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7 de marzo de 2002

INTERVENCIÓN DE CLAUSURA

Ilmo. Sr. D. Manuel Lamela, Subsecretario de Agricultura:

Buenas tardes a todos. Y yo voy a ser muy breve, fundamentalmente pues, por no prolongar aún más la jornada después de las largas horas que lleváis ya aquí todos trabajando en algo que hemos puesto sobre la mesa, y que es un enorme, un inmenso debate nacional y que es nada más y nada menos que los pilares del futuro de la agricultura española.

Yo quiero, en primer lugar, agradecer a todos la presencia, creo que es obligado en este caso trasladar y reiterar ese agradecimiento desde el Ministerio una vez más, aunque ya se ha hecho a lo largo del día, y desde luego demostrar con vuestra presencia aquí, con el número de participantes que hoy están aquí, la importancia del trabajo que acometemos y, desde luego, también, e importante, no solamente el trabajo en su conjunto, el del Libro Blanco, sino el del contenido, el del tema de esta primera jornada. Creo que ya se puede decir que el Libro Blanco ha despertado un enorme interés, ya lo había despertado antes de su pistoletazo de salida hace una semana, y creo que, por lo tanto, hoy tenemos abierto un escenario y un horizonte temporal, yo creo que optimista, y en todo caso, desde luego, esperanzador, insisto, para el futuro de nuestros agricultores y de nuestros ganaderos.

Voy a tratar de trasladar dos o tres ideas, quiero decir, que no pasan de ser dos o tres ideas también, o dos o tres aportaciones en el ámbito del contenido de la jornada de ayer, que yo creo que deben también tenerse presentes, que se han tenido presentes, me consta, a lo largo de las ponencias y de las comunicaciones, pero que desde luego, a mi juicio, deben de tenerse presente cuando cual sea el contenido del Libro Blanco, ese contenido signifique una proyección posterior en un nuevo marco jurídico aplicable a nuestras explotaciones agrarias, en eso que hemos dado en llamar la Ley de Régimen Jurídico de la Explotación Agraria y de Modernización, en definitiva, del Régimen Jurídico de la Explotación Agraria.

Indudablemente, el tema de la estructura agraria se ha colocado el primero en las jornadas, no de manera fortuita ni de manera inconsciente, podría decir que porque Gerardo así lo dijo, pero en todo caso yo creo que de mutuo acuerdo absolutamente de todos, por entender que es un tema, como así ha señalado Gerardo, que tiene que tener una traslación en el tiempo a lo largo de los próximos 12 meses en forma de un trabajo permanente para dictaminar, para concluir, realmente, cuál tiene que ser el futuro de las estructuras productivas españolas. Estas estructuras productivas creo que tienen una trascendencia fundamental para todo lo que de más, después, queramos sumar o queramos aportar evidentemente a ese tejido productivo, y por lo tanto, en relación con todos y cada uno de los puntos que iremos analizando en las próximas semanas y en los próximos meses, y que tendrá consecuentemente una incidencia directa sobre la base evidentemente a lo que queramos llegar en materia de estructura agraria.

Tenemos que decir que la estructura agraria es realmente la parte más visible geográficamente de nuestro tejido productivo, es decir, de los modelos productivos que tenemos, pero es algo más. Es decir, detrás de la estructura agraria en España y en todo el mundo, pero en la estructura agraria lo que hay es un tejido social al que tampoco podemos ser ajenos y una realidad social, que es la realidad social del medio agrario en España, de la explotación ganadera y de la explotación agrícola. Y creo que cuando nos abstraemos del problema social y nos circunscribimos a las cifras, corremos el riesgo de olvidarnos que detrás de esas cifras hay, nada más y nada menos, que seres humanos, personas y familias. Y, por lo tanto, yo la primera idea que quería plantear es que cuando se continúen en los estudios, los trabajos en el ámbito de las estructuras agrarias no olvidemos esa realidad, que detrás de las cifras, de los números, de las explotaciones, de las producciones, de las modalidades de explotación que tenemos, hay seres humanos, hay personas que viven de su trabajo, que viven de sus explotaciones y que tienen el derecho a seguir viviendo de su trabajo y de sus explotaciones. Por lo tanto, esa cuestión creo que es esencial, que se ha puesto sobre la mesa y que tenemos que tenerla presente a lo largo de todos los trabajos.

