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3 de diciembre de
2002
Sr. D. Manuel Lamela
Fernández, Subsecretario de Agricultura, Pesca y Alimentación,
MAPA
Muchas gracias Viceconsejero. Ilustrísimas
autoridades, querido Director de Agricultura, señoras
y señores. Buenas tardes. En primer lugar, decir que
una vez más me corresponde en este caso intervenir
en el acto de clausura de una jornada del Libro Blanco de
la Agricultura y del Desarrollo Rural, y en esta ocasión
en el ámbito de la Comunidad Autónoma del País
Vasco, y en este caso concreto en Álava y en Vitoria.
Y hago esa mención expresa porque la relación
personal que he mantenido con esta capital durante mi primera
etapa profesional y por tanto, durante un tiempo relativamente
largo mi residencia en esta tierra, me ha hecho primero, tenerla
un especial cariño, y en segundo lugar, también
una especial sensibilidad hacia su realidad y hacia su riqueza
cultural y riqueza en este caso agraria.
Creo que la realidad de la agricultura en el
País Vasco es una realidad que no puede ser en modo
alguno ajena al contenido del Libro Blanco de la Agricultura
como no lo puede ser la realidad del resto de los modelos
productivos y de la diversidad y riqueza que tenemos en el
ámbito agroalimentario a lo largo de toda la geografía
nacional. Y por lo tanto, desde esa perspectiva hoy cumplimos
un paso más, un capítulo más del Libro
Blanco al traer al ámbito de esta comunidad autónoma
el debate, el conocimiento profundo de su realidad, de sus
problemas, de sus inquietudes y consecuentemente de su traslación
a lo que en el futuro sea el texto del Libro Blanco que evidentemente
va a tener un contenido importante para lograr ese objetivo
que entendemos es un objetivo común, la competitividad
de todo el sector agroalimentario fuera y dentro de nuestras
fronteras.
A lo largo de estos meses, es decir, desde
que empezamos los distintos debates se han escuchado desde
múltiples puntos de vista y desde múltiples
sectores, críticas, comentarios sobre la razón
de ser del Libro Blanco y sobre su contenido.
En más de una ocasión se ha dicho,
desacertadamente y no desde esta administración ni
de esta comunidad autónoma, que el Libro Blanco no
pasaba de ser un libro en blanco. Pero yo creo que fuera de
esas críticas o de esos comentarios lo que tenemos
que ser es conscientes de que el objetivo que ha emprendido
en este caso el Ministerio de Agricultura y el Gobierno de
España a la hora de acometer la elaboración
de esta obra, va necesariamente en una doble o triple vertiente.
En primer lugar, consideramos que la coyuntura
actual de España y de la Unión Europea es una
coyuntura que exige tomar decisiones, abordando evidentemente
planteamientos y estrategias a corto, medio y largo plazo
y que esas decisiones, esos planteamientos y esas estrategias
sólo pueden ser tomadas con rigor y con realismo si
partimos de un análisis riguroso, de un análisis
cierto de la realidad existente en nuestro sector primario,
en nuestro sector agroalimentario, en nuestro sector productor,
y si sabemos realmente, por lo tanto, cuáles son las
inquietudes, los problemas y las cuestiones que afectan a
este sector. Y ése es el primero de los objetivos del
Libro Blanco, hacer un diagnóstico certero, un diagnóstico
objetivo, un diagnóstico realista de cuáles
son las estructuras de todos nuestros sectores productivos
y cuáles son los problemas que los aquejan y por supuesto
también, como no podía ser de otra forma, de
nuestra industria agroalimentaria.
En segundo lugar, el segundo objetivo que persigue
el Libro Blanco es el de trabajar conjuntamente con todos
los que persiguen objetivos comunes en un diseño de
la agricultura del futuro, de la agricultura y del desarrollo
rural. Creemos que la consecución de objetivos comunes
exige esfuerzos comunes y que por lo tanto sólo desde
ese diagnóstico certero es posible el diseño
de esas actuaciones, de esas políticas activas que
nuestros sectores demandan y que desde luego, tenemos que
poner en práctica si queremos ser capaces de afrontar
los grandes, los enormes y los difíciles retos que
se nos avecinan. Y todo ello, desde la perspectiva de ser
conscientes de cuáles son los grandes activos que tiene
hoy nuestro sector. Y esos grandes activos pasan, como no
podía ser de otra forma, en primer lugar por el factor
humano. Creo que el elemento humano es el activo más
importante que hoy tiene nuestro sector productor, nuestro
sector agroalimentario en su conjunto y que desde luego, desde
la confianza en ese factor humano y desde la apuesta por su
sostenimiento, mantenimiento y relevo evidentemente, al frente
de las explotaciones, relevo generacional, podemos abordar
con cierto optimismo y con cierta esperanza esos retos y esos
objetivos.
