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1 DE MARZO DE 2002

EXCELENTÍSIMO SR. D. MIGUEL ARIAS CAÑETE, MINISTRO DE AGRICULTURA, PESCA Y ALIMENTACIÓN

La clausura de la Jornada de Presentación se realizó con las siguientes palabras del Exmo Sr. Ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, D. Miguel Arias Cañete:

Muy buenas tardes señoras, señores. Yo quiero en primer lugar agradecer a todos ustedes el haber asistido probablemente al lanzamiento del proyecto más importante, que en esta Legislatura el Gobierno del Partido Popular quiere poner en marcha.

Al principio de la actual Legislatura, hace casi dos años, tuve la ocasión de intervenir ante la Comisión de Agricultura del Congreso de los Diputados y de exponer las líneas generales de la Política Agraria para el período 2000-2004. Manifestamos, en aquel momento, que era intención del Gobierno poner en marcha la Ley de Pesca, la Ley de Sanidad Vegetal, la primera ya convertida en un texto, publicado en el Boletín; la segunda, hoy ya en el Congreso de los Diputados; la Ley de Sanidad Animal, cuyo Proyecto de Ley se ha concluido y se repartirá para observaciones la próxima semana; la Ley Reguladora del Vino, que dentro de un par de meses estará en el Congreso de Diputados y el Plan Nacional de Regadíos, que esperemos aprobar dentro del próximo mes de marzo.

Han sido dos años muy intensos de legislatura en que hemos tenido que desarrollar estos cinco grandes proyectos, que ya están felizmente en fase de conclusión y, gestionar alguna de las crisis alimentarias más importantes que ha atravesado nuestro país en su historia. Pero concluido ese período, el programa electoral del Partido Popular tenía un último reto: El Libro Blanco de la Agricultura y el Desarrollo Rural. El Libro Blanco, en el que partiendo de un diagnóstico riguroso de la situación actual, queremos diseñar las estrategias y propuestas de cambio para adaptar las políticas agrarias y rurales a los desafíos y retos de las próximas décadas.
Es cierto que este trabajo se lanza formalmente hoy, pero que existen ya muchos trabajos internos que se han venido realizando y que van a constituir el soporte de algunos de los contenidos del Libro Blanco.

Yo quiero agradecer trabajos previos, que han realizado las cooperativas españolas, el profesor Sumpsi, Benjamín García Sanz, Luis Ruiz Maya, y sobre todo mi buen amigo D. Alberto Ballarín, que lleva incansablemente aportando ideas a la elaboración de este Libro Blanco; ideas que muchas se van a plasmar en textos legislativos de futuro.

Por tanto, hay mucho trabajo realizado, pero ahora es cuando empezamos en serio con calendario, con objetivos, con grupos estructurados, que habrán visto ustedes en el folleto, con participación de todas las Comunidades Autónomas, para poner encima de la mesa sus propias especificidades los trabajos de este Libro Blanco.

Con la máxima brevedad, destacaré algunos de los desafíos y retos, que me parecen hoy más relevantes.

  • En primer lugar, las actuales tendencias de la economía mundial y el predominio, aunque no absoluto de las leyes de mercado apuntan, bajo la denominación de globalización, a una liberalización y mayor apertura en los intercambios comerciales, sobre todo en materia de productos agrarios. Este es un hecho que no cabe desconocer y ésta es una liberalización que va a conducir a una progresiva revisión de las políticas agrarias, que se practican en los países desarrollados y desde luego en el seno de la Unión Europea.

    Las reformas de la P.A.C. de los años 1992 y 2000 han dado los primeros pasos para adaptar a estas tendencias, y en el futuro derivado de los acuerdos internacionales en la Organización Mundial del Comercio cabe esperar nuevas e importantes adaptaciones.

  • Por otra parte, una cuestión que va a impregnar las futuras políticas agrarias es el nuevo concepto de desarrollo sostenible, que reclama especial atención a la gestión de los recursos naturales no renovables y que arroja algunas sombras sobre ciertos modelos de producción intensiva.

    Con mayor o con menor justificación, los problemas ambientales ligados a la agricultura están entre las grandes preocupaciones de la opinión pública europea, y han de estar cada vez más presentes en las orientaciones de la P.A.C. y de todas las políticas comunes.

  • Pero además, el imparable progreso científico es otro de los grandes desafíos de futuro, cuya punta de lanza para la agricultura es la biotecnología, la innovación tecnológica y la generación de nuevos alimentos, de acuerdo con las exigencias de calidad y salubridad, que hoy demandan los consumidores.

