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POLÍTICAS DE
DESARROLLO RURAL EN LA RIOJA
José Arnáez
Vadillo
Departamento de Ciencias Humanas y Sociales. Universidad de
La Rioja
1. INTRODUCCIÓN
2. LA DIVERSIDAD DE LOS ESPACIOS
RURALES RIOJANOS
3. DEBILIDADES DEL MEDIO
RURAL RIOJANO
4. EL DESARROLLO RURAL EN
LA MONTAÑA RIOJANA
5. EL DESARROLLO RURAL EN
EL VALLE RIOJANO
6. EJES DE ACTUACIÓN
COMUNES PARA AMBOS ESPACIOS
7. CONCLUSIONES
8. AGRADECIMIENTOS
BIBLIOGRAFÍA
1.
INTRODUCCIÓN
Las transformaciones detectadas en el mundo
rural a lo largo de los últimos cincuenta años
han sido espectaculares. La actividad agropecuaria, base económica
de estos espacios, y el entramado social necesario para su
mantenimiento se han tenido que adaptar a las nuevas realidades.
En los espacios rurales que presentaban condiciones topográficas
difíciles y, sobre todo, que se localizaban a distancia
de los grandes ejes de comunicación la inadaptación
a las nuevas condiciones de mercado ha supuesto el casi abandono
de las prácticas agrarias y la sangría de la
emigración. En los espacios rurales más productivos,
por el contrario, se han intensificado las producciones y,
gracias a la mecanización, se ha logrado mantener una
actividad con escasa mano de obra. En cualquier caso tanto
en unos como en otros se identifican un conjunto de déficits,
algunos heredados y otros nuevos, que repercuten en la calidad
de vida de sus habitantes, una calidad que, según los
parámetros habituales de medición, está
muy por debajo de la proporcionada por los medios urbanos.
La finalidad de las políticas de desarrollo rural,
pues, deben centrarse en:
- La promoción de un desarrollo social
y económico en el que a los incrementos del nivel
de renta se le sume una mejora de la calidad de vida, entendiéndose
por tal aquella en la que los individuos ven ampliadas sus
posibilidades de elección, encuentran facilidades
para llevar a cabo sus actividades y no tienen sentimientos
de discriminación frente a otros territorios.
- El impulso de un crecimiento económico
sin desequilibrios internos y respetuoso con el medio ambiente,
con el fin de garantizar la sostenibilidad del aprovechamiento
de los recursos.
- La mejora de la organización del
territorio mediante la potenciación de nodos y ejes
de comunicación. Es necesario dotar al sistema territorial
de las infraestructuras necesarias para llevar a cabo y
diversificar las actividades económicas.
Estos objetivos deben ayudar a apuntalar un
modelo de medio rural adaptado a nuevas funciones: plurifuncional,
garante del mantenimiento y conservación de los paisajes,
capaz de retener a la población rural e integrado armónicamente
en el conjunto del territorio.
En esta ponencia se explican los ejes de actuación
en los que puede apoyarse el desarrollo rural en La Rioja,
intentándolos adaptar a unos espacios rurales heterogéneos.
Se pone de manifiesto que es muy difícil aplicar una
política de desarrollo rural sin conocer el marco territorial
y socioeconómico de partida. Tampoco debe obviarse
la función de la administración como responsable
de diseñar la normativa y aportar la financiación
oportuna.
Se advierte que en estas líneas
no se incluyen todos los ejes posibles, pero sí se
apuntan, según nuestro criterio, los más importantes
sobre los que podrían girar con posterioridad medidas
más concretas. También sería conveniente
señalar que estos ejes encajan en las disposiciones
comunitarias y han servido de reflexión para el diseño
en La Rioja del Programa de Desarrollo Rural y el Leader+.

2.
LA DIVERSIDAD DE LOS ESPACIOS RURALES RIOJANOS
Hablar de espacios rurales en La Rioja es
hacer alusión a territorios con una realidad ambiental,
social y económica muy heterogénea. Habitualmente
se distinguen los espacios rurales de la montaña y
los correspondientes al valle. Cada una de ellos exige un
tratamiento específico desde el punto de vista del
desarrollo rural.
