| Valencia, 26 de
noviembre de 2002
Ilmo. Sr. D. Manuel Lamela
Fernández. Subsecretario de Agricultura, Pesca y Alimentación
Buenos días a todos. En primer lugar,
quiero pedir disculpas por la voz, que espero no perder a
lo largo de la intervención y que tendrán en
ese sentido evidentemente la suerte todos ustedes de que ésta
sea más breve para evitar que se produzca ese acontecimiento.
En todo caso, quiero comenzar esta intervención en
la inauguración de esta jornada, en primer lugar, dispensando
la no asistencia del Ministro, como hubiese sido su gusto
y como tenía previsto inicialmente, por su participación
en la Cumbre Franco-Española que se está celebrando
en la ciudad de Málaga.
Creo que, dentro de lo que son las jornadas
del Libro Blanco y dentro de lo que es el Libro Blanco, de
lo primero que tenemos que ser conscientes es de que estamos
hablando de unos trabajos referidos nada más ni nada
menos que a un sector económico que es un sector estratégico
dentro de lo que es la economía nacional tanto desde
el punto de vista, insisto, de su estructura económica
como desde el punto de vista del tejido social que subyace
detrás de él, y, por lo tanto, de la importancia
que tiene ese tejido social desde la perspectiva de abordar
políticas activas en aras de su futuro.
En más de una ocasión hemos asistido
a la crítica por parte de determinadas organizaciones
o asociaciones de los trabajos del Libro Blanco, oyendo una
frase a mi juicio evidentemente fácil de realizar y
es que “El Libro Blanco es un libro en blanco”,
y yo quiero comenzar esta intervención precisamente
desde ese planteamiento o desde esa reflexión. Yo creo
que ese planteamiento o esa reflexión es realizada
nada más ni nada menos por todos aquellos a los que
les sorprende el que no se parta de modelos impuestos, de
soluciones preconcebidas, de objetivos predefinidos y de políticas
ajenas a la realidad del medio en donde pretenden aplicarse.
Y todo eso evidentemente no son en modo alguno los objetivos
de la Administración del Estado ni del Ministerio de
Agricultura ni del Gobierno.
El Gobierno apuesta por analizar, en primer
lugar, los problemas del sector agroalimentario español,
del sector primario y de la industria agroalimentaria y del
desarrollo rural en el marco de un amplio debate sectorial,
no sólo con los interlocutores sectoriales sino con
la sociedad civil en su conjunto y por lo tanto con todos
y cada uno de los que tengan algo que decir en relación
con el presente y el futuro de este sector. Y, en segundo
lugar, pretende desde ese amplio debate y desde esas amplias
reflexiones extraer consecuencias, extraer diagnósticos
de situación, y desde esos diagnósticos, apostar
por la elaboración y el diseño de nuevas políticas
activas y de nuevos marcos jurídicos que permitan el
desarrollo de esas políticas. Pero evidentemente la
búsqueda de nuevos modelos y nuevas soluciones requiere
el compromiso de todo el sector agroalimentario español.
Flaco favor haría una administración o varias
administraciones y flaco favor haría un gobierno que
hiciera un responsable público si entendiese que la
solución a un problema pasa por la imposición
de una solución porque es evidente que esa solución
en el corto o en el medio o en el largo plazo estaría
simplemente abocada al fracaso y por lo tanto estaría
muy lejos y muy distante de conseguir los objetivos que pretendemos,
que no son sino un sector estable, un sector competitivo,
un sector con un tejido social y económico capaz de
afrontar los enormes y difíciles retos que se le avecinan
con una estabilidad evidentemente en el tiempo.
Por lo tanto, desde ese punto de vista creo
que merece la pena reiterar que desde la enorme dificultad
que significa abordar un debate de esta envergadura por parte
del Ministerio de Agricultura, desde esa enorme dificultad
que es objetiva, asumimos ese reto sabiendo que nunca antes
en la historia de España se ha planteado, es decir,
nunca antes en la historia de España ningún
gobierno de ningún signo político se ha planteado
hacer un diagnóstico de toda la realidad de un sector.
Y creemos que es el momento de hacerlo por diversos motivos,
en primer lugar, porque estamos a las puertas de casi llegar
a la culminación de un ambicioso proceso de liberalización
de los mercados que está transformando de manera importante
la estructura de la comercialización, de la distribución
evidentemente y de la producción del sector primario
y la industria agroalimentaria. En segundo lugar, porque estamos
en las puertas de una nueva conformación de la Unión
Europea, con una ampliación evidentemente de nuevos
países en el seno de la Unión, con lo que eso
conlleva no sólo desde el punto de vista presupuestario
sino desde el punto de vista de nuevos mercados, de nuevos
consumidores y, por tanto, de nuevas expectativas y de nuevas
posibilidades en el seno de la propia Unión. Y porque
estamos ahora mismo evidentemente enmarcados en nuestras actuaciones
por un régimen jurídico, por un conjunto de
normas que en alguna medida han sido adaptadas más
o menos forzadamente a la realidad del Estado español,
a la estructura competencial derivada de la Constitución
de 1978, pero que desde luego requieren un esfuerzo de reconsideración,
de análisis, de reforma evidentemente para adecuarlo
a la actual realidad de nuestro territorio, a la actual realidad
de nuestras comunidades autónomas y, en definitiva,
a las distintas políticas activas que a pie de obra
en el territorio aplican las administraciones competentes
que son las comunidades autónomas.
