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PRESENTE Y FUTURO DEL
SECTOR AGRARIO EN LA RIOJA
Emilio Barco Royo
Consultor de temas agrarios
1. SÍNTESIS
1.1 La agricultura en el contexto
económico regional
El sector agrario en La Rioja tiene
un peso mayor en la economía regional que a nivel
nacional. Aporta directamente más de una de cada
diez pesetas a la producción y genera uno de cada
diez empleos, además de su participación indirecta
en la producción y en el empleo de otras actividades
económicas.
La aportación del sector agrario
al PIB regional mantenida en los últimos años
entorno al 12 por ciento, está muy condicionada por
el proceso de especialización productiva que se ha
venido desarrollando durante la década de los noventa.
La menor diversificación
productiva, que económicamente se manifiesta por
la alta participación del sector vitivinícola
en la formación del valor de la PFA, hace que la
importancia económica del sector fluctúe más,
en función de los resultados anuales del sector vitivinícola.
Esto es: años económicamente buenos en el
sector vitivinícola se traducen en aumento de la
participación del sector agrario en el PIB regional,
y al revés. La vieja diversificación daba
como resultado económico una mayor estabilidad en
la evolución del valor de la PFA.
Desde la perspectiva del empleo, en el periodo
1960-1996 se distinguen tres etapas bien definidas. La primera
de estas etapas comprende las décadas de los años
sesenta y setenta y se caracteriza por la fuerte pérdida
de empleo en el sector, pasando la Población Activa
Agraria (PAA), de representar el 50,56 por ciento de la
Población Activa Total de la región, al 24,86
por ciento en el año 1979, perdiéndose más
de treinta mil empleos en el sector. En la segunda etapa,
que coincide con la década de los años ochenta,
el sector pierde cinco mil activos, representando la PAA
el 14,66 por ciento de la Población Activa de la
región al inicio de la década actual, tercera
etapa, caracterizada por una pérdida moderada de
empleo en el sector y con una población ocupada en
el año 2000 de 9.680 personas según la EPA,
lo que representa el 9,9 por ciento de la población
ocupada en el conjunto de las actividades económicas
de la región
La evolución del número de
afiliados al REASS es sin duda un buen indicador para realizar
una primera aproximación a los cambios que se están
produciendo en el empleo en el sector agrario. Desde el
año 1985 el número de cotizantes en este régimen
por cuenta propia se ha reducido a la mitad, en tanto que
aumenta, y especialmente en los últimos cinco años,
el número de trabajadores por cuenta ajena, de forma
que se observa una clara tendencia a consolidar una relación
de igualitaria de un trabajador por cuenta ajena por cada
trabajador por cuenta propia partiendo de la situación
actual de una relación de uno a dos, (2.521 trabajadores
por cuenta ajena y 5.350 por cuenta propia en el mes de
junio del año 2001).
Las orientaciones productivas dominantes
en la región y el nivel de mecanización permiten
pensar a medio plazo en un cambio
en la estructura del empleo generado por el sector
que se recoge en los siguientes esquemas:
ESTRUCTURA DEL TRABAJO
EN EL SECTOR AGRARIO RIOJANO 2001
ESTRUCTURA DEL TRABAJO
EN EL SECTOR AGRARIO RIOJANO HORIZONTE 2010
Bajo las siguientes hipótesis:
1. Moderación de la tendencia a la
pérdida de empleo en el sector
2. Continuación de la tendencia a la sustitución
de trabajo familiar por asalariado
3. Aumento de la dimensión territorial y económica
de las explotaciones
4. Mantenimiento del nivel de actividad económica
en las principales orientaciones productivas
1.2 Mapa agrario regional
Las tierras cultivadas, localizadas
en su totalidad en el Valle, ocupan 161.832 hectáreas,
habiéndose perdido para este uso más de 43.000
hectáreas desde el año 1975, lo que representa
más de la quinta parte de las tierras labradas en
ese año. El abandono
de una superficie importante de tierras antes cultivadas
plantea algunas opciones para el debate acerca del uso futuro
de las mismas y su papel desde una perspectiva ambiental.
En el año 2000, las tierras
dedicadas a cultivos herbáceos representan casi la
mitad de la tierra cultivada, en tanto que los cultivos
leñosos ocupan algo más de la tercera parte
de esta superficie, pudiéndose pensar, a la vista
de la tendencia observada en el periodo considerado y de
la situación de mercado que presentan actualmente
los diferentes cultivos de la región, que los cultivos
leñosos pueden llegar a representar a medio plazo
el cuarenta por ciento del total de las tierras cultivadas,
ocupando más de la mitad de las tierras cultivadas
en secano
Los cereales siguen siendo los cultivos
que más superficie ocupan, aun cuando desde el año
1980 su importancia se haya reducido considerablemente en
favor del viñedo en las tierras de secano y de los
frutales y hortalizas en las de regadío, observándose
en los últimos años cómo el viñedo
está ocupando también importantes áreas
de regadío, incluidas las vegas tradicionales. Las
tierras dedicadas a cultivos de cereal, incluidos los barbechos,
ocupan la mitad de la superficie labrada; el viñedo
ocupa casi la cuarta parte; los frutales, incluidos los
frutos secos, el 10 por ciento y las hortalizas el 5 por
ciento. Los cultivos hortícolas han perdido importancia
en los últimos años en favor de los frutales,
especialmente de melocotonero y manzano, aún cuando
en los últimos años de la década de
los noventa se observa cierta estabilización en la
superficie cultivada de frutales con cierta tendencia al
retroceso.
Para evitar sesgos estacionales en
el análisis de las tendencias que presenta el uso
del suelo por los diferentes cultivos, se han considerado
las superficies medias dedicadas a cada cultivo en los periodos
1973-1975 y 1995-2000, observándose la siguiente
evolución en la ocupación del suelo agrícola:
- Es menor la superficie dedicada
al cultivo de cereales, aun cuando ha aumentado la superficie
cultivada de trigo, que no ha compensado el descenso en
los cultivos de cebada, avena y centeno. La superficie
de maíz que aumentó hasta finales de los
años ochenta ha vuelto a los niveles existentes
en los años setenta. Puede pensarse en una continuación
del abandono del cultivo de cebada concentrándose
el mismo en las tierras más fértiles de
La Rioja Media y Alta.
