocemos
todos como una política cada vez más realista,
más ambiciosa y más contundente de globalización
de los mercados. Y estamos, por lo tanto, ante un escenario
complejo que requiere el máximo esfuerzo de todos para
ser capaces de analizarlo y de adoptar las medidas precisas
para garantizar nuestra competitividad en ese escenario. Estamos,
por lo tanto, ante una evolución de la realidad de
los sectores productivos que yo me atrevería a decir
es una evolución rápida, una evolución
imparable y que tenemos que estar a la altura de las circunstancias.
Hace muy pocas semanas, la cumbre de Berlín
nos daba un dato tranquilizador para abordar los objetivos
y las políticas activas que pretendemos diseñar
a partir del Libro Blanco. Un objetivo tranquilizador desde
el punto de vista financiero, garantizando hasta el 2013 el
escenario de financiación de la política agrícola
comunitaria para los actuales países de la Unión
Europea.
Por lo tanto, hay un dato objetivo que hay
que tener presente, y es que, la hipotética incertidumbre
que teníamos hasta hace muy pocos días respecto
de los fondos de la Unión Europea al año 2006
ha desaparecido. Se mantiene el gasto agrícola previsto
en la agenda 2000 hasta el 2006, dato creo que muy positivo,
puesto que hace muy pocos días, ese dato no existía,
y sí, en cambio, una gran incertidumbre. Además,
el acuerdo permite extender ese escenario de tranquilidad
financiera hasta el 2006.
Como conclusión, no solamente hemos
conseguido una estabilidad financiera en la política
de ayudas comunitarias de las que somos necesariamente tributarios,
si no que hemos obtenido un margen de tiempo suficiente para
poner en práctica con esos recursos y con los propios
del estado miembro, y con nuestras propias políticas,
todas aquellas medidas que tienen que llevarnos a ser cada
día más competitivos y cada vez menos dependientes
precisamente de ese capítulo agrícola comunitario,
de ese capítulo de ayudas.
Y ese es sin duda, uno de los retos más
importantes que pretende desarrollar y que pretender contemplar
el Libro Blanco.
Tenemos importantes activos, desde el punto
de vista del tejido social, del tejido productivo, de la estructura
de nuestra industria agroalimentaria, del esfuerzo que nuestra
industria agroalimentaria ha hecho a lo largo de los últimos
años, por la calidad, por la seguridad alimentaría,
por la trazabilidad de los productos, por las nuevas tecnologías.
Pero tenemos, desde luego, un principio activo fundamental
en el que tenemos que confiar y en el que tenemos que basar
la mayoría de nuestras políticas. Me estoy refiriendo
al factor humano, a nuestros agricultores y ganaderos que
son, sin duda, referente necesario para adoptar cualquier
tipo de medidas, y objetivo imprescindible si queremos mantener
un tejido social vinculado al medio rural y evitar la desertificación
de zonas productivas con los consecuentes graves perjuicios
y consecuencias de ese tipo de inercias.
Por lo tanto, el Libro tratará, desde
ese diagnóstico, de elaborar propuestas, estrategias
de cambio a nivel nacional, y propuestas de estrategias de
cambio con un absoluto respeto al régimen competencial
vigente en España. Y por tanto, con un absoluto respeto
a la realidad de los gobiernos de las comunidades autónomas,
desde el punto de vista de sus responsabilidades en el territorio,
del diseño de políticas propias aplicables a
su territorio, y desde el punto de vista de apoyo y colaboración,
leal colaboración, para el desarrollo y para la implementación
de esas políticas propias en su territorio. Creemos
que es necesario un esfuerzo común, un esfuerzo de
los que tengamos o tenemos los mismos intereses y los mismos
objetivos y que es cuestión de sumar y no de restar
esfuerzos.
Creemos que más que nunca, es necesaria,
es imprescindible una política agrícola nacional
que sea capaz de vertebrar a nivel nacional todo el territorio
del estado con criterios de solidaridad Interterritorial como
determina nuestra constitución, con criterios de coherencia
económica, con criterios de desarrollo económico
estable a nivel nacional, como corresponde a un sector productivo
que es el sector agroalimentario, parte fundamental de la
economía española, pero insisto, con esa lealtad
y con ese respeto al régimen de las administraciones
territoriales, y con una voluntad también subsidiaria.
Es decir, atender a aquellas cuestiones, a aquellos ámbitos
en donde las administraciones territoriales no lleguen, y
en donde sí es prescindible una política de
cohesión centralizada, desarrollada, o coordinada por
la Administración del Estado.