El espacio rural de montaña ocupa la
mitad meridional de La Rioja (mapa 1). Agrupa a 51 municipios
con una superficie de 2104 kilómetros cuadrados. Desde
un punto de vista topográfico, en este espacio dominan
las laderas inclinadas y los valles encajados que son surcados
por una red hidrográfica densa. Sólo los ríos
principales (Oja-Tirón, Najerilla, Iregua, Leza-Jubera
y Cidacos) han logrado ensanchar algo los valles facilitando
el asentamiento de los núcleos. En el sector más
oriental, unas pequeñas depresiones y unas laderas
más suaves facilitan una mayor número de asentamientos.
El clima de la montaña, dada la elevada
altitud media, es fresco y húmedo. No obstante, el
descenso de la altitud hacia el este y el mayor alejamiento
de las perturbaciones atlánticas favorecen una dulcificación
de las condiciones climáticas, de modo que a partir
del río Iregua y hacia el este se puede hablar de un
clima de montaña submediterránea, con precipitaciones
entre 400 y 800 mm. anuales, frente al más oceánico
del oeste, donde se superan los 800 mm. al pie de las laderas
y los 1500 mm. a los 2000 metros de altitud.
La montaña riojana presenta en la actualidad
rasgos característicos de un espacio marginal (Arnáez
y Ortigosa, 1997; Lasanta y Errea, 2001). Por un lado, ha
acusado un brutal descenso demográfico, con el consiguiente
proceso de envejecimiento de la estructura de la población.
Los 33.500 habitantes del principios del siglo XX se han reducido
a 8.662 en el 2001. En algunos valles los descensos han sido
más espectaculares, por ejemplo en este mismo periodo
el valle del Leza-Jubera ha perdido el 85 % de sus habitantes.
Si importantes son las pérdidas demográficas
más dramáticos son los procesos de envejecimiento
de la población, pues condicionan cualquier posibilidad
de desarrollo futuro (Arnáez y Lasanta, 1999). El índice
de envejecimiento calculado para la montaña riojana
permite comprobar como por cada joven se dispone de 2,5 ancianos
(mayores de 65 años).
Por otro lado, la montaña riojana ha
experimentado un proceso de abandono de los usos tradicionales
del suelo. La agricultura en laderas fue prácticamente
abandonada a lo largo del siglo pasado. En los altos valles
del Leza, Jubera y Cidacos, por ejemplo, hasta el año
1957 se había dejado de cultivar el 31% del área
agrícola tradicional y en 1977 ya se alcanzaba el 95%
(Lasanta et al, 1989). En la actualidad, la mayor parte de
los bancales y campos en pendiente están siendo recolonizados
por el matorral (Sobrón y Ortiz, 1989), la ganadería
ovina tradicional casi ha desaparecido -lo que ha supuesto
una menor presión sobre los pastos que pierden calidad-
y, por último, los productos del bosque ya no son explotados.
Además, la pequeña industria artesanal que albergó
estas montañas fue desmantelada al ir adquiriendo mayor
importancia las comunicaciones y las economías de escala
frente a la proximidad de los recursos. En resumen, en el
medio rural de la montaña riojana de la diversidad
productiva se ha pasado a un modelo de gestión donde
sólo los mejores espacios conservan una cierta utilidad,
con una actividad de escasa productividad, y el resto está
abandonado.
ESPACIOS RURALES
RIOJANOS
| |
nš municip. |
Superficie (km2) |
Altitud media (m) |
Población 2001 |
Densidad (h/km2) |
Variación Pobla.
50-01 |
|
E. rural de montaña |
51
(29,4%) |
2.104,1
(42,4%) |
919,5 |
8.662
(6%) |
4,1 |
-68% |
|
E. rural del valle
|
122
(70,5%) |
2.852,5
(57,5) |
581,8 |
134.982
(94%) |
47,3 |
-12,5% |
TIPOLOGÍA
DE LOS ESPACIOS RURALES DEL VALLE
| |
nš municip. |
Superficie (km2) |
Altitud media (m) |
Población 2001 |
Densidad (h/km2) |
Variación Pobla.