- Se reduce la superficie dedicada
a leguminosas y cultivos forrajeros.
- Desciende la superficie dedicada
a cultivos hortícolas tradicionales siendo más
apreciable este descenso en los últimos años,
aun cuando ya venía siendo observado desde mitad
de los años ochenta en algunos cultivos como: espárrago,
pepinillo, tomate, puerro y pimiento. Este descenso es
compensado en parte por la introducción de los
cultivos de judía y guisante verde en zonas en
las que las hortalizas nunca constituyeron una alternativa
de cultivo (Tirón-Oja). La coliflor es el único
cultivo hortícola tradicional en el que mantiene
la superficie cultivada en este periodo, descendiendo
en los tres últimos años.
- El cultivo de champiñón
es el ejemplo más claro de expansión en
la región, duplicando su producción en la
última década, con un crecimiento muy rápido
desde el año 1995, observándose que este
aumento no es tanto consecuencia del aumento del rendimiento
medio como del aumento de la superficie cultivada, duplicándose
la producción anual de compost para el cultivo,
lo que permite pensar que, sin producirse un proceso de
cambio tecnológico en el cultivo (presentación
del substrato y recogida principalmente) esta tendencia
se ha visto reflejada en el aumento del trabajo en el
sector.
- Aumenta la superficie en todos
los cultivos leñosos a excepción de las
frutas dulces, destacando el aumento en viñedo,
olivar y algunas variedades de pera y en cereza, observándose
en la última década una aceleración
en el crecimiento de la superficie vitícola y una
inversión en la tendencia que se venía observando
hasta el año 1995 en al aumento de la superficie
cultivada de frutales.
- Se frena la expansión observada
en cultivos con fuerte apoyo en la política agraria
como girasol, lino y colza, y sigue la expansión
en un cultivo muy integrado en el mercado como es el champiñón.
- Los cultivos de patata y remolacha
que durante toda la década de los años noventa
tuvieron serias dificultades para mantener sus superficies
históricas de siembra en la región, han
entrado, especialmente en el caso de la patata, en un
claro proceso de abandono.
Los datos analizados nos permiten
realizar las siguientes observaciones sobre el uso del suelo
para cultivos agrícolas:
- El mapa agrario regional según
las grandes orientaciones productivas se dibuja a partir
del siguiente esquema: cereales (50 por ciento), viñedo
(25 por ciento), hortícolas (6 por ciento), frutales
regadío (4 por ciento), frutales secano (6 por
ciento), Tubérculos y cultivos industriales (3
por ciento) y otros (6 por ciento).
- Las tendencias observadas permitan
pensar en la consolidación de las siguientes orientaciones
productivas: viñedo, hortícolas en invernadero,
guisante y judía verde, coliflor, lechuga, alcachofa
y champiñón, con mantenimiento "a duras
penas" de remolacha y frutales, y retroceso en patata.
El comportamiento de las variables
usos del suelo y rendimientos, en el periodo 1980 - 2000
permite subrayar las siguientes variaciones significativas
que subrayan la tendencia
a la especialización productiva basada en viñedo
y el abandono de la diversificación tradicional en
la economía agraria de La Rioja:
- Producciones en aumento:
trigo, coliflor, judías verdes, guisantes verdes,
lechuga, alcachofa, champiñón, aceite de
oliva y vino.
- Producciones estables
con tendencia a la baja en los últimos años:
maíz, remolacha, tomate, manzana, pera y cereza.
- Producciones en descenso:
cebada, avena, centeno, puerro, pepinillo, alcachofa,
pimiento, patata, melocotón, ciruela, cereza y
almendra.
Tanto los censos ganaderos como la
producción de carne nos muestran una estructura ganadera
en la región en la que domina claramente el modelo
de producción intensivo desvinculado de la tierra
(porcino, conejos, aves y bovino en cebadero), siendo la
ganadería extensiva claramente minoritaria tanto
en los censos como en la oferta de carne que sale de la
región. Esta estructura ganadera nos permite subrayar
que el modelo de desarrollo ganadero que se ha seguido en
la región desde la década de los años
sesenta es similar al modelo desarrollado en todo el país,
basado en la aportación de pienso en pesebre y la
poca o nula utilización de los recursos naturales
existentes en el territorio para la alimentación
animal.
Desde el año 1986 hasta el
año 1999 se observa un descenso en la cabaña
de porcino y un aumento significativo en bovino y ovino,
aun cuando algunos acontecimientos relacionados con la calidad
de los productos ganaderos ha dejado su huella en el comportamiento
de los censos en los últimos cuatro años,
siendo especialmente acusado este factor en el año
2000 pudiéndose observar un claro descenso en todas
las especies ganaderas, lo que plantea una nueva situación
en el sector, abriéndose un periodo de incertidumbre
que la evolución de los próximos años
permitirá confirmar la nueva orientación de
tendencia a la reducción de la cabaña ganadera
regional en todas las especies.
1.3 Estructura agraria
El número de explotaciones
agrarias con tierras ha pasado de 35.198 recogidas en el
censo agrario del año 1962 a 19.085 que aparecen
en el censo agrario del año 1999. Si se observa la
evolución censal desde el año 1962 puede verse
como el mayor cambio estructural se produce en la década
de los años noventa. Entre 1962 y 1989 desaparecen
tan solo 9.000 explotaciones y entre 1989 y 1999 casi 7.000,
y lo que es más importante, más de las tres
cuartas partes de estas explotaciones tienen una dimensión
inferior a 5 hectáreas. Puede decirse que en
la década de los años 90 se ha producido un
ajuste estructural clásico,
reducción del número de explotaciones con
desaparición de las más pequeñas y
aumento de las grandes. Los datos censales reflejan lo que
ya se venía observando desde finales de los años
ochenta y sin duda no llegan a reflejar todo el cambio que
se ha producido en el sector en la última década,
pudiéndose afirmar que el número real de explotaciones
agrarias es muy inferior al que todavía contempla
el censo.
