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Ponencias

LA CITRICULTURA EN LA COMUNIDAD VALENCIANA. EVOLUCION TÉCNICA Y PROBLEMÁTICA ESTRUCTURAL

M. Agustí Fonfría
Dpto. Producción Vegetal, Universidad Politécnica, Valencia.

1. INTRODUCCIÓN

En España, los cítricos se cultivan en las Comunidades Autónomas de Valencia, Andalucía, Murcia y Cataluña, cuya contribución a la producción nacional es del 66%, 16%, 13% y 3%, respectivamente. Pequeñas plantaciones existen también en Baleares. El clima de estas zonas es mediterráneo cálido, con precipitaciones entre 250 y 650 mm/año, variables en cuantía anual y distribución. Los suelos son, en general, alcalinos, calizos y superficiales y sólo en al sur de la Península Ibérica se pueden encuentrar suelos profundos, ácidos y arenosos.

Fig. 1. Evolución por provincias de la superficie española destinada al cultivo de cítricos. 1992-2001
Fuente: MAPA

Durante la década de los 90, la superficie destinada al cultivo de los cítricos ha aumentado en casi todas las áreas citrícolas (Fig. 1). Solamente en las provincias de Castellón y Málaga se ha registrado un descenso significativo. Actualmente se cultivan en España 280.000 ha, de las cuales 180.00 se localizan en la Comunidad Valenciana (CV), y se producen unos 6 x 106 t, de ellos 3.6 x 106 t en la CV, y cuya distribución por especies se presenta en la figura 2. Aproximadamente 3.5 x 106 t son exportadas, mayoritariamente a países de la UE.

Fig. 2. Producción y exportación de cítricos en España. Valores para la campaña 2000-01
Fuente: CLAM

La evolución técnica del cultivo

Desde mediados del siglo XX, los puntos clave en el avance técnico de la citricultura española y que han permitido elevar sustancialmente la productividad de nuestras explotaciones pueden resumirse en la mejora sanitaria, la utilización racional de los fitorreguladores y la implantación del riego localizado y la fertirrigación.

El Plan Nacional de Mejora Sanitaria de Variedades de Agrios (PMSVA)

En 1957 se detectó en España la enfermedad de la Tristeza, una virosis que en el mundo ha provocado la muerte de 80 millones de árboles, de los que 35 millones corresponden a nuestro país. Su incidencia está ligada al modo de transmisión (injerto y pulgones) y al patrón, de modo que todas las variedades de naranjo dulce y mandarina injertadas sobre naranjo amargo (patrón mayoritario en aquellos años) sufren la enfermedad y acaban muriendo. Con el fin de detener su avance, en 1968 se prohíbe la utilización de este patrón. Por otra parte, y dado que los virus se transportan por la planta vía floema, en 1972 se inician los estudios sobre la técnica del microinjerto, basada en el injerto de ápices de tallos, tejidos en los que la diferenciación vascular todavía no ha tenido lugar y en los que, por tanto, la presencia del virus es improbable. En 1975 se establece el Plan de Saneamiento de Variedades Españolas y en 1976 el Programa de Certificación de Variedades del Ministerio de Agricultura, quedando así estructurado el PMSVA (Navarro, 1976). En 1982 se pusieron a la venta las primeras plantas certificadas exentas de virus. Finalmente, en 1983 se establece la Normativa del Programa de Cuarentena.

Las actividades del PMSVA se centran en a) el saneamiento de todas las variedades españolas de cítricos existentes y de nueva aparición, b) el saneamiento de todas las variedades importadas para su cultivo en España, c) la distribución de plantas exentas de virus, por los viveros autorizados, a través del Programa de Certificación de Variedades, y d) establecimiento de un Banco de Germoplasma (en el campo, protegido y congelado) de plantas exentas de virus (Fig. 3).

