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Ponencias
EL
SECTOR AGRARIO Y LA PROVISION SOCIALMENTE OPTIMA DE BIENES
Y MALES AMBIENTALES
(Transcripción)
Carlos Romero
dr. ingeniero agrónomo. ets de ingenieros de montes
de la universidad politécnica de Madrid, premio nacional
Lucas Mallada de economía y medio ambiente 2001
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Buenos días a todos. Como acaba
de indicar Gerardo García, voy a presentar una ponencia
con el título "El sector agrario y la provisión
socialmente óptima de bienes y males ambientales",
que será complementada posteriormente por dos comunicaciones.
Una del Doctor Casimiro Herruzo, que desarrollará los
aspectos fundamentalmente valorativos, y otra comunicación
por parte del Doctor Díaz Balteiro, que se centrará
en los aspectos relacionados con la provisión de bienes
ambientales por parte de los ecosistemas forestales.
Voy a comenzar con lo que puede ser la motivación de
las ideas que os voy a presentar esta mañana.
Las sociedades avanzadas, demandan del sector agrario cantidades
crecientes de bienes privados, esenciales para su bienestar.
Podemos decir que esta ha sido la demanda clásica por
parte de la sociedades al sector agrario.
Además, desde hace ya algunos años las sociedades
empiezan a demandar cantidades crecientes de bienes públicos
de naturaleza ambiental. Este tipo de sensibilidad social
está ya presente, por ejemplo en esta trasparencia
que procede de un anteproyecto del plan forestal de la Comunidad
de Madrid. En dicha transparencia, se contempla a los ecosistemas
forestales como sistemas biológicos con propósitos
múltiples. Producir madera para satisfacer las necesidades
de la sociedad, es una demanda importante, pero no es la única
demanda ni necesariamente la más importante.
Las sociedades empiezan a requerir de
los sistemas forestales múltiples demandas alternativas.
Entre ellas podemos citar, la captura del CO2 atmosférico,
la defensa de la biodiversidad, la reducción de la
erosión de los suelos, etcétera.
Además todo este conjunto de demandas,
de bienes privados, esenciales para el bienestar de la sociedad
y de bienes públicos de la naturaleza ambiental, desea
hacerse dentro de un contexto de una gestión productiva
en equilibrio con el medio natural; es decir, dentro de un
contexto de sustentabilidad. En definitiva, en un contexto
donde se mantenga una estabilidad del stock del capital natural.
Estos planteamientos originan una serie
de problemas nuevos. Así, en primer lugar se detecta
un conflicto de objetivos al orientar la gestión del
medio natural. En efecto, normalmente las prácticas
culturales mejores, desde un punto de vista de optimización
de la producción de bienes privados, entran en conflicto
con las mejores prácticas culturales, desde el punto
de vista de conservación del medio natural.
Por otra parte, existe una ausencia de
mercado, para la mayor parte de los bienes y de los males
ambientales. En efecto, no existe un mercado para la biodiversidad,
no existe un mercado para el CO2 capturado (aunque en este
caso, empiezan a surgir mercados incipientes), no existe un
mercado para la reducción de los aterramientos de embalses,
etcétera. Todas esta cuestiones se plantean además
dentro de un determinado marco institucional, que establece
unos determinados derechos de propiedad.
Como consecuencia de lo que acabamos
de apuntar, en caso de que no se introduzcan instrumentos
nuevos de análisis, de que no cambiemos nuestros marcos
conceptuales, puede producirse y de hecho se está produciendo,
una falta de provisión de bienes ambientales, así
como un exceso de provisión de males ambientales, lo
cual puede implicar procesos de producción no sustentables.
Después de estas ideas introductorias
el esquema de mi presentación va a ser el siguiente.
En primer lugar, realizaré una pequeña formalización
de algunos aspectos necesarios, introduciendo algunos conceptos
básicos. A continuación, me centraré
en el tema de los males ambientales, y los instrumentos que
se han desarrollado hasta ahora para reducir esa provisión
de males ambientales. Luego hablaré de los bienes ambientales,
introduciendo un marco analítico que permite establecer
el nivel óptimo de bienes ambientales, así como
algunos instrumentos de política ambiental diseñados
con el propósito de poder alcanzar esa provisión
óptima de bienes ambientales. Posteriormente entraré
en lo que tal vez pueda ser la parte más novedosa de
mi presentación, que es la idea de curvas de intercambio,
para indicar como diferentes indicadores de sustentabilidad
compiten entre sí. Comentaré algunas aplicaciones
realizadas en este sentido, y, finalizaré mi presentación
tratando de establecer algunas conclusiones.
Sintetizo un poco lo que he dicho hasta
ahora. Las empresas son instituciones sociales encargadas
de realizar procesos de producción. Las empresas agrarias
producen bienes privados de una manera consciente. Tratan
de maximizar su beneficio a través de la producción
de esos bienes privados, pero a su vez producen bienes ambientales
y males ambientales de una forma "involuntaria".
Esos bienes privados tienen mercados,
pero los bienes y males ambientales, conceptualizados también
desde la perspectiva de la economía como externalidades
positivas y negativas, no tienen mercado. Tienen el carácter
de bienes públicos.
En este sentido, tiene interés
en que hagamos una pequeña matización referente
a la distinción entre bien privado y bien público,
ya que vamos a hablar de esos conceptos profusamente, no solo
en mi ponencia o las comunicaciones que vienen a continuación,
sino en la propia ponencia del Doctor Pablo Campos.
Los bienes privados se caracterizan por
dos propiedades: la rivalidad y la exclusión. La rivalidad,
implica que el consumo de una unidad de bien privado por parte
de un individuo, impide su consumo por parte del otro individuo.
La exclusión implica que el consumo del bien en cuestión
es evitable. Por ejemplo, si en el descanso nos tomamos una
taza de café. Esa taza de café es un típico
bien privado. Al tomarme esa taza de café estoy evitando
que otro individuo la consuma. Por otra parte, el consumo
es evitable. Nadie me obliga a que tome café.
