| Clausura - Manuel Pacheco Manchado
Buenas tardes a
todos. Voy a empezar presentándome
porque supongo que muchos de ustedes no me conocerán,
soy Manuel Pacheco, Subsecretario de Agricultura y me corresponde
hoy clausurar esta jornada del Libro Blanco sobre la “Fiscalidad
del Sector Agrario”. Para mí desde luego es
una satisfacción, porque creo que es el primer acto
en que actúo como Subsecretario de Agricultura, y
además porque, muchos de vosotros lo sabéis,
he estado ligado profesionalmente a temas de fiscalidad,
- aunque ya hace algunos años -, y empiezo a olvidarme
de sus pormenores. Los impuestos me gustan, tengo cierta
querencia por el tema y esta jornada y las ponencias presentadas,
tienen dos aspectos que me interesan mucho, por una parte
los tributos y, por otra parte, el sector agrario donde estoy.
Desgraciadamente no he podido asistir
a la jornada por tener que acudir a la Comisión General de Subsecretarios.
No obstante, he tenido en mi poder todas las ponencias que
se iban a presentar en la misma y de su revisión he
intentado obtener unas conclusiones. No se asusten, porque
la primera conclusión que saqué es que, debo
ser breve en esta clausura.
En primer lugar, porque con todas las
cosas que se han dicho, con la intensidad y profundidad
del debate que las cuestiones
fiscales requieren, deben estar ustedes verdaderamente cansados
y no es cuestión de que el Subsecretario insista acerca
de lo que ya saben. Creo que se ha dicho aquí todo
lo que había que decir, las ponencias que he leído
me parecen magníficas, han tratado todos los problemas
serios del régimen fiscal de la Agricultura y se han
empezado a plantear sus problemas fundamentales.
Dejando aparte esta primera conclusión, he sacado
tres conclusiones más, que creo merecen la pena ser
destacadas, un poco como resumen a este día de trabajo
intenso.
En primer lugar, sí parece que hay cierta coincidencia
en que el régimen fiscal de la Agricultura cuenta
con una discriminación positiva a favor de la agricultura
que todo el mundo considera correcta y que tiene un apoyo
normativo claro: en primer lugar en nuestra propia Constitución,
en su artículo 130, y en segundo lugar en la normativa
de la Unión Europea, que desde sus orígenes
ha tratado la Agricultura como un sector merecedor y acreedor
de una protección especial.
Este régimen, esta discriminación positiva,
se manifiesta en la actualidad fundamentalmente a través
del sistema de estimación objetiva para la agricultura,
realmente conocido como el Sistema de Módulos, sistema
muy sencillo, que no plantea problemas burocráticos
para el agricultor y, por lo tanto, no conlleva costes indirectos.
Además, es un sistema flexible, en la medida que nos
permite, a través de las ordenes ministeriales que
anualmente se publican, ajustar la fiscalidad del sector
agrario a las circunstancias de cada caso.
Esta misma tarde, me comentaba uno de
los Subdirectores Generales de la Subsecretaria, que curiosamente
en este momento
estamos por una parte indemnizando y calculando las indemnizaciones
de las inundaciones que se han producido en la Cuenca del
Ebro, y al mismo tiempo, estamos calculando los módulos
que hay que fijar para ese mismo sector, como consecuencia
de la sequía producida el año anterior. Lo
cual demuestra la variabilidad de las condiciones climáticas
que afectan a la agricultura y por tanto la variabilidad
de los rendimientos que se pueden obtener en un momento determinado.
El sistema del Impuesto de la Renta
de las Personas Físicas
tiene su correlato en el Impuesto del Valor Añadido
a través del Régimen Especial para la Agricultura,
la Ganadería y la Pesca, sistema de muy sencilla gestión,
- en un impuesto como el IVA, que es un impuesto muy complejo,
siempre es de agradecer – y, además, no supone
necesidad alguna por parte del agricultor, teniendo un porcentaje
de compensación que incluso en el año 2000
se incrementó del 5 al 8% en materia de agricultura
y silvicultura y al 7 en ganadería.