Fig. 3. Esquema del Programa Nacional de Mejora Sanitaria de Variedades de Agrios
Fuente: Adaptado de Navarro, 1976

Los resultados de PMSVA han sido espectaculares. Se han saneado todas las variedades españolas, hasta hoy, y más de 125 variedades importadas de otras citriculturas y se han distribuido más de 100 millones de árboles exentos de virus. Asimismo, todas ellas están representadas en el Banco de Germoplasma, en el que es posible estudiar sus características agronómicas. Finalmente, se ha podido determinar el patrón más adecuado para cada especie y variedad. Todo ello ha redundado en una mejora evidente de la producción y la calidad general del fruto.

La aplicación de fitorreguladores

El destino de nuestros frutos para consumo en fresco en mercados muy exigentes en calidad, ha obligado al conocimiento de la fisiología del desarrollo de estas especies con el fin de establecer técnicas de cultivo capaces de hacer compatibles elevadas producciones con una buena calidad del fruto. Y ello en condiciones minifundistas. Con la aplicación de fitorreguladores se ha conseguido controlar la floración y el desarrollo vegetativo, estimular el cuajado de variedades partenocárpicas, aumentar el tamaño del fruto, modificar su coloración y, así, ampliar la época de comercialización sin menoscabo de la calidad, el control de algunas alteraciones fisiológicas y evitar la abscisión del fruto maduro. Todo ello ha sido revisado y publicado por Agustí y Almela (1990) y El-Otmani et al. (2000).

La aplicación de ácido giberélico (hasta 25 mg l-1) durante el reposo vegetativo (noviembre-diciembre) permite reducir significativamente la floración de la primavera siguiente. Esta técnica tiene interés en aquellas variedades en las que un exceso de floración puede reducir el cuajado y la respuesta de las aplicaciones hormonales o el rayado de ramas para mejorarlo, como es el caso de las naranjas Navel y algunas Clementinas e híbridos. Se ha demostrado que reduciendo la floración en un 40-50%, que son los límites que se consiguen con el tratamiento indicado, se eleva la cosecha hasta un 100% en los casos más graves. Sin embargo, estos tratamientos se presentan poco eficaces cuando la cosecha previa ha sido muy escasa y es preciso recurrir a otras técnicas, sobre todo las relacionadas con el cuajado del fruto, para resolver el problema. Por otro lado, algunas variedades son incapaces de florecer en cuantía suficiente cuando la cosecha previa ha sido muy elevada, lo que da lugar a una baja producción y a una floración siguiente abundante que provoca la alternancia de cosechas. En estos casos se hace necesario aumentar la floración en los años en que se prevea un descenso de la misma. Aunque se avanza en el conocimiento de los factores que controlan la floración de los agrios, en la actualidad todavía no disponemos de una técnica eficaz capaz de resolver el problema de la alternancia. Ello, junto con las limitaciones citadas en la inhibición de la floración, exige seguir investigando en el proceso.

La totalidad de variedades cultivadas en España son partenocárpicas, esto es, son capaces de desarrollar frutos sin fecundación previa. Esta característica se basa en la capacidad que poseen los ovarios de la flor de sintetizar giberelinas, hormonas responsables del crecimiento inicial del fruto y, por lo tanto, del cuajado. Sin embargo, no se presenta con igual intensidad en todas ellas, de modo que algunas precisan de la aplicación de dichas sustancias para lograr que un elevado número de flores por árbol desarrollen fruto. El ácido giberélico, a una concentración de 5 mg l-1 al final de la caída de pétalos, se ha mostrado eficaz para ello. Las necesidades a este respecto de las variedades cultivadas en España se conoce con precisión y ha contribuido, sin duda, a mejorar la producción de las variedades de Clementina más importantes.

Pero la implantación de híbridos con el fin de prolongar la época de comercialización de mandarinas, ha dado lugar a la polinización cruzada entre éstos y las mandarinas Clementinas que se cultivan en parcelas próximas. El agente polinizador más importante de los cítricos son las abejas, lo que ha planteado problemas de intereses encontrados. El estudio del proceso de la fecundación con el fin de evitarlo, aún en condiciones de polinización, está siendo abordado en la actualidad.