Frente a los bienes privados se encuentran
los bienes públicos, que se caracterizan por las propiedades
opuestas, de no rivalidad y no exclusión. El típico
ejemplo de bien público que aparece en cualquier texto
de economía es la Defensa Nacional. Indudablemente,
el consumo de una unidad de defensa nacional por parte de
un individuo de la sociedad no excluye que otro individuo
de la sociedad esté consumiendo la misma unidad de
defensa nacional, y su consumo no es evitable.
En nuestro contexto el interés
de esta distinción, o el interés de los bienes
públicos, es que todos, o prácticamente todos
los bienes y males ambientales que produce el sistema agrario,
tienen este carácter de bienes públicos (no
rivalidad y no exclusión)
Obviamente, los bienes públicos no tienen mercado,
y eso, indudablemente va a originar una serie de problemas
que van a ir apareciendo a lo largo de las presentaciones
y que obligara a introducir instrumentos analíticos
nuevos.
Por otra parte, y dentro de lo que es
una mínima formalización de estas ideas, la
existencia de males ambientales (externalidades negativas)
y de bienes ambientales (externalidades positivas) originan
lo que se llaman técnicamente fallos de mercado. ¿Qué
importancia tiene que un proceso de producción en el
sistema agrario produzca bienes y males ambientales y que
genere fallos de mercado? Pues que las bondades de los equilibrios
de mercado, (demostradas rigurosamente a principios de los
años cincuenta, por Arrow y Debreu) dejan de funcionar.
En pocas palabras, los equilibrios de mercado dejan de implicar
asignaciones eficientes de recursos.
En efecto, desde el momento de que un sistema productivo,
además de producir bienes privados, con mercado, producen
bienes públicos sin mercado, esos equilibrios competitivos
dejan de ser eficientes. Se producen ineficiencias asignativas
de recursos. Dicho con otras palabras, se producen excesos
de provisión de males ambientales, y falta de provisión
de determinados bienes. Por tanto, el sistema de mercado se
torna insuficiente y hay que complementarlo de alguna manera.
Por otra parte, esa producción,
de los males ambientales, hace que el sustrato general en
el que se apoya cualquier planteamiento económico,
que viene a ser un modelo convencional, o modelo lineal, donde
el medio natural es un simple proveedor de insumos para el
sistema productivo sea insuficiente. En efecto, este tipo
de modelo ha funcionado bien hasta que el medio natural ha
sido incapaz de asimilar los residuos generados por los diferentes
sistemas de producción. Es decir, se ha visto que el
medio natural no es un sumidero que puede asimilar infinitos
residuos. Lo cual lleva a intentar analizar los problemas
dentro de un modelo diferente, un modelo que pudiera llamarse
circular. Dentro de este modelo el papel que juega el medio
natural es más complejo. Así, el medio natural
está formado por recursos renovables y por recursos
no renovables. La sustentabilidad del medio natural requiere,
entre otras cosas, que la tasa de captura de un recurso renovable
sea inferior a su tasa de regeneración biológica.
En caso de no respetar esta regla el recurso puede colapsar.
Por otra parte, los procesos de producción y de consumo
generan residuos. Parte de esos residuos pueden reciclarse,
pero parte de ellos no se reciclan, por lo que el sistema
natural puede asimilarlos o puede no asimilarlos.
Indudablemente este tipo de planteamiento es necesario pues
se adapta mucho mejor a la realidad de los procesos de producción
del sistema agrario en una sociedad avanzada. Ahora bien,
este tipo de marco conceptual conlleva a su vez, una serie
de problemas nuevos que vamos a ir analizando en lo que queda
de presentación.
Con arreglo al esquema de la presentación que hice
inicialmente, una vez formalizado mínimamente el problema,
voy a pasar a analizar el lado negativo de los procesos de
producción agrarios. Esto es, la producción
de males ambientales (externalidades negativas).
La manera más sencilla de presentar
este problema suele ser la siguiente. Tenemos por ejemplo
una explotación hortícola, ubicada río
abajo. Esta explotación hortícola desarrolla
sus procesos de producción con arreglo a una tecnología,
dada por una determinada función de producción.
El empresario tiene que elegir el nivel de utilización
de los factores de producción que le sitúan
en el máximo beneficio. La teoría, nos enseña
que el empresario tiene que utilizar cada factor de producción
hasta un punto en el que la productividad marginal del factor
se iguale a su precio relativo. De esa manera el empresario
maximiza su beneficio. Es decir, de esa manera controla, de
una manera económicamente óptima su proceso
de producción.
Pero he aquí que río arriba
se ubica una explotación porcina. El proceso de producción
de esa explotación genera unos residuos, esos residuos
se vierten al río y eso genera un daño; es decir
afecta negativamente al proceso de producción de nuestro
empresario hortícola. Con lo que la cantidad de output
de la explotación hortícola depende ya no sólo
de los factores de producción que controla el empresario,
si no que además depende del output, que genera la
explotación porcina. En definitiva, la explotación
porcina genera una externalidad negativa en el proceso de
producción de la explotación hortícola.
Esto es lo que en economía se
llama una externalidad negativa, que existe cuando la actividad
económica desarrollada por una gente genera una pérdida
de bienestar en otro agente económico. En este caso
la actividad económica desarrollada por el empresario
de la explotación porcina ha generado una pérdida
de bienestar, una pérdida de beneficio económico
en el empresario de la explotación hortícola.
Además, esta pérdida de bienestar no se compensa.
Si la pérdida de bienestar viene acompañada
de una compensación, pagada por el agente que causa
el daño, que genera la externalidad, se dice que el
efecto externo queda internalizado.
Seguidamente, vamos a plantear la determinación
de un marco analítico que permita analizar este tipo
de situación, en definitiva este tipo de conflicto
de intereses entre los dos productores. La manera más
sencilla de analizar este problema consiste en recurrir al
diagrama representado en la Figura 1. En este diagrama tenemos
la función BMP que recoge lo que se llama el beneficio
marginal privado, es decir el beneficio del agente generador
de la externalidad y la función CME que es la función
de daño, esto es, la función que mide el coste
marginal externo, o daño generado por el productor
de la externalidad.

Figura 1.