Cuadro nº 15
Distribución de explotaciones según dimensión
|
(Has.)
|
1962
|
1972
|
1982
|
1989
|
1999
|
INDICE DE
VARIACION
1962=100 |
|
< 1 |
10344 |
9661 |
8369 |
8452 |
4823 |
47 |
|
1-3 |
8639 |
8137 |
7476 |
6674 |
5012 |
58 |
|
3-5 |
4881 |
4297 |
3630 |
3036 |
2433 |
50 |
|
5-10 |
6418 |
5316 |
4042 |
3427 |
2679 |
42 |
|
10-20 |
3297 |
3162 |
2606 |
2421 |
1911 |
58 |
|
20-30 |
816 |
923 |
978 |
882 |
797 |
98 |
|
30-50 |
409 |
600 |
656 |
687 |
607 |
148 |
|
50-100 |
150 |
243 |
330 |
299 |
438 |
292 |
|
100-500 |
136 |
152 |
193 |
197 |
267 |
196 |
|
> 500 |
108 |
111 |
117 |
122 |
118 |
109 |
|
TOTAL |
35198 |
32602 |
28397 |
26197 |
19085 |
54 |
Para poder valorar la importancia del ajuste
estructural que se ha producido en los años noventa
se han comparado algunas ratios elaboradas a partir de los
censos agrarios de los años 1989 y 1999, pudiéndose
destacar:
- Desaparecen una de cuatro censadas en
1989 y en el número de titulares desaparece casi
uno de cada tres.
- La SAU por explotación ha pasado
de 8 hectáreas a 14 (aún cuando parte de
esta mejora se debe al aumento de la SAU al incluirse
50.000 has. consideradas erial en el censo de 1989, lo
que teniendo esto en cuenta situaría la SAU por
explotación en 11,3 has.) y el MBT por explotación
se sitúa, en el año 1999, en 11,5 UDEs,
frente a las 4,3 del año 1989, mejorando el carácter
"minifundista" que a la vista de los datos del
año 1989 presentaba el sector en esta región.
- Estas mejoras observadas en la
dimensión media territorial y económica,
no han alterado el modelo dual existente en la región,
sino que más bien son consecuencia de la consolidación
de este modelo caracterizado por:
- Un elevado número de explotaciones
pequeñas (el 63 por ciento de las explotaciones
censadas tiene una base territorial de menos de 5
has. y el 87 por ciento tiene una dimensión
económica de menos de 8 UDEs) y tienen en conjunto
poca SAU (7 por ciento del total) y aportan poco al
valor de la producción agraria regional (12
por ciento del MBT).
- Un número pequeño de
explotaciones medianas y grandes (el 3 por ciento
de las explotaciones censadas tiene una base territorial
de más de 50 has. y el 7 por ciento tiene una
dimensión económica de más de
40 UDEs) que tienen en conjunto una parte importante
de la SAU de la región (60 por ciento del total)
y aportan casi la mitad de la producción agraria
regional (42,5 por ciento del MBT).
- A la vista de los datos de
la distribución de la SAU en las explotaciones
agrarias puede afirmarse que el uso de la tierra en
La Rioja esta muy
concentrado (Indice de
Gini = 0,96) hasta el punto de que en las 385 explotaciones
que declaran una SAU superior a 100 Has. (2 por ciento
de las explotaciones) se concentra más de la
mitad de la SAU regional.
- Entre 1989 y 1999 se ha producido una
importante concentración de la actividad agraria
(territorial y económica) en las explotaciones
más grandes. Las dos terceras partes de la SAU
regional se concentra en 1.430 explotaciones de dimensión
superior a 30 hectáreas, cuando en el año
1989 estas explotaciones representaban poco más
del 50 por ciento de la SAU. Las 1.162 explotaciones de
mayor dimensión económica concentran casi
la mitad del MBT regional.
- A la vista de la evolución comentada
en los puntos anteriores puede afirmarse que actualmente
en las explotaciones mejor dimensionadas territorial y
económicamente (unas 4.000) se concentran las tres
cuatro partes de la SAU y del MBT regional. Dicho de otra
manera: las tres cuartas partes de la actividad agraria
regional la realizan la quinta parte de las explotaciones
censadas.
- La productividad del factor trabajo,
determinada por la ratio MBT por UTA, se sitúa
en 17,1 UDEs, habiéndose duplicado en el periodo
intercensal. Este aumento es consecuencia de la mejora
que se observa en las dos componentes en las que puede
descomponerse la productividad del factor trabajo: la
productividad de la tierra (MBT/SAU que se ha multiplicado
por 1,5 lo que permite subrayar el aumento de la intensificación
en la agricultura riojana) y la estructura de producción
(SAU/UTA que se ha multiplicado por 1,3 debido exclusivamente
al aumento de la SAU que se observa en el censo de 1999
respecto del año 1989)
- La productividad del trabajo es superior
a la renta de referencia (2.979.238 pesetas en el año
1999) en el 22 por ciento de las explotaciones (de dimensión
superior a 16 UDEs) y el 40 por ciento de las explotaciones
tienen una productividad del trabajo por debajo de la
mitad de la renta de referencia. La alta rentabilidad
de algunas orientaciones productivas dominantes en La
Rioja, ha permitido que un número importante de
explotaciones (5.194) pequeñas (entre 7 y 10 hectáres)
obtenga unas rentas del trabajo que se sitúan en
el entorno del 75 por ciento de la renta de referencia,
animando la realización de agricultura a tiempo
parcial.
- El número de explotaciones que
ocupan al menos una UTA es de 5.232, observándose
un descenso menor en este tipo de explotaciones que en
el conjunto total, lo que permite subrayar la evidencia
de que el mayor número de explotaciones de las
desaparecidas entre 1989 y 1999 son las que menos ocupación
generan.
- El envejecimiento, que era una de las
características puesta de manifiesto en la encuesta
del año 1989, se mantiene en el año 1999,
con el 53,58 por ciento de los titulares de explotación
con más de 55 años (entre estos 5.245 titulares
ya jubilados), y con tan sólo 1.523 titulares con
menos de 35 años.
- Uno de cada tres titulares de explotación
declara tener otra ocupación distinta de la agraria
como principal, lo que teniendo en cuenta que uno de cada
tres titulares tiene más de 65 años, nos
permite realizar la siguiente afirmación: la agricultura
riojana se caracteriza, en cuanto a las características
de sus titulares por estar dividida en tercios: jubilados,
agricultores a tiempo parcial y agricultores a título
principal (algo menos de seis mil personas en cada grupo)
- El trabajo en las explotaciones agrarias
riojanas sigue siendo de tipo familiar, 73,45 por ciento,
aunque cada vez menos (90, 27 por ciento en el año
1989). En el periodo analizado ha aumentado tanto el trabajo
asalariado fijo que representa ya el 17,27 por ciento,
como el eventual, 9,27 por ciento del trabajo total, observándose
una clara tendencia a la sustitución del trabajo
familiar por el asalariado. A la vista de lo ocurrido
en el periodo intercensal desde la perspectiva de la estructura
del empleo en el sector puede afirmarse que la agricultura
riojana ha realizado en los últimos diez años
un avance importante hacia su empresarialización
en lo que respecta a la contratación de trabajadores
ajenos a la explotación.