El tamaño final del fruto es uno de los principales factores determinantes de su calidad, de modo que el consumidor está dispuesto a pagar precios más elevados por frutos de mejor tamaño. Hasta los años 80 del siglo pasado no se disponía de conocimientos suficientes ni de técnicas adecuadas para resolver este problema. Con la utilización de las auxinas de síntesis se mejora el diámetro medio de los frutos de todas las variedades, independientemente del número de ellos en desarrollo. Es decir, es posible aumentar el tamaño medio final del fruto sin su aclareo, con lo que no existe un gasto adicional del cultivo y no se reduce la cosecha que, en todo caso, aumenta. La importancia de la respuesta depende de la auxina aplicada, de la época de aplicación y de la concentración aplicada.

El control de algunas alteraciones fisiológicas que afectan a la calidad de los frutos también es posible con la aplicación de fitorreguladores. La clareta y el bufado se controlan con la aplicación de ácido giberélico al inicio de la fase de engrosamiento celular del fruto o un mes antes del cambio de color, respectivamente. Concentraciones de 10 mg l-1 se han mostrado eficaces al respecto. La aplicación conjunta de auxinas de síntesis y ácido giberélico (20 mg l-1 en ambos casos), controla eficientemente el rajado del fruto de las mandarinas e híbridos. Pero de entre las alteraciones fisiológicas, las más importantes en la citricultura española son, seguramente, las asociadas a la senescencia del fruto, ya que afectan, sobre todo, a las mandarinas Clementinas (pixat). La aplicación de 5 mg l-1 de ácido giberélico, junto con un compuesto nitrogenado, antes de que el fruto cambie de color, retarda la aparición de los síntomas. Los tratamientos conllevan un retraso de la maduración externa, lo que contribuye a prolongar el periodo de comercialización sin una incidencia grave del pixat.

La utilización de etileno en cámaras especialmente diseñadas para controlar los gases atmosféricos presentes (CO2 y O2), la tª y la HR, promueve la degradación de clorofilas y, por tanto, acelera la entrada en color del fruto (desverdización). Esta técnica ha contribuido a ampliar la campaña de comercialización porque permite adelantar la recolección de las variedades más precoces, pero precisa de buenos especialistas para su correcta aplicación, de lo contrario reduce seriamente la calidad del fruto y la duración de su vida post-cosecha.

El riego localizado

En la citricultura española es la primera vez que se cambia el tipo de riego, a manta hasta ahora y con una organización infraestructural heredada de los árabes. Las razones de la implantación del riego localizado son: 1) un mejor aprovechamiento del agua, 2) la superficie a plantar no precisa, en general, de nivelación previa, 3) permite la mecanización de labores, 4) puede controlarse la frecuencia y el caudal de riego, 5) permite utilizar aguas de conductividad eléctrica relativamente alta, y 6) su compatibilidad con el aporte de abonos líquidos o solubles facilita y mejora la fertilización (fertirrigación), al mismo tiempo que reduce sus costes.

Pero el riego localizado también presenta algunos inconvenientes, como un elevado coste de inversión y de mantenimiento y la limitación del volumen de suelo explorado por las raíces que conlleva la localización del agua.

Precisamente porque su implantación requiere de elevados costes de inversión, es por lo que la Generalitat Valenciana (GV) ha subvencionado parcialmente los mismos. Esta acción, de gran importancia, ha sido, sin embargo, desvirtuada en su aplicación.