50-01 |
|
Cabeceras comarcales |
6 |
493,6 |
468,5 |
65.183 |
132,0 |
43,4% |
|
E.periurbano de Logroño |
6 |
157,4 |
437,1 |
14.470 |
91,9 |
37,0% |
|
Municipios >1000 hab. |
13 |
594,5 |
464,8 |
29.144 |
49,0 |
-19,5% |
|
Municipios <1000 hab. |
97 |
1.607,0 |
615,4 |
26.185 |
16,3 |
-57,7% |
Cabeceras comarcales: Haro, Nájera,
Sto.Domingo de la Calzada, Calahorra, Alfaro y Arnedo
Espacio rururbano de Logroño: Fuenmayor, Navarrete,
Lardero, Alberite, Villamediana y Agoncillo
El espacio rural del valle se localiza en la
mitad septentrional de la Comunidad Autónoma de La
Rioja. Los 122 municipios que lo conforman representan un
57,5 % de la superficie rural y concentran el 94 % de la población.
El espacio rural del valle ha perdido en los últimos
cincuenta años un 12,5 % de sus habitantes.
En oposición al espacio montano, el
valle dispone de topografías suaves, en las que dominan
glacis y terrazas fluviales, y registra unos valores climáticos
menos rigurosos. En estos paisajes, con un alto grado de uniformidad,
las tierras labradas ocupan una amplia superficie mientras
que el bosque ha quedado relegado a las laderas de piedemonte,
a las raíces de los glacis más altos y a las
orillas de los ríos. Secanos y regadíos salpican
el territorio según sus aptitudes ambientales, la tradición
o la intervención pública. La existencia de
unas buena red de comunicaciones ha favorecido una agricultura
orientada al mercado y dependiente de "inputs" procedentes
del exterior (simientes, fertilizantes, fuentes de energía,
etc). La existencia de una industria agroalimentaria en algunos
de los municipios del valle diversifica la actividad económica
que también puede complementarse con otros sectores
industriales y de servicios. No obstante, la realidad del
medio rural del valle no es homogénea presentándose
dos grupos de municipios con características propias:
- Municipios rurales con menos de 1000 habitantes.
Son municipios que han experimentado un importante descenso
de población desde los años 50 (57,7 %) y
que basan su actividad económica de forma casi exclusiva
en la agricultura y la ganadería. La mayor parte
de ellos se localizan en el piedemonte serrano y otros corresponden
al secano de La Rioja Alta. Los primeros han desarrollado
tradicionalmente una agricultura de secano (cereal y cultivos
arbóreos), que ha ocupado los glacis más elevados,
y una ganadería ovina que se complementaba con la
actividad agraria. En los secanos de La Rioja Alta se cultiva
el cereal y el viñedo. El cereal se encuentra en
las terrazas altas y en los valles en cuna mientras el viñedo
se asienta en suelos pedregosos de los glacis y las terrazas
más bajas. El desarrollo de obras de regadío
ha incrementado la diversidad y la producción, pero
no ha conseguido retener a la población rural.
- Municipios con más
de 1000 habitantes. El medio rural con núcleos de
más de 1000 habitantes ha logrado superar de forma
más positiva los descensos demográficos de
la segunda mitad del siglo pasado, de modo que en estos
momentos 25 municipios acogen a algo más del 80 %
de la población rural. Las características
de estos municipios son diversas, lo que obliga a distinguir
tres grupos o tipos de medios rurales (mapa 1):
- Cabeceras comarcales. Este grupo es
el que menos refleja las características propias
de un espacio estrictamente rural. En las cabeceras
comarcales riojanas, con poblaciones entre los 5000
y 20000 habitantes, se concentra una importante número
de actividades, con un peso importante del sector industrial
y de los servicios. Además estos municipios articulan
el territorio próximo convirtiéndose en
ciudades determinantes en la organización del
territorio riojano (Arnáez, 1985).
- Espacio periurbano de Logroño.