1.3.1 El trabajo en el sector agrario
La agricultura riojana ha pasado de
ser una actividad en la que abundaba la mano de obra local
(años sesenta) caracterizada por ser pequeños
propietarios y jornaleros sin tierra, a ser (años
noventa) una actividad en la que los propietarios necesitan
cubrir una parte de sus tareas con mano de obra asalariada
de fuera, en la medida en que disminuye la ayuda familiar
en muchas explotaciones agrarias y no hay mano de obra local
para cubrir la demanda del sector.
Las características estructurales
de las explotaciones agrarias (carácter familiar
dominante, tamaño y dualidad grandes/pequeñas)
y las orientaciones productivas dominantes, permiten pensar
en la existencia de dos necesidades bien diferentes de trabajo
asalariado en las explotaciones agrarias:
- Trabajo asalariado fijo o fijo discontinuo
en las explotaciones ganaderas (pastoreo en ovino y en
intensivo), intensivas de hortícolas al aire libre
y en invernadero, en champiñón, viveros
y empresas de servicios agrarios.
- Trabajadores eventuales en labores no
mecanizadas como podas en frutales y viñedo y recolección
en hortícolas, frutales y viñedo.
En 16.470 explotaciones hay algún
tipo de trabajo familiar (en 11.053 el trabajo ocupa menos
de 0,5 UTAs). El trabajo total en estas explotaciones familiares
es de 10.662 UTAs, lo que representa el 81,5 por ciento
del trabajo total en el sector. En este tipo de explotaciones
el trabajo asalariado solo representa el 10 por ciento,
siendo dominante el de tipo eventual (294 UTAs de TF y 760
de TE), por lo que bien puede afirmarse que este tipo de
explotaciones sigue conservando el carácter familiar
tradicional del sector respecto de esta perspectiva del
empleo. En este tipo de explotaciones el trabajo asalariado
se concentra en las de mayor dimensión territorial.
Las explotaciones con más de 20 hectáreas
de SAU (10 por ciento del total) representan más
de la mitad de la SAU y el 46,5 por ciento del trabajo asalariado
total.
Las explotaciones de dimensión
superior a 16 UDEs representan el 54,4 por ciento del trabajo
total (43,8 por ciento del trabajo familiar empleado en
la región, y el 84,9 por ciento del trabajo asalariado
fijo y eventual), pudiendo concluir, a priori, que a
medida que aumenta la dimensión económica
de las explotaciones el trabajo asalariado tiende a ser
mayor que el trabajo familiar en las explotaciones agrarias.
Para comprobar esta tesis se ha estudiado la estructura
del trabajo según la dimensión económica
de las explotaciones, concluyéndose:
- En las explotaciones de menor dimensión
económica (menos de 12 UDEs) el trabajo es casi
exclusivamente familiar.
- El trabajo asalariado comienza a tener
relativa importancia a medida que la dimensión
económica de la explotación aumenta hasta
las cuarenta UDEs de dimensión económica,
pero manteniendo claramente el trabajo en las explotaciones
su característica familiar, observándose
como en estas explotaciones de tipo familiar el trabajo
asalariado eventual juega un papel importante en el trabajo
asalariado.
- Es a partir de 40 UDEs cuando el trabajo
asalariado comienza a imponerse sobre el trabajo familiar,
manteniéndose el carácter familiar y el
equilibrio fijo/eventual hasta alcanzar las 60 UDEs y
desapareciendo el carácter familiar del trabajo
en las explotaciones de dimensión superior a 100
UDEs.
Las explotaciones agrarias, respecto de
la estructura del trabajo y de su dimensión económica,
se dividen en tres grandes grupos:
- Explotaciones
familiares,
caracterizadas por su dimensión económica
pequeña y mediana y porque en ellas más
del 80 por ciento del trabajo es de tipo familiar y el
trabajo asalariado es de carácter eventual, pudiéndose
distinguir en este grupo dos subgrupos diferentes en función
de su dimensión económica: entre 12 y 40
UDEs de dimensión económica (3.930 explotaciones),
con capacidad para generar tanto empleo asalariado fijo
como eventual y aquellas explotaciones que se encuentran
por debajo de esta dimensión (11.819) que mayoritariamente
tienen titulares ya jubilados o con de dicación
a tiempo parcial y con importantes problemas estructurales
para mantenerse, limitándose en estas explotaciones
el trabajo asalariado a la eventualidad en determinadas
labores y especialmente en recolección.
- Explotaciones
en transición, caracterizadas
por tener una dimensión territorial y económica
mediana (entre 25 y 50 has. de SAU y entre 40 y 60 UDEs)
y una estructura del trabajo equilibrada entre trabajo
familiar y asalariado. Aparecen censadas en este grupo
607 explotaciones.
- Explotaciones
empresariales, caracterizadas
por tener una dimensión económica superior
a 60 UDEs y una estructura del trabajo en la explotación
en la que se combina el trabajo familiar con el trabajo
asalariado fijo y eventual, llegando a ser mayoritario
el trabajo asalariado, principalmente fijo, en las explotaciones
de mayor dimensión económica (más
de 100 UDEs). Este grupo está formado por 555 explotaciones,
de las cuales 185 presentan una estructura del trabajo
en la que el asalariado es claramente dominante.
Se ha analizado la productividad del trabajo
(MBT/UTA), la productividad de la tierra (MBT/SAU) y la
estructura territorial (SAU/UTA) de las explotaciones según
su dimensión económica pudiéndose extraer
las siguientes conclusiones:
- La productividad del trabajo aumenta
con la dimensión económica de las explotaciones,
llegando a duplicarse la productividad media regional
en las explotaciones de mayor dimensión.