  • Por último, y sin agotar la enumeración de estos retos y desafíos, quiero mencionar una cuestión que me parece decisiva en las próximas décadas y es que los gobiernos han de esforzarse para establecer condiciones que hagan posible la igualdad de oportunidades en el acceso de hombres, mujeres y jóvenes rurales al empleo y al disfrute del proceso técnico y social en condiciones similares al resto de los ciudadanos. Ello nos lleva directamente al objetivo de la cohesión y de un desarrollo equilibrado, tanto en términos sectoriales, como territoriales.

Estas líneas de tendencia refuerzan algunas de las funciones inherentes en la agricultura productiva y renuevan otras contribuciones que el sector agrario del medio rural realizan para el conjunto de la sociedad; demandas sociales, que se concretan en producir alimentos sanos y de calidad, competir eficientemente en los mercados internos y externos, gestionar de forma sostenible los recursos naturales, que se utilizan en los procesos productivos, conservando el suelo y la calidad de las aguas, y producir bienes no directamente remunerados por el mercado, tales como la ocupación equilibrada del territorio, la preservación del paisaje rural y el mantenimiento de los espacios naturales y de la biodiversidad.

Y esto que acabo de señalar no es más que el modelo europeo de agricultura multifuncional, que dentro del marco comunitario hemos de procurar llenar de contenidos específicos para que nuestra agricultura y nuestro medio rural no pierdan su señas de identidad, tanto empresariales, como sociales, y territoriales.

Se trata, por tanto, de establecer las bases dentro del modelo común europeo para una política agraria propia, que partiendo de un análisis y diagnóstico sistemático de la situación actual establezcan las estrategias básicas para promover la evolución del sector agroalimentario y el desarrollo del medio rural, proponiendo un programa de actuaciones y de reformas razonablemente consensuadas.

Para ello, no sólo han de cambiar las políticas; han de cambiar también los modos de hacerlas. En un sector como el agrario en el que el éxito de las políticas depende en gran medida de las decisiones individuales de cientos de miles de agricultores, es necesario buscar fórmulas participativas que garanticen que las medidas de gobierno responden a criterios económicos y de mercado correctos, cuenten con la mayor aceptación social posible y tengan en cuenta todas las consideraciones sociológicas, jurídicas y territoriales que, a veces y con intereses contrapuestos, están presenten en una agricultura y en un espacio rural tan diverso como es del territorio español.

Quiero decir con ello que en la medida que un Libro Blanco debe ser fruto de una reflexión colectiva nacida de un amplio debate social, es necesario que el análisis y las propuestas sobre la situación agraria y rural han de ser tareas, en las que además de participar las Administraciones Públicas y las organizaciones agrarias y rurales, ha de procurarse la colaboración multidisciplinar de juristas, expertos, medios académicos y de todos quienes puedan y quieran hacer aportaciones útiles.

Se trata, por lo tanto, de que el Libro Blanco sea la expresión de lo que la sociedad española quiere de y para su agricultura. Cuando en España se habla de cuestiones agrarias y rurales y, especialmente cuando se trata de formular opciones políticas propias y adecuadas tanto a la situación general de la agricultura española, como a las particularidades de cada región, es inevitable referirse al modelo de Organización del Estado y al consiguiente orden competencial que, a pesar de que sus límites jurídicos resultan imprecisos, no impiden sin embargo, la existencia de una política agraria nacional.

En el diseño de estas políticas, tanto el Estado como las Comunidades Autónomas tienen un espacio político propio, ya que las competencias de uno y de otras concurren en las tareas comunes derivadas de la ordenación y planificación económica, por un lado, y del fomento y desarrollo agrario rural o del deseable equilibrio territorial, por otro.

Las particularidades regionales, obviamente, han de ser respetadas, pero también hay que garantizar la coordinación, de aquello que el sistema agrario y rural español tienen de común.

Estoy seguro de que esta iniciativa de elaborar un Libro Blanco no tendrá resistencia ni recelos en los ámbitos autonómicos. Las intensas relaciones institucionales que se vienen manteniendo con las Administraciones Agrarias Regionales y la continua toma de decisiones compartidas son la mejor prueba de que si se establecen los mecanismos adecuados de coordinación y cooperación es posible la articulación de políticas agrarias nacionales y autonómicas propias, cuya formulación no es un problema competencial, ni de falta de los márgenes que permite la Política Agraria Común.

