|
CONFERENCIA
MAGISTRAL DEL
PROF. RAMÓN TAMAMES
"Los retos
de la Agricultura y el Desarrollo Rural"
Casino de Madrid, 1
de marzo de 2002

Descargar
Pdf de la conferencia completa (29 Kb)
Ver
síntesis de la conferencia
INTERVENCIÓN PROFESOR
D. RAMÓN TAMAMES
Muchos saludos a todos en esta hora en que
estamos entre los buenos días y las buenas tardes.
Y sean mis primeras palabras para agradecer
al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación
por este honor que me hacen de participar en este acto, ayudando,
como ha dicho el Subsecretario Lamela, a dar el pistoletazo
o la señal de salida del Libro Blanco de la Agricultura
Española.
Dice uno de nuestros agraristas más
conocidos y más trabajadores, Alberto Ballarín,
que la "lex agraria" de los Graco, dos siglos antes
de Cristo, planteaba ya la primera reforma agraria conocida.
Y que en esa línea, en el siglo XVIII,
la "Ley agraria", cuyo expediente organiza, informa
Jovellanos, es una muestra de planteamiento global para atacar
los problemas de fondo de una estructura agraria, que se había
quedado obsoleta. Como en el caso de Roma se trataba de brindar
al campesinado español nuevas posibilidades para desarrollar
una agricultura al nivel de los tiempos en que ya se estaba
produciendo la Revolución Industrial.
Saben ustedes perfectamente que aquellos estorbos
que Jovellanos quería resolver eran los baldíos
en exceso, las tierras concejiles insuficientemente explotadas,
las heredades abiertas a la usurpación con base en
los privilegios de la Mesta, la amortización civil
eclesiástica, la gran superficie de tierras al margen
del mercado en manos de los manos muertas, los obstáculos
a la libre circulación de los productos de la tierra,
y finalmente el exceso de cargas tributarias.
Todo esto tiene una resonancia. Una resonancia
de problemas, que ya son fundamentalmente históricos,
pero algunos de los cuales todavía andan en el, digamos,
ambiente de nuestra agricultura.
También, en línea con lo que
ha dicho el Subsecretario de que ésta es una reforma
integral, un planteamiento de una reforma integral, no en
el sentido de la idea del viejo problema de la Reforma de
la propiedad, sino de la reforma global, habría que
rendir también tributo a quienes en el año 1931
plantearon una reforma razonable, la Comisión Técnica
de la Reforma Agraria de la República, el gran agrarista
Pascual Carrión, el gran economista Antonio Flores
de Lemus y el gran jurista Clemente de Diego. Ellos plantearon
la reforma posible. Los avatares políticos de la República,
primero, y de la Guerra Civil hicieron imposible que esa racionalidad
saliera adelante.
Hoy naturalmente estamos ante un panorama completamente
distinto. Pero igual que hace muchos siglos con los Graco
para evitar que una sociedad como la romana perdiera las virtudes
de la República por el exceso del latifundismo y por
otros muchos problemas sociales. Igual que en nuestra transición
de la Ilustración al Liberalismo, igual que en la República
y en la Guerra, hoy en España tenemos que hacer también
una respuesta a un reto, que es la transformación del
mundo agrario, del mundo rural, de toda la estructura de nuestra
agricultura para ponernos al nivel de los tiempos.
Y ese nivel de los tiempos para nosotros, ya
antes de 1986, cuando ingresamos en la Comunidad Económica
Europea, en el EURATOM, en la CECA, en lo que entonces llamábamos
comunidades, luego llamada Comunidad y luego Unión
Europea, esa Política Agraria Común es la que
está siendo reformada de manera prácticamente
continua para irse adaptando a los nuevos tiempos, que hoy
podemos sintetizar en una sola palabra, que es globalización.
Recordarán ustedes la excelsa figura
de Sicco Mansholt, seguramente el más impresionante
de los Comisarios de Agricultura que ha tenido la Comunidad.
