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Ponencias
AGRICULTURA
SOSTENIBLE PARA SATISFACER
EL RETO MEDIOAMBIENTAL DE LA PRODUCCIÓN AGRÍCOLA
Rafael M. Jiménez Díaz
Catedrático de Patología Vegetal, Escuela Técnica
Superior de Ingenieros Agrónomos y de Montes, Universidad
de Córdoba;
e Instituto de Agricultura Sostenible, Consejo Superior de
Investigaciones Científicas
- INTRODUCCIÓN
- CONCEPTO DE AGRICULTURA
SOSTENIBLE
- PUESTA EN PRÁCTICA
DE LA AGRICULTURA SOSTENIBLE
- SANIDAD VEGETAL Y CALIDAD
MEDIOAMBIENTAL
- CONCLUSIONES

1. INTRODUCCIÓN
Es un honor y un placer para mí intervenir
como Ponente en esta Jornada Temática sobre "Aspectos
Medioambientales de la Agricultura".
Es innegable la sensibilización social respecto de
las agresiones que se han producido sobre el medio ambiente,
como consecuencia de las actividades agrarias, industriales
y comerciales contemporáneas.
En particular, es notable la reacción
de la opinión pública a los problemas que
ha originado a las comunidades rurales y urbanas, la intensificación
de la producción agrícola que tuvo lugar en
los países industrializados del hemisferio Norte
después de la 2° Guerra Mundial, a fin de hacer
frente a la demanda de alimentos de la población.
Ejemplos de dichos problemas son la erosión del suelo
agrícola, el agotamiento de los recursos hídricos,
el empobrecimiento de la diversidad biológica, la
contaminación ambiental y de los alimentos, la despoblación
de las comunidades rurales, etc.
Sin embargo, es conveniente valorar que dicha
intensificación, basada en mejoras tecnológicas
en el material vegetal y en las prácticas agrícolas,
ha permitido por otra parte satisfacer la demanda de cereales
de la población mundial sin necesidad de un incremento
significativo en la superficie de cultivo. En este sentido,
los avances en la productividad agrícola conllevan
para la agricultura la consideración de culpa por
perjuicios medioambientales asociables con su éxito.
No obstante, la producción agrícola
todavía tiene que hacer frente a retos significativos
en términos estructurales y globales, como consecuencia
del incremento de la población mundial, que se estima
alcance los 8.000 millones de habitantes en el año
2020.
En un análisis reciente de las perspectivas globales
de disponibilidad de alimentos en el siglo XXI, Per Pinstrup-Andersen,
Director General del Instituto de Investigación sobre
Política Alimentaria Internacional en Washington,
refiere un incremento estimado del 40% en la demanda global
de cereales tubérculos y raíces en el año
2020 respecto de la del año 1993, incremento que
procederá fundamentalmente de países en desarrollo
y en particular de áreas urbanas. Según Pinstrup-Andersen,
el aumento en superficie de cultivo contribuirá en
menos del 20% al incremento global de producción
necesario de dichos cultivos, de manera que satisfacer el
incremento en la demanda de sus productos dependerá
básicamente de mejoras en los rendimientos.
En el análisis referido, Pinstrup-Andersen
concluye que el incremento en los rendimientos de los cultivos
en los países en desarrollo no será suficiente
para satisfacer el aumento en la demanda de alimentos en
ellos, con lo que dicho déficit habrá de ser
satisfecho mediante exportaciones desde países desarrollados.
Para hacer frente a este reto de mejora de rendimientos
y satisfacer el incremento en la demanda de alimentos de
la población, la agricultura actual y futura debe
introducir modificaciones en sus estrategias y prácticas
a fin de evitar los impactos negativos sobre los recursos
naturales y calidad medioambiental que tuvieron lugar en
el pasado. Esto es, es necesario un nuevo concepto de agricultura,
capaz de armonizar el incremento de la producción
de alimentos y fibras con el aprovechamiento racional, equilibrado
y económico de los recursos naturales y la calidad
del medio ambiente. Esta nueva agricultura es la que se
ha denominado Agricultura Sostenible.
2. CONCEPTO DE AGRICULTURA SOSTENIBLE
Formalmente, la Agricultura Sostenible puede
ser ubicada entre la agricultura productivista y la denominada
agricultura ecológica, y puede definirse como "un
sistema integrado de prácticas de producción
agrícola, cuya aplicación es dependiente de
los ambientes o localidades, que a largo plazo pueda satisfacer
las necesidades de alimentos y fibras de la población
mediante la utilización eficiente de insumos y tecnologías
agrarias, sin comprometer la conservación de los
recursos naturales, la calidad del medio ambiente y la competitividad
de los productos en precios y calidades que requiere el
comercio internacional".