- Este aumento de la productividad del
trabajo con la dimensión económica es consecuencia
de la mejor estructura (más SAU por UTA) que presentan
las explotaciones y no de una mayor productividad de la
tierra.
- La productividad de la tierra apenas
si presenta diferencias significativas entre las diferentes
dimensiones económicas, excepción hecha
de las explotaciones con dimensión inferior a 1
UDE entre las que se encuentran todas las producciones
de autoconsumo. Esta similitud en la intensificación
del uso del suelo en todas las categorías refleja
la existencia de las OTE propias de la región en
las explotaciones al margen de su dimensión.
Más de la mitad de los titulares
tienen más de 54 años de edad, lo que, en
unas condiciones de falta de relevo generacional (más
de la mitad de las explotaciones declaran no tenerlo), permite
pensar a medio plazo en una disminución del trabajo
familiar aportado por los titulares de explotación.
Esta tesis se ve reforzada al observar como tan solo el
9 por ciento de las explotaciones tienen titulares con menos
de 35 años de edad, comprobándose que las
explotaciones con titulares más jóvenes, a
priori, no presentan una mejor estructura territorial y
económica (2 de cada 3 explotaciones con titulares
de menos de 35 años tienen un MBT inferior a 16 UDEs).
Para entender esto es preciso tener en cuenta que en una
misma explotación familiar puede haber dos "explotaciones/titulares",
padre e hijo y que la de éste tenga una menor dimensión
económica.
Para profundizar en esto se han considerado
dos grupos de explotaciones: las de dimensión económica
inferior a 16 UDEs y las de dimensión superior. Las
explotaciones de mayor dimensión presentan una estructura
de edades más joven con tan sólo la cuarta
parte de sus titulares con edad superior a 55 años.
Para dos de cada tres titulares, el trabajo
en la explotación representa menos de la mitad del
tiempo de trabajo anual de una persona dedicada a tiempo
completo, estando el tiempo de dedicación directamente
relacionado con el tamaño económico de la
explotación.
El análisis de la ocupación
total o parcial de los titulares en función de las
diferentes orientaciones productivas nos permite extraer
la siguientes conclusiones:
- El trabajo a tiempo
parcial es poco significativo en las explotaciones ganaderas,
no existiendo en las orientadas a producción de
leche y representando menos del 20 por ciento en las demás
orientaciones.
- La agricultura a
tiempo parcial está más desarrollada en
las siguientes orientaciones productivas: cereales, donde
uno de cada tres titulares declara tener otra actividad
lucrativa principal distinta de la agraria, viñedo,
36 por ciento, frutales, 42 por ciento, hortícolas,
26 por ciento y olivar, 48 por ciento.
- El 43,4 por ciento
de los titulares que declaran tener otra actividad lucrativa
principal tienen como OTE principal la viticultura, el
15,4 por ciento los frutales y el 10 por ciento cultivos
leñosos diversos.
Realizadas estas observaciones puede
concluirse:
- El trabajo familiar
en términos absolutos presenta una tendencia a
la reducción en las explotaciones agrarias de la
región tanto en su componente de trabajo del titular
(jubilación sin relevo generacional) como en su
componente de trabajo de cónyuges y otros miembros
de la familia del titular.
- Para que este descenso
del trabajo familiar en el sector sea compensado con aumento
en el trabajo asalariado es condición necesaria
que se mantengan las explotaciones de los titulares jubilados
lo que exige disponer de fórmulas de gestión
de la explotación actualmente poco o nada desarrolladas.
Sin estas fórmulas se produce una reducción
del número de explotaciones que, en el peor de
los casos, se traduce en abandono del cultivo y en el
mejor en el aumento del tamaño de otras explotaciones
a través de la adquisición, cesión
o arrendamiento.
- El descenso esperado
del trabajo familiar en valores absolutos se traduciría
en un aumento, en términos relativos, del trabajo
asalariado aún cuando no se aumente la contratación
en el sector.
- La reducción
del trabajo familiar puede ser compensada, sin aumento
de trabajo asalariado en la medida en que se avance en
la mecanización de algunas tareas que actualmente
se realizan manualmente.
La distribución territorial
de los agricultores que aparecen en el REASS como trabajadores
por cuenta propia se corresponde con el mapa de usos agrarios
del suelo, caracterizado principalmente por la concentración
de la producción en las tierras del valle y una mayor
actividad en los municipios de La Rioja Baja y del corredor
del Ebro.
Las zonas de transición sierra/valle,
las de agricultura menos diversificada y sin cultivo de
viñedo son las que en los últimos años
ha descendido más el número de agricultores
por cuenta propia, aumentando tan solo en algunos municipios
de La Rioja Media y Baja y en número muy reducido.
Las dos terceras partes de los trabajadores
por cuenta ajena se localizan en veinte municipios, entre
los que destacan claramente tres núcleos:
- Los municipios con cultivo de champiñón:
Pradejón, Autol y Ausejo.
- Los municipios con gran desarrollo
de cultivos leñosos (frutal y viñedo) en
La Rioja Baja: Alfaro y Aldeanueva de Ebro, Rincón
de Soto y Calahorra.
- Los municipios que concentran empresas
de servicios y cuadrillas de trabajadores para diversas
labores agrícolas o forestales: Logroño,
Haro, Cenicero, Fuenmayor, Igea, Cornago...
El aumento que se ha producido en
la década de los años noventa en el número
de trabajadores por cuenta ajena en el sector agrario y
el descenso continuado del número de trabajadores
por cuenta propia ha consolidado la tendencia observada
desde los años setenta de sustituir mano de obra
propia en las explotaciones agrarias por mano de obra asalariada,
pasando de una relación de 3 a 1 ( tres trabajadores
por cuenta propia por cada trabajador asalariado) en 1971
a una relación 2 a 1 en la actualidad. En esta tendencia
puede pensarse que se llegará a la relación
1 a 1. Esta relación, difícil de alcanzar
en muchas zonas de la región ya se da en algunos
municipios en los que el número de trabajadores por
cuenta ajena supera ya al número de trabajadores
por cuenta propia.
Los municipios en los que el número
de trabajadores por cuenta ajena supera al de trabajadores
por cuenta propia se pueden agrupar de acuerdo a tres características
principales:
- Municipios con presencia importante
de cultivo de champiñón, viñedo y
frutales.