Un Libro Blanco cuyas propuestas y estrategias de cambios y orientaciones para la agricultura y el medio rural, estén debidamente concertadas, no solamente respetará el modelo autonómico, sino que contribuirá a consolidarlo y reforzarlo.

No quisiera terminar esta intervención sin hacer algún comentario sobre el alcance y contenido del Libro Blanco.

Como ha dicho el buen amigo Alberto Ballarín se acude a la técnica del Libro Blanco cuando se quiere justificar, por medio de un profundo análisis científico y político, un cambio legislativo importante, que conlleva nuevos principios informadores del sistema, derogando al anterior por su desajuste con la realidad.

El Libro Blanco obviamente no tiene carácter normativo. Se trata de un documento que, por un lado, describe ordenada y sistemáticamente la situación actual, analiza los problemas de la agricultura y el medio rural, y ha de estudiar la evolución deseable del sector para que los parámetros de competitividad, sostenibilidad y multifuncionalidad alcancen en el siglo XXI la convergencia con la agricultura de otros países del entorno. Pero el Libro Blanco tiene que incorporar las propuestas y recomendaciones, que se consideren necesarias para favorecer el paso de la agricultura que tenemos hasta la agricultura que queremos y podemos tener.

Como ustedes ven, la complejidad y la diversidad de los temas que deben tratarse en el Libro Blanco aconsejan dividir los trabajos en bloques temáticos, ya que con ellos se facilitará la participación y su estudio multidisciplinar.

A este propósito responde precisamente este acto, que tiene dos finalidades. En primer lugar, anunciar y abrir un ambicioso programa de actividades para el estudio de los grandes temas que van a influir en nuestro futuro agrario y rural; y, en segundo lugar, y probablemente sea lo más importante, convocar a todos los estamentos a participar con sus aportaciones en los trabajos y en los debates.

Estoy seguro que la respuesta a esta convocatoria será amplia y generosa porque todos compartimos el objetivo último de tener una nueva y mejor agricultura y un medio rural más prospero.

A todos los convocados nos corresponde la responsabilidad de debatir y de hacer propuestas para que el sector agroalimentario y el mundo rural se adapten a las nuevas demandas sociales y refuercen su contribución al bienestar general de nuestro país.

Soy consciente de que esta tarea, como toda reflexión colectiva, no es fácil de llevar a cabo, pero también estoy convencido de que es posible, y sobre todo que el esfuerzo y la colaboración que a todos se pide merece la pena.

Yo, desde luego, voy a empeñar todos los medios personales y materiales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en impulsar esta tarea. Pero esta tarea ni será posible, ni se tendrá éxito si todos no se integran en la misma: Organizaciones profesionales agrarias, que tienen una enorme responsabilidad, más allá de la reivindicación cotidiana el plantear las ideas de futuro; Comunidades Autónomas que tienen que coordinarse entre sí y con el Gobierno de la nación para definir políticas coherentes desde la perspectiva de un equilibrio integral del territorio; Universidad, aportando lo mejor de nuestro saber científico; la sociedad entera y los propios agricultores.

Hemos querido configurar una Web, una dirección en internet para que toda la sociedad pueda participar, incluso a nivel de aportación intelectual individual. Y todas las aportaciones serán consideradas. Va a ser un ejercicio largo. Se puede hacer un Libro Blanco de laboratorio, se hace en 15 días, se encarga a alguien… no es éste el propósito de este Libro Blanco. Este Libro Blanco quiere ser el crisol de todas las ideas que flotan en la sociedad española, racionalizadas, integradas, coordinadas, y definirán importantes reformas legislativas.

Es propósito del Gobierno concluir el Libro Blanco en los plazos previstos, de manera que todo el año 2003 podamos dedicarlo al desarrollo parlamentario de sus propuestas, a la concreción normativa de las mismas. Y cumplir a lo largo de esta legislatura todos y cada uno de los puntos del programa electoral, con el que nos presentamos a las anteriores elecciones.

Yo creo que eso es lo que deben hacer los políticos: hacer ofertas electorales, cumplirlas enteramente y en su momento presentarse ante los ciudadanos para que les renueven la confianza o se la retiren.

Muchas gracias a todos y desde luego mi ruego de una participación intensa en este gran reto que tiene la agricultura española.

Muchas gracias.


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