En esta forma de definir el concepto, merece
ser destacadas, por su significación, las cautelas
o limitaciones que se imponen a la producción: i.e.,
Conservación, Viabilidad Económica y Eficiencia
Tecnológica.
Esta nueva agricultura, la Agricultura Sostenible,
es de la más inmediata actualidad por la importancia
de los escenarios económico, social y medioambiental
en que se ha determinado la necesidad de su puesta en práctica.
De hecho, durante los últimos años raro ha
sido el documento de significación en materia de
política agraria o medioambiental, nacional o internacional,
que no ha incluído referencias a la Agricultura Sostenible.
Así, esta agricultura ha sido sucesivamente referida
en el informe Bruntland elaborado por la Comisión
Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo en 1988;
en el V Programa Marco en Materia de Medio Ambiente de la
Unión Europea en 1993; en la Declaración de
Cork de la Conferencia Europea sobre Desarrollo Rural de
1996; y en la "Farm Bill" de los EEUU en 1996.
Además, el desarrollo de los conocimientos científicos
y técnicas necesarios para el establecimiento de
sistemas de producción y explotación agrícola
nuevos y sostenibles, fue virtualmente el único ámbito
priorizado en materia agrícola en el V Programa Marco
de Investigación de la Unión Europea.
La Agricultura Sostenible debe ser concebida
como resultado de la evolución constante en las formas
de producción agrícola hacia sistemas que
constituyan una mejora respecto de los disponibles actualmente.
Durante los últimos 100 años, la agricultura
ha evolucionado con rapidez a través de una "edad
de la mecanización" hasta la actual basada en
la utilización extensa de productos químicos.
El siguiente paso en esta evolución es hacia una
agricultura que se basará más en el manejo
inteligente de los procesos biológicos y en la utilización
de recursos renovables.
De hecho, uno de los efectos más
deseados de la práctica de la Agricultura Sostenible
es el desarrollo de sistemas biológicos eficientes,
que mantengan la capacidad de alto rendimiento mediante
el menor uso de recursos no renovables y menor dependencia
de insumos externos. La transición entre estas dos
formas de agricultura, la actual y la deseada, no es simple
y requerirá nuevos y mejores conocimientos de los
procesos biológicos que reemplacen el empirismo y
la rutina y faciliten una utilización más
eficiente de los insumos y tecnologías agrícolas.
3. PUESTA EN PRÁCTICA
DE LA AGRICULTURA SOSTENIBLE
A pesar de la actualidad en las referencias
a la Agricultura Sostenible, éste no es un concepto
de novedad inmediata; por el contrario, hace años
que se viene insistiendo sobre la necesidad de su puesta
en práctica, en relación con la conservación
de los recursos naturales para su uso por las generaciones
futuras. De hecho, una de las primeras definiciones de Agricultura
Sostenible fue elaborada hace más de 20 años
por el Comité Técnico Asesor (TAC) del Grupo
Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional
(GCIAR), que es el órgano coordinador de la red de
centros internacionales de investigación agraria
(e.g., CIMMYT, CIP, ICARDA, ICRISAT, IRRI, etc
).
Sin embargo, a pesar de que el concepto de
Agricultura Sostenible es claro, suficientemente conocido,
y de oportunidad más que justificada, todavía
no ha sido puesto en práctica en la extensión
y frecuencia que son necesarias. Posiblemente, esta aparente
inconsistencia es debida, al menos en parte, a la dificultad
inherente de la práctica de esta nueva agricultura.
La Agricultura Sostenible se concibe como un sistema integrado
de producción, de aplicación ambiente- (localidad)-
específica. Por lo tanto, su puesta en práctica
lleva consigo modificaciones en los procedimientos utilizados
para la producción agrícola en la actualidad,
a fin de evitar o disminuir los impactos negativos sobre
el medio ambiente y los recursos naturales antes señalados.
Las modificaciones específicas que
deben ser introducidas en los sistemas de producción
agrícola con vistas a la sostenibilidad pueden ser
diversas y varían según las características
de las zonas de producción. No obstante, existen
algunos principios generales o estrategias que pueden ayudar
para dicha puesta en práctica de la Agricultura Sostenible
incluyendo: a) la elección de especies y variedades
de plantas mejor adaptadas a las condiciones y lugares de
producción; b) la diversificación de cultivos,
incluyendo la ganadería, así como de prácticas
culturales, con objeto de mejorar la calidad biológica
y económica de la explotación; c) el manejo
adecuado del agua y del suelo para asegurar su conservación
y mejorar su calidad; y d) el uso eficiente de los insumos.