En efecto, la implantación del riego localizado en la citricultura valenciana se entendió como medio para mejor distribuir y utilizar el agua, pero también como un paso previo o una acción directa para combatir el minifundio, problema serio como se analiza más adelante. Por ello, la subvención debió ir unida a un proyecto de reordenación y reestructuración del territorio con una idea de cultivo en común y de re-distribución y replantación varietales. No se hizo así y en la actualidad cada parcela tiene su equipo de válvulas, contador y hasta de mezcla de fertilizantes, en algún caso, para controlar su propio riego, lo que no deja de contribuir a la consolidación del minifundio. Este aspecto, sin embargo, ya ha sido rectificado y está contemplado en la Ley 8/2002 de Ordenación y Modernización de las Estructuras Agrarias de la Comunidad Valenciana (DOGV nº 4396, de 11.12.02) y por la que se establecen subvenciones de hasta el 50% de la inversión realizada en explotaciones concentradas, quedando expresamente excluidas de dichas ayudas las inversiones que se realicen en el interior de las parcelas o las solicitadas por los agricultores a título individual. Las dimensiones mínimas de la unidad de explotación concentrada no están, sin embargo, definidas, puesto que depende de la zona y el cultivo, pero sí se especifica que debe ser compatible con una utilización más racional de los medios de producción y que será la suficiente para posibilitar su viabilidad y la requerida para el fomento de su explotación en común.

En la actualidad se cifra en un 20%, aproximadamente, la superficie de cultivo de cítricos que se encuentra ya en riego localizado.

Problemática estructural

La distribución de la propiedad en la Citricultura española es claramente minifundista. Ello es particularmente relevante en la CV, cuya superficie media de las explotaciones de cítricos apenas alcanza las 3 ha de SAU , frente a las casi 12 ha SAU que alcanza la media en España. En aquellas comarcas de mayor tradición citrícola (la Plana, la Ribera, la Safor,…), la media todavía es más baja, alrededor de 1 ha SAU o inferior (Arnalte y Estruch, 1996).

Este reparto del territorio en las zonas de mayor implantación ha evolucionado paralelamente a una expansión de la superficie destinada al cultivo de los agrios basada en explotaciones más grandes y más tecnificadas. Como consecuencia de ello, desde 1970 a 1993, la superficie citrícola en la CV creció en un 38 %, pasando de 132.000 ha a 182.000 ha, al mismo tiempo que la producción media aumentó más de un 50 %, pasando de 12.8 t ha-1 a 19.5 t ha-1 (Arnalte y Estruch, 1996); en 1999 se alcanzaron las 190.000 ha y un rendimiento medio de 20.1 t ha-1, que llega a valores próximos a las 30 t/ha en parcelas en plena producción.

El 30 %, aproximadamente, del trabajo en la citricultura valenciana es asalariado, en contraste con la media nacional que apenas supera el 20 %. Pero estas medias se incrementan espectacularmente en las comarcas de mayor importancia citrícola, alcanzando valores próximos al 50 % de trabajo asalariado en comarcas como la Plana, el Camp de Morvedre y la Ribera, o incluso superiores al 60 % como en la Safor.

Organización del trabajo. Proceso productivo.

A la vista de lo expuesto, no puede extrañar que la citricultura española, y en particular la de la CV, esté basada en la externalización del proceso productivo. Las prácticas de cultivo, en el 75 % de los casos, y la recolección, en todos ellos, se lleva a cabo por agentes externos a la plantación. Ello permite, en el caso de la recolección, una mejor gestión de la mano de obra y una buena adaptación a las exigencias del mercado, y, en el caso del cultivo, mayor difusión del progreso técnico y una economía de escala sin alterar la estructura física de las explotaciones. Pero al mismo tiempo las consecuencias son una reducción de la importancia de la dimensión de las explotaciones, que favorece la intensificación del minifundismo, y un incremento de la importancia de las empresas de servicios. Aparentemente, pues, en el minifundio una parcela citrícola es una propiedad que produce una cierta renta.