Cuando en Stresa de 1960 establece las bases de la Política
Agrícola Común, cuando en 1968 plantea su célebre
Plan Mansholt de modernización, que no es atendido,
desgraciadamente una ocasión frustrada, y después
las sucesivas reformas de la P.A.C., pasando por las dos últimas
de 1992 y de 1999; evidentemente, la globalización
impone estas reformas. La necesidad de competir, de aumentar
la productividad, de mejorar la vida de los agricultores,
y de todos los que viven en el medio rural; nos obliga también
en España a un cambio fundamental que es precisamente
lo que se pretende con el Libro Blanco y los textos legales
que de él se deriven.
Se puede decir que la reforma de 1992 permitió
una reducción de los excedentes, que pesaban como un
lastre en toda la financiación, que perjudicaban a
los países menos desarrollados en sus frágiles
agriculturas. También hizo posible un acercamiento
de los precios comunitarios a los mundiales y permitió
un repunte considerable de la renta agraria media en Europa
comunitaria. Asimismo con los programas LEADER se inició
un avance en lo que conocemos como el Desarrollo Rural del
mundo rural, planteándose alguno principios básicos
en la discutida Conferencia de Cork en 1995.
Se puede decir que, sin embargo, esa reforma
como casi todo no es la solución definitiva de nada,
y que ya al final de los años 90 repuntaban los excedentes
y surgían las crisis, por lo que se ha llamado el impulso
productivista de la P.A.C. Las vacas locas, las dioxinas,
la fiebre aftosa y toda una serie de problemas que fueron
entrando en la sensibilidad medioambiental de una sociedad
que hoy se plantea una agricultura sostenible como uno de
los principios básicos de la misma.
Así, la segunda reforma que nos ocupa
ahora, la de 1999, la incluida en la Agenda 2000 para su posterior
desarrollo, marcó una nueva tendencia en el tema presupuestario,
tuvo en cuenta la necesidad de enfrentarse al problema de
la ampliación y significó también la
reforma de políticas comunitarias concretas en toda
una serie de sectores de la producción agrícola.
Las medidas de acompañamiento de la
P.A.C., la forestación de tierras agrarias, el cese
anticipado en la actividad agraria para promover el rejuvenecimiento
de la población, especialmente de los jefes de explotación,
las medidas destinadas a las zonas rurales para la diversificación
de sus actividades, los programas concretos de instalación
de agricultores jóvenes, las mejoras en la comercialización,
la ecocondicionalidad y la modulación, la atención
cada vez mayor a la industria agroalimentaria y a los problemas
de sanidad y de seguridad, esos son los aspectos, la forma
en que se ha ido atendiendo a los retos de la década
de 1990 para entrar ya en el siglo XXI y en el tercer milenio.
Ahí tenemos, también, el contexto
internacional. Los que estuvimos en Seattle en diciembre de
1999, vimos como fracasaba una iniciativa para empezar una
ronda nueva de negociaciones. "Todo libre menos las armas"
fue el eslogan que siguió después de Seattle
para tratar como una mercancía más los productos
agrícolas. En Qatar este principio se ha hecho ya consagrada
de cara a las negociaciones que ya están virtualmente
abiertas, y sin embargo, no podemos en Europa aceptar el principio
de que la agricultura sea un sector más y que hay que
tratarlo como las industrias que no están a la intemperie.
No podemos caer, y lo dije hace un par de años en un
foro muy similar a este, no podemos caer en el simplismo de
aceptar para Europa lo que fueron las Leyes de Peel de 1846
para Inglaterra. En ese momento histórico el premier
británico Robert Peel, aceptó que, para proseguir
en la revolución industrial y mantener la política
de "pan barato" para los obreros, era necesario
abrir todo el sistema británico al cereal norteamericano
y a otros productos de ultramar. El resultado fue un cambio
total de la estructura agrícola de Inglaterra en un
momento en que la alimentación representaba más
del 60% de la renta consumida por los ciudadanos.
Hoy estamos en un panorama completamente distinto.
La agricultura no se concibe como un mero sistema productivo,
es algo más. Es la vida del campo, la conservación
del paisaje, el medio ambiente, los agricultores son los guardianes
del ambiente y todo eso es respetado ya por los ciudadanos,
que además los urbanitas, sabemos perfectamente que
ya no están en un 60% de su renta para el consumo de
alimentos, incluso en España mucho más por entonces,
sino que ha caído ya del 20%, con una renta que es
por lo menos 10 veces, si se pueden comparar, en tan largo
periodo de tiempo, la que había a mediados del siglo
XIX.