Aún así, es necesario señalar que la
aplicación directa y generalizada de dichas estrategias
no está exenta de dificultades. A fin de ilustrar
la naturaleza de tales dificultades, permítanme comentar
brevemente algunos de los aspectos que caracterizan la aplicación
de las estrategias que he referido antes.
Respecto de la elección de especies
y variedades de plantas; sin duda, la utilización
de las mejor adaptadas a los ambientes de producción,
y resistentes a estreses bióticos y abióticos,
contribuye a incrementar la estabilidad y eficiencia del
sistema productivo, y con ello a su sostenibilidad. Sin
embargo, es cuestionable que las variedades mejoradas genéticamente
para adecuarlas a la agricultura productivista, puedan ser
directamente utilizables en el marco que define la Agricultura
Sostenible. En definitiva, puesto que cada agricultura delimita
el patrón de variedades adecuadas para ella, habrán
de ser nuevas las variedades capaces de responder eficientemente
a las modificaciones en las estrategias de cultivo, que
han de ser introducidas en los sistemas de producción
para la Agricultura Sostenible. Además, para algunos
cultivos, a esta circunstancia puede unirse la necesidad
de superar el estancamiento que se ha producido en la mejora
genética de los rendimientos.
La diversificación de cultivos y de
prácticas culturales son estrategias deseables en
la Agricultura Sostenible, porque confieren elasticidad
biológica y económica al sistema agrícola.
Así, la producción de una diversidad de cultivos
permite distribuir los riesgos económicos de una
explotación y ser menos sensible a las fluctuaciones
que puedan tener lugar en los precios de los productos agrícolas.
De igual manera, desde los puntos de vista agronómico
y biológico la práctica de rotaciones de cultivos
anuales contribuye a mejorar la sanidad del sistema radical
de la planta así como a la eficiencia de sus funciones,
y ha sido uno de los elementos clave en la sostenibilidad
de agriculturas tradicionales.
Sin embargo, la utilización extensa
de estrategias de diversificación es fuertemente
limitada por una serie de factores, entre los que son de
destacar: a) la escasa disponibilidad de cultivos alternativos;
b) el insuficiente interés económico que puedan
tener éstos; c) el conocimiento insuficiente de la
influencia que tienen los ambientes mediterráneos
fluctuantes sobre la reproducibilidad de los efectos beneficiosos
de las rotaciones de cultivos; y d) el conocimiento insuficiente
sobre los cambios en la biología del suelo que originan
la secuencia de cultivos en las rotaciones.
La disponibilidad de agua y de suelos fértiles
ha sido clave para la prosperidad de las diversas agriculturas
a lo largo de la historia de la humanidad. El agua es el
principal recurso que ha ayudado a prosperar a la agricultura,
y ha sido un factor limitante de primer orden cuando se
ha utilizado inadecuadamente. En cuanto al suelo, a sus
componentes de productividad y estabilidad ha de sumarse
el de sanidad. Los suelos libres de los principales agentes
nocivos producen cultivos más eficientes en la utilización
de insumos y son menos susceptibles a otros estreses bióticos
y abióticos. Ambos, agua y suelo, son factores frágiles
desde el punto de vista de la Sostenibilidad Agrícola
y por lo tanto deben ser protegidos para su conservación
y deben ser utilizados eficientemente.
Determinadas prácticas de cultivo
contribuyen a proteger y mejorar la productividad del suelo,
así como el manejo sostenible del agua. Entre las
primeras cabe señalar: a) la reducción o eliminación
del laboreo; b) el manejo del riego para reducir el arrastre
del suelo; c) el mantenimiento de cubiertas vegetales o
de restos de cosechas sobre el suelo; d) la adición
de materia orgánica mediante compost, estiércol,
o enterrados en verde etc
Similarmente, entre las prácticas
que contribuyen al manejo sostenible del agua son de destacar:
a) la mejora de los medios de conservación; b) la
utilización de especies y cultivares de plantas tolerantes
a la sequía; c) los sistemas de riego suplementario,
o de volúmenes reducidos de riego; d) la manipulación
de los cultivos para reducir pérdidas de agua por
evaporación y/o escorrentía, etc
Además,
un elemento de primera importancia en la Agricultura Sostenible
es la calidad del agua, y en particular por lo que concierne
a la salinización y contaminación por agroquímicos.
La salinización ha constituido un problema donde
quiera que aguas incluso con escaso contenido salino se
han utilizado para regar suelos pocos profundos, en regiones
áridas y/o donde la capa freática está
próxima a la zona radical de la planta.