En este contexto, el citricultor valenciano, entendido como tal y no como el mero propietario, contrata el 75 % del trabajo y es, a su vez, contratado, aunque sobre esto último no se tengan datos fiables. Su contratación lo es por otros citricultores y es consecuencia de la alta especialización que puede llegar a adquirir y que se exige para algunas labores, como poda, sobreinjerto, etc. Pero también es contratado para recolectar por parte de empresas de comercialización, dándose la paradoja, relativamente frecuente, de cobrar por recolectar su(s) propio(s) campo(s). Este estereotipo representa al 80 % de la población citrícola, pequeños propietarios y jornaleros a la vez, que generan como tales el 70-75 % de su renta y el 25-30 % con la venta de su producción; solamente un 5 % de esta población puede considerarse jornaleros puros, y el resto (15 %) son citricultores a tiempo completo.

Mercado de la tierra citrícola

Una característica notable de la citricultura valenciana es que la compra de parcelas no se basa, en la mayor parte de los casos, en completar explotaciones para hacerlas rentables, sino en el propio incremento del patrimonio. Por tanto, no existe una tendencia a la concentración, antes el contrario, la tierra es un bien preciado en sí mismo, tanto bajo el punto de vista económico como sentimental, y con interés de dejar en herencia por parte de los padres y de recibir y conservar por parte de los hijos. Ello contribuye, de modo decisivo, a la partición de parcelas y, por tanto, a mantener e intensificar el minifundio.
La conclusión es que desde la década de los 60 hasta finales de los 90, han aumentado alrededor de un 40 % las parcelas con menos de 1 ha de superficie en detrimento de las de superficie superior que han descendido en todos los casos y en todas las comarcas citrícolas (Arnalte y Estruch, 1996).

Las consecuencias de esta subdivisión y dispersión de explotaciones incrementan los problemas de las empresas de servicios, con el consiguiente incremento de costes que, si bien son valorados como externos a la explotación citrícola, repercuten sobre el patrimonio citrícola general.


Los costes de producción

Los ratios estructurales de las áreas frutícolas españolas indican que la CV presenta la relación más baja de SAU/explotación y de SAU/UTA (UTA: Unidad de Trabajo Anual; ?2.200 h), esto es, de superficie agrícola útil por unidad de trabajo (Barceló, 1991). Como consecuencia de ello, el margen bruto total por unidad de superficie agrícola útil se sitúa en unas 1.050 €/ha (con dinero de 1991), muy próxima a Murcia, con 960 €/ha, y a larga distancia de Cataluña, con 1.445 €/ha, y el margen bruto total por unidad de trabajo en poco más de 6 €/h, claramente superada por Murcia, 8.5 €/h, y Cataluña, 10 €/h (Barceló, 1991).

Todo ello indica unos elevados costes de producción como consecuencia de la reducida superficie media de las parcelas. En efecto, los costes por kg de fruto producido aumentan con la reducción de la superficie de las parcelas; este incremento se ha calculado próximo al 10% al comparar parcelas medias de 10 y 50 ha. De éste, uno de los factores más importante es la mano de obra que, al comparar las mismas parcelas, se incrementa en un 85% con la reducción de la superficie (Buxton y Del Campo, 1995).

Por tanto, la mecanización aparece como un factor clave en la rentabilidad de las explotaciones citrícolas. En efecto, los estudios realizados en parcelas de la CV indican una reducción del tiempo empleado en mano de obra de 285 h/ha, en parcelas no mecanizables, a 99 h/ha, en parcelas mecanizables, lo que supone una reducción de costes de 4.130 €/ha a 2.900 €/ha, respectivamente (Juste et al., 1998; Fig. 4). En la CV sólo el 26% de las explotaciones de naranja son mecanizables y esta cifra se reduce hasta el 16% para las de mandarinos.

Fig. 4. Influencia de la mecanizacion sobre los costes de cultivo del naranjo dulce ‘Navelina’
Fuente : Juste et al., 1998

La comparación de nuestros costes de producción con los de otras citriculturas indica que son los más altos (0.24 €/kg, con dinero de 1995), superando incluso a California (0.21 €/kg) (Buxton y Del Campo, 1995). Sin embargo, nuestra mano de obra no es la más cara, siendo superada por la de EEUU (California y Florida), con un nivel de vida superior. parece aquí otro punto clave derivado del minifundio y que explica este desajuste; nuestro rendimiento productivo es el más bajo de todas las citriculturas comparadas, con 30 t/ha en nuestras explotaciones en plena producción, frente a Egipto, Florida o Marruecos, que alcanzan las 35 t/ha (Buxton y Del Campo, 1995).

