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Muy buenas tardes señoras, señores.
Yo quiero en primer lugar agradecer a todos ustedes
el haber asistido probablemente al lanzamiento del proyecto
más importante, que en esta Legislatura el Gobierno
del Partido Popular quiere poner en marcha.
Al principio de la actual Legislatura,
hace casi dos años, tuve la ocasión de
intervenir ante la Comisión de Agricultura del
Congreso de los Diputados y de exponer las líneas
generales de la Política Agraria para el período
2000-2004. Manifestamos, en aquel momento, que era intención
del Gobierno poner en marcha la Ley de Pesca, la Ley
de Sanidad Vegetal, la primera ya convertida en un texto,
publicado en el Boletín; la segunda, hoy ya en
el Congreso de los Diputados; la Ley de Sanidad Animal,
cuyo Proyecto de Ley se ha concluido y se repartirá
para observaciones la próxima semana; la Ley
Reguladora del Vino, que dentro de un par de meses estará
en el Congreso de Diputados y el Plan Nacional de Regadíos,
que esperemos aprobar dentro del próximo mes
de marzo.
Han sido dos años muy intensos
de legislatura en que hemos tenido que desarrollar estos
cinco grandes proyectos, que ya están felizmente
en fase de conclusión y, gestionar alguna de
las crisis alimentarias más importantes que ha
atravesado nuestro país en su historia. Pero
concluido ese período, el programa electoral
del Partido Popular tenía un último reto:
El Libro Blanco de la Agricultura y el Desarrollo Rural.
El Libro Blanco, en el que partiendo de un diagnóstico
riguroso de la situación actual, queremos diseñar
las estrategias y propuestas de cambio para adaptar
las políticas agrarias y rurales a los desafíos
y retos de las próximas décadas.
Es cierto que este trabajo se lanza formalmente hoy,
pero que existen ya muchos trabajos internos que se
han venido realizando y que van a constituir el soporte
de algunos de los contenidos del Libro Blanco.
Yo quiero agradecer trabajos previos,
que han realizado las cooperativas españolas,
el profesor Sumpsi, Benjamín García Sanz,
Luis Ruiz Maya, y sobre todo mi buen amigo D. Alberto
Ballarín, que lleva incansablemente aportando
ideas a la elaboración de este Libro Blanco;
ideas que muchas se van a plasmar en textos legislativos
de futuro.
Por tanto, hay mucho trabajo realizado,
pero ahora es cuando empezamos en serio con calendario,
con objetivos, con grupos estructurados, que habrán
visto ustedes en el folleto, con participación
de todas las Comunidades Autónomas, para poner
encima de la mesa sus propias especificidades los trabajos
de este Libro Blanco.
Con la máxima brevedad, destacaré
algunos de los desafíos y retos, que me parecen
hoy más relevantes.
- En primer lugar, las actuales tendencias
de la economía mundial y el predominio, aunque
no absoluto de las leyes de mercado apuntan, bajo
la denominación de globalización, a
una liberalización y mayor apertura en los
intercambios comerciales, sobre todo en materia de
productos agrarios. Este es un hecho que no cabe desconocer
y ésta es una liberalización que va
a conducir a una progresiva revisión de las
políticas agrarias, que se practican en los
países desarrollados y desde luego en el seno
de la Unión Europea.
Las reformas de la P.A.C. de los años 1992
y 2000 han dado los primeros pasos para adaptar a
estas tendencias, y en el futuro derivado de los acuerdos
internacionales en la Organización Mundial
del Comercio cabe esperar nuevas e importantes adaptaciones.
- Por otra parte, una cuestión
que va a impregnar las futuras políticas agrarias
es el nuevo concepto de desarrollo sostenible, que
reclama especial atención a la gestión
de los recursos naturales no renovables y que arroja
algunas sombras sobre ciertos modelos de producción
intensiva.
Con mayor o con menor justificación, los problemas
ambientales ligados a la agricultura están
entre las grandes preocupaciones de la opinión
pública europea, y han de estar cada vez más
presentes en las orientaciones de la P.A.C. y de todas
las políticas comunes.
- Pero además, el imparable progreso
científico es otro de los grandes desafíos
de futuro, cuya punta de lanza para la agricultura
es la biotecnología, la innovación tecnológica
y la generación de nuevos alimentos, de acuerdo
con las exigencias de calidad y salubridad, que hoy
demandan los consumidores.