Por lo tanto, no se puede caer en la simplicidad
de aceptar un desmantelamiento de un modelo agrario que ha
significado tanto para el progreso de la agricultura para
luchar contra la vulnerabilidad del arma, del que se presenta
con una agricultura débil, frente al alma alimentaria
de grandes potencias y también para hacer posible el
criterio de sostenibilidad en todo lo que representa el mundo
de la agricultura y el mundo rural.
Yo creo que el programa del Libro Blanco, que
se irá esbozando progresivamente, pero que ya el Subsecretario
ha hecho una exposición de sus objetivos, esas jornadas
técnicas, a mí me parecen que están bien
planteadas, que todos los problemas que allí se van
a estudiar son precisamente aquellos que se necesitan conocer
con un cierto detalle y una cierta acuracidad para intervenir:
Las estructuras agrarias, el cooperativismo, el mundo rural,
el régimen jurídico, la industria agroalimentaria,
el seguro agrario, los aspectos ambientales, el relevo generacional
y la fiscalidad. Todo eso son elementos importantes y en esas
sesiones se obtendrá una información solamente
comparable a la que precisamente procesó, empleando
una palabra muy de hoy, Gaspar Melchor de Jovellanos, cuando
durante varios años tramitó el informe de la
Ley Agraria. Ciertamente en una nueva era estadística
muy distinta y con un marco legal que anunció el Ministro
de Agricultura hace ya casi dos años, al tomar posesión
de su cargo, que son las celebres Leyes de acompañamiento
de la Reforma.
En otras palabras, una nueva agricultura como
la que se quiere diseñar para España, necesita
de una nueva Ley de sanidad vegetal, de una Ley de sanidad
animal, de una Ley de alimentación para asegurar todo
lo que los consumidores esperan de las autoridades, un proyecto
de Estatuto de la viña y el vino, un Libro Blanco,
en definitiva, de la Agricultura, del que se deriven dos leyes
básicas como son la del Régimen Jurídico
de la Propiedad Agraria y la Ley básica de la agricultura
y el desarrollo rural. Me parece que estas dos Leyes son especialmente
importantes porque en ellas se resumen las actuaciones principales
en la estructura actual.
Yo creo que en algunos informes del Ministerio
de Agricultura se ha planteado un excesivo optimismo al ver
los resultados del último censo agrario. A mí
me parecen frustrantes. Que todavía estemos con dimensiones
medias de explotaciones no muy superiores a las 20 hectáreas,
cuando en Francia están por encima de las 40 y en el
Reino Unido todavía más. Y me parece que son
frustantes, también, por el hecho de que no ha habido
una política de incentivo, como la que se ha planteado
por muchas entidades, por grupos que han recuperado el ilustre
nombre de Jovellanos, por ejemplo, para proponer un régimen
societario para el campo fundamentalmente, estímulos
a las concentración de propiedades, en vez de plantearse,
como de hecho está sucediendo, que la modulación
venga a significar, si un día se instala en España,
un fraccionamiento nuevo; y, que tengamos que instrumentar
más allá en el tiempo nuevos sistemas de concentración
parcelaria, de concentración de explotaciones, etc.
Por lo tanto, la Ley de Régimen Jurídico
de la Propiedad Agraria, para suprimir los estorbos a todo
lo que es una idea de explotación agraria racional
con dimensión, que aproveche los estímulos de
la Política Agrícola Común, pero no como
un instrumento de agregar rentas simplemente, sino como un
instrumento de transformación profunda en temas como
la dimensión, la funcionalidad, la productividad, la
rentabilidad y todo lo demás. Como también,
la segunda ley que se va a derivar directamente del Libro
Blanco de la Agricultura y el Desarrollo Rural, la referente
a las relaciones entre las Administraciones y también
en relación con la Comunidad Europea y con las Comunidades
Autónomas, también se ha dicho, antes, exige
ese "pacto de la agricultura" para hacer posible
que funcionen todos los elementos, todas las piezas con mucha
mayor fluidez, con una Administración que hace lo posible
en la mayoría de los casos, pero que todavía
en otros muchos sigue siendo una traba con sus retrasos, con
sus burocracias, con sus sistemas de no tener en cuenta todavía
la gran sensibilidad que hay en los agricultores, sobre todo
en los pequeños, para buscar nuevas formas de organización,
entre ellas los sistemas de interprofesionales, de OPAS, de
cooperativismo y otros.