2. FUNCIONALIDAD DEL MODELO ESTRUCTURAL DE LA CITRICULTURA ESPAÑOLA

Sin embargo, el modelo actual de la citricultura española ha conseguido, bajo el punto de vista económico, reducir los costes sociales y aumentar, al mismo tiempo, la eficiencia económica. Lo primero es ajeno a la citricultura y ha sido consecuencia del desarrollo económico del país; lo segundo se debe a la externalización del sistema de cultivo instaurado. Bajo el punto de vista social, la amplia distribución de la propiedad junto con el generalizado estereotipo del jornalero-pequeño propietario, hace posible la práctica ausencia de conflictos sociales, a lo que hay que añadir el mantenimiento de los valores rurales en amplias capas de la sociedad.

Pero existen serios desajustes a este modelo estructural de la citricultura española (Barceló, 1991). En primer lugar, una reducción de incentivos a la innovación tecnológica que se demanda, subsanada en parte en los últimos años con ayudas oficiales a la replantación con patrones tolerantes a la tristeza, a la instalación de riego localizado, etc. En segundo lugar, cambios en la dotación de factores y en la demanda y distribución del producto. En efecto, el trabajo es abundante y con ello la asalarización creciente, lo que, a su vez, es reclamo de inmigrantes, con los problemas que todo ello acarrea. Además, la creciente demanda de productos de gran calidad y estandarizados exige una mayor implicación del agricultor en su producción y venta que el modelo sólo contempla de modo general en lo segundo.

Finalmente, la elevada interacción medioambiental que al cultivo de cítricos se le imputa exige de un mayor control en el uso del agua, en las dosis y tipos de fertilizantes utilizados, en los tratamientos con fitosanitarios, etc.
En definitiva, actualmente se dan las condiciones para promover, de un lado, innovaciones capaces de ahorrar trabajo y, de otro, la formación y empleo de técnicas de trabajo más eficaces.

Un modo de avanzar en este sentido lo constituye el modelo del cooperativismo, pero enriquecido con ideas avanzadas que complementen la mera gestión de venta sustituta del comercio tradicional y primen adecuadamente la calidad frente a la cantidad. Sólo en algunos casos se prima la calidad individual, pero no vigilada por el agricultor, ni en su producción ni en su evaluación, y en ausencia de una estrategia de calidad global de la cooperativa basada en el control del cultivo, en la distribución varietal de la producción, el calendario de recolección, etc. Es dudoso, por tanto, que con el modelo actual de cooperativismo que se tiene en la citricultura de la CV se pueda rentabilizar adecuadamente el valor añadido de calidad + estandarización. Y si no es así, se favorece la estructura del modelo actual. La idea de un cultivo cooperativo como primera fase de un modelo empresarial que tiene en la venta de los frutos, también cooperativa, su segunda fase complementaria, emerge para su estudio como una de las soluciones a los problemas derivados del minifundio citrícola.

3. CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL MINIFUNDIO CITRÍCOLA ESPAÑOL

Las causas de la implantación del minifundio en la citricultura española son, por tanto, de origen económico y social. La elevada densidad de población de las zonas citrícolas ha desarrollado un intenso sentimiento de apego a la tierra, por su escasez y por las expectativas justificadas de plusvalía del suelo, en un área cuya demanda del mismo por el sector Industrial y de Servicios es creciente. Por otra parte, en estas comarcas el trabajo es más abundante que la tierra y aunque el desarrollo económico llegó tarde, la industria empleó mano de obra destinada inicialmente al campo. La crisis económica de la década de los 70 promovió un reflujo de personal al sector agrario que se erigió en responsable del desarrollo citrícola actual. El posterior despegue económico de España en los años 80, dejó una citricultura renovada, tecnificada, de fácil atención por la accesibilidad de sus propietarios en distancia y tiempo desde el lugar de su empleo principal, pero minifundista y con unos requerimientos específicos de especialización difícilmente exigibles a quienes sólo la pueden atender a tiempo parcial.