Creemos además que siendo imprescindible,
y subrayo lo de imprescindible, el que siga existiendo una
política de ayudas procedentes de la Unión Europea
en determinados sectores productivos estratégicos para
mantener el territorio, para mantener la producción
y para, en definitiva, tener una garantía de renta
digna y suficiente para nuestros agricultores y ganaderos,
tenemos que ser conscientes de que el Estado, y en este caso
el Estado español, tiene que saber agotar todo el margen
competencial que la propia Unión Europea le da no sólo
para desarrollar esas políticas comunitarias en el
seno del propio Estado sino para estrujar, y perdonadme la
expresión, al máximo su margen de competencias
en las políticas nacionales que, complementarias a
las de la Unión Europea, pueden permitir y de hecho
van a permitir y van a ayudar a que estos sectores sean cada
vez más competitivos.
Tenemos que ser capaces de abordar reformas
estructurales importantes en el régimen jurídico
de nuestras explotaciones agrarias y ganaderas, en el régimen
mercantil de nuestras explotaciones en el ámbito empresarial,
tenemos que ser capaces de abordar la gestión empresarial
de nuestras explotaciones agrícolas y ganaderas y utilizar
criterios de gestión empresarial en esas explotaciones,
y tenemos que ser capaces también de establecer un
capítulo propio, nacional, de incentivos, de apoyos
económicos, de regímenes fiscales adecuados
evidentemente a lo que es la realidad de nuestros sectores
que complementen y ayuden a las políticas activas derivadas
de la Unión Europea y por lo tanto ayuden a ese objetivo
común de conseguir un sector cada día más
competitivo y más estable.
Y para eso creo que tenemos importantes activos.
Tenemos, de una parte, un tejido evidentemente socioeconómico
de nuestras explotaciones, que requiere en algunos casos reordenación,
que requiere redimensionamiento, pero que no puede ser ajeno
a la realidad en una buena parte del territorio español
de la explotación familiar como germen y como razón
de ser evidentemente de nuestro tejido agroindustrial. Y,
en segundo lugar, tenemos un segundo factor igualmente importante
que es el factor humano; tenemos un enorme potencial humano
que tenemos la obligación todos, primero, de congratularnos
de tenerlo, y, segundo, de explotarlo, y explotarlo desde
el punto de vista de garantizar su permanencia en el medio
rural haciendo un medio rural cada vez más atractivo,
más diversificado y más competitivo. En segundo
lugar, tenemos la obligación de cuidar ese factor humano
garantizando el mantenimiento de nuestros jóvenes y
la incorporación de nuestros jóvenes a la titularidad
de las explotaciones, titularidad que insisto tiene que abordarse
desde criterios de gestión empresarial y por tanto
con un esfuerzo suplementario en la política de formación,
y desde luego también desde la realidad del equilibrio
en términos de igualdad de la mujer y de los jóvenes
en la explotación y la gerencia de nuestras explotaciones.
Hoy, como decía al principio, hay grandes
retos. Tenemos retos en materia de seguridad alimentaria;
tenemos que ser conscientes de que nuestros consumidores cada
día demandan más y con más razón
los máximos estándares en materia de seguridad
alimentaria. En segundo lugar, tenemos que seguir manteniendo
viva una apuesta permanente por la calidad de nuestros productos.
Tenemos que apostar por la mejora de nuestras estructuras
de comercialización, y aquí abro un paréntesis
para decir que una buena parte de los problemas que tienen
muchos de nuestros subsectores dentro del sector agroalimentario
se circunscriben a unas deficientes estructuras comercializadoras
de los productos. Y tenemos que, como decía antes,
apostar por la modernización y la vertebración
de los sectores. Incido en la segunda de las cuestiones, en
la vertebración. Un sector vertebrado es un sector
con capacidad de interlocución, con capacidad de análisis
de sus problemas, con capacidad de planteamiento de esos problemas
ante las administraciones competentes y, en definitiva, con
capacidad también para abordar esas soluciones y garantizar
el buen fin de las mismas, por lo tanto, también tenemos
que apostar por esa vertebración y tenemos que apostar
porque sea una realidad cuanto antes. Y no tenemos que tener
miedo a las políticas de liberalización de mercados,
y no tenemos que tener miedo a las políticas de ampliación
de la Unión Europea, porque tenemos la capacidad teórica
y real de ser competitivos dentro de ese escenario de liberalización
y dentro de ese escenario de ampliación.