No obstante, para la aplicación eficiente
de dichas prácticas es necesario en unos casos mejorar
o incrementar los conocimientos de que disponemos; p. ej.,
modelizar la demanda hídrica de los cultivos según
los componentes del sistema agrícola y el desarrollo
productivo de aquéllos; y en otros, comprender mejor
las implicaciones que pueden tener las modificaciones introducidas
para implementar la Agricultura Sostenible sobre otros aspectos
de la producción agrícola. Así, por
ejemplo, la práctica de no-laboreo o de laboreo mínimo,
que da lugar al mantenimiento prolongado de restos de cosecha
sobre el suelo, puede tener implicaciones importantes sobre
la sanidad del cultivo subsiguiente. Este hecho sirve como
ejemplo de la interdependencia de factores y estrategias
en la producción agrícola, y señala
la necesidad de comprender su desarrollo y valorar sus consecuencias
para que la toma de decisiones en la gestión del
sistema de producción se base en el conocimiento
científico y técnico.
Por ejemplo, en mi experiencia, éste
es el caso con la Rabia del garbanzo, una enfermedad de
etiología fúngica que devasta este cultivo
en Andalucía, Extremadura y Castilla-León.
Los restos de plantas cosechadas de un cultivo afectado,
que permanecen sobre el suelo durante el otoño e
invierno siguientes, dan lugar a que se forme en ellos el
estado sexual del hongo causante de la enfermedad, desarrollo
que no ocurre en los tejidos de la planta infectados durante
la estación de cultivo. Las ascosporas del patógeno,
características de este estado de su ciclo vital,
contienen nuevas combinaciones de genes de virulencia sobre
variedades resistentes y pueden ser dispersadas a grandes
distancias por el viento. Ambas circunstancias confieren
nuevos riesgos a las variedades introducidas en otros lugares
de cultivo, así como a cultivos establecidos en zonas
donde la enfermedad no sea prevalerte.
Ejemplos similares al que he mencionado
se han descrito en el Noroeste de los EEUU, donde la práctica
de no laboreo en cultivos de trigo ha dado lugar a ataques
más severos de Mal del Pie [Gaeumannomyces graminis
var. tritici (=Ophiobolus graminis)] y al desarrollo de
una nueva Podredumbre de Raíz causada por Rhizoctonia
solani AG-8. Similarmente, la práctica del programa
de retirada de suelo de cultivo establecido por la UE, que
da lugar al mantenimiento de restos de cosecha sobre notables
extensiones de suelo agrícola, ha favorecido en el
Reino Unido los ataques de la Necrosis del pie (Pseudocercosporella
herpotrichoides) en cultivos de trigo cercanos a las parcelas
retiradas de uso. Los ejemplos referidos indican que mientras
que el control de la erosión del suelo y el uso eficiente
de agua en el mismo habrán de ser objetivos prioritarios
en la Agricultura Sostenible, la eventual reducción
del rendimiento del cultivo como consecuencia de los efectos
secundarios indicados deberá ser motivo de atención
y de acciones que lo eviten.
4. SANIDAD VEGETAL Y CALIDAD MEDIOAMBIENTAL
La eficiencia en la utilización de
los insumos es un elemento clave en la práctica de
la Agricultura Sostenible, puesto que debe dar lugar a una
reducción significativa en la extensión ellos
que sea necesario utilizar para asegurar la producción.
Puesto que la incidencia de enfermedades,
plagas y malas hierbas contribuye directa o indirectamente
a disminuir dicha eficiencia, uno de los componentes más
indicados en los programas propuestos para implementar la
Agricultura Sostenible concierne el manejo integrado de
estreses bióticos y abióticos de los cultivos,
o programas IPM.
Para elaborar sobre este aspecto, y significar
las repercusiones que tiene sobre él la incorporación
de cambios en las estrategias de producción agrícola,
permítanme que centre mi atención en las enfermedades
de los cultivos.
Recientemente, un grupo de científicos
agrícolas alemanes ha llevado a cabo probablemente
el estudio más concienzudo realizado hasta ahora
respecto de las pérdidas globales causadas por los
ataques de enfermedades, plagas y malas hierbas en los cultivos
de plantas. Dicho estudio concierne los ocho cultivos más
relevantes para la alimentación y la industria (i.e.,
algodón, arroz, café, cebada, maíz,
patata, soja y trigo), que en conjunto ocupan la mitad de
la superficie cultivada en el mundo con un valor de cosecha
de 300.000 millones de dólares. El estudio indica
una pérdida global de 42% del valor potencial del
producto cosechable, del que 16% es atribuible a plagas
y 13% a cada una de enfermedades y malas hierbas; al cual
ha de sumarse un 10% de pérdida post-cosecha.