En el entorno de la capital de la región, Logroño,
se ha configurado en las últimas décadas
una área o franja rururbana caracterizada por
la competencia de usos rurales y urbanos (polígonos
industriales, ampliación de la red viaria, segundas
residencias, etc.), siendo siempre los primeros los
más perjudicados. Por otro lado, la agricultura
adquiere unas características diferentes a otros
municipios alejados de la influencia de Logroño.
Destaca la importancia de la agricultura a tiempo parcial,
el dominio del policultivo, la abundancia de explotaciones
de escasa extensión pero capaces de subsistir
mediante un uso intensivo de la tierra, la abundancia
de parcelas de pequeño tamaño, o la presencia
de barbecho social y fincas de recreo (Climent, 1985).
Estos espacios rur-urbanos (Fuenmayor, Navarrete, Lardero,
Alberite, Villamediana y Agoncillo) han logrado incrementar
sus contingentes de población (37 % entre 1950-2000)
al acoger una parte de la población de Logroño
y recibir para las actividades agrarias intensivas mano
de obra inmigrante.
- Resto de los municipios con más
de 1000 habitantes. Estos municipios registran pérdidas
de población moderadas (19,5 % entre 1950-2000)
al apoyarse en una agricultura de mercado e incluso,
algunos de ellos, en actividades industriales del sector
agropecuario. En La Rioja Alta se incluyen en este grupo
los municipios con una importante superficie de viñedo
(San Vicente de la Sonsierra, San Asensio y Cenicero).
En La Rioja Media los tres municipios con más
de 1000 habitantes también se ven influenciados
por los efectos económicos de Logroño
(Murillo de Río Leza, Albelda de Iregua y Entrena).
En los de La Rioja Baja (Pradejón, Rincón
de Soto, Aldeanueva de Ebro, Autol, Quel, Herce y Cervera
de Río Alhama) una actividad económica
apoyada en la agricultura de regadío y una pequeña
industria han suavizado los descensos demográficos.

3.
DEBILIDADES DEL MEDIO RURAL RIOJANO
El medio rural riojano, como le ha ocurrido
al del conjunto del país, se ha transformado mucho
en las últimas décadas. Algunos de los cambios
han supuesto una mejora generalizada de los niveles de vida
y de la dotación de servicios e infraestructuras. No
obstante, otros cambios han traído consigo desequilibrios
y disfunciones. En La Rioja los problemas que deben tenerse
en cuenta de cara a la aplicación de una política
de desarrollo rural son:
- Una acusada despoblación desde los
años cincuenta y una tendencia al estancamiento ligeramente
regresivo en la última década, unido a un
acusado envejecimiento tanto más intenso cuanto menor
es el tamaño del núcleo. En los municipios
de montaña, la densidad de población apenas
supera los 4 habitantes por kilómetro cuadrado, y
en la mayoría de los pueblos el número de
pensionistas es muy superior al de la población activa.
Dada la elevada edad de los agricultores, es de esperar
a corto plazo importantes deficiencias en la formación
laboral, lo que dificultará la renovación
e impulso del sector. Por otro lado, la participación
de la mujer en las actividades rurales es muy escasa.
- Riesgos de deterioro del medio natural,
provocado en unos casos por la intensificación de
las actividades agropecuarias y en otros por el abandono
de los recursos. Las consecuencias de estos procesos serían,
en mayor o menor grado, la aparición de fenómenos
difusos de contaminación de suelos y aguas, en la
erosión de algunos suelos cultivados y en la pérdida
de calidad de algunos paisajes. Este aspecto es de gran
interés, pues una elevada proporción del medio
rural riojano puede etiquetarse como de alto interés
por su medio ambiente, de modo que constituye un atractivo
para el desarrollo de la actividad turística.
- Una escasa diversificación productiva,
menor en la medida en que desciende el tamaño del
núcleo. Los núcleos de población con
menos de 1000 habitantes son marcadamente rurales (mapa
3). En ellos el sector primario supera con mucho al resto
de los sectores ante la ausencia de empresas industriales
y unos servicios muy poco desarrollados. El turismo puede
definirse como una actividad en crecimiento, aunque las
iniciativas son todavía muy reducidas en número
- Una menor calidad y densidad de las infraestructuras
y transportes. Estas, a pesar de haber mejorado en el medio
rural, todavía están muy lejos de la oferta
que presentan los núcleos urbanos. Por ejemplo, el
sistema de comunicaciones muestra una buena dotación
siguiendo el eje del Ebro, donde se concentran la N232 (complementada
con la N120), la autopista A68 y el ferrocarril, y reduce
su eficacia en cuanto se viaja hacia el sur.