Son muchos, por tanto, los problemas que plantea una estructura agraria de este tipo si, además, se trata de un cultivo que requiere de buenos conocimientos técnicos y posee una gran trascendencia social. Los aspectos negativos que el minifundio conlleva, bajo un punto de vista económico, están básicamente relacionados con la rentabilidad del cultivo en su doble faceta de costes y producción; los primeros aumentan por la mala ordenación de movimientos y las dificultades de mecanización, la segunda ve dificultada la obtención de calidad que mejore los precios. Los aspectos negativos más destacables, bajo el punto de vista agronómico, son las dificultades de producción por la inadecuación de los marcos de plantación, la transmisión de enfermedades y efectos indeseables por la proximidad de las parcelas y las dificultades de innovación.

Pero no todo son aspectos negativos. Así, el carácter dual de la población jornaleros-propietarios, con la estabilidad social que ello comporta, la rápida adaptación a las exigencias varietales del mercado y la especialización que se ha impuesto para hacer compatibles cosechas elevadas y alta calidad, son algunos de los aspectos positivos del minifundio citrícola.

4. IDEAS PARA UNA SOLUCIÓN

La solución a los problemas que plantea el minifundio en la citricultura española se basa en la mejora de la eficiencia productiva y de la calidad del fruto y en la mejora de la estructura de las explotaciones (Honrubia et al., 1986). La primera a corto plazo, la segunda a corto y medio plazos.

La eficiencia productiva y de la calidad del fruto depende, en gran medida, de los criterios de plantación. Estos deben contemplar una distribución varietal acorde no sólo con las exigencias del mercado, sino con las características propias del área de cultivo para rentabilizar al máximo aquello que no se puede modificar ni transferir, el clima. Por otra parte, la formación continuada de los profesionales de la citricultura y la capacitación técnica del agricultor mejorarán la producción y la calidad del fruto. Y finalmente el apoyo a la Investigación, la manera más inteligente de mejorar haciendo compatibles producciones elevadas con alta calidad.

La mejora de la estructura de las explotaciones debe basarse en cuatro grandes pilares:

1) la concentración parcelaria o el arrendamiento de fincas, con el fin de crear unidades básicas de cultivo, de superficie media rentable, mecanizables y altamente tecnificadas;

2) nuevas plantaciones de dimensiones y características similares a las anteriores;

3) mejora de la formación técnica de capataces y agricultores para cultivar y gestionar las plantaciones que se proponen;

4) potenciar la agrupación de agricultores con incentivos institucionales económicos y sociales.

La reparcelación no es una utopía, sino más bien un procedimiento deseable. Su implantación debería ser diseñada a través de un proceso regulado, tanto bajo el punto de vista técnico como económico y social. Pero es posible y no demasiado difícil si se consigue convencer al agricultor de que con la participación de sus tierras aporta unidades de producción, pero no pierde su propiedad ni la comparte, sólo contribuye a una explotación más rentable. Son muchos los beneficios que de ello derivarían, tanto agronómicos como económicos, aunque no estaría exento de problemas, en todo caso resolubles e incapaces de justificar el abandono de la idea de reparcelación.