En segundo lugar, la segunda cuestión, creo que es también clara y que se ha puesto sobre la mesa a lo largo de la jornada, aunque no he podido estar, me la han ido trasladando; es decir, en cuanto a sus fundamentales aportaciones y sé que se ha planteado con gran detalle. Lo que vaya a ser la estructura agraria en el futuro en España es, nada más y nada menos, que la clave de la competitividad del tejido agrario en España de futuro; es decir, es clave el dimensionamiento o el objetivo de redimensionamiento que tengamos en nuestras explotaciones para saber cuánto grado de competitividad queremos tener o alcanzar en los próximos años.

Por lo tanto, también desde esa perspectiva tenemos que ser, y en este caso lo suficientemente, no ya prudentes, sino justamente lo contrario, ambiciosos, para ser capaces de colocar a la agricultura española y a la ganadería española, y a quienes tiran y apoyan la agricultura, que es la industria agroalimentaria española, en el lugar que le corresponde en un futuro de medio y largo plazo. Yo creo que eso es uno de los grandes objetivos que tiene indudablemente el Libro Blanco de la Agricultura en las normas jurídicas que después plasme las conclusiones del Libro Blanco de la Agricultura.

Indudablemente, el redimensionamiento de las explotaciones creo que es un objetivo que todos tenemos que plantearnos, desde el análisis previo riguroso de la realidad objetiva actual, que es uno de los elementos que tenemos ahora sobre la mesa y en los que se está trabajando, y en los que hay que seguir trabajando en los próximos meses, y contemplar, o ver, o diagnosticar, que en esa realidad hoy tenemos en España explotaciones que ya son competitivas, y esto hay que reconocerlo, no todo es malo o no todo es negativo, y por lo tanto tenemos la obligación de preservarlas y hacerlas todavía más competitivas. Tenemos explotaciones que son difícilmente competitivas, pero que pueden alcanzar un grado de competitividad, quizás con poco esfuerzo y con poco empuje que las demás. Y, tenemos también, una realidad tozuda que conecta con el problema social o con la realidad social que antes he hablado, que es la de la explotación familiar agraria. Y tenemos que tener presente que España, su estructura productiva, buena parte de su estructura y de su tejido productivo está basado en el modelo de explotación familiar.

Y no podemos ser ajenos, cuando diseñemos los objetivos y el modelo a alcanzar, a esa realidad. Realidad que, lógicamente, no debe de impedirnos ir a lo que yo creo que tiene que ser una política de incentivación, de redimensionamiento acelerado de nuestras explotaciones, a través lógicamente de incentivos, como no podía ser de otra forma, y como fórmula real para alcanzar las más altas cotas de competitividad de nuestra agricultura dentro y fuera de nuestras fronteras.

En la jornada inaugural de este Libro Blanco hace una semana, el Profesor Tamames hablaba del resultado del censo del año 99 publicado, que todavía hay que analizar largo y tendido, y decía que frente a algunos que habíamos visto, y me incluyo, con cierto optimismo los datos del censo del 99 en cuanto lo que era la evolución de la estructura productiva, él lo había visto con cierto pesimismo por la lentitud en cuanto a lo que podríamos denominar aproximación a la dimensión media de la explotación, podríamos decir competitiva comunitaria o supracomunitaria. Yo digo que peor sería si hubiésemos ido en dirección contraria, vamos a buscar evidentemente los datos positivos o los elementos positivos.