- Un nivel de renta inferior
a la media regional relacionado con la gran especialización
en la agricultura tradicional o en la ganadería extensiva,
junto a la presencia de una elevada proporción de
pensionistas. El nivel de renta desciende aún más
en los municipios que cuentan con menos de 1000 habitantes.

4.
EL DESARROLLO RURAL EN LA MONTAÑA RIOJANA
La montaña ya se ha comentado que es
un espacio deprimido tanto desde un punto de vista demográfico
como económico. El primer aspecto condiciona al segundo,
de modo que es muy difícil, con una población
envejecida y escasa, aportar iniciativas de desarrollo. A
pesar de ello hay dos elementos de partida que, sin duda,
deben servir para la mejora de las condiciones de vida de
la población serrana.
El primero está relacionado con los
nuevos paradigmas que giran en torno a los usos del territorio.
Los espacios de montaña en la actualidad son interpretados
desde y por los medios urbanos y son estos los que están
condicionando las ofertas de estos territorios (Lasanta, 1990).
Una de las más interesantes es el aprovechamiento sostenible
de la riqueza ambiental y paisajística con fines turísticos.
Las sociedades urbanas demandan destinos para el ocio que
contrasten con sus habituales modos de vida. La montaña
riojana está en inmejorables condiciones para cubrir
parte de estas necesidades.
El segundo contempla el papel que deben jugar
las administraciones. Son estas las que tienen que diseñar
acciones que faciliten el desarrollo endógeno y exógeno
de la montaña; el endógeno mediante programas
que favorezcan la diversificación de las actividades
y el incremento del valor añadido de la producción
local, implicando a individuos y grupos interesados en el
impulso de determinadas actividades económicas; el
desarrollo exógeno a partir de la incorporación
de iniciativas externas que reactiven la estructura demográfica
y las actividades económicas de pequeña envergadura.
En este marco las medidas de desarrollo rural
en la montaña riojana se deben apoyar en dos ejes específicos:
la valorización del patrimonio natural y la diversificación
de las actividades económicas.
- Dentro del eje valorización del
patrimonio natural hay dos medidas de sumo interés:
la repoblación y mejora de los montes, con el fin
de aumentar la biodiversidad y la calidad paisajística,
y la protección/promoción de los espacios
naturales.
Las repoblaciones no tendrán como
objeto único la producción de madera y, por
lo tanto, se deberá seleccionar su localización,
la especie y la técnica de replantación de
acuerdo con objetivos geoecológicos más generales.
La plantación y mantenimiento de los repoblados pueden
convertirse en actividades interesantes para la creación
de empleo. Las labores de limpieza del bosque, la vigilancia
de incendios, la lucha contra plagas y enfermedades, etc.
son actividades que de forma directa e indirecta deben repercutir
en la economía local.
La protección y promoción de
los espacios naturales se hace imprescindible si se desea
disponer de zonas atractivas para el desarrollo del sector
turístico. La montaña riojana dispone de diferentes
figuras de protección que en ningún caso condicionan
el desarrollo económico de los municipios. Es más,
las actividades turísticas vinculadas a estos espacios
pueden ser compatibles con otras agroganaderas e industriales
de bajo impacto. En suma, en estos espacios los valores
naturales se tienen que erigir como garantía de un
desarrollo armónico y como sinónimo de calidad
de vida.
La valorización del patrimonio ambiental
de la montaña no puede llevarse a cabo al margen
de su población, por lo que son necesarias actuaciones
encaminadas a la formación de ésta en temas
medioambientales trasmitiéndoles el valor que esta
nueva orientación puede tener para sus economías.