Y además, tenemos que ser conscientes
también que tenemos que abordar este Libro Blanco desde
la Administración del Estado siendo conscientes de
que, como decía antes, los objetivos comunes exigen
y requieren esfuerzos comunes y una política de leal
colaboración y cooperación. La leal colaboración
y cooperación con los representantes de los sectores,
sin cuya interlocución, sin cuya vertebración
y sin cuyo conocimiento real de sus inquietudes el Libro Blanco
no tendría ningún sentido.
En segundo lugar, siendo conscientes y conocedores
de la realidad competencial, de las distintas administraciones
territoriales, de la Administración del Estado y de
las comunidades autónomas y, como decía el Viceconsejero,
de las competencias exclusivas que tienen en materia de agricultura
las comunidades autónomas en España. Pero entendemos
que esa exclusividad en el ámbito competencial que
ha diseñado nuestra Constitución del 78 y los
distintos Estatutos de Autonomía, es una exclusividad
que no impide en modo alguno ni la solidaridad entre las distintas
partes del territorio, y entre los distintos sectores del
territorio, ni tampoco impide la obligación o más
bien aconseja la obligación, en este caso, de la Administración
del Estado y de los Poderes del Estado de ser garantes de
la existencia de una leal competencia entre los distintos
sectores y entre las distintas partes del territorio.
Si queremos sectores competitivos a nivel nacional
y si queremos sectores fuertes, dinámicos, capaces
de tener una presencia real y efectiva fuera de nuestras fronteras
y de tener un futuro prometedor, un futuro sólido dentro
de nuestro territorio, evidentemente un elemento esencial
es el de la competencia leal dentro del territorio y el de
garantizar también ese equilibrio y ese desarrollo
homogéneo entre sectores dentro de la misma geografía
nacional.
Por lo tanto, desde esa, insisto, diversidad,
desde esa riqueza enorme que tiene España a la hora
de hablar de los distintos modelos productivos, creemos que
es imprescindible que el Libro Blanco y los productos resultantes
del Libro Blanco, es decir, las normas que en su momento entren
en el Parlamento Nacional para su discusión, para su
debate y su posterior aprobación, apueste en primer
lugar, por esa competitividad de esos sectores, por esa modernización
de los sectores, por esa coherencia nacional en el desarrollo
dinámico de esos sectores con esos objetivos que creo
yo importantes y ambiciosos y que apuesten por el respeto
a las políticas territoriales, políticas apegadas
al territorio, a sus problemas específicos, pero políticas
que exigen a nuestro juicio tener presentes la doble vertiente
que tiene necesariamente el Estado Español como cualquier
otro Estado de la Unión Europea.
De una parte, la obligación de ser tributarios,
de ser desarrolladores de implementar aquellas medidas, aquellas
normas, aquellos reglamentos que nos vienen dados, que nos
vienen dictados por parte de la Unión Europea, y en
consecuencia la obligación que tiene el Estado de defender
en la Unión Europea los intereses de todos y cada uno
de los agricultores, ganaderos, industria agroalimentaria
del territorio nacional, que precisamente por su diversidad,
por sus especificidades en cuanto a la problemática
de cada una de las partes del territorio, exige en más
de una ocasión valoraciones y decisiones de equilibrio
y de solidaridad que hay que hacer, evidentemente desde arriba,
es decir, desde la visión conjunta de la realidad del
territorio y no desde la microvisión de la realidad
de una parte.