Y que quizás lo que tengamos que hacer ahora, y digo quizás puesto que estamos hablando siempre en hipótesis, es buscar los mecanismos incentivadores para acelerar ese proceso y hacer que ese proceso llegue a tiempo, a tiempo de competir con el resto de las agriculturas del mundo, de las agriculturas de la Unión Europea y de las agriculturas, especialmente, de los países del Este o de la adhesión.

Y en esa política de redimensionamiento en la que tenemos que pensar, en la realidad de la explotación familiar y en el tejido social que está detrás, yo creo que tendremos que apostar también por la potenciación y la contemplación del asociacionismo en el ámbito agrario, del cooperativismo que, en próxima jornada, entraremos en él como modalidad importante evidentemente de ganar valor añadido a la producción, mejorar las técnicas de producción, bajar evidentemente los inputs en los costes de producción y, por lo tanto, mejorar la competitividad de esas pequeñas explotaciones, de esas explotaciones familiares; y, por lo tanto, desde esa perspectiva, conseguir por una vía o por otra, o por más vías, porque para eso estamos, para explorar todas las vías posibles, lo que podríamos denominar la dimensión crítica de la explotación, es decir, la dimensión que permite garantizar la rentabilidad y la viabilidad de la explotación.

Habrá que pensar lógicamente en los elementos externos, al decir elementos externos en este caso me estoy refiriendo a las políticas de apoyo económico a través de las organizaciones comunes de mercado o de las políticas sectoriales horizontales de desarrollo rural. Pero, creo que también cuando hablemos de la explotación, cuando hablemos de las estructuras productivas y de la competitividad y de la dimensión que tiene que tener para ser competitivas, deberíamos hacer un esfuerzo de abstraernos por algún momento de lo que es la política de apoyos a la renta, evidentemente, y de apoyos estructurales, para saber también en un escenario teórico lejano, menos halagüeño o menos optimista, o con menos recursos comunitarios, qué tendríamos que hacer para, a pesar de eso, seguir siendo competitivos. Yo creo que es un ejercicio, también, importante a plantearse de futuro.

Por lo tanto, yo creo que, desde ese punto de vista, y teniendo en cuenta estas ideas y otras muchas que se pondrán sobre la mesa a lo largo de las reuniones que sigan a esta I Jornada sobre Estructuras Agrarias, y los debates y los documentos que hoy se han aportado y que se aporten en un futuro, yo creo que en ese ámbito lo que sí que es importante es decir que tenemos que seguir profundizando en el conocimiento de la realidad del sector, que es cierto que sigue habiendo incertidumbres y dudas sobre los datos que tenemos, y tenemos que profundizar en ellos para tener un diagnóstico lo más certero posible; que tenemos por ello que trabajar todos codo con codo en conseguir ese diagnóstico certero, y ahí la importancia de la colaboración de todos los que ya están aquí presentes, no solamente a título personal, sino a título institucional; y, muy especialmente, quiero agradecer la presencia a los representantes de la Universidad, que creo que sus aportaciones han sido, son y van a ser fundamentales en los trabajos del Libro Blanco; y también, a las organizaciones agrarias que están a pie de obra, que conocen la realidad y que, por lo tanto, creo que colaboran y deben de colaborar de manera directa en el diagnóstico de la situación y en las medidas de futuro que se puedan plantear.

Yo quiero concluir esta breve intervención, que prometía breve intervención, haciendo dos cosas. Primero, comprometiendo una vez más al Ministerio de Agricultura en todos estos trabajos, y en apoyar todos estos trabajos para conseguir que el diagnóstico y la terapia a aplicar al campo español sea el más certero posible y el más ambicioso posible. Y en segundo lugar, y por la responsabilidad que me concierne en la organización de estas jornadas, pedir disculpas por las deficiencias que hayan podido haber, esperando que en las próximas jornadas esas deficiencias se suplan o desaparezcan. Y nada más, muchas gracias a todos y buenas tardes.