- Por último, y sin agotar la
enumeración de estos retos y desafíos,
quiero mencionar una cuestión que me parece
decisiva en las próximas décadas y es
que los gobiernos han de esforzarse para establecer
condiciones que hagan posible la igualdad de oportunidades
en el acceso de hombres, mujeres y jóvenes
rurales al empleo y al disfrute del proceso técnico
y social en condiciones similares al resto de los
ciudadanos. Ello nos lleva directamente al objetivo
de la cohesión y de un desarrollo equilibrado,
tanto en términos sectoriales, como territoriales.
Estas líneas de tendencia refuerzan
algunas de las funciones inherentes en la agricultura
productiva y renuevan otras contribuciones que el sector
agrario del medio rural realizan para el conjunto de
la sociedad; demandas sociales, que se concretan en
producir alimentos sanos y de calidad, competir eficientemente
en los mercados internos y externos, gestionar de forma
sostenible los recursos naturales, que se utilizan en
los procesos productivos, conservando el suelo y la
calidad de las aguas, y producir bienes no directamente
remunerados por el mercado, tales como la ocupación
equilibrada del territorio, la preservación del
paisaje rural y el mantenimiento de los espacios naturales
y de la biodiversidad.
Y esto que acabo de señalar no
es más que el modelo europeo de agricultura multifuncional,
que dentro del marco comunitario hemos de procurar llenar
de contenidos específicos para que nuestra agricultura
y nuestro medio rural no pierdan su señas de
identidad, tanto empresariales, como sociales, y territoriales.
Se trata, por tanto, de establecer las
bases dentro del modelo común europeo para una
política agraria propia, que partiendo de un
análisis y diagnóstico sistemático
de la situación actual establezcan las estrategias
básicas para promover la evolución del
sector agroalimentario y el desarrollo del medio rural,
proponiendo un programa de actuaciones y de reformas
razonablemente consensuadas.
Para ello, no sólo han de cambiar
las políticas; han de cambiar también
los modos de hacerlas. En un sector como el agrario
en el que el éxito de las políticas depende
en gran medida de las decisiones individuales de cientos
de miles de agricultores, es necesario buscar fórmulas
participativas que garanticen que las medidas de gobierno
responden a criterios económicos y de mercado
correctos, cuenten con la mayor aceptación social
posible y tengan en cuenta todas las consideraciones
sociológicas, jurídicas y territoriales
que, a veces y con intereses contrapuestos, están
presenten en una agricultura y en un espacio rural tan
diverso como es del territorio español.
Quiero decir con ello que en la medida
que un Libro Blanco debe ser fruto de una reflexión
colectiva nacida de un amplio debate social, es necesario
que el análisis y las propuestas sobre la situación
agraria y rural han de ser tareas, en las que además
de participar las Administraciones Públicas y
las organizaciones agrarias y rurales, ha de procurarse
la colaboración multidisciplinar de juristas,
expertos, medios académicos y de todos quienes
puedan y quieran hacer aportaciones útiles.
Se trata, por lo tanto, de que el Libro
Blanco sea la expresión de lo que la sociedad
española quiere de y para su agricultura. Cuando
en España se habla de cuestiones agrarias y rurales
y, especialmente cuando se trata de formular opciones
políticas propias y adecuadas tanto a la situación
general de la agricultura española, como a las
particularidades de cada región, es inevitable
referirse al modelo de Organización del Estado
y al consiguiente orden competencial que, a pesar de
que sus límites jurídicos resultan imprecisos,
no impiden sin embargo, la existencia de una política
agraria nacional.
En el diseño de estas políticas,
tanto el Estado como las Comunidades Autónomas
tienen un espacio político propio, ya que las
competencias de uno y de otras concurren en las tareas
comunes derivadas de la ordenación y planificación
económica, por un lado, y del fomento y desarrollo
agrario rural o del deseable equilibrio territorial,
por otro.
Las particularidades regionales, obviamente,
han de ser respetadas, pero también hay que garantizar
la coordinación, de aquello que el sistema agrario
y rural español tienen de común.
Estoy seguro de que esta iniciativa de
elaborar un Libro Blanco no tendrá resistencia
ni recelos en los ámbitos autonómicos.
Las intensas relaciones institucionales que se vienen
manteniendo con las Administraciones Agrarias Regionales
y la continua toma de decisiones compartidas son la
mejor prueba de que si se establecen los mecanismos
adecuados de coordinación y cooperación
es posible la articulación de políticas
agrarias nacionales y autonómicas propias, cuya
formulación no es un problema competencial, ni
de falta de los márgenes que permite la Política
Agraria Común.