Por eso, creemos que es no solamente compatible
sino que es deseable, yo diría imprescindible y necesario,
que junto con las políticas desarrolladas por los Gobiernos
de cada una de las comunidades autónomas en su ámbito
del territorio, exista una Política Agrícola
Nacional aglutinadora y coordinadora de todas esas políticas
que tengan como común denominador precisamente esos
objetivos comunes, que son objetivos a nuestro juicio de todo
el sector agroalimentario español. Una Política
Agrícola Nacional que además tiene que ser ordenadora,
o reordenadora de ese equilibrio interterritorial al que antes
me he referido y también por qué no decirlo,
subsidiaria de aquellas otras políticas que por razones
que no ha lugar, en algún momento determinado no se
pongan en práctica en algunas partes del territorio.
Esa triple vertiente de Política Agrícola
Regional, Política Agrícola Nacional y Política
Agrícola Comunitaria, esos tres focos, esos tres ámbitos
son tres ámbitos que tiene que contemplar el Libro
Blanco de la Agricultura y que tiene que tener su plasmación
en una norma por la que apostamos, una ley básica de
agricultura y desarrollo rural que siente los principios ordenadores
nacionales y que siente los marcos de entendimiento, de interlocución
y de diálogo permanente entre todas y cada una de las
Administraciones del Estado, y de éstas con todos y
cada uno de los sectores productivos del Estado.
Creo que desde esa perspectiva el debate social
que se genera y que se está generando en torno al Libro
Blanco, es un debate social que por parte del Ministerio de
Agricultura se ha planteado tan amplio como sea posible. Es
la primera vez en la historia de España que un Gobierno,
que una Administración o que un Ministerio abre un
debate no sólo para los sectores productivos, no sólo
para los interlocutores vertebrados de esos sectores, para
las organizaciones agrarias sino también para la propia
sociedad civil. Es decir, para todos y cada uno de los ciudadanos
que tengan y quieran decir algo sobre lo que es el presente
del sector primario español y lo que tiene que ser
el futuro del sector primario español.
Y no podemos ser ajenos desde esa perspectiva
a que el primer cliente, y pongo lo de cliente entre comillas,
que tiene nuestro sector agroalimentario son nuestros consumidores,
son nuestros ciudadanos, y que por consiguiente, lo que tengan
que decir es algo que necesariamente todas las administraciones
en particular tenemos que tener muy presente a la hora de
plantear las futuras soluciones y de plantear las futuras
estrategias a desarrollar.
Hay grandes temas que significan la vertebración
del sector o de los subsectores productivos, hay grandes temas
que requieren actuaciones a nuestro juicio a medio y largo
plazo de carácter coyuntural y estructural para modernizar
realmente nuestro sector productor y hay también grandes
temas que requieren una mejor vertebración de nuestros
sectores productores.
Todos esos temas son los que se han aglutinado
en el Libro Blanco en lo que hemos denominado jornadas temáticas
y esas jornadas temáticas son las que hemos complementado
o estamos complementando con las que denominamos jornadas
autonómicas, que no es si no descender al territorio
para conocer los problemas específicos de cada una
de las partes del territorio.
España, como no podía ser de
otra forma, forma parte de una realidad económica y
social y de una realidad política que es la actual
estructura y la actual coyuntura de la Unión Europea
y forma parte de una realidad todavía más amplia,
que es la coyuntura mundial, económica y social, que
hoy evidentemente se desarrolla. Se puede hablar de la globalización
en sentido positivo o negativo, se puede criticar, se puede
ser favorable o detractor de lo que es o lo que se entiende
habitualmente por globalización, pero lo que no se
puede es ser ajeno a la realidad y la realidad es que la globalización
se produce y por lo tanto, cada vez nuestras economías
tienen que ser más competitivas si quieren estar a
la altura de los retos que se plantean día a día.
Y esa competitividad exige claramente una política
de modernización de estructuras, una política
de relevo generacional, una política de reordenación
de sectores productores que requieren en algunos casos redimensionamiento
para ganar esa competitividad y requiere, sobre todo y por
encima de todo, un esfuerzo conjunto de todas las administraciones.
Hay que ser también realista y saber que del esfuerzo
conjunto se pueden ganar los retos y que del esfuerzo aislado
lo único que se puede conseguir es la supervivencia
durante algún tiempo.