Es digno de resaltar que tales pérdidas
tuvieron lugar aún cuando se llevaron a cabo prácticas
de control de los estreses, y que su magnitud es ligeramente
superior a las estimadas en un estudio similar realizado
27 años antes.
Esto parece indicar que el progreso que se
ha realizado durante dicho periodo, respecto de nuestro
conocimiento y tecnologías para el manejo eficiente
de los estreses en los cultivos, no es todavía el
suficiente para alcanzar cotas significativas en la reducción
de las pérdidas de cosecha que dichos estreses pueden
ocasionar.
Alternativamente, los datos referidos también
pueden ser interpretados en términos de que las estrategias
de producción en la agricultura productivista, han
determinado un incremento significativo en el número
y severidad de los estreses que perjudican a los cultivos
de plantas. Esta última de dichas posibilidades ha
sido atribuida en los ámbitos académicos a
factores como: a) insuficiente diversidad en cultivos y
variedades; b) intensificación en le uso de éstos
y su agregación en términos geográficos;
y c) extensión del monocultivo.
Pero además, hechos recientes ilustran
claramente la fragilidad de la producción agrícola
ante severas epidemias, aún en lugares donde supuestamente
se dispone del mejor conocimiento y tecnología para
dicha producción.
Uno de tales hechos son la denominadas enfermedades
re-emergentes; esto es, enfermedades que habían dejado
de tener repercusión importante sobre las cosechas,
pero que determinados factores las han llevado a alcanzar
de nuevo una importancia significativa, por los efectos
devastadores que han ocasionado recientemente en extensas
zonas geográficas de Alemania, Canadá, EEUU,
y la Cuenca Mediterránea.
Ejemplos de dichas enfermedades re-emergentes
son: a) la Necrosis de la espiga de cebada y trigo causada
por Fusarium graminearum; b) el Mildiu de la patata y tomate
causado por Phytophthora infestans; c) los Tizones del trigo
causados por Tilletia laevis y Tilletia tritici ; y d) los
Mosaicos y Moteados Amarillentos de las solanáceas
causados por geminivirus. Los ataques por dichas enfermedades
han causado pérdidas cuantiosas y la ruina de muchos
agricultores en las regiones afectadas, que han atraído
la atención de sus respectivas sociedades, en general,
y la publicación de sus efectos devastadores en la
cabecera de periódicos nacionales y regionales.
La re-emergencia de las enfermedades referidas
ha sido atribuida, según los casos, a: a) la introducción
en los lugares de producción de biotipos exóticos
de los agentes fitopatógenos o de sus vectores, más
virulentos o eficientes (e.g., los biotipos US-7 y US-8
de Phytophthora infestans, virulentos sobre patata y tomate
y resistentes al fungicida Metalaxil) ; b) una climatología
favorable para la enfermedad pero también para el
cultivo y prolongada durante varios años consecutivos,
coincidente con gran cantidad de inóculo del patógeno
contenido en restos de cosecha mantenidos sobre el suelo
por la práctica del mínimo o no-laboreo, y
con la utilización de variedades susceptibles del
huésped (e.g. la Necrosis de la espiga de cebada
y trigo, y Fusarium graminearum) ; c) la extensión
del monocultivo o la práctica de rotaciones de cultivo
demasiada cortas (e.g. la Necrosis de la espiga de cebada
y trigo, y Tizones del trigo) ; y d) la reducción
o eliminación de eficientes tratamientos fungicidas
de la semilla (e.g., Tizones del trigo).
Casos similares a los que han tenido lugar
en los países referidos han ocurrido también
en España, con la re-emergencia o aumento de prevalencia
de enfermedades como el Colapso del melón, la Seca
o Decaimiento de la encina y el rebollo, la Verticilosis
de la alcachofa, algodón y olivo, el Complejo Yesca
de la vid, la Tristeza de los cítricos, los Jopos
del girasol y leguminosas grano, y los ataques por nemátodos
agalladores.
Las causas de la re-emergencia y prevalencia
de dichas enfermedades en España no son muy distintas
de las mencionadas anteriormente para enfermedades re-emergentes
en otros países; y en particular las asociadas con
la distribución de biotipos más virulentos
de los patógenos (e.g., un nuevo patotipo de Verticillium
dahliae defoliante y letal de algodón y olivo; y
nuevas razas de Orobanche cernua virulentas sobre cultivares
resistentes de girasol) y de vectores más eficientes
(e.g., Aphis gossypii, vector del virus de la Tristeza de
los cítricos), la utilización de suelos infestados
por los patógenos, y la distribución de material
de siembra o plantación infectado o infestado por
aquéllos.