Un Libro Blanco cuyas propuestas y estrategias
de cambios y orientaciones para la agricultura y el
medio rural, estén debidamente concertadas, no
solamente respetará el modelo autonómico,
sino que contribuirá a consolidarlo y reforzarlo.
No quisiera terminar esta intervención
sin hacer algún comentario sobre el alcance y
contenido del Libro Blanco.
Como ha dicho el buen amigo Alberto Ballarín
se acude a la técnica del Libro Blanco cuando
se quiere justificar, por medio de un profundo análisis
científico y político, un cambio legislativo
importante, que conlleva nuevos principios informadores
del sistema, derogando al anterior por su desajuste
con la realidad.
El Libro Blanco obviamente no tiene carácter
normativo. Se trata de un documento que, por un lado,
describe ordenada y sistemáticamente la situación
actual, analiza los problemas de la agricultura y el
medio rural, y ha de estudiar la evolución deseable
del sector para que los parámetros de competitividad,
sostenibilidad y multifuncionalidad alcancen en el siglo
XXI la convergencia con la agricultura de otros países
del entorno. Pero el Libro Blanco tiene que incorporar
las propuestas y recomendaciones, que se consideren
necesarias para favorecer el paso de la agricultura
que tenemos hasta la agricultura que queremos y podemos
tener.
Como ustedes ven, la complejidad y la
diversidad de los temas que deben tratarse en el Libro
Blanco aconsejan dividir los trabajos en bloques temáticos,
ya que con ellos se facilitará la participación
y su estudio multidisciplinar.
A este propósito responde precisamente
este acto, que tiene dos finalidades. En primer lugar,
anunciar y abrir un ambicioso programa de actividades
para el estudio de los grandes temas que van a influir
en nuestro futuro agrario y rural; y, en segundo lugar,
y probablemente sea lo más importante, convocar
a todos los estamentos a participar con sus aportaciones
en los trabajos y en los debates.
Estoy seguro que la respuesta a esta
convocatoria será amplia y generosa porque todos
compartimos el objetivo último de tener una nueva
y mejor agricultura y un medio rural más prospero.
A todos los convocados nos corresponde
la responsabilidad de debatir y de hacer propuestas
para que el sector agroalimentario y el mundo rural
se adapten a las nuevas demandas sociales y refuercen
su contribución al bienestar general de nuestro
país.
Soy consciente de que esta tarea, como
toda reflexión colectiva, no es fácil
de llevar a cabo, pero también estoy convencido
de que es posible, y sobre todo que el esfuerzo y la
colaboración que a todos se pide merece la pena.
Yo, desde luego, voy a empeñar
todos los medios personales y materiales del Ministerio
de Agricultura, Pesca y Alimentación en impulsar
esta tarea. Pero esta tarea ni será posible,
ni se tendrá éxito si todos no se integran
en la misma: Organizaciones profesionales agrarias,
que tienen una enorme responsabilidad, más allá
de la reivindicación cotidiana el plantear las
ideas de futuro; Comunidades Autónomas que tienen
que coordinarse entre sí y con el Gobierno de
la nación para definir políticas coherentes
desde la perspectiva de un equilibrio integral del territorio;
Universidad, aportando lo mejor de nuestro saber científico;
la sociedad entera y los propios agricultores.
Hemos querido configurar una Web, una
dirección en internet para que toda la sociedad
pueda participar, incluso a nivel de aportación
intelectual individual. Y todas las aportaciones serán
consideradas. Va a ser un ejercicio largo. Se puede
hacer un Libro Blanco de laboratorio, se hace en 15
días, se encarga a alguien
no es éste
el propósito de este Libro Blanco. Este Libro
Blanco quiere ser el crisol de todas las ideas que flotan
en la sociedad española, racionalizadas, integradas,
coordinadas, y definirán importantes reformas
legislativas.
Es propósito del Gobierno concluir
el Libro Blanco en los plazos previstos, de manera que
todo el año 2003 podamos dedicarlo al desarrollo
parlamentario de sus propuestas, a la concreción
normativa de las mismas. Y cumplir a lo largo de esta
legislatura todos y cada uno de los puntos del programa
electoral, con el que nos presentamos a las anteriores
elecciones.
Yo creo que eso es lo que deben hacer
los políticos: hacer ofertas electorales, cumplirlas
enteramente y en su momento presentarse ante los ciudadanos
para que les renueven la confianza o se la retiren.
Muchas gracias a todos y desde luego
mi ruego de una participación intensa en este
gran reto que tiene la agricultura española.
Muchas gracias.
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