Desde luego el Ministerio de Agricultura apuesta
por el esfuerzo conjunto desde el diálogo, para abordar
objetivos comunes y políticas comunes. A lo largo de
la jornada de hoy creo que se han analizado por ponentes de
enorme prestigio y de gran conocimiento de todas y cada una
de las realidades que constituyen la agricultura del País
Vasco, los grandes temas y las grandes cuestiones que afectan
evidentemente a este sector, al sector agroindustrial del
País Vasco.
Hoy no termina evidentemente la jornada del
Libro Blanco de la Agricultura del País Vasco. Hoy
es simplemente una primera reflexión sobre esos grandes
temas y desde luego, nuestra voluntad es la de seguir trabajando
con todos y cada uno de los representantes de los sectores
y con este caso, el Gobierno Vasco, la Consejería del
Gobierno Vasco, en elaborar, en definir y en determinar esas
estrategias y esos objetivos en el Libro Blanco.
Estamos ante una realidad que creo que es importante.
El País Vasco comparando datos del año 2000
con los del 2001 ha tenido un crecimiento en lo que es la
producción final agraria de más del 10% y por
lo tanto es un dato a tener en cuenta desde el punto de vista
de la importancia que tiene este sector en este ámbito
territorial. Estamos hablando de un sector con más
de 8.000 personas ocupadas prácticamente en su totalidad
y estamos hablando de un sector que tiene una industria agroalimentaria
que ha sabido apostar a lo largo de los últimos años
con su modernidad, con su competitividad por la incorporación
de las nuevas tecnologías en materia de investigación
y desarrollo y por lo tanto, por estar a la altura de las
mejores industrias agroalimentarias nacionales.
Industrias agroalimentarias que suponen aproximadamente
casi un 6% de lo que es la industria de la comunidad autónoma
en su totalidad y que suponen casi un 6,5% de las ventas del
sector industrial en su totalidad. Me estoy refiriendo al
sector agroalimentario. Una industria con más de 1.700
empresas y que desde luego, pone de manifiesto una vez más,
que una de las asignaturas pendientes del sector agroalimentario
es precisamente el redimensionamiento y la concentración
para ganar competitividad.
En todo caso, son cuestiones, insisto, que
se plasmarán desde datos objetivos en el ámbito
del contenido de este trabajo y que generarán, que
están generando ya un debate interno entre administraciones
y sector para llevarnos a adoptar soluciones, políticas
activas para garantizar la competitividad de este sector.
Un sector que quiero terminar diciendo que
además de apostar por su modernidad tiene que seguir
apostando por su calidad, la calidad de sus productos sin
la cual es prácticamente imposible hablar hoy de competitividad
y por ese otro gran concepto que está en la mente de
todos, que cada vez es más utilizado y que nunca tampoco
debemos olvidar que es el de la seguridad alimentaria de los
productos que producimos, desde la explotación hasta
al consumidor a lo largo de toda la cadena agroalimentaria
de producción. Tenemos que ser capaces las Administraciones
Públicas y los sectores productivos de hacer un esfuerzo
cada día mayor por establecer los máximos estándares
de calidad y de seguridad para nuestros consumidores.
Creo que por eso, es momento de plantearnos
estrategias que no tengan objetivos a corto y medio plazo
sino de trabajar codo con codo con todas las administraciones
en este proyecto que es indudablemente un proyecto ambicioso,
que es indudablemente un proyecto generoso desde el punto
de vista de los objetivos que persigue, pero que es un proyecto
imprescindible.
Hace no mucho tiempo, creo que esta mañana
también el Ministro de Agricultura lo trasladaba a
este foro, se garantizaron los fondos económicos hasta
el 2013 para la Política Agrícola Comunitaria
y, en particular, para la Política Agrícola
Nacional Española. Puede pensarse que el 2013 está
muy lejos, pero creo que eso sería un enorme error.
Tenemos todos la obligación de ponernos a trabajar
para aprovechar esos fondos y este periodo de tiempo y conseguir
en este tiempo y con esos fondos y con los esfuerzos económicos
de todos los sectores y de todas las administraciones ganar
ese enorme reto, que es el reto de la competitividad de nuestro
sector primario, de nuestro sector productor.
Y no podemos olvidarnos de la realidad indudable
de la industria agroalimentaria como motor del sector primario,
como auténtico garante de la existencia y subsistencia
del sector primario y como también garante de la permanencia
en el territorio de muchas personas que hoy evidentemente
tienen dificultades para seguir gestionando sus explotaciones.