- Municipios del valle con empresas
de servicios agrarios localizadas y/o con cultivos intensivos
de hortícolas.
- Municipios serranos con cuadrillas
de trabajos forestales principalmente.
Desde la perspectiva de las diferentes
OTE, la estructura del trabajo en las explotaciones presenta
las siguientes características:
- Las explotaciones
orientadas a frutales, hortícolas y viñedo
son las que utilizan más trabajo asalariado, observándose
como el trabajo asalariado fijo es superior al eventual
en las orientaciones hortofrutícolas, en tanto
que en el viñedo domina el trabajo asalariado eventual.
- Las explotaciones
de cereal utilizan muy poco trabajo asalariado, siendo
éste mayoritariamente fijo.
- Estos datos vienen
a confirmar la existencia de dos modelos diferentes de
orientaciones productivas: unas en las que el trabajo
asalariado es necesario únicamente para la realización
de determinadas labores como podas y recolección
(patata y viñedo principalmente y en menor medida
frutales) y otras en las que el trabajo asalariado se
requiere de forma casi continua (cultivos hortícolas
intensivos y champiñón principalmente).
En el subsector ganadero la estructura
del trabajo refleja el carácter dominante de la ganadería
intensiva frente a la extensiva en el modelo ganadero de
la región, con una importancia relativa del trabajo
asalariado fijo y muy poca importancia del trabajo eventual.
Para concluir este análisis
del trabajo desde la perspectiva de las OTEs se ha analizado
la distribución del trabajo según las orientaciones
productivas, pudiéndose observar:
- El subsector agrícola
representa el 75 por ciento del trabajo total en el sector
destacando el sector vitícola con el 38 por ciento
de las UTAs totales, las hortalizas con el 10 por ciento
y los frutales con el 7 por ciento. En el ganadería
las orientaciones de ovino y caprino generan más
de la mitad del trabajo existente en este subsector.
- El trabajo familiar
se concentra principalmente en las explotaciones vitícolas
(40 por ciento) y en las explotaciones en las que la diversificación
productiva (ninguna OTE dominante) es la característica
principal, hotofruticultura (14 por ciento), diversos
leñosos (10 por ciento) y diversos herbáceos
(4 por ciento).
- El trabajo asalariado
fijo se concentra en las explotaciones orientadas a hortícolas
(28 por ciento), viñedo (18 por ciento) y en explotaciones
ganaderas de ovino (8 por ciento), destacando en esta
orientación la dedicación muy parcial de
los trabajadores asalariados fijos declarados.
- El trabajo eventual
se concentra en las orientaciones de viñedo (61
por ciento), frutales (8 por ciento) y en las explotaciones
con diversidad de orientaciones, diversos leñosos
y diversos herbáceos (24 por ciento).
1.3.2 Usos del suelo y tenencia de
la tierra
Las tierras cultivadas en arrendamiento
y aparcería han aumentado casi un veinte por ciento
respecto de 1989, pudiéndose pensar que estas fórmulas
han sido utilizadas en el ajuste estructural que se ha producido
en la agricultura riojana. Si observamos que el mayor aumento
de superficie se da en el denominado "otros regímenes
de tenencia" podemos pensar que los agricultores riojanos
están utilizando fórmulas distintas del arrendamiento
y de la aparcería para realizar este ajuste.
Casi el sesenta por ciento de la SAU de
la región se encuentra en régimen de propiedad
por los titulares de las explotaciones agrarias, cultivándose
en arrendamiento 47.043 has. de SAU y 3.036 en aparcería.
Otras fórmulas de cesión de la tierra son
utilizadas en 53.795 has. por lo que bien puede afirmarse
que casi la mitad de la SAU es aprovechada por otras personas
distintas de sus propietarios.
Más del tres cuartas partes de la
superficie cultivada en arrendamiento y aparcería
se concentra en las explotaciones de mayor dimensión
económica (más de 16 UDEs), no teniendo apenas
significación estos regímenes de tenencia
en explotaciones de menos de 8 UDEs de dimensión
económica.
En los cultivos extensivos que más
base territorial necesitan, la superficie cultivada en arrendamiento
y aparcería es muy significativa. El arrendamiento
y otras formas de tenencia es más importante en el
cultivo de cereal y en otras orientaciones de cultivos herbáceos
y en el subsector ganadero, en tanto que es menos significativo
en cultivos hortofrutícolas y en viñedo.
Al estudiar los diferentes regímenes
de tenencia por municipios se observa que la propiedad esta
mucho más arraigada en toda La Rioja Baja y Media
que en el resto de la región, siendo más frecuente
el arrendamiento u otras formas de tenencia en La Rioja
Alta y en las sierras.
1.3.3 Estructura agraria en los municipios
riojanos
Los datos municipales nos permiten
observar:
- Las explotaciones con mayor base territorial
se localizan en municipios serranos y en las zonas de
La Rioja Alta con dominio de cultivos herbáceos
extensivos. Cuando se considera el trabajo en las explotaciones
se observa que la SAU por UTA aumenta considerablemente
en los municipios serranos de orientación ganadera
extensiva.
- Las tierras labradas se localizan en
el valle y la mejor estructura (Tierras labradas por UTA)
la tienen algunos municipios de La Rioja Alta agricultura
dominante basada en cultivos herbáceos extensivos.
- En las zonas con orientaciones hortícolas
(y champiñón) tres de cada cuatro explotaciones
censadas tienen una base territorial inferior a 5 hectáreas
en tanto que este tipo de explotaciones apenas si representa
el 25 por ciento del total en las zonas con dominio de
cultivos herbáceos extensivos. En estas zonas y
en algunos municipios serranos con uso de las tierras
para pastos, es importante el número de explotaciones
con base territorial superior a 50 has (más de
la cuarta parte de las explotaciones censadas)
- El mapa de la parcelación coincide
con el mapa de la aplicación de la concentración
parcelaria en la región, observándose como
los menores tamaños medios por parcela se dan en
los municipios del corredor del Ebro y en las tierras
comprendidas entre el valle y el pie de monte.
- El mayor número de titulares jóvenes
(< 35 años) en términos relativos se
da en las zonas con cultivo de viñedo y champiñón
como OTE principal, en tanto que el envejecimiento (>
de 65 años) es mayor en los municipios serranos
y en municipios con orientaciones hortícolas.