- El hundimiento del modelo económico
tradicional obliga a esforzarse en el desarrollo de actividades
que sean capaces de retener a la población, sobre
todo la más joven, e incluso atraer iniciativas exteriores.
Estas actividades, encuadradas en el segundo eje de actuaciones,
girarán en torno a la ganadería, el turismo
de calidad y la producción artesanal.
La ganadería ha jugado un papel muy
importante en la economía de las sierras riojanas.
Los descensos de población y el hundimiento del sistema
agropecuario tradicional han favorecido la expansión
de un sistema ganadero vacuno muy extensivo. Este debería
reforzarse a través de un conjunto de medidas que ilusionasen
a los ganaderos y permitiesen el aumento de su nivel de ingresos.
La mejora de la imagen exterior e interior de los productos
cárnicos, al igual que ya se ha hecho con otros productos,
podría ser una de estas medidas; otra, la creación
y mejora de los pastizales. Para explicar la importancia de
este último aspecto conviene tener en cuenta que la
disponibilidad de pastos naturales ha experimentado una retracción
en los últimos treinta años, como consecuencia
del abandono de tierras de cultivo (temporalmente pastadas),
del descenso de la cabaña de ganado y de la simplificación
de los sistemas ganaderos. El desbroce de las laderas aumenta
la superficie de pastos y la complejidad del paisaje serrano,
que gana calidad visual y disminuye las posibilidades de incendios
de grandes dimensiones al crear interrupciones en la continuidad
de comunidades de matorral.
En la última década se ha considerado
al turismo rural como la estrategia más adecuada y
casi única para impulsar el desarrollo de áreas
rurales. La realidad es que en gran parte del sector serrano
de La Rioja el turismo rural, con la oferta medioambiental
explicada con anterioridad, debe servir, en mayor o menor
medida, para una reactivación de la economía
y la fijación de empleo. Es importante que desde la
administración se contemple como un complemento, importante
en algunos casos, pero nunca como la única salida para
el medio rural. De hacerlo así se marginaría
a una parte importante de la población local y descendería
notablemente la calidad de este turismo rural.
Por último, como parte de la propuesta
de diversificación económica de la sierra riojana,
habría que contemplar el fomento de otras producciones
agropecuarias que, apoyándose en el uso racional de
los recursos, ayuden a la economía de la población
de la montaña. Así, por ejemplo, la producción
de miel de distintas floraciones, la cría de aves de
corral incorporadas a una imagen de calidad, la producción
de quesos o el cultivo-recolección de setas son formas
de aumentar el valor añadido de la producción
ganadera y crear empleo.

5.
EL DESARROLLO RURAL EN EL VALLE RIOJANO
El valle riojano, como ya se ha indicado, presenta
tal diversidad que son aconsejables actuaciones específicas
de desarrollo rural para cada uno de los grupos conocidos.
Sin animo de ser exhaustivos, repasemos algunas medidas.
- Las cabeceras comarcales disponen de economías
diversificadas en las que lo agrario sólo es un complemento.
Sin embargo, son básicas para la articulación
de la comarca y de su espacio rural circundante. En todos
los estudios realizados sobre la organización del
territorio riojano se resalta la necesidad de estos niveles
urbanos para el mantenimiento de una jerarquía de
núcleos perfectamente integrada (Arnáez, 1985;
Astorgano, 1994; Nogués, 2001). Son en estas cabeceras,
pues, donde pueden centralizarse un conjunto de importantes
servicios y empresas de apoyo a la actividad agraria.
Por otro lado, la existencia en estos núcleos de
una población importante en número y cualificada
favorece la aplicación de programas relacionados
con las nuevas tecnologías: utilización de
internet para la promoción dinámica y barata
de las actividades económicas del medio rural, y
difusión de la informática entre su población.
También son estos centros comarcales los que deberían
activar ferias locales con exposición y venta de
productos regionales de calidad (incluyendo los transformados),
impulsadas por la administración en colaboración
con entidades y organizaciones locales. Estas ferias son
además una excusa para fomentar ciertas actividades
turísticas.