En conclusión, la actual situación minifundista debería ser reconducida a corto plazo iniciando un plan de reparcelación fruto del convencimiento del agricultor y apoyado por todos los estamentos sociales, económicos y políticos del país. Esta sería la base para acceder, a medio plazo, a un plan de reestructuración del sector productivo citrícola. Esta reestructuración debería abordar aspectos sociales, con un nuevo orden en la distribución del trabajo agrícola y del territorio, económicos, con desgravaciones fiscales, ayudas institucionales o créditos blandos para la puesta en marcha, mercantiles, para la creación de las nuevas sociedades y su ordenamiento jurídico, y de ingeniería, con la reordenación de infraestructuras, reestructuración varietal, replantación, mecanización y ordenación del territorio y del cultivo. Algunos de estos aspectos son decisivamente apoyados en la citada Ley 8/2002 de la GV.

Cuadro 1. Adaptación a los nuevos conceptos de calidad de los frutos
  • Reunir las propiedades adecuadas para satisfacer el gusto
    del consumidor con un producto saludable
  • Satisfacer los requerimientos sanitarios de los alimentos con
    especial atención a los requisitos fitosanitarios
  • Valores nutritivos: edad de la población
  • Uso respetuoso con el medio ambiente
  • Honestidad, integridad y autenticidad en la información
Producción Integrada
Trazabilidad

5. NUEVOS RETOS

La Citricultura española se enfrenta a nuevos retos en los próximos años, fundamentalmente derivados del nuevo concepto de calidad de los frutos (Cuadro 1). Este exige de dos procesos básicos que deberán ser desarrollados en profundidad: la producción integrada y la trazabilidad del producto que se comercializa. Ello conlleva al concepto de calidad total y seguimiento de la misma.

Paralelamente a ello es necesaria la formación de los citricultores. Es imposible transmitir adecuadamente la información, cada vez mayor y más especializada, sin una formación previa del productor. Algunos aspectos clave, como la utilización de los fitorreguladores (ver más arriba), los problemas derivados de la utilización masiva de un solo patrón (el 82% de las nuevas plantaciones de cítricos tienen los citranges como patrón), la utilización adecuada de los herbicidas, la fertilización como práctica cultural basada en el conocimiento del contenido en elementos minerales en las hojas (análisis foliares) y su disponibilidad en el suelo (análisis de suelo), la oportunidad de los tratamientos plaguicidas, hormonales o nutricionales como factor decisivo de su eficacia, la aplicación indiscriminada e infundada de algunas sustancias,... constituyen algunos ejemplos que exigen una buena formación del citricultor. Los esfuerzos de la Consellería de Agricultura, Federación de Cooperativas, Universidad y Centros de Investigación está siendo fructífera, pero es necesario persistir y hasta ampliar dicha formación a las capas más jóvenes de la población rural.

Finalmente, la citricultura española del futuro será lo que la Investigación avance. Sin ella no es posible progresar. Son necesarias mayores inversiones públicas y, sobre todo, convencer a las empresas del sector para que se impliquen en el proceso. Su aporte a la Investigación es decisiva en los países más desarrollados y en los campos más prometedores. Es indispensable disponer de Centros y Departamentos especializados y en colaboración, de buenos equipos humanos de investigadores y de infraestructura moderna y eficaz para abordar con éxito el futuro, pero es necesario contar con el apoyo convencido del sector empresarial para avanzar con éxito.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Agustí, M. y Almela, V. 1990. Aplicación de fitorreguladores en citricultura. Ed. AEDOS, Barcelona, España.

El-Otmani, M, Coggins, Ch.W., Jr., Agustí, M. y Lovatt, C.J. 2000. Plant Growth regulators in Citriculture: World current uses. Crit. Review Plant Sci., 19: 395-447.

Arnalte, E. y Estruch, V. 1996. El sistema de producción en la citricultura valenciana. Convengo L’Agrumicoltura Spagnola e Italiana in Europa, Rende, 1996.

Barceló, L.V. 1991. Liberalización, ajuste y reestructuración de la Agricultura española. MAPA, Serie Estudios, Madrid, España.

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Navarro, L. 1976. The Citrus variety improvement program in Spain. Proc. 7th Conf. Int. Organ. Citrus Virol., 10CV. Riverside, 198-203.

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