Creo que ese Libro Blanco va a ser muy positivo,
va a ser una especie de examen que nos vamos hacer nosotros
mismos a lo largo de todo un año para llegar a conclusiones
operativas y proceder en consecuencia.
Expresamente me pedía Miguel Afán
que no le mencionara, pero inevitablemente yo creo que tengo
que mencionarle, porque muchas de las cosas que vamos a discutir
o que estamos discutiendo se resumen en ese decálogo,
que con algunos retoques, adiciones, etc., sintetizan muchos
de los problemas de nuestra agricultura. Es decir, debemos
mantener la cohesión social para hacer posible que
se vayan reduciendo las diferencias entre regiones y Estado.
Me parece que también hay mucho optimismo
en el Ministerio de Agricultura cuando se dice que, efectivamente
es verdad, hemos mejorado en percepción de compensaciones
por parte de la Comunidad, hemos recuperado una gran parte
de nuestra cuota en términos franceses, nos acercamos
a Francia y somos el segundo país, pero también
se reconocen en los trabajos del Ministerio de Agricultura,
que por individuo activo en la agricultura, estamos todavía
muy lejanos de lo que sucede en otros países.
En segundo lugar, hay que evitar el peligro
de la renacionalización de la P.A.C. La renacionalización
de la P.A.C., llevaría a un desmantelamiento de la
misma en un plazo que todavía no puede preverse y que,
afortunadamente, no tenemos por qué prever. Ahí
los países más ricos tendrían la posibilidad
de primar, de compensar si se quiere, a sus agricultores de
forma mucho más generosa y se crearían de nuevo
discriminaciones insoportables para la libre circulación
de los productos agrícolas. La racionalización
de la P.A.C. es una decisión que hay que combatir por
todos los medios.
Debe apostarse, tercer punto, por una P.A.C.
más sostenible. La agricultura de conservación,
sobre la cual el Instituto de Cuestiones Agrarias y Medioambientales
ha producido ya un extenso informe que se presentó
precisamente en el Congreso Mundial de Agricultura de Conservación
de octubre del año pasado. Todo eso hace la agricultura
más sostenible, como también hay que pensar
que la sostenibilidad está asociada íntimamente
con las nuevas formas y avances de la biotecnología;
porque solamente empleando a fondo la biotecnología,
con las cautelas que sean necesarias, pero no con las innecesarias,
se podrá conseguir que con menos tierra se produzca
más producto, valga la redundancia, y en mejores condiciones
ambientales.
Cuarto punto, la seguridad alimentaria y la
calidad de los productos en todo el territorio comunitario,
aprovechar a fondo las posibilidades de la nueva Autoridad
Europea de Seguridad Alimentaria, respetar los criterios únicos
que se fijan para todos los países de la Unión
Europea. Esa es la respuesta que el mundo del campo tiene
que dar inevitablemente a los consumidores.
Quinto tema, reafirmar los principios de la
agricultura europea sobre la base de la multifuncionalidad,
que refleja, precisamente lo que decía al principio
de esta intervención cuando manifestaba que realmente
estamos ante un sector que va más allá de la
producción, garantiza la continuidad del soporte de
nuestras vidas.
Hoy ya el factor tierra en la producción,
en el sistema productivo, no es un soporte de actividades
inmobiliarias o simplemente productivas, es el mantenimiento,
la conservación en las mejores condiciones posibles,
del pedazo de biosfera que ha correspondido.
Seis, garantizar que España siga siendo
perceptora de Fondos Estructurales y de Cohesión tras
la ampliación. La ampliación no tiene por qué
significar que países como España que tienen
un desarrollo agrario medido por toda una serie de mecanismos
inferiores a otros países deje de percibir esos fondos.
Como tampoco debe suceder eso, lo digo de pasada, en el caso
de las infraestructuras. Sobre un nivel 100 de media en la
Comunidad Europea, países como Luxemburgo, Bélgica,
etc., tienen un nivel 300 de infraestructuras. Nuestra cuota
de infraestructuras, a pesar de los grandes progresos que
se han hecho en los últimos tiempos, está simplemente
en 78, prácticamente al nivel de nuestra renta per
cápita, y las infraestructuras son fundamentales también
para todo lo que supone el desarrollo agrario moderno.