Y no podemos olvidarnos que tenemos que ser todos capaces
de hacer un esfuerzo de trasladar a nuestras explotaciones
criterios de gestión empresarial, porque sólo
con criterios de gestión empresarial podremos también
ser capaces de garantizar la competitividad de esas explotaciones.
Y tampoco podemos ser ajenos a que una parte
importante de nuestras explotaciones agrícolas y ganaderas
son tributarias de un modelo que realmente es un modelo nacional
y que es el modelo de la explotación familiar. Tenemos
que ser conscientes de la importancia que tiene en España
el modelo de la explotación familiar, en una buena
parte de nuestro territorio como única fórmula
posible, sin otra alternativa, esas explotaciones familiares,
pero que para que ellas sean garantes de esa competitividad
a nivel global, requieren de políticas concretas como
pueden ser las del asociacionismo, como pueden ser e intenten
la del fomento del cooperativismo, como puede ser cualquiera
que signifique evidentemente valor añadido a los productos
producidos y ganar ese futuro desde esa realidad.
Y tenemos que abordar también como objetivo
prioritario en este medio y en este largo plazo una reforma
en profundidad de nuestras estructuras de comercialización.
Podemos producir mucho, podemos producir productos de máxima
calidad, podemos producir productos de máximos estándares
de seguridad alimentaria, pero si no somos capaces de comercializarlos
con las fórmulas que exige hoy un mercado globalizado
y una economía cada vez más competitiva, evidentemente
no habremos cubierto todos los objetivos y estaremos abocados
a ser un sector dependiente y un sector estancado.
Por lo tanto, creo que también en el
seno del Libro Blanco tenemos que hacer un diagnóstico
certero de cuál es nuestra estructura de comercialización
y distribución de los productos agroalimentarios y
hacer un esfuerzo por su mejora, por su dinamización
y por su modernización con políticas concretas,
con políticas activas.
Creo que todo esto, y desde luego muchas otras
cosas más, se van a plasmar sin duda en este trabajo,
que es un trabajo conjunto, es decir, no es un trabajo del
Ministerio de Agricultura, sino que es un trabajo de todos
y que por eso, de ahí el eslogan evidentemente, que
se eligió en su día para el Libro Blanco entendiendo
que la agricultura tiene que ser necesariamente el futuro
de nuestra agricultura un compromiso de todos, del sector,
de las administraciones y de todos los que tienen algo que
decir en relación con el mismo.
Yo quiero terminar esta intervención
de clausura, en primer lugar dando las gracias a la Consejería
de Agricultura y Desarrollo Rural del Gobierno Vasco, en este
caso a las personas que aquí están representándola,
tanto al Viceconsejero como al Director General de Agricultura
por la colaboración que ha prestado a la elaboración,
al diseño de estas jornadas y al desarrollo y al buen
fin de estas jornadas y desde ese agradecimiento seguir invitando
a participar en este diseño conjunto, en estos objetivos
comunes a las administraciones que entendemos, por encima
de criterios políticos o de coyunturas políticas,
tenemos la obligación de unir nuestros esfuerzos para
conseguir estos objetivos comunes.
Y termino también agradeciendo, como
no podía ser de otra forma, a todos los presentes,
especialmente a los ponentes, a los que han intervenido como
comunicantes en las distintas mesas redondas y en las partes
correspondientes de coloquio, a todos ustedes en definitiva,
su trabajo, sus aportaciones y su asistencia. Insistiendo
que ese trabajo, que esas aportaciones y que esa asistencia
queremos que siga en los próximos días y que
siga hasta su conclusión, que no es sino evidentemente
su plasmación en las normas jurídicas que se
desarrollen a raíz, o como conclusión o colofón
de lo que resulte ser el Libro Blanco de la Agricultura y
del Desarrollo Rural.
Y también termino agradeciendo en este
caso a la ciudad de Vitoria, a la Diputación Foral
de Álava su hospitalidad por habernos albergado en
su ciudad, en su ámbito territorial y por la colaboración
que a lo largo también de estas semanas, de estos días
ha prestado para que estas jornadas hayan sido una realidad
y desde luego, un éxito.
Muchas gracias y declaro clausuradas
las Jornadas del Libro Blanco de la Agricultura en el País
Vasco.

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