Determinación de la externalidad óptima
En principio, existen diferentes óptimos
posibles, o diferentes puntos de equilibrio. Así, tenemos
el óptimo de mercado u óptimo competitivo que
corresponde al punto, en el que se maximiza el beneficio del
agente generador de la externalidad. Otro posible óptimo,
sería que no hubiera externalidad, que no hubiera daño,
que no existiera la explotación porcina. Se demuestra,
que lo óptimo para la sociedad en su conjunto no es
ni la maximización del beneficio por parte del generador
de la externalidad, ni la anulación completa de ese
proceso de producción. Hay un óptimo, "a
lo Nash", hay un equilibrio entre ambos óptimos,
que corresponde al punto en el que se iguala el beneficio
marginal privado con el coste marginal externo.
A continuación, vamos a valorar
el equilibrio competitivo. Es decir, vamos a valorar el neto
que le queda a la sociedad en una situación de equilibrio
de mercado. Así, en el equilibrio competitivo, la sociedad
tiene el beneficio derivado de los productos que ponen en
el mercado, el agente generador de la externalidad, que es
el área A+ B+ C de la Figura 1. Ahora bien, a ese beneficio
hay que restar el daño ambiental, que viene dado por
el área B+ C+y D. Lo cual da un neto igual a al área
A'.
Utilizando el mismo tipo de razonamiento
encontramos inmediatamente que a la solución colusiva,
esto es, la solución que corresponde a un equilibrio
de Nash, le corresponde un beneficio social neto igual al
área A. Indudablemente, el área A es s mayor
que el área A'. Por lo que la solución competitiva
no es eficiente. Dicho con otras palabras la solución
de mercado está dominada por la solución colusiva
o de Nash.
Es decir, si dejamos operar libremente
a las fuerzas del mercado, si no realizamos ningún
tipo de intervención generaremos un neto social A',
inferior al neto social que conseguiríamos con una
solución colusiva o solución de equilibrio entre
los intereses del generador de la externalidad y del sufridor
de la misma.
Por tanto, hay una parte de la externalidad,
áreas C y D, que es una parte de ese daño ambiental,
de ese mal ambiental que no es deseable socialmente y que
por tanto, hay que intentar eliminar de una manera u otra,
si queremos conseguir una asignación eficiente de recursos.
Bien, qué es lo que se ha hecho
en este sentido, qué es lo que se ha hecho para tratar
de aproximar el óptimo competitivo al óptimo
social. En este sentido, se han desarrollado diferentes tipos
de instrumentos, de los cuales yo voy a dar ideas muy breves.
En primer lugar, hablaré de la fijación de impuestos
a la actividad generadora de la externalidad. Es decir, de
los llamados impuestos de Pigou. En este sentido, se demuestra
que existe un impuesto óptimo que iguala el óptimo
privado con el óptimo social. Dicho impuesto óptimo
se logra cuando se hace igual al coste marginal externo en
el óptimo social. Este es, el fundamento económico
de lo que llamamos impuestos verdes, ecotasas, impuestos a
las emisiones, etcétera.
Realmente debemos de entender que estos
impuestos no son multas que se imponen a un productor por
dañar al ambiente. El productor tiene todo el derecho
del mundo a producir. Lo único que ocurre que si no
se fija ese tipo de impuesto va a producir más de lo
que es socialmente deseable. Por lo que no se conseguirá
una asignación eficiente de recursos. Es decir, esos
impuestos a las emisiones tratan de restaurar la eficiencia
asignativa de recursos. Indudablemente se trata de una medida
intervencionista sobre el sistema de mercado. Ahora bien,
si no se toma a ese tipo de medida u otras alternativas que
comentaré a continuación, estaremos en el óptimo
privado, es decir, estaremos en un punto alejado del óptimo
social, por lo que la asignación de recursos que corresponde
al equilibrio de mercado no será eficiente.
Otro tipo de procedimiento para atacar
este tipo de problema es el llamado método de Coase
basado en la negociación. Coase formuló sus
planteamientos de una manera digamos literaria, mientras que
Nash los formuló de una manera matemática. Vamos
a fijarnos ahora en la Figura 2. En dicha figura volvemos
a tener la función que representa los intereses del
generador de la externalidad y la función de daño
ambiental.

Figura
2. Reparación de la externalidad por medio de
la negociación (enfoque de Coase)
En este contexto se puede demostrar rigurosamente,
aunque nosotros lo vamos a ver de una manera muy intuitiva,
que si los derechos de propiedad de usar el ambiente están
bien definidos no haría falta, en teoría, ningún
tipo de intervención. En tal situación, sería
suficiente dejar que ambas partes negociaran libremente. Como
resultado del proceso de negociación entre el generador
de la externalidad y el sufridor de la misma se llegaría
a un equilibrio que coincidiría con el óptimo
social.
Por ejemplo, supongamos que el esquema
de derechos de propiedad da el derecho a usar el ambiente
al empresario de la explotación porcina. Éste
empresario puede producir como lo considere más oportuno.
¿Dónde se situara su volumen de producción?.
Indudablemente, en el punto XMAX,
porque en ese punto se maximiza el beneficio empresarial.
Supongamos ahora que negocia con el empresario
hortícola una posible reducción de ese volumen
de producción. En principio, reducir su volumen de
producción con respecto a su equilibrio, es decir,
con respecto a su óptimo, le supone una merma de beneficios
y él no la aceptara. Por ejemplo, reducir su volumen
de producción de XMAX
a A, le supone una merma de beneficios equivalente al área
dada por el triángulo de vértices A, B, XMAX.
Ahora bien, al sufridor de la externalidad,
a nuestro empresario hortícola, esa disminución
del volumen de producción de XMAX
a A, le supone un descenso del daño que afecta a su
proceso de producción igual al área del paralelogramo
de vértices A C Z XMAX.
Por tanto, queda un neto igual al área del nuevo paralelogramo
de vértices B C Z XMAX,
para establecer compensaciones. Entonces, si los dos agentes
económicos inmersos en este proceso son racionales,
y por tanto quieren mejorar económicamente, podrían
conseguirlo a través de la reducción del volumen
de producción del generador de la externalidad de XMAX
a A. En efecto, queda toda el área del paralelogramo
anterior para repartirse. ¿Cuál será
el resultado del reparto?. No se puede predecir con exactitud
cuál será el resultado de un proceso de negociación,
dependerá de la habilidad de ambas partes en dicho
proceso negociador.