- La agricultura a tiempo parcial es mucho
más importante en La Rioja Media y Baja que en
la Alta, con una clara presencia en el entorno de las
grandes concentraciones industriales (Logroño,
Arnedo, Nájera y Ezcaray).
1.4 Medios de producción:
el debate de la mecanización
El sector agrario riojano para producir
cinco pesetas necesita gastarse una.
La partida correspondiente a adquisición
de piensos representa la mayor parte de estos gastos, lo
que no puede extrañar a la vista de la estructura
que veíamos presenta el subsector ganadero, con claro
dominio del modelo intensivo frente al extensivo. Maquinaria,
fertilizantes y consumo de productos fito y zoosanitarios
constituyen las otras partidas importantes de este concepto
de las cuentas económicas del sector.
En el censo de maquinaria agrícola
del año 2000, se recogen 13.933 tractores de ruedas
y motocultores, 192 tractores de cadenas y 2163 motores
utilizados en las explotaciones agrícolas riojanas.
A este parque de maquinaria hay que añadir las máquinas
de recolección autopropulsada (388 cosechadoras de
cereal) y las arrastradas (2.603), entre las que destacan
las arrancadoras de patatas (851), y de remolacha (519).
Los equipos para el trabajo del suelo se elevan a 17.870
unidades y los de siembra, tratamientos y abonado a 12.639.
Los datos del censo 1999 nos muestran que
el número de tractores apenas si ha aumentado respecto
de 1989, y que si lo ha hecho la potencia total con lo que
puede afirmarse que en la década de los noventa se
ha racionalizado el uso del tractor aún cuando la
potencia unitaria siga siendo excesiva en el caso de las
explotaciones pequeñas.
A la vista de los datos ofrecidos por las
estadísticas de mecanización bien puede pensarse
que la agricultura riojana está "muy tractorizada"
y poco mecanizada en el sentido de integrar la maquinaria
en todas las tareas de cada una de la orientaciones productivas.
Ya hemos visto en el cuadro de tareas para cada uno de los
cultivos principales que labores como podas, aclaréos
y recolección se realizan a mano, ¿por qué?
¿No hay tecnología para suplir la mano de
obra? Si existe esa tecnología ¿Qué
razones se dan para no utilizarla?
Las respuestas a estos interrogantes hay
que buscarlas en cada una de las orientaciones productivas,
existiendo, en el caso de la recolección en tres
cultivos importantes, champiñón, frutales
y viñedo, un denominador común al plantear
la posible mecanización de la recolección:
la calidad.
En general todas las labores que pueden
mecanizarse se mecanizan lo que indica una clara predisposición
de los agricultores a eliminar cuando es posible mano de
obra. Así se generalizan las labores de prepoda cuando
es posible, se hacen aclareos químicos o se reducen
al máximo las labores de poda en verde. Esta mecanización
del mayor número de labores posible se anima cuando
el cultivo es rentable, esto es si se obtiene beneficio
una parte de éste se invierte en mecanizar.
La mecanización en algunos cultivos
se enfrenta además de a problemas técnicos
a problemas estructurales. Es el caso de los cultivos hortícolas
en buena parte de La Rioja Media y Baja. El tamaño
pequeño de las parcelas, la reducida dimensión
de las explotaciones y el alto grado de parcelación
hacen inviable la mecanización cuando ésta
es posible, animando el desplazamiento de la producción
hacia zonas con mejor estructura.
Resultados económicos
El cuadro macroeconómico de
la agricultura en la región durante la última
década del siglo XX nos muestra una clara mejoría
de los resultados económicos de la actividad hasta
el año 1998, con descenso del la renta agraria en
los dos últimos años. Estas grandes cifras
no hacen sino mostrar el excelente comportamiento del sector
vitivinícola desde el año 1996, con cosechas
récord en producción y aumento vertiginosos
de los precios entre los años 1996 y 1998, lo que
se traduce en un aumento importante del valor de la Producción
Final Agraria hasta el año 1998, año, a partir
del cual la cosecha escasa de uva (1999) y el fuerte descenso
de los precios del vino se traduce en una reducción
importante del valor de la PFA. El comportamiento de la
renta agraria fuertemente vinculado al comportamiento del
sector vitivinícola, no puede ocultar sin embargo
los problemas que coyunturalmente presentan algunos de los
principales cultivos y aprovechamientos de la región,
como patata, carne de porcino y de vacuno y cereales, productos
de los que dependen la economía de muchas explotaciones
localizadas fuera de la zona de producción de uva.
En la última década La Rioja
confirma su vocación agrícola, aumentando
la participación de este subsector en la producción
final agraria, PFA, en detrimento del subsector ganadero,
que pierde participación después de alcanzar
su nivel máximo en el año 1985, con casi el
30 por ciento de la PFA. El fuerte aumento del valor de
las producciones vitícolas ha provocado que las producciones
ganaderas que estaban consolidando su aportación
a la PFA en torno a un 25 por ciento hayan descendido por
debajo del 15 por ciento en el año 1998, con una
ligera recuperación en 1999 y en el año 2000.
Por la misma razón el sector hortofrutícola
ha dejado de ser el principal subsector económico
de la actividad agraria.
Para concluir este análisis análisis
de los resultados económicos de las explotaciones
agrarias de la región se han considerado algunas
ratios entre los conceptos que forman el cuadro macroeconómico,
pudiendo realizar las siguientes observaciones:
- La ratio Producción Final Agraria
por Producción Total nos muestra un sector agrario
con fuerte vocación comercial, muy integrado en
el mercado, como lo pone de manifiesto la pérdida
de importancia del reempleo. Esta característica
exige prestar especial atención a las estructuras
comerciales y a la participación del sector en
la formación de los precios.
- Respecto de la relación entre
los GFS y la PFA, como indicador del grado de integración
de la agricultura con otras actividades económicas,
La Rioja presenta un valor menor que el sector a nivel
nacional, lo que resulta lógico con la menor participación
del sector ganadero en la formación de la PFA,
al representar el pienso una parte muy importante de los
gastos de fuera del sector. Hay que observar que durante
los años 1998 y 1999 los GFS venían a representar
entre la tercera y la cuarta parte del valor de la PFA
y que el fuerte descenso de este valor en el año
2000, unido al aumento de los GFS en ese año se
ha traducido en una relación GFS/PFA próxima
al 50 por ciento.