En los últimos años, al menos
15 nuevos agentes fitopatógenos han sido introducidos
y se han establecido en zonas de cultivo en España,
incluyendo tres hongos (Fusarium solani f.sp. cucurbitae
raza 1, Fusarium oxysporum f.sp. radicis-lycopersici, Ophiostoma
novo-ulmi), cinco bacterias y fitoplasmas (Erwinia amylovora,
Erwinia quercina, Ralstonia solanacearum, Flavescencia dorada,
y "Stolbur") y siete virus y viroides ( CVYV,
CSVd, MNSV, PPV, PepMV, TSWV, Y TYLCV).
Esta profusión de introducciones ha
sido atribuida a la desaparición de barreras fitosanitarias
entre países miembros de la UE, que desafortunadamente
no ha venido acompañada de la certificación
eficiente del material vegetal como libre de infección
mediante inspección diagnóstica; así
como a que la descentralización de responsabilidades
en el área de la Sanidad Vegetal ha dificultado la
actuación rápida necesaria para impedir el
establecimiento y dispersión de los nuevos agentes
introducidos.
En términos generales, lo que nos
indican los ejemplos que he referido es que existen factores
en la agricultura actual y el libre intercambio internacional
de material vegetal, con gran potencial de influir negativamente
sobre la Sanidad Vegetal aún en países y áreas
de cultivo que disponen del conocimiento y tecnología
de producción agrícola más avanzados.
En la Agricultura Sostenible, el control de las enfermedades
contribuye a la utilización eficiente de los insumos
confiriendo estabilidad a los sistemas agrícolas
y facilitando que los cultivos rindan según su potencial
genético con las limitaciones que imponen los componentes
del ambiente en que se desarrollan.
Además, puesto que las enfermedades
(y en particular las causadas por patógenos que residen
en el suelo) disminuyen la eficiencia de la planta en las
funciones de absorción de agua y nutrientes del suelo
y en la producción y redistribución de fotosintatos,
un beneficio indirecto de la sanidad del cultivo en la Agricultura
Sostenible concierne la utilización más eficiente
de los fertilizantes y de la reserva de agua en el suelo.
Finalmente, el control adecuado de las enfermedades
durante el desarrollo de los cultivos en el campo contribuye,
además, a la sanidad del producto cosechado durante
su almacenamiento y transporte. En este punto, es necesario
referir la creciente preocupación en los países
occidentales acerca del riesgo que constituye para la salud
de consumidores y animales domésticos la formación
de micotoxinas en granos y frutos secos. Las micotoxinas
son metabolitos secundarios producidos por diversos hongos
(e.g., Aspergillus flavus, Fusarium graminearum, Fusarium
moniliforme, Fusarium proliferatum) en una variedad de cultivos
(e.g., avena, cacahuete, cebada, maíz, soja, trigo),
que son altamente tóxicos cuando no potentes agentes
carcinógenos.
La creciente sensibilización social
respecto de la contaminación de productos agrícolas
por micotoxinas, ha impulsado la aplicación de metodologías
de análisis y manipulación para prevenir su
introducción en alimentos y piensos, la investigación
para desarrollar sistemas de garantía a fin de minimizar
la producción de micotoxinas y su incorporación
en la cadena alimentaria, y la legislación para establecer
niveles de seguridad.
Una de las cautelas más significativas
de la Agricultura Sostenible, en lo que respecta al control
de enfermedades en los cultivos, se refiere a la reclamación
social respecto de la sanidad y seguridad alimentaria y
la calidad ambiental. En la actualidad, gran parte de esta
exigencia pone énfasis sobre la reducción
en el uso de productos fitosanitarios y en la de sus residuos
en los alimentos y medio ambiente. Esto constituye un reto
para la Fitopatología y los Fitopatólogos,
en tanto que las expectativas que se han depositado sobre
la utilización preferente de estrategias no-químicas
para el control de enfermedades, así como en la disminución
de la dependencia de productos químicos para tal
fin, no deben ser satisfechas a expensas de afectar la producción
necesaria de alimentos y la viabilidad de las explotaciones
agrícolas.
De hecho, el paradigma propuesto para alcanzar
dichos objetivos es la aplicación de Programas de
Control Integrado de Enfermedades (CIE), que implica la
utilización combinada, secuencial o simultánea
de todas las medidas de lucha contra la enfermedad disponibles.
El establecimiento de programas de control
integrado de enfermedades para promover la sanidad de los
cultivos está lejos de ser simple. De hecho, los
fitopatólogos han tenido hasta ahora menos éxito
que los entomólogos agrícolas en la implementación
de estrategias similares para el control de plagas.