Ahora, esta es una de las muchas situaciones,
en las cuales la negociación genera un excedente. Y
ese excedente puede permitir a ambas partes mejorar su situación
económica (esto es, aumentar sus beneficios empresariales).
De ahí el interés de la negociación,
tanto a nivel teórico como a nivel académico
o a nivel aplicado. La negociación constituye en muchos
casos la mejor manera de resolver un problema de conflicto
de intereses.
Si siguiéramos reduciendo el volumen
de producción de la empresa generadora de la externalidad,
ahora del punto A al punto D veríamos nuevamente que
queda una zona de excedente. Nuevamente la negociación
genera un excedente igual, en este caso, al área del
paralelogramo de vértices E F C B. Es decir, la reducción
del volumen de producción de A a D, podría permitir
a ambas partes mejorar. Tanto al generador de la externalidad
como el sufridor de la misma pueden incrementar su cifra de
beneficios.
Podemos ir viendo que ese proceso de
mejora económica de ambas partes continua hasta que
se llega exactamente a un volumen de producción igual
a X*. Esto es, hasta que se alcanza el óptimo social.
En efecto, si se redujera el volumen de producción
por debajo de X* se generaría un excedente negativo.
Por tanto, la idea de Coase- Nash, se resumen en que existe
una especie de tendencia automática hacia el equilibrio
dado por el óptimo social.
Este tipo de idea, creo que tiene un
atractivo indudable. No obstante, su puesta en práctica
no está exenta de dificultades. Lo que hay que intentar
es darle una dimensión operativa, es decir, una dimensión
de política ambiental. En este sentido, estas ideas
han cuajado en un instrumento de política ambiental
bastante utilizado, que en algunas situaciones da muy buenos
resultados, que son los llamados permisos de contaminación
comercializables, lo que en lengua inglesa son los "marketable
permits". A continuación, voy a explicar con un
sencillo ejemplo cómo funciona este instrumento de
política ambiental, que realmente representa, una especie
de dimensión operativa de los mecanismos de negociación,
de tendencia automática al óptimo social, de
Coase y de Nash.
En la Tabla 1 figuran los datos del ejemplo.
Debo de indicar que se trata de un ejemplo ilustrativo por
lo que los las cifras que vamos a manejar son puramente ilustrativas.
Tabla 1. Emisión
de permisos de contaminación comercializables en el
sector almazarero.
|
ALMAZARA
|
EMISIONES - TON DE ALPECHIN
|
COSTE MARGINAL DE REDUCCIÓN/TON
|
|
A
|
30000
|
50
|
|
B
|
15000
|
20
|
|
C
|
15000
|
30
|
Supongamos que tenemos tres almazaras
con unas determinadas emisiones de alpechín dadas por
las cifras recogidas en la Tabla 1. Todas las almazaras pueden
reducir sus emisiones de alpechín, pueden eliminarlas,
pero con un coste. Dichos costes marginales de reducción
vienen asimismo recogidos en la tabla. En la situación
actual, se produce un total de emisiones igual a sesenta mil
toneladas de alpechín que se considera no aceptable
y que por tanto hay que reducir.
¿Cómo podemos implementar
esa medida de política ambiental? Vamos a estudiarlo
de dos maneras diferentes. La manera, si queremos, más
clara, más intervencionista, que son los estándares
de emisiones. Es decir, vamos a fijar una norma de emisión
que no se puede superar. Posteriormente analizaremos el problema
por medio de la emisión de permisos de contaminación
comercializables.
Supongamos que una autoridad pública,
para alcanzar la deseada reducción en el volumen de
emisiones, fija una norma ambiental, permitiendo un máximo
de emisiones igual a 40000 toneladas de alpechín. Asimismo,
se decide fijar la norma de una manera proporcional a los
volúmenes de emisión de cada almazara. Consecuentemente,
la almazara A tendrá que reducir sus emisiones en 10000
toneladas, mientras que la reducción de las almazaras
B y C será sólo de 5000 toneladas. El coste
de fijación de la norma para la industria en su conjunto
será igual a 750000 Euros (10000x50+5000x20+5000x30
= 750000). Seguidamente, vamos a atacar el problema por medio
de la emisión de permisos de contaminación comercializables.
Así, como se desea que la emisión total no supere
las 40000 toneladas, se emitirán 40000 permisos de
una manera proporcional a las emisiones actuales. A primera
vista, con este sistema reproduciremos la solución
obtenida para el caso anterior. Ahora bien, esto sería
así, si hubiéramos repartido simplemente permisos
de emisión. Pero hemos repartido algo más. Hemos
repartido permisos de emisión comercializables. Por
tanto, el propietario de un permiso puede hacer con él
lo que quiera. Puede usarlo y emitir una tonelada de alpechín,
puede guardarlo en el cajón o puede venderlo, que es
la clave de la cuestión. Así, puede venderlo
a otra almazara que le interese comprárselo.
A la vista de estos datos, parece bastante
claro que la almazara A no esta en una buena situación.
No ha introducido las tecnologías de reducción
punta que existen en la actualidad, y consecuentemente reducir
sus emisiones le cuesta mucho dinero. Por tanto, si existe
un cierto nivel de información, la almazara A sabrá
que la almazara B tiene unas tecnologías de reducción
mucho más avanzadas que las suyas, y que pueden llegar
a un acuerdo, por medio de la compra por parte de la almazara
A a la almazara B esos diez mil permisos. ¿Llegarán
a un acuerdo? Estas cosas nunca se pueden garantizar pero
parece que es altamente probable. ¿Cuál será
el precio del acuerdo? No lo sé. Lo que sí está
claro es que si el precio del acuerdo es de cincuenta Euros
la almazara A se va a quedar igual que antes, y la almazara
B va a tener, unos pingües beneficios. Por el contrario,
si el precio es de veinte Euros, la almazara B se va a quedar
igual que antes, y la almazara A va a incrementar enormemente
sus beneficios. Lo razonable es que se establezca un precio
intermedio. Ese precio intermedio permitirá a ambas
almazaras mejorar sus beneficios empresariales.