Pero a pesar de que en principio debemos
considerar este régimen fiscal como positivo, ya que discrimina positivamente
a la agricultura, existe también un consenso general
sobre la necesidad de la reforma en el ámbito del
Régimen Fiscal de la Agricultura.
En primer lugar reformas puntuales porque
hay supuestos, a mi juicio, de verdadera inseguridad jurídica. Me
he quedado sorprendido cuando me he encontrado situaciones
en las que hay dudas muy serias acerca de cual es el régimen
fiscal aplicable a determinadas operaciones. Lo cual no es
asumible en ningún ámbito del elemento jurídico
pero en materia fiscal mucho menos. No es comprensible ni
asumible que hoy en día se pueda realizar cualquier
actividad económica si no tienes una seguridad fiscal
y sin saber exactamente cual es la carga fiscal que se deriva
de esa actividad económica. Por lo tanto estas situaciones
dudosas deben ser abordadas y resolverse en uno u otro sentido,
de una manera clara y definitiva.
En segundo lugar, es necesaria una reforma
en la Política
Fiscal, entendida como un instrumento que ha de coadyuvar
a la Política Agraria. Es evidente que el margen que
tienen los Estados para realizar política agraria
nacional está muy condicionado por la normativa comunitaria.
No es que en política fiscal dispongamos de mucho
margen, pero todavía contamos con un cierto espacio
de actuación y tenemos que utilizarlo para que la
Política Fiscal nos sirva para conseguir los objetivos
que nos fijemos para la Política Agraria.
Si la Política Agraria, tiene como objetivo mejorar
y ampliar las explotaciones, tendremos que establecer un
régimen fiscal que permita, sin un coste fiscal excesivo,
que haya una movilidad de la tierra que no sea impedida por
las tributaciones a aplicar a estos contratos y que en general
facilite el crecimiento de las explotaciones. Igual podemos
decir respecto a la modernización, si queremos que
nuestras explotaciones se modernizan tendremos que establecer
un régimen fiscal que por lo menos no dificulte, más
bien al contrario, que potencie su modernización,
haciendo nuevas inversiones y mejorando sus infraestructuras.
Y en este campo de modernización es necesario referirse
a la Política de I+D, que en todos los ámbitos
de la economía es necesaria y en agricultura lo es
aún más. Recientemente, en el vigésimo
quinto aniversario de la FIAB, el Vicepresidente Segundo
del Gobierno y Ministro de Economía anunció una
serie de reformas que tienen por objeto facilitar que estas
actividades de I+D cuenten con un régimen jurídico
fiscal claro y cierto. Volvemos otra vez a lo que hemos contado
anteriormente, un régimen jurídico con certidumbre
es básico para realizar cualquier tipo de actividad
económica.
Toda esta actividad de Política Fiscal como apoyo
a la Política Agraria es especialmente importante
en un momento como éste, en el que nos enfrentamos
no solamente a una reforma de la Política Agraria
Común, que nos va exigir y a plantear nuevos retos
y nuevas reglas de juego, sino que además vamos a
desarrollar una ampliación de la Unión Europea,
que va a aportar nuevos competidores en el Mercado Único.
Este hecho, no debe asustarnos porque los nuevos países
son una oportunidad de negocio y que creo, y estoy seguro,
que la Agricultura española tiene capacidad, más
que sobrada, tanto para competir en este mercado como para
obtener nuevos mercados en estos países que se abren
a la Unión Europea. Pero para ello necesitamos que
la Política Agraria sea apoyada por la Política
Fiscal y todo esto, en el marco de las negociaciones en materia
de comercio internacional, de su liberalización en
el seno de la Organización Mundial del Comercio.
Por último, hemos de considerar, a la hora de plantear
una Política Fiscal en relación con la agricultura,
el impulso del Desarrollo Rural como segundo pilar de la
Política Agraria Común. Los agricultores van
a tener que desarrollar una actividad estrictamente agraria
junto a otras actividades que van más allá de
lo agrario. Tenemos que diseñar una Política
Fiscal que no se vea contaminada por estas circunstancias
ya que simplemente el hecho de realizar funciones distintas
a las esencialmente agrarias puede eliminar los beneficios
diseñados para la Política Agraria.