- La tendencia mostrada por el sector vitivinícola
en los años 1995 a 1998 con un aumento continuo
de su aportación a la PFA, hacía que en
términos económicos fueran casi marginales
muchas producciones agrícolas y ganaderas que en
ningún caso lo son desde la perspectiva del suelo
y desde la perspectiva económica de muchas explotaciones
y de algunas zonas de la región en las que no se
cultiva la vid o ésta es casi marginal. Esta tendencia
que se ha truncado en el año 1999 no impide que
se siga planteando todavía la demanda de aumento
de la superficie vitícola y el avance hacia la
especialización vitícola en muchas zonas
de la región con el abandono de los cultivos menos
rentables y la consiguiente homogeneización del
paisaje agrícola y pérdida de diversidad
productiva, con todo lo que ello significa en términos
territoriales y económicos.
2. REFLEXIONES PARA EL DEBATE (O
PREGUNTAS SIN RESPUESTA)
2.1 Agricultura, economía
regional y territorio
La especialización productiva basada
en el viñedo hace que la participación del
sector agrario en la economía regional sea más
inestable, al reflejar las oscilaciones periódicas
que presenta el valor de la producción vitivinícola.
¿Hay que animar, frenar o no intervenir en este proceso?
- ¿Cuales son las consecuencias ecológicas?
- ¿Y económicas?
- ¿Qué alternativas se plantean
en las zonas en las que esta orientación no es
posible?
El empleo agrario tiende a estabilizarse,
con sustitución de trabajo familiar por trabajo asalariado
(mayoritariamente inmigrantes).
¿Qué medidas pueden adoptarse
para facilitar este proceso?
La concentración de la actividad
agraria en el valle y la situación de la sierra plantea
el siguiente interrogante:
¿Las actuaciones estructurales tendrían
una perspectiva sectorial o territorial?
- Si se adopta una perspectiva sectorial
que de prioridad a la mejora de la competitividad de las
explotaciones agrarias, desplazando a las poco eficientes
¿Que consecuencias tiene sobre el espacio rural?
- Si se adopta una perspectiva territorial,
dando prioridad a la población del espacio rural
aún a costa de mantener explotaciones poco eficientes
¿qué consecuencias tiene para el conjunto
del sector?
- ¿Tendrían que definirse
los espacios en los que hay que aplicar una y otra perspectiva?
En los espacios rurales no agrarios (sierras)
¿Hay margen para las actuaciones de
políticas sectoriales?
Cada año dejan de cultivarse 1.500
hectáreas de tierra,
¿Tendría que adoptarse alguna
medida que animara el cultivo de estas tierras abandonadas,
generalmente por jubilaciones sin relevo generacional?
Una de cada tres hectáreas de la
superficie regional es pastable.
¿Qué medidas pueden tomarse
para apoyar la ganadería extensiva?
En La Rioja hay muchos municipios con muy
poca superficie de regadío.
¿Tendría que reforzarse la política
de regadíos? ¿Con que prioridades, productivas
y territoriales?
La mejora de la competitividad del sector pasa por la reducción
de costes:
- ¿Qué papel tendrían
que desempeñar la investigación y la experimentación?
- ¿Y la externalización de
labores?
- ¿Y las cooperativas y otras fómulas
asociativas?
La agricultura riojana está muy integrada
en el mercado.
- ¿Hay que apoyar más la participación
de los productores en el mercado? ¿Con qué
medidas?
- ¿Y los acuerdos intersectoriales?
La amplitud de los mercados en una economía
globalizada
- ¿Plantea la necesidad de animar
acuerdos y alianzas entre empresas?
- ¿Y entre cooperativas?
- ¿Y entre empresas y cooperativas?
2.2 Estructura agraria
El ajuste estructural que se ha producido
en los años 90
¿Ha sido inducido o espontáneo?
- Si ha sido inducido ¿qué
políticas estructurales los han animado?
- ¿En el futuro como se quiere que
sea?
La agricultura riojana tiene una estructura
dual grandes y pequeñas explotaciones
¿Se quiere consolidar este modelo?
- Si se quiere consolidar ¿qué
medidas pueden adoptarse para mejorar la competitividad
de las explotaciones con dedicación agraria exclusiva?
- Si no se quiere consolidar ¿qué
medidas pueden adoptarse que afecten al mercado de la
tierra y la propiedad “en manos muertas”?
¿Cuales son las consecuencias desde la perspectiva
territorial?
La agricultura riojana presenta un elevado
grado de parcelación
¿Necesita reforzarse la actuación
en concentración parcelaria?
- ¿Pública? ¿Privada?
- ¿Y de explotaciones?
Las políticas de incorporación
de jóvenes y cesión de explotaciones,
¿Han sido eficaces? ¿Y suficientes?
La explotación familiar como fórmula
tradicional de organización económica en el
sector plantea problemas de continuidad
- ¿Hay que apoyar la constitución
de explotaciones con formulas jurídicas societarias?
- ¿Se tendría que priorizar
la explotación asociada frente a la individual?
La agricultura riojana puede definirse por
los tres tercios que definen su estructura: Un tercio de
agricultores a tiempo completo; un tercio de agricultores
a tiempo parcial; y un tercio de agricultores jubilados.
- Los dos tercios de titulares con dedicación
parcial, ¿están frenando el ajuste estructural
del sector?
- ¿Hay que priorizar de forma más
clara las explotaciones con titulares dedicados principalmente
a la actividad agraria?
La agricultura a tiempo parcial es un modelo
que tiende a consolidarse en determinadas orientaciones
productivas y que, en general, plantea problemas de continuidad
a largo plazo.
- ¿Es la agricultura a tiempo parcial
un modelo deseable en la región?
- ¿En unas zonas si y en otras no?
- ¿Hay que aplicar medidas que desanimen
la agricultura a tiempo parcial en aquellas zonas en las
que es un freno al ajuste estructural?
El fuerte arraigo de la propiedad (136.422
propietarios de parcelas rústicas hay en el catastro)
hace necesarias las fórmulas de arrendamiento, aparcería
y cesión para dimensionar adecuadamente las explotaciones
agrarias.
- ¿Qué medidas pueden animar
el arrendamiento y otras fórmulas de tenencia distintas
de la propiedad?
- ¿Qué medidas pueden
animar el cultivo de las tierras ociosas?

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