Por ejemplo, supongamos que a través
del proceso de negociación, la almazara B acepta vender
los diez mil permisos de emisión a la almazara A un
precio de veinticinco euros por permiso. Bien, en qué
situación final nos encontramos. Al final, se va a
conseguir el mismo objetivo ambiental que se había
conseguido anteriormente, es decir, reducir las emisiones
totales de sesenta mil a cuarenta mil toneladas. Con el sistema
de fijación de la norma, el coste para la industria
en su conjunto era de setecientos cincuenta mil euros. Ahora
echamos las cuentas correspondientes. La almazara A tiene
que reducir sus emisiones en diez mil toneladas. Sin embargo,
no las reduce. Simplemente ha comprado los diez mil permisos
a la almazara B, por veinticinco euros el permiso. La almazara
B tiene que reducir totalmente sus emisiones. No puede emitir
nada, lo cual le cuesta quince mil toneladas por veinte Euros,
pero tiene un ingreso atípico, derivado de la venta
de su permiso de emisión, que son los diez mil permisos
que ha vendido a veinticinco Euros. La almazara C no ha entrado
en el intercambio.
En conclusión, se ha conseguido el mismo objetivo ambiental,
suponiendo para la industria en su conjunto un coste cuatrocientos
cincuenta mil Euros con respecto al coste de setecientos cincuenta
mil euros, que representaba el alcanzar este objetivo ambiental
por medio de la fijación de una norma de emisión.
En definitiva, el beneficio de la almazara
A ha mejorado en veinticinco mil euros, el de la B en cincuenta
mil euros, y la almazara C se ha quedado como estaba.
Indudablemente, en un lenguaje económico,
en un lenguaje del sentido común, la emisión
de permisos de contaminación comercializables con respecto
a las normas de emisión, ha supuesto una mejora paretiana,
ya que algunos agentes económicos han mejorado, las
almazaras A y B y ninguno ha empeorado como es el caso de
la almazara C.
Indudablemente, este tipo de procedimiento
tiene que tener algún punto débil, ya que si
no este sistema sería una especie de panacea. Estaríamos
efectuando un acto de prestidigitación, como si sacáramos
conejos blancos de una chistera. Tiene que tener algún
punto débil.
Estos sistemas en algunos casos han funcionado muy bien. Por
ejemplo, en la industria eléctrica en Estados Unidos
para las emisiones de SO2, ha funcionado muy bien. Igual que
hay un mercado de renta fija, de renta variable, hay un mercado
de permisos de emisión de SO2. Sin embargo, en otros
casos este sistema no ha funcionado.
Cuál es la clave de que funcione
o no. Por qué ha funcionado tan bien en este ejemplo,
pues obviamente por que está preparado. Está
preparado en el sentido de que he establecido unos costes
marginales de reducción muy diferentes en cada una
de las almazaras. Si los costes marginales de reducción
hubieran sido equivalentes, si las tecnologías de reducción
disponibles en ese momento por parte de cada una de las almazaras
hubiera sido la misma ¿qué hubiera ocurrido?
Pues que no hubieran mejorado a través del intercambio.
Este procedimiento al fin y al cabo consiste
en crear implícitamente un sistema de mercado. Y el
sistema de mercado permite mejorar a los agentes económicos
a través del intercambio cuando se cumplen determinadas
condiciones. Pensemos por un momento que este es el inicio
del mundo, y que el mundo está poblado por las personas
que asistimos a estas jornadas. La naturaleza nos ha proporcionado
a todos las mismas cantidades de vivienda, de alimentos, de
vestidos y la misma estructura de preferencias. ¿Crearíamos
mercados inmediatamente? Obviamente no, ¿qué
íbamos a intercambiar? Tendríamos los mismos
gustos, la misma cantidad de comida, la misma cantidad de
ropa, y la misma vivienda. No crearíamos mercados,
al menos de una manera inicial.
Pensemos ahora que se organiza el mundo
de una manera diferente y la naturaleza se ha comportado de
una manera caprichosa proporcionando a algunos de nosotros
unas viviendas inmensas, pero nada de comida. A otros sin
embargo, ha proporcionado mucha ropa, pero nada de viviendas,
etcétera. Inmediatamente funcionarían los mercados.
No haría falta que Adam Smith escribiera la Riqueza
de las Naciones. Yo sabría por ejemplo, que mi amigo
Alberto Losada aquí presente, le sobran metros cuadrados
y que no tiene nada que comer, por lo que intercambiaríamos.
Mira Alberto dame unos metros cuadrados que yo te voy a dar
alimentos. Mi amigo Pablo Campos aquí presente, oye
Pablo que yo sigo sin vivienda, dame unos metros cuadrados
y yo te doy ropa que no tienes nada de ropa. Inmediatamente
se establecerían intercambios y todos mejoraríamos
a través de establecer dichos intercambios.
Esa es la clave para que estos sistemas
de emisiones de permisos de contaminación comercializables
funcionen. Obviamente, existen muchos casos que no funcionan.
Por ejemplo, esto es lo que ocurre con los mercados de agua.
En este contexto, no se emiten permisos de contaminación,
si no se emiten derechos de riego. ¿Qué ha sucedido,
dónde están establecidos estos sistemas?, por
ejemplo en California, o cuando se han estudiado teóricamente
en España, pues que a nivel de una cuenca, no se intercambian
prácticamente derechos de riego. En efecto, los agricultores
tienen los mismos objetivos, tienen una estructura empresarial
similar, tienen las mismas tecnologías de riego, etcétera.
Pese a estos inconveniente, este instrumento
debe de tenerse en cuenta puesto que en algunos casos funciona
muy bien, y consigue sin necesidad de mecanismos de intervención
alcanzar el objetivo de reducir el nivel de contaminación
hasta un punto deseable, de una forma muy eficiente.