Es la hora de pensar en todo esto y pensar
que la convención europea que se ha inaugurado en el
día de ayer, bajo la presidencia del antiguo Presidente
de la República Francesa Valéry Giscard d'Estaing,
es un momento único para pensar también en que
no hay por qué mantenerse rígidamente en los
cuatro puntos que se fijaron para el trabajo de la Convención.
El propio Presidente de la misma ha dicho que estamos ante
un acto fundacional y ha recordado Filadelfia 1787 cuando,
observando a distancia, con todas las distancias que se quiera,
empezaron a constituirse los Estados Unidos de Europa. Yo
pienso, como Víctor Hugo, que no vamos a tener seguramente,
en una generación, unos Estados Unidos de Europa, pero
sí tenemos que tener una Unión Europea mucho
más fuerte, mucho más sólida, y todo
eso es posible cuando se ha conquistado la moneda única
sobre la que hace todavía 10 años no creían
ni siquiera los gobernadores de los Bancos Centrales.
El punto siete es la competitividad de nuestras
explotaciones. Y ahí sí que hay que hacer un
esfuerzo extraordinario en cierto modo nos hemos conformado
con mayor renta para el sector a través de los mecanismos
comunitarios, pero los problemas de fondo, ahí están
todavía. El dimensionamiento apropiado de las explotaciones,
el 85% de ellas no llegan ni siquiera a 10 hectáreas;
en muchos casos son meras ficciones; la ordenación
de los recursos hídricos; la mejora de las infraestructuras
agrarias de uso colectivo; la eliminación de los obstáculos
al uso de la biotecnología, a la que me refería
antes, todavía los transgénicos se consideran
como un mal, en contra de lo que realmente son globalmente,
que es la única manera de dar alimentación a
un mundo que sigue creciendo de forma exponencial; el desarrollo
de una política fiscal que incentive la inversión
y la viabilidad de las explotaciones; temas como algunos inputs
entre ellos el gasóleo profesional o los seguros agrarios,
que como ha dicho el Ministro Arias Cañete, puede ser
una forma, con la póliza de seguros integral, de facilitar,
dentro de las tres célebres cajas, en la caja verde,
una serie de compensaciones a los agricultores.
El punto ocho, apoyo de la Administración
para un desarrollo sostenible integrado en el medio rural,
con infraestructuras de comunicaciones, etc. Que no se haga
la transformación de las zonas rurales simplemente
en función de las necesidades de los urbanitas en sus
nomadismos temporales a lo largo del año. Que sea también,
teniendo en cuenta las necesidades de este mundo rural que
como dice Benjamín García, es algo muy distinto
del pasado. Yo incluso, apostillaría sus observaciones
diciendo que esa osmosis entre el mundo rural y el mundo urbano
hace que las ideas del agricultor como lobo estepario o de
los pueblos agrícolas como aldeas perdidas sea ya algo
del pasado.
El desarrollo rural tiene también importancia
para conseguir toda una serie de mejoras que permitan acercarse
entre sí los niveles agrarios de las Comunidades Autónomas
de las diversas Comunidades Autónomas.
En definitiva, queridos amigos, y con esto
termino, creo que estamos ante una ocasión única,
y si realmente el Libro Blanco es el resultado de esfuerzos,
de conocimiento, de comprensión, de búsqueda
de soluciones a nuestros problemas, España no será
simplemente lo que algunas veces se ha dicho, en frase manida,
la huerta de Europa o la California del Mediterráneo.
Será también un potente país agrario
en muchas de sus manifestaciones, con un territorio mucho
mejor ordenado, unas serranías mejor reforestadas,
sistemas para la lucha contra la erosión y la desertificación
y el planteamiento de unas relaciones entre las Comunidades
Autónomas que hagan vivificar todavía más
nuestras relaciones con la Comunidad Europea.
Para mí es un honor, como he dicho al
principio, participar en el lanzamiento de un proyecto así,
que nos pone otra vez ante la frontera de nuestras nuevas
posibilidades, en lo que es la más antigua de las actividades
del hombre, una agricultura al servicio precisamente de la
humanidad.
Nada más y muchas gracias.

|