Una de las mayores dificultades que afrontamos
en la implementación generalizada de programas CIE,
es que nuestro conocimiento científico y técnico
de los patosistemas agrícolas y de las medidas de
lucha aplicables sobre ellos es todavía insuficiente.
Además, a esto hay que añadir la complejidad
inherente a la naturaleza ambiente-dependiente de la producción
agrícola, que hace que la aplicabilidad de medidas
de lucha determinadas pueda variar acusadamente según
las características de los ambientes de producción,
y que los efectos de dichas medidas puedan ser interdependientes.
Comparado con las acciones de intervención
que caracterizan a los programas de control integrado de
plagas, los fitopatólogos basamos nuestras actuaciones
en la prevención. En mi experiencia, un programa
de control integrado de enfermedades para la protección
del rendimiento y la utilización eficiente de los
insumos en la Agricultura Sostenible, incluiría la
integración de: a) la elección de suelo de
cultivo libre del patógeno, o con el menor contenido
de éste posible; b) la utilización de material
vegetal certificado libre del patógeno; c) la utilización
más eficiente de las variedades resistentes, independientemente
del nivel de su resistencia (i.e., completa o parcial);
d) la utilización de agentes de biocontrol, si están
disponibles, para proteger dicho material de la infección
subsiguiente a su siembra o plantación; e) la modificación
de prácticas culturales para evitar condiciones demasiado
favorables para la enfermedad o para el agente; y f) la
aplicación de productos fitosanitarios para suplementar
niveles de control insuficientes alcanzados con otras medidas
de lucha.
No obstante, cuando eventualmente se plantean
acciones de intervención en la aplicación
de programas CIE, los fitopatólogos afrontan dificultades
adicionales para la toma de decisiones. Ejemplos de tales
dificultades son: a) los umbrales de pérdidas son
incómodos de manejar porque cuantificar la cantidad
de enfermedad en un cultivo es difícil; b) cuando
se alcanza el umbral de intervención ya se ha producido
parte del perjuicio en el cultivo; c) las enfermedades que
se caracterizan por epidemias explosivas (e.g. antracnosis,
mildius, oidios ,) no permiten esperar a la manifestación
de los síntomas para la toma de decisión;
y d) el periodo de incubación de la enfermedad puede
ser demasiado prolongado para esperar a que los síntomas
se manifiesten.
Por lo tanto, para la implementación
eficiente de programas CIE son necesarios continuos esfuerzos
por parte de la investigación y la extensión
agrícolas, de manera que los profesionales de la
sanidad vegetal, los técnicos agrícolas y
los agricultores dispongan de más y mejores conocimientos
y tecnologías a fin de: a) detectar, caracterizar
y monitorizar la prevalencia de variantes patogénicas
de los agentes fitopatógenos que constituyen riesgo
para la eficiencia de las variedades resistentes; b) modelizar
la eficiencia fungicida en función de la resistencia
parcial de la planta y el desarrollo de las epidemias; c)
modelizar la eficiencia de las modificaciones en las prácticas
de cultivos para el control de la enfermedad en función
de las características del patosistema; y d) valorar
la influencia del genotipo vegetal y del ambiente de producción
del cultivo sobre la eficiencia del agente de biocontrol.
Finalmente, en la inmensa mayoría
de los países y zonas de producción agrícola
donde se ha alcanzado algún éxito en la puesta
en práctica de programas de control integrado, sean
de plagas o enfermedades, es coincidente el énfasis
en que para dicho éxito resulta crítico disponer
de un servicio de extensión y transferencia de tecnología
bien organizado y entrenado. El agricultor tiene que redescubrir
la forma en que opera un programa de control integrado y
aprender a confiar en él. Para el técnico
de extensión, el reto es que el asesoramiento sobre
la aplicación de dicho programa demanda considerables
conocimientos sobre la biología de los patógenos,
el desarrollo de las enfermedades y las estrategias para
su control.
A pesar de las dificultades que he señalado
hasta ahora, es necesario reconocer que desde el sector
privado están teniendo lugar importantes actuaciones
en relación con la puesta en práctica del
control integrado de los diversos estreses que afectan a
los cultivos, bajo la denominación de protección
integrada. Ciertamente, la demanda de los consumidores de
sanidad y seguridad en los alimentos y de la producción
de éstos asegurando la calidad medioambiental, ha
sido trasladada al agricultor a través de asociaciones,
cooperativas y grandes mercados, de manera que se promueve
la práctica de "pseudoprogramas" CIE en
los cultivos.