Bien con esto completo la parte de mi
presentación dedicada a los males ambientales de la
agricultura, es decir, de las externalidades negativas y de
dar una panorámica de los instrumentos que hasta ahora
se han desarrollado para intentar reducir esa provisión
de males ambientales, o dicho con otras palabras para tratar
de reducir ese exceso de externalidad negativa.
Vamos a hablar ahora de los bienes ambientales.
Como se tratan de externalidades positivas su generación
implica en este caso una ineficiencia asignativa de recursos
debido a un déficit de provisión. La Figura
3 trata de sintetizar un marco analítico para atacar
este tipo de problemas.

Figura 3. Frontera
de posibilidades de producción entre el bien privado
y el bien público de naturaleza ambiental.
¿Qué es lo que sucede en
la realidad?. Pensemos, por ejemplo, en un propietario forestal.
Ese propietario forestal está tratando de organizar
de una manera óptima para sus intereses su proceso
de producción. Este empresario produce madera, fruto,
leña, pastos, etcétera. Produce una serie de
bienes que el mercado se los valora. La cesta de bienes privados
que produce ese productor forestal queda representada en el
eje de abscisas de la Figura 3.
Pero además este propietario está
produciendo, de una manera "involuntaria", una serie
de bienes ambientales. Así, está produciendo
una serie de bienes públicos para la sociedad. Sus
masas forestales, capturan CO2, y ese CO2 lo mantiene almacenado
en la madera en forma de carbono inofensivo, defiende al suelo
contra la erosión, aumenta la biodiversidad, etcétera.
La correspondiente cesta de bienes públicos está
representada en el eje de ordenadas de la Figura 3. Ahora
bien, para esos bienes públicos no hay mercado. La
sociedad no retribuye al propietario forestal como generador
de esos bienes ambientales.
Además, esos bienes ambientales
y esos bienes privados, se producen de una manera competitiva.
En efecto, las mejores prácticas culturales desde un
punto de vista de rentabilidad privada, son las peores desde
un punto de vista de rentabilidad ambiental. Hay un conflicto.
Entonces, qué sucede, pues que tenemos nuevamente tres
óptimos tal como queda indicado en la Figura 3. El
óptimo privado, que corresponde a la solución
de mercado en la que se maximiza el beneficio empresarial,
el óptimo ambiental, donde se produce la maximización
de la producción de bienes ambientales y un óptimo
social.
Si dejamos operar a las fuerzas de mercado
y no realizamos ningún tipo de intervención,
entonces la solución corresponderá al óptimo
privado, y se producirá un exceso de provisión
del bien privado y una falta de provisión del bien
público.
¿Qué se puede hacer?. Bueno
hemos ido hablando de esta serie de cosas. Veamos la primera
idea, que se ha empezado a desarrollar, que es la idea de
los subsidios verdes ("green prices"). En este sentido,
puede demostrarse rigurosamente, que igual que existe un impuesto
óptimo que permite restaurar la eficiencia, fundamento
de las ecotasas, así como del principio "de quien
contamina paga", también existe una prima, un
subsidio óptimo que permite restaurar la eficiencia.
Y si en nuestra cultura ha calado hondo el principio de quien
contamina paga, pienso también irá calando el
principio dual de "quien descontamina cobra" su
subvención o su subsidio. Hasta cierto punto este es
el fundamento teórico de los programas de forestación
de tierras agrarias, con sus primas compensatorias, primas
de mantenimiento, etc. No obstante, este tipo de ideas son
todavía relativamente incipientes.
Paso seguidamente a exponer, el concepto
de curvas de intercambio ("trade-offs curve") entre
indicadores de sustentabilidad. Para ello, voy a apoyarme
en el diagrama representado en la
Figura 4.

Figura
4. Curvas de intercambio entre indicadores de sustentabilidad.
En la parte inferior izquierda de la Figura
4 tenemos el nivel de aplicación de un insumo, por
ejemplo, agua de riego, herbicida, abono y el beneficio asociado
al correspondiente proceso de producción. En tal contexto,
existe un nivel de utilización del insumo x* que proporciona
el máximo beneficio. Ese nivel de utilización
del insumo, como había indicado en otra parte de mi
presentación, corresponde al nivel para el cual la
productividad marginal del factor es igual a su precio relativo.
Ahora bien, el uso de ese insumo va generando
unos residuos. A partir de un cierto nivel, el medio natural
puede tener problemas para asimilar esos residuos, generándoe
problemas de contaminación. Este es el caso de los
procesos de salinización de suelos y de cuencas de
ríos, contaminación de agua subterráneas,
etcétera. Entonces, a mitad de camino entre la metáfora
y, si queréis el minimalismo, la parte inferior izquierda
de la Figura 4 recoge la idea convencional de la agricultura
(esto es, utilizar los insumos hasta aquel punto en el cual
conseguimos maximizar el beneficio) y la parte superior izquierda
la idea de interacción con el medio natural (esto es,
la generación de residuos contaminantes).
Entonces, cómo integrar ambas cosas.
Pues las vamos a integrar a partir de la generación
de las curvas de intercambio o curvas de "trade-offs".
Vamos a ver cómo el proceso de deducción de
estas curvas muy lógico y ala vez muy sencillo.
En la parte inferior izquierda de la Figura
4 tengo la curva que me relaciona el beneficio con el nivel
de utilización de insumo, su máximo que es el
punto de máximo beneficio u óptimo privado.
En la parte superior izquierda de la figura tengo la función
de residuos. Conforme voy utilizando más insumos voy
generando más residuos. En principio, esa curva coincide
con el eje de abscisas, porque niveles bajos de residuos no
afectan al medio natural. A partir de un cierto punto, la
producción de residuos empieza a generar problemas
al medio natural. Bien, me fijo en un punto de la curva de
beneficios, por ejemplo el punto de máximo beneficio.
Este punto implica un determinado nivel de generación
de residuos no deseados. A través de un pequeño
"truco", una línea de cuarenta y cinco grados
representada en la parte superior derecha de la figura, "transporto"
ese punto a la parte inferior derecha de la Figura 4. Con
lo cual he obtenido, la combinación beneficio-cantidad
de residuos que corresponde al punto de máximo beneficio.
Qué es lo que yo estoy intentando hacer,
a través de este esquema gráfico. Estoy intentando
intercambiar beneficios empresariales con residuos contaminantes.