Y la última conclusión que planteo brevemente,
no se preocupen, es un dato al que se hace referencia en
alguna ponencia, y que me llama la atención. Me refiero
al hecho de que la modernización de las explotaciones
implica que los agricultores van a tener que llevar una contabilidad,
mínima, pero una contabilidad. Esto nos va a permitir
también, a mi juicio, buscar nuevas formas de tributación
que quizá sean un poco más complejas pero que
también nos faciliten una mayor adecuación
de la Política Fiscal a las circunstancias de cada
empresa.
No renuncio a esta posibilidad aduciendo
el argumento, que rechazo de principio, de que los hombres
y mujeres del campo
no entienden. Cuando llegué al Ministerio de Agricultura
me encontré con un sector muy dinámico, que
se ajusta y se adecua perfectamente a las circunstancias
del mercado, que responde a los retos que se le ponen y no
creo en absoluto que los agricultores no sean capaces de
llevar una contabilidad, lo saben llevar perfectamente y
si no fuera así hay formación para ello.
Además tenemos que aprovechar las nuevas tecnologías,
dado que hay sistemas que permiten llevar la gestión
de empresas que son aplicables a los sistemas agrarios con
carácter general y a su vez, vinculables con la gestión
tributaria a través de sistemas telemáticos,
tema que la Agencia Tributaria ha implementado mucho y que,
a mi juicio, donde tiene un sentido mayor es en el medio
rural ya que las distancias físicas imponen una mayor
pérdida de tiempo.
Estas son las conclusiones generales,
sé además
que ha habido muchas propuestas concretas relativas a distintos
problemas que son ya viejos conocidos del Ministerio y que
hemos tratado de resolver. Temas como el régimen fiscal
aplicable a las cooperativas, la aplicación del IVA
a las operaciones realizadas por las Organizaciones de Productores
de Frutas y Hortalizas y a las Organizaciones de Productores
de Aceite de Oliva, el régimen que ha de aplicarse
a las subvenciones de la Unión Europea. Todos ellos
son temas que vamos a analizar muy detenidamente. El Ministerio
va a estudiar estas ideas que se han presentado de manera
novedosa, veremos su utilidad y analizaremos cómo
podemos incorporarlas a la legislación actualmente
vigente.
En todo caso saben ustedes que siempre
el Ministerio ha mantenido una postura de puertas abiertas
y desde luego en
este tema vamos a seguir trabajando en esta misma línea.
Y en este sentido, uno de los temas
que destacaría
y sobre el que vamos a trabajar, es el tema de la extensión
de los beneficios fiscales de la Ley de Modernización
de Explotaciones Agrarias a otras formas personales o societarias,
ya que si han dado resultados favorables con la citada Ley
pueden también ser útiles en otras formas.
En todo caso quería destacarles que esto no es el
final del debate de fiscalidad agraria, sino el principio.
Como siempre decimos en las clausuras de las jornadas, el
modelo que se ha diseñado para hacer el Libro Blanco
de la Agricultura es un modelo eminentemente participativo.
Las jornadas temáticas y autonómicas que hemos
celebrado, nos han permitido acercarnos a la realidad del
sector agrario y tenemos abierta una página web a
disposición de todo aquel que quiera hacer cualquier
aportación al Libro Blanco.
De esta manera yo creo que conseguiremos
recoger, no solamente la opinión de los funcionarios, sino también
la opinión de los sectores, de los profesionales,
de los agricultores, de la universidad, etc. Es un reto que
tenemos por delante y, a la vez, un compromiso con este sector.
Termino así agradeciendo a todos ustedes, el esfuerzo
que supone estar aquí y, en especial, a los ponentes
por sus trabajos y aportaciones así como a todos los
que han contribuido con sus aportaciones y esfuerzos al éxito
de esta Jornada.
Muchas gracias a todos.

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