- Los espacios rururbanos riojanos disponen
de todas las ventajas y desventajas que proporciona la proximidad
a la capital. Entre las ventajas destaca la disponibilidad
de buenas redes de comunicación y una importante
diversificación económica lo que facilita
unos de niveles de renta muy aceptables, incluso en algunos
municipios con valores muy por encima de la media regional.
Entre las desventajas estaría la presión que
otros usos del suelo ejercen sobre el espacio agrario y
el lento abandono de las actividades primarias en un primer
momento de forma parcial y después de forma total.
Este proceso es muy activo entre la población joven.
El desarrollo rural en estos municipios pasaría por
evitar la desmembramiento del sector primario.
- Donde realmente hay que hacer un esfuerzo
en la aplicación de medidas para mejorar la calidad
de vida de sus ciudadanos es en los municipios del valle
con menos de 1000 habitantes. En ellos se debe hacer especial
hincapié en la promoción del patrimonio artístico,
histórico y cultural como oferta para reforzar las
actividades turísticas y en la revalorización
de productos locales.
El medio rural del valle dispone de un patrimonio
artístico, histórico y cultural de gran valor,
pero en un estado muy heterogéneo de conservación
(mapa 4). Su revalorización debe servir de acicate
para potenciar todo un conjunto de actividades relacionadas
con el ocio y el turismo. A modo de ejemplo, en La Rioja son
de interés un grupo de itinerarios que engloban varios
municipios y que giran en torno a temáticas como la
del vino, Camino de Santiago, Camino de la Lengua, ruta de
los monasterios, rutas arqueológicas, ruta de los castillos,
etc.
Es necesaria, pues, una política globalizadora
que tenga por objeto determinar qué es lo que, dentro
del espacio rural, forma parte de este patrimonio, y definir
el estado actual de su conservación para que, en función
de los recursos disponibles, se establezca una política
de prioridades y actuaciones.
Por último, el aprovechamiento
de productos tradicionales debe también potenciarse,
especialmente en los pueblos de secano próximos al
contacto con el Sistema Ibérico donde la revalorización
de la producción local está todavía por
hacer. En los municipios de regadío o de secano con
productos de rápida introducción en los mercados
la dedicación a estas producciones no facilita este
tipo de medidas. Aún así, sería conveniente
seguir reforzando la política de calidad del sector
agrario, aspecto en el que se han dado pasos importantes en
el sector vitivinícola y en el hortícola.

6.
EJES DE ACTUACIÓN COMUNES PARA AMBOS ESPACIOS
Hasta ahora se han plasmado algunas acciones
específicas para los dos espacios rurales existentes
en La Rioja. Sin embargo, ambos cuentan con un conjunto de
déficits en materia de servicios y comunicaciones que
obligan a aplicar medidas generales.
Desde las diferentes administraciones se ha
realizado un notable esfuerzo por mejorar las condiciones
de vida de la población rural a través de dotaciones
de servicios básicos y transformación de la
imagen de los pueblos (accesos, viviendas, imagen externa,
etc.). Estas medidas han sido imprescindibles para interrumpir
en parte la tendencia hacia desequilibrios crecientes con
respecto a la población urbana.
Sin embargo, es éste un aspecto en el que puede hacerse
mucho todavía y que es absolutamente necesario para
fijar a la población, atraer pequeñas iniciativas
empresariales y aumentar el flujo del turismo rural, para
el que la disponibilidad de servicios básicos resulta
tan importante como para la población local. En este
sentido, las posibilidades de actuación se centran
en los siguientes puntos: mejora de la red de abastecimiento
de aguas y sobre todo mejora de su calidad; mejora del alumbrado
público en numerosos núcleos rurales; mejora
de la cobertura de TV y telefonía móvil; pavimentación
de calles en núcleos serranos; apuesta por las escuelas,
al menos, de educación infantil y primeros años
de la educación primaria; o mejora y rehabilitación
de viviendas.
En algunos de los aspectos citados se ha avanzado
mucho y, por lo tanto, basta con actuaciones muy puntuales.