Hace no mucho tiempo, en la última cumbre
de la Unión Europea, cuando se planteaban incertidumbres
reales sobre escenarios financieros, incluso en el año
2006 como consecuencia de la revisión intermedia de
la Política Agrícola Comunitaria, España
y el resto de los países actuales de la Unión
Europea obtenían una garantía adicional que
para muchos no ha sido a mi juicio valorada suficientemente
en términos de la importancia que tiene. Es decir,
no sólo está garantizado el escenario financiero
aprobado en la Cumbre de Berlín hasta el año
2006, que hasta hace poco tiempo estaba incluso en duda, sino
que tenemos garantizados los fondos suficientes para el desarrollo
de la Política Agrícola Comunitaria a los actuales
países de la Unión Europea hasta el año
2013.
El año 2013 está aquí,
a la vuelta de la esquina, y de esto tenemos que ser todos
conscientes, es decir, el año 2013 no está tan
lejos como la gente se piensa, y por lo tanto creo que tenemos
el tiempo suficiente para, sin perder el tiempo, ser capaces
de afrontar a partir de 2013 cualquier escenario que se nos
pueda plantear por parte de la nueva Unión Europea
y de las nuevas estructuras de poder que se constituyan y
gobiernen la Unión Europea. Y tenemos además
que ser capaces de todas estas políticas encardinarlas
necesariamente en un amplio espectro que es el del desarrollo
rural. Más del 80% del territorio español y
de la población española se encuentra en el
medio rural y por lo tanto todas las políticas tienen
que pasar realmente por plantear un medio rural lo suficientemente
atractivo, como decía antes, para garantizar el sostenimiento
y el mantenimiento de la población y evitar la desertificación
de importantes zonas en la geografía española,
y desde luego para conseguir que la industria agroalimentaria
sea el motor del sector primario y que esa ubicación
y esa residenciación se encardine precisamente en los
objetivos de mantenimiento de población y por tanto
en los objetivos sociales.
Todo esto por tanto exige objetivos claros,
políticas activas solidarias, exige un esfuerzo por
la optimización de los recursos públicos, y
exige indudablemente una estructura comercializadora competitiva
y estable, una estructura que sea capaz de evitar los dientes
de sierra, las oscilaciones en los distintos sectores que
no llevan sino, como muy bien sabéis todos vosotros,
a crisis cíclicas, crisis periódicas que generan
inestabilidad en el sector y por tanto dificultan su desarrollo
y su mantenimiento.
El Libro Blanco aborda todo esto y mucho más.
Aborda, de una parte, los problemas sectoriales en el marco
de las jornadas nacionales, y desde luego quiere descender
a los problemas territoriales en el territorio a través
de las jornadas autonómicas. De ahí la importancia
de celebrar jornadas en todas y cada una de las Comunidades
Autónomas, de analizar en todas y cada una de las Comunidades
Autónomas con los representantes de los sectores, con
los interlocutores, con los que vivís a pie de obra
los problemas del día a día de vuestras explotaciones,
de vuestra agricultura y de vuestra industria, de conocer
vuestras sensibilidades, y de trasladar esas sensibilidades,
esos problemas y esos planteamientos al texto definitivo del
Libro Blanco.
Por lo tanto, creo que es importante que sepáis
que la jornada de hoy no es el fin del capítulo de
Valencia en el Libro Blanco, o del capítulo de la industria
agroalimentaria valenciana y del sector primario valenciano
en el Libro Blanco, es simplemente el inicio de los trabajos
de esta parte que tienen que complementarse con vuestras aportaciones
de hoy y de los próximos días, con vuestras
valoraciones y con vuestras sugerencias.
Estamos, como muy bien ha dicho Francisco Quintana,
en una Comunidad Autónoma especialmente importante
desde el punto de vista de su producción agroalimentaria,
que a lo largo de los últimos años ha hecho
un esfuerzo inmenso por su modernización y por su vertebración
y por la vertebración de sectores, y que eso la ha
colocado en una situación dentro del contexto nacional,
preeminente o desde luego en todo caso yo creo que muy evolucionada
en relación con otros sectores y con otros tejidos
sociales agrarios de otras partes del territorio nacional.