La aplicación de estos "pseudoprogramas"
tiene lugar mediante protocolos preparados por diverso personal;
protocolos que no generan nuevo conocimiento sino que en
todo caso transforman el conocimiento disponible en pautas
de intervención sistematizadas orientadas hacia el
mercado. Por definición, tales protocolos deben ser
de naturaleza genérica y su aplicación tiene
que se adaptada a las necesidades y características
de los productores y lugares de producción. Asimismo,
la adopción eficiente de dichos protocolos requiere
de la formación de los eventuales usuarios respecto
de los elementos básicos de las prácticas
de control y requiere la supervisión regular por
parte de personal de extensión especializado.
Por lo tanto, y en términos
generales, el éxito de los "pseudoprogramas"
de control integrado referidos depende en proporción
muy significativa de la disponibilidad de buen conocimiento
científico y técnico respecto de las estrategias
de control de las enfermedades que afectan al cultivo dado,
que preferiblemente que deberían haber sido desarrollados
con referencia específica a los lugares y condiciones
de producción; así como de la disponibilidad
de un conjunto de técnicos de extensión especializados.
El que alguno de los requisitos referidos no sea satisfecho
en la medida necesaria, confiere incertidumbre respecto
de la eficiencia del programa de protección integrada,
aún cuando pueda parecer que las exigencias del consumidor
han sido satisfechas.
5. CONCLUSIONES
En el curso de esta Ponencia he tratado de
señalar los diversos aspectos que se relacionan con
el concepto, puesta en práctica y perspectivas de
la Agricultura Sostenible. Sin duda su práctica repercutirá
muy positiva y significativamente sobre la conservación
de los recursos no renovables, la sanidad alimentaria y
la calidad del medioambiente. Sin embargo, en mi opinión,
todavía es pronto para un paradigma de la Agricultura
Sostenible.
El dilema al que nos enfrentamos para la
puesta en práctica de esta agricultura, en su acepción
más completa, es que, en muchos casos, la naturaleza
ambiente-dependiente de los sistemas de producción
agrícola hace que las modificaciones que se deben
realizar en ellos pueden variar acusadamente según
las características de las zonas y los ambientes
de producción; y además, como he tratado de
ilustrar los efectos de dichas modificaciones pueden ser
interdependientes.
Por ello, aunque en diversos escenarios de
decisión se pueda considerar que ya disponemos de
todo el conocimiento y tecnologías agrarias necesarios
para la práctica eficiente de la Agricultura Sostenible,
ello dista de ser convincente; antes al contrario, hoy por
hoy dicha práctica eficiente representa un reto digno
de consideración para los sistemas de I + D agrario
y de educación superior.
Durante mi conferencia, he puesto énfasis
en señalar que la puesta en práctica de la
Agricultura Sostenible pasa por la aplicación de
estrategias de integración de conocimientos y tecnologías
agrícolas, que se han denominado como agricultura
rotacional, manejo integrado o producción integrada
de cultivos, manejo integrado de enfermedades, plagas, y
malas hierbas o protección integrada de cultivos,
etc.
En mi opinión, el desarrollo de dichas
estrategias de integración, y su aplicación
eficiente y reproducible, necesita de un abordaje de investigación
agraria practicado escasamente hasta ahora en nuestro país,
en el que el sistema de producción agrícola
en su conjunto, y no sus componentes individuales, sea foco
fundamental de atención en el planteamiento de la
investigación. Llevar a cabo tal abordaje requiere
planteamientos de investigación multidisciplinar,
que integren técnicas, esfuerzos y grupos de trabajo;
así como el diseño de programas de investigación
propios por los departamentos e institutos de investigación,
que hagan la actividad de éstos menos dependiente
de la financiación coyuntural de proyectos de investigación
planteados de manera individualizada y fragmentaria.
Sin duda, el desarrollo de programas de producción
integrada de cultivos, incluyendo la protección de
éstos, mediante los cuales se ha de practicar la
Agricultura Sostenible, habrá de resultar de un planteamiento
de investigación integrada del sistema de producción,
más que de la suma de conocimientos que resulta de
investigar cada uno de los componentes del mismo de forma
individualizada, como es estimulado por los esquemas de
financiación de la investigación actuales.
De igual manera, estoy convencido de
que la puesta en práctica con éxito de la
Agricultura Sostenible depende fuertemente de la disponibilidad
de servicios de extensión y transferencia de tecnología
especializados; así como de técnicos agrarios
superiores y de grado medio sólidamente preparados
en las nuevas estrategias de aplicación de las tecnologías
agrarias, y con los conocimientos e imaginación necesarios
para resolver los nuevos problemas que habrán de
plantearse. En mi opinión, y creo que desafortunadamente
es coincidencia bastante general en los claustros universitarios,
la posibilidad de adquirir las nuevas capacidades necesarias
no está asegurada con la actual estructura curricular
de las enseñanzas agrarias.

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