En el último -mejora y rehabilitación de viviendas-
los problemas son más generales. Uno de los inconvenientes
más graves de la vida en determinados núcleos
rurales consiste en que las viviendas están preparadas
para una actividad tradicional y para un modo de vida adaptado
a las condiciones de la explotación agropecuaria. Los
cambios experimentados por esa explotación y las nuevas
necesidades creadas entre la población local hacen
que muchas de esas viviendas se encuentren inadaptadas. Es
evidente que la mejora de tales viviendas corresponde sobre
todo a la iniciativa privada, pero es importante contar con
una vía de subvenciones que represente un impulso a
la mejora y rehabilitación de viviendas. El papel de
la administración sólo debería ser muy
fuerte en el caso de viviendas de valor histórico-artístico
o cuando lo aconseje la estrategia político-territorial.
Las actuaciones sobre comunicaciones en el
medio rural deben contribuir a mejorar el acceso de la población
a los servicios más complejos y diversificados que
se localizan en los centros urbanos, han de favorecer las
relaciones de las iniciativas empresariales en el medio rural
con los mercados y los servicios de apoyo a las empresas,
y deben a la vez facilitar la movilidad de personas desde
el medio urbano hacia los núcleos rurales, con el fin
de contribuir a impulsar la reactivación económica
de estos últimos.
La actual red viaria, tanto en la Depresión
del Ebro como en el sector serrano, es suficiente en líneas
generales para la población rural riojana, si bien
será necesario proceder a la construcción de
variantes y ensanches locales que deberán ser priorizados
en función de los riesgos de accidente y de la frecuentación
de vehículos. Además de ello, se considera de
importancia mejorar los caminos rurales. Sería conveniente
incorporar los caminos rurales en el paisaje por medio de
revegetación de taludes en aquellos sectores más
sensibles a la erosión o plantación de árboles
en los bordes. Se sugiere un aumento de control de tráfico
en la mayor parte de las pistas serranas para evitar que se
conviertan en vías de penetración incontrolada
del turismo.

7.
CONCLUSIONES
A pesar de su escasa extensión La Rioja
dispone de una variado espacio rural. Si bien en los aspectos
fundamentales todo él ha sido sometido a los mismos
cambios (descenso poblacional, envejecimiento de sus habitantes,
etc.), en el análisis de detalle se comprueba que hay
diferencias específicas que obligan a aplicar distintas
medidas en el marco del desarrollo rural. El espacio rural
montañoso, con toda probabilidad, exija en estos momentos
una dedicación especial con iniciativas que, aprovechando
sus recursos medioambientales, sean capaces de devolver el
dinamismo del pasado. El espacio rural del valle es más
heterogéneo, con municipios con una problemática
muy semejante a las áreas de montaña y otros
más dinámicos al localizarse próximos
a los centros urbanos o al apoyarse en una agricultura competitiva
y de mercado. El desarrollo rural en el valle debe adaptarse
a estas realidades.
Difícilmente puede tener éxito
una política de desarrollo rural si no hay un deseo
por parte de la población local de participar. Son
ellos los que deben implicarse en el desarrollo de su territorio
convencidos de que es un objetivo que conlleva la mejora de
su calidad de vida y una mayor cohesión social. Además,
el nuevo marco en el que se debe desenvolver el medio rural
obliga a la transferencia de experiencias y cooperación
entre distintos territorios. Esto facilita la complementariedad
y alianzas frente a determinadas acciones que de manera aislada
serían difíciles de asumir.
En definitiva, un desarrollo rural, entendido
como el conjunto de procesos que contribuyen a mejorar las
condiciones de vida de la población rural, a reforzar
sus relaciones con el medio ambiente y a construir interacciones
armónicas con el conjunto del territorio, debería
evitar el abandono definitivo de la población asentada
en el territorio y crear las condiciones idóneas para
ilusionar a la población más joven.

8.
AGRADECIMIENTOS
Esta ponencia recoge un buen número
de ideas y comentarios de los profesores Teodoro Lasanta Martínez
y José María García Ruiz del Instituto
Pirenaico de Ecología (CSIC). También incluye
información de un conjunto de estudios dirigidos por
el autor y encargados por la Dirección General de Desarrollo
Rural del Gobierno de La Rioja.

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