Es decir, estoy determinando el coste de oportunidad de los
beneficios privados en término de los residuos producidos,
o viceversa.
Partiendo de otros puntos de la curva de beneficios
privados los voy transportando all plano beneficios-residuos.
De esta manera, determino la curva de intercambios o de "trade-offs"
representada en la parte inferior izquierda de la Figura 4.
Es interesante observar, que el tramo de la curva de intercambios
situado a la derecha del punto (R*, B*) no es eficiente, pues
a mayor producción de residuos menor beneficio. O sea,
todo este trozo de la curva es un trozo ineficiente, es irracional,
porque vamos a reducir los beneficios y vamos a incrementar
la producción de residuos. A izquierda del punto (R*,
B*) tenemos la rama eficiente de la curva, esto es, conforme
aumenta el beneficio aumenta la producción de residuos
y viceversa. Este trozo de la curva es la propia curva de
intercambio, que pienso que tiene una gran trascendencia.
Posteriormente, comentaré casos reales de determinación
de este tipo de curvas, que insisto nos permiten medir el
coste de oportunidad de los beneficios en términos
de niveles de contaminación (producción de residuos).
Conocida la curva de intercambios, con la ayuda
de procedimientos analíticos más o menos sofisticados
en los que no voy a entrar (aproximación a puntos ideales,
juicios de expertos, determinación de preferencias,
etc) podremos determinar el óptimo social sobre la
curva, como un equilibrio o compromiso entre el óptimo
privado y el óptimo ambiental. El conocimiento de ese
óptimo social puede ser una buena manera de establecer
las mejores prácticas de manejo ("best management
practices"), así como las subvenciones que habría
que dar al agricultor para que se desplazara de su óptimo
privado a su óptimo social, a través de esa
idea de mejores prácticas de manejo.
Voy a ir ya más rápido porque
el tiempo se me va acabando. Estas curvas de intercambio también
juegan un papel esencial en el caso de la provisión
de los bienes ambientales. Vamos a ilustrar esta idea con
un típico caso forestal. En primer lugar, tenemos la
edad de la masa, el valor actual neto de la inversión
subyacente, y una función de servicios no maderables,
normalmente de naturaleza recreativa-ambiental introducida
por Hartman en 1976. Estos servicios no maderables tienen
el carácter de bien público y por tanto carecen
de mercado, por lo que el empresario no es compensado económicamente
por su producción.
Siguiendo "paso a paso" el esquema
analítico anterior consigo determinar la curva de intercambios
entre dos cosas que las dos son buenas. Aquí, ambos
atributos son del tipo más/mejor. A mayor valor actual
neto mejor. A mayor flujo de servicios recreativos-ambientales
mejor. En este caso la rama eficiente de la curva corresponde
a su parte derecha.
La Figura 3 anteriormente comentada corresponde
a esta idea de curva de intercambio entre dos indicadores
de sustentabilidad del tipo más mejor. Es decir, este
tipo de curva nos cuantifica el coste de oportunidad de la
ganancia derivada de la producción de madera con respecto
a la merma de la producción de esos servicios recreativos-
ambientales. Nuevamente, tenemos el óptimo privado,
el óptimo ambiental y podremos también aproximar
el óptimo social. En este contexto también podemos
hablar de mejores prácticas de manejo, así como
de la determinación de las subvenciones ("green
prices") necesarias para poder alcanzarlas.
En lo que sigue voy a esbozar algunos casos
reales desarrollados en este sentido. El primero caso corresponde
a un trabajo de los Doctores Herruzo y Zekri. Los rasgos básicos
del trabajo son los siguientes. Se trabaja con una finca tipo
de cuarenta hectáreas en el Valle del Guadalquivir,
con tres cultivos, algodón, maíz y girasol,
y se estudia el problema de la contaminación por nitrógeno.
Con la ayuda de dos tipos de herramientas, un modelo de simulación
de cultivos y un modelo de optimización matemática
multicriterio se determina la curva de intercambios margen
bruto-cantidad de nitrógeno lixiviado.
Conviene insistir en que esta curva nos está
cuantificando el intercambio entre el nitrógeno lixiviado
y el margen bruto. La pendientes de esta curva, o mejor dicho
la pendiente de cada tramo de esta curva, nos mide el coste
de oportunidad del margen bruto en términos de nitrógeno
lixiviado y viceversa. Con la ayuda de técnicas de
optimización multicriterio de aproximación al
punto ideal (programación compromiso) se determinó
una zona óptima o zona de equilibrio. El descenso de
margen bruto, del que corresponde al óptimo privado
con respecto al que corresponde a esa zona de equilibrio,
nos da una orientación del tipo de compensación
económica que habría que proporcionar al agricultor
por que adoptara esas mejores prácticas de manejo.
El caso siguiente que voy a comentar corresponde
a un trabajo mío realizado con los doctores Ríos
y Díaz-Balteiro sobre la captura de CO2 atmosférico
por parte de los ecosistemas forestales. Voy a efectuar un
apunte muy breve, pues este tema lo desarrollara con detalle
el Doctor Díaz-Balteiro en su comunicación.
Esta figura recoge la curva de intercambios
entre Valor Actual Neto y Captura de CO2 por año para
unas masas de hayedos en España. En este caso la curva
nos cuantifica los intercambios (costes de oportunidad) de
la tonelada de CO2 capturada en términos de reducción
de Valor Actual Neto de la inversión subyacente.
En algunos países se comienzan a desarrollar
mercados incipientes de captura de CO2. En nuestro país
no existe todavía tal tipo de mercados. Por tanto,
si no existe ningún tipo de compensación económica
al propietario por el CO2 que captura de una manera "involuntaria"
se situará en el punto de máximo beneficio que
es su óptimo privado. Sin embargo, existe el óptimo
ambiental, que supone la máxima captura de CO2, así
como un óptimo social. Por tanto, habrá que
determinar la prima o compensación económica
a percibir por el propietario para conseguir que los óptimos
privados y sociales coincidan. Los resultados que paso seguidamente
a proyectar están muy en la línea de las primas
compensatorias y de mantenimiento de los actuales programas
de forestación de tierras agrarias, pero con un horizonte
de actuación muy superior.