Creo que este amplio debate social por tanto,
no es sólo como decía al principio, un debate
con los ciudadanos, con los agricultores, con los representantes
del sector, si no también tiene que ser un debate con
las administraciones territoriales.
Tenemos que ser capaces de llegar a ese diagnóstico
y a esas políticas activas de manera coordinada, consensuada,
y de manera claramente diseñada con objetivos a medio
y largo plazo con todas y cada una de las administraciones
territoriales.
De ahí la estructura de las jornadas.
Jornadas temáticas que se vienen realizando habitualmente
en Madrid, y que tocan los grandes temas del sector agrario
español de cara a su análisis pormenorizado,
y de ahí, a nuestro juicio, la imprescindible translación
de los estudios del Libro Blanco al territorio, a los problemas
concretos y por lo tanto, las jornadas autonómicas.
El venir a donde a pie de obra se producen
los problemas, intercambiar opiniones con las administraciones
responsables de buscar soluciones y planteamientos para esos
problemas y trasladar todo eso a este amplio contenido del
Libro Blanco, creemos que es imprescindible y de ahí
el esfuerzo de este tipo de jornadas.
Creo que en el caso de Navarra, el esfuerzo
de años del sector agroalimentario hace pensar que
las aportaciones que van a surgir en la jornada de hoy y en
los próximos días del propio sector productor,
de la propia industria agroalimentaria, de los propios agricultores
y ganaderos navarros y desde luego, de la administración
foral, van a ser aportaciones fundamentales no sólo
para buscar fórmulas, recetas o políticas aplicables
a Navarra para el presente y el futuro de esta comunidad autónoma,
si no recetas trasladables a otras partes del territorio porque
aquí en muchos casos han sido aplicadas y han tenido
resultados satisfactorios. Y por lo tanto, son susceptibles
de trasladar a otros ámbitos territoriales.
Creo que hay datos esperanzadores en el sector
agrario a nivel nacional y a nivel territorial, se quieran
ver como se quieran, que permiten pensar en que estamos ante
un sector con futuro, pero que tiene, evidentemente el tiempo
justo para ser capaz de garantizar ese futuro en los próximos
años.
Tenemos en el caso de esta comunidad autónoma,
una producción agraria creciente, lo cual es un dato
positivo. Tenemos una estructura productiva diversificada
en el ámbito de su geografía y de su diversidad
climática, y tenemos también, en este caso,
un sector agrario ocupado que tiene unas cifras suficientemente
importantes como para demandar la máxima atención,
no sólo ya de la administración foral sino también
de la Administración del Estado.
El tejido de industria agroalimentario, para
nosotros, en este ámbito territorial, tiene una importancia
fundamental. Más del 15’3% del empleo del sector
industrial, corresponde en Navarra al sector agroalimentario.
Y más del 14% de las rentas netas del producto corresponde
al sector agroalimentario. Lo cual pone de manifiesto la importancia
de este tejido en esta comunidad, que es la que el Estado
entiende que debe de tener en todo el ámbito territorial,
si queremos ser competitivos y si queremos ser capaces de
buscar cauces de comercialización y de valor añadido
a nuestros productos de cada vez más calidad.
Y voy a terminar esta intervención,
en primer lugar, agradeciendo a todos su presencia en esta
jornada, y agradeciendo muy especialmente a la Consejería
de la Agricultura, Ganadería y Alimentación,
y especialmente a su Consejero, el esfuerzo, el trabajo, la
colaboración prestada para el desarrollo de esta jornada
a lo largo de las últimas semanas, que no es si no
muestra una vez más, de las magníficas relaciones
que unen al Gobierno de España y al Ministerio de Agricultura
con el Gobierno de Navarra y con la Consejería de Agricultura.
Y quiero también en este acto y en este
momento decirles que cuando termine la jornada, no habrán
terminado los trabajos de Navarra. Habremos agotado una jornada
de estudio, pero a partir de hoy, tendremos que seguir trabajando
en el contenido del Libro Blanco, en el capítulo de
Navarra, y en el conjunto de diseños de políticas
activas a poner en práctica en los próximos
meses y en los próximos años para conseguir
los objetivos trazados.
Os invito, por tanto a todos, a seguir trabajando
en estos objetivos que creo que son objetivos comunes, y
por
mi parte, daros las gracias, insisto, por vuestra presencia.
Desearos una jornada muy fructífera. Que las ponencias,
estoy seguro, van a ser sumamente interesantes y que las
conclusiones
que se extraigan, enriquezcan el contenido de esto.
Muchas
gracias.

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