Estamos hablando de una producción final agraria que
ha crecido en 2001 en torno al 17%, lo cual es una cifra importante;
estamos hablando, como muy bien se ha dicho, de una industria
agroalimentaria que tiene un peso específico en Valencia
muy importante, tan importante que casi el 10% de la industria
valenciana, el 10% del empleo en la industria valenciana es
el sector agroalimentario, es de la industria agroalimentaria,
y que casi el 12% de las ventas netas de la industria valenciana
son del sector agroalimentario, la industria agroalimentaria
valenciana. Hay más de 2.500 empresas agroalimentarias
en esta Comunidad Autónoma, hay más de 35.000
pequeñas y medianas empresas agroalimentarias a nivel
de España, y también en este ámbito tenemos
que apostar por una mayor competitividad de esta industria
a través de una política de concentración
y de redimensionamiento de las industrias para hacerlas cada
día más competitivas y más fuertes en
los mercados.
En definitiva, todo esto y mucho más
lo van a ver ustedes a lo largo de la jornada del día
de hoy que es una jornada densa, de importantes contenidos.
Llamo especialmente la atención hacia la mesa redonda,
la importancia de la mesa redonda en donde van a intervenir
los distintos sectores a través de sus representantes.
Y con todo esto quiero reiterar un compromiso, el compromiso
del Ministerio de Agricultura, de la Administración
del Estado y del Gobierno en no sólo ya elaborar el
Libro Blanco sino en apostar por extraer las consecuencias
del Libro Blanco en textos normativos cuanto antes.
Dos textos normativos fundamentalmente. Uno
de ellos que sea una Ley Básica de la Agricultura y
el Desarrollo Rural, que sea una norma que vertebre las relaciones
entre las Administraciones Agrarias del territorio español
y que cree los cauces permanentes de interlocución
y de relación entre las Administraciones Agrarias y
la Administración General del Estado, y que sea capaz
de coordinar evidentemente una Política Agrícola
Nacional imprescindible para garantizar la solidaridad territorial,
el equilibrio territorial y la no discriminación de
los agricultores y de los ganaderos por razón del territorio
en donde tengan sus explotaciones, con el celo absoluto, con
el respeto a las competencias de todas y cada una de las administraciones
territoriales y de todas y cada una de las Comunidades Autónomas.
Una norma básica en definitiva que, en más de
una ocasión suelo decirlo no sé si correctamente
pero así lo pienso, constituya o se forme o se erija
en una auténtica constitución del sector agrario
español y que evidentemente siente las pautas de entendimiento
futuro de lo que es evidentemente el sector agroalimentario
en España.
Y una segunda norma que renueve en profundidad
el régimen jurídico actual, el marco jurídico
en el que el sector agroalimentario hoy desarrolla sus actividades
en términos de modernidad, en términos de eliminación
de corsés, de cortapisas, de limitaciones que dificultan
evidentemente ese desarrollo, en términos de fijación
de políticas de incentivos para la creación
de riqueza, de empleo, de mano de obra estable, para la fijación
de la población en el territorio, para la modernización
evidentemente de los sistemas fiscales de transmisiones y
de sucesiones en las explotaciones agrarias, liberalizando
y facilitando la transmisión de la explotación
de padres a hijos, y, en definitiva, garantizando, insisto,
un sector estable, competitivo, dinámico y capaz de
mantener una estructura social y un tejido social que garantice
la renta de nuestros agricultores y de nuestros ganaderos
y la rentabilidad de nuestras industrias agroalimentarias.
Por mi parte, nada más. Quiero terminar
esta intervención agradeciendo, en primer lugar, a
Paco Quintana que esté aquí como amigo que es
y como permanente colaborador del Ministerio de Agricultura
y de la Subsecretaría de Agricultura, pero quiero agradecer
institucionalmente como Ministerio de Agricultura a la Generalitat
de Valencia y a la Consellería de Agricultura y a la
Consellera la colaboración que han venido realizando
para que la jornada de hoy sea una realidad, y sobre todo
y fundamentalmente la leal colaboración que entre Administraciones
se ha venido desarrollando desde hace años y que seguro
que va a seguir desarrollándose en los próximos
años. Desde luego para el Gobierno, para el Ministerio
de Agricultura, para el Ministro de Agricultura, el esfuerzo
no se escatimará para conseguir, sea cual sea el color
de la Comunidad Autónoma en la que se plantee el debate
o se plantea el debate del Libro Blanco, que esos objetivos
sean objetivos de todos y que las políticas que se
diseñen se apliquen de manera estable en el tiempo.
Muchas gracias por toda la paciencia
que han tenido. Les deseo una feliz jornada y una provechosa
jornada con los ponentes que van a intervenir, que desde luego
son magníficos ponentes con enorme conocimiento de
la realidad de la agricultura valenciana y del sector agroindustrial
valenciano. Y sin nada más que decirles, declaro inaugurada
la jornada del Libro Blanco de la Agricultura y el Desarrollo
Rural en la Comunidad Autónoma de Valencia.
Muchas gracias y buenos días.

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