Finalmente, voy a dar unas ligeras pinceladas
sobre una tercera aplicación de la metodología
de curvas de intercambio que estoy presentando. Se trata de
un trabajo que desarrollé con Slim Zekri, a principios
de los noventa sobre los regadíos de Tauste en Aragón.
Se trataba y me temo se sigue tratando de unos regadíos
en muy mal estado. La eficiencia media no superaba el 62%.
Obviamente, estas bajas eficiencias originaban y me temo siga
originando, unos problemas de despilfarro de agua, así
como problemas de salinización de los suelos y de salinización
de la cuenca del río Arba.
Para atacar este problema se estudiaron diferentes
mejoras del sistema de riego. Una descripción detallada
de dichas mejoras está recogida en el siguiente cuadro.
Esas mejoras permiten incrementos en la eficiencia de los
sistemas de riego que oscilan entre el 72 y el 93%. Esta última
cifra de eficiencia corresponde a un caso de riego por goteo.
Nuevamente, a través del uso simultáneo de un
modelo de simulación, en este caso un modelo de simulación
hidrosalino, y un modelo de optimización multiobjetivo,
se generaron diferentes resultados. Yo simplemente voy a apuntar
en la línea de lo que estamos hablando, algunos aspectos
relacionados con la curva de intercambios entre descarga salina
y el pago de inversión necesario para modernizar (mejorar)
esos regadíos.
Para la situación inicial la descarga
salina es muy grande (142.781 toneladas). Los expertos consideran
que se trata de una cifra ambientalmente inaceptable, que
pone en muy serio peligro la sustentabilidad del sistema agrario
subyacente. La curva de intercambios nos indica que a base
de invertir dinero se puede conseguir llevar la descarga salina
prácticamente a cero(536 toneladas). Volvemos a ver
cómo estamos intercambiando diferentes indicadores
de sustentabilidad. Asimismo, las pendientes de los diferentes
segmentos que constituyen esta curva de intercambios nos miden
el coste de oportunidad de reducir una tonelada de descarga
salina en términos de incrementos en la cifra de pago
de inversión.
Voy a finalizar mi presentación tratando
de extraer algunas conclusiones básicas. En primer
lugar, indicare que el sistema agrario es sustentado por un
medio natura limitado (finito). El sistema agrario proporciona
bienes privados, que son valorados por el mercado, así
como bienes y males ambientales sin mercado. Por tanto, si
queremos que exista un equilibrio sustentable entre el sistema
económico y el sistema natural no es suficiente con
aplicar el principio "quien contamina paga", que
ya se está aplicando (impuestos a las emisiones, ecotasas,
etc), si no que además tendremos que añadir
el principio "quien descontamina cobra", para de
esta forma aumentar la producción de bienes ambientales.
Es decir, además de impuestos verdes, indudablemente
necesarios, las sociedades deben considerar el urgente establecimiento
de subsidios verdes.
Un instrumento eficaz y relativamente sencillo
para poder diseñar políticas ambientales juiciosas,
se basa en las curvas de intercambio o curva de trade-offs.
Técnicamente su construcción requieren un cierto
esfuerzo, pero son perfectamente construibles como he tratado
de apuntar hace unos minutos, y su conocimiento, pienso, que
es necesario para poder diseñar políticas agroambientales
eficientes. Así, entre otras cosas, el conocimiento
de estas curvas puede permitir la puesta en práctica
del concepto de mejores prácticas de manejo.
Otra idea básica es la de que la sustentabilidad, que
indudablemente es un concepto ecológico, tiene fuertes
dimensiones económicas. La dimensión económica
de la sustentabilidad es especialmente importante si queremos
hacer operativo este concepto.
Una última idea, importante aunque de
carácter técnico, es la importancia de la unión
de los modelos biofísicos de simulación de cultivos
con las herramientas de optimización multicriterio
Los modelos biofísicos de simulación de cultivos,
se han desarrollado enormemente, pero los han desarrollado
los "agrónomos". Mientras que las herramientas
de optimización multicriterio en la agricultura la
han desarrollado los "economistas agrarios". Desgraciadamente
los "agrónomos" y "los economistas agrarios"
son dos mundos que han funcionado en la mayor parte de los
casos de una manera muy separada. Las pocas veces que han
funcionado al unísono han obtenido resultados importantes,
como he indicado en la última parte de mi presentación.
Sintetizando al máximo, los modelos
biofísicos de simulación de cultivos, hibridados
con las herramientas de optimización multicriterio,
permite obtener curvas de intercambios entre indicadores de
sustentabilidad. Esas curvas de intercambios nuevamente con
la ayuda de las herramientas de optimización multicriterio
pueden conducirnos a conseguir aproximarnos a estrategias
agrarias sustentables. En definitiva, un esfuerzo de síntesis
pluridisciplinar entre la "agronomía" y la
"economía agraria" parece hoy en día,
imprescindible si queremos atacar racionalmente los problemas
de interacción entre el sistema agrario y el medio
natural
Bien, esto es todo y muchas gracias por vuestra atención.
Bibliografía Básica
Carlos Romero (1997). Economía de los
Recursos Ambientales y Naturales. Alianza Editorial, Madrid.
Bibliografía de Ampliación
Carlos Romero, Valeria Ríos y Luis Díaz-Balteiro
(1998). Optimal forest rotation when carbon captured is considered:
theory and applications. Journal of the Operational Research
Society, 49: 121-131.
Slim Zekri y Casimiro Herruzo (1994). Complementary
instruments to EEC nitrogen policy in non-sensitive areas:
a case study in Southern Spain. Agricultural Systems, 46:
245-255.
Slim Zekri y Carlos Romero (1993). Public and
private compromises in agricultural water management. Journal
of Environmental Management, 37: 281-290.
GERARDO GARCÍA FERNÁNDEZ
Bueno, si os parece antes de pasar a las comunicaciones
por respetar el programa lo más posible en cuanto a
horarios, hacemos un descanso de quince/veinte minutos para
tomar café y retomamos la sesión a continuación...

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