| Ponencias

EXPERIENCIAS
DE COLABORACIÓN EN INVESTIGACIÓN
Y DESARROLLO TECNOLÓGICO EN EL SECTOR ALIMENTARIO
Jorge Jordana
Secretario General de la FIAB. Madrid
En la elaboración del Plan Nacional
de I+D 2000-2003 todavía vigente, incidí de
forma reiterada en la necesidad de habilitar un programa especial
para contar la ciencia. Creo que España se encuentra
realmente en una encrucijada determinante: la globalización
en la que nos encontramos inmersos y la nueva ampliación
de la Comunidad Europea están suponiendo un fuerte
cambio en el escenario económico en el que nos encontramos
y la sociedad española tiene que hacer un esfuerzo
realmente gigantesco en la investigación y en el desarrollo
tecnológico, que debe iniciarse aumentando el conocimiento
que los ciudadanos pueden tener de lo que es la ciencia.
El Sistema Agroalimentario Español mantiene
una cierta posición competitiva basada en la diversidad
y calidad de sus producciones y en sus precios competitivos.
El primero de los factores, el clima, seguirá existiendo
en el futuro, pero teniendo que competir con nuevos países
emergentes que presentan unas condiciones climáticas
tan satisfactorias o aún mejores que las nuestras.
La existencia de precios competitivos se apoya
en algunos casos en los apoyos institucionales que ven ya
su declinar o en que el sistema económico español
tiene aún un diferencial destacable en el coste de
un factor de producción fundamental: el de la mano
de obra.
Si en el año 2000 y según datos
del Eurostat, en la Unión Europea a 15 el factor trabajo
tenía un coste de 22,70€ por hora trabajada, con
una amplitud que iba desde los 28,56 €/hora correspondientes
a Suecia a los 8,13 €/hora correspondientes a Portugal,
España se situó, con 14,22 €/hora, entre
los países con un menor coste laboral.
COSTES LABORALES
POR HORA TRABAJADA EN LA INDUSTRIA Y LOS SERVICIOS
(Año 2000, en euros) |
| UNIÓN
EUROPEA |
22,70 |
| ALEMANIA |
26,54 |
| AUSTRIA |
23,60 |
| DINAMARCA |
27,10 |
| ESPAÑA |
14,22 |
| FINLANDIA |
22,13 |
| FRANCIA |
24,39 |
| GRECIA |
10,40 |
| IRLANDA |
17,34 |
| LUXEMBURGO |
24,23 |
| PAÍSES
BAJOS |
22,99 |
| PORTUGAL |
8,13 |
| REINO UNIDO |
23,85 |
| SUECIA |
28,56 |
| Fuente: Eurostat.
Marzo 2003 |
Pero a la puerta de Europa se encuentra los
nuevos países de la adhesión que también
para el año 2000, aunque con valores procedentes de
otra fuente estadística, tienen unos costes laborales
que varían entre los casi 7 € de Eslovenia al
1 €/hora de Bulgaria.
| COSTES LABORALES
EN 2000 (EUROS/HORA) % |
| ESLOVENIA |
6.99
|
| POLONIA |
3.50
|
HUNGRIA |
3.08
|
| CHEQUIA |
3.06
|
| ESTONIA |
2.33
|
| LETONIA |
2.15
|
| LITUANIA |
2.10
|
| RUSIA |
1.94
|
| RUMANIA |
1.16
|
| BULGARIA |
0.91 |
| UNICE. Septiembre
2002 |
Parece claro que nuestro futuro no podrá
seguir basándose en competir, exclusivamente, por unos
menores costes laborales.
La única ventaja que pueden
mantener o incluso aumentar los países desarrollados
es la basada en el conocimiento:
tener una estructura social compleja, eficaz y rica en la
prestación de servicios y desarrollar productos y servicios
basados en un superior conocimiento y en la excelente formación
profesional de sus trabajadores. Precisamente, esta Jornada
del Libro Blanco sobre Desarrollo Rural trata de ambos aspectos,
de innovación y de formación profesional y me
alegra especialmente que, finalmente, se haya introducido
en este Libro Blanco un capítulo que se enfoca directamente
al futuro.
Si queremos analizar de dónde partimos,
en cuando a intensidad de la investigación y desarrollo
tecnológico de la sociedad española, nos tenemos
que fijar en los datos genéricos que miden la intensidad
de la inversión en la investigación y el desarrollo,
en relación con el PIB de los países o con el
volumen de ventas de los sectores.
|
GASTOS
EN I+D (millones de pesetas) |
| |
1978 |
1988 |
1998 |
| |
Publica |
Privada |
Publica |
Privada |
Publica |
Privada |
Agricultura,
Ganadería
y Pesca |
8 |
13 |
285 |
2018 |
2344 |
7768 |
| Industrias
Alimentarias |
20 |
1244 |
256 |
5537 |
708 |
11545 |
| INE. Series históricas.
Gastos en I+ D |
Los únicos datos estadísticos
que he encontrado que hace referencia explícita tanto
al sector primario, como a la industria agroalimentaria, se
encuentran en la sede histórica del INE que muestran
un claro crecimiento de la inversión en moneda corriente
desde 1978 a 1988. Que en el año 1978 se contabilizaran
tan sólo 8 millones de inversión pública
en investigación y desarrollo de la agricultura, ganadería
y pesca y que 21 años después esa cifra sea
de 2344 millones, puede parecer un crecimiento acelerado,
pero las cifras finales son realmente ridículas.
| GASTOS
EN I+D (% SOBRE VOLUMEN VENTAS) |
| SUECIA |
3.78 |
| Media UE |
1.88 |
| JAPON |
2.98 |
| USA |
2.70 |
| ESPAÑA |
0.97 |
| Sector
aeroespacial español |
23.00 |
| Sector
industrial alimentario |
0.137 |
| Sector
primario |
0.220 |
| Fuente: OCDE (2001)
e INE (1998) |
Según datos de la OCD, el país
que dedica más recursos a investigación y desarrollo
tecnológico es Suecia, con un 3,78% de su PIB. Todos
los países con un alto nivel de desarrollo (Japón,
USA, Alemania) mantienen valores ampliamente superiores al
2%, situándose la media de la Unión Europea
a 15 en 1,88%. En ese concierto España se sitúa
nuevamente entre los países de menos intensidad en
inversiones en I+D con un 0,97%.
Evidentemente, no todos los sectores tienen
la misma intensidad inversora y en la sociedad española
de creernos los datos estadísticos existentes, el abanico
oscila entre un 23% del volumen de ventas correspondientes
a las inversiones en el sector industrial de fabricación
de material aeroespacial y el 0,14 del sector industrial alimentario.
Estas últimas cifras en sí mismas
no indican todo, pues cada sector tiene unas características
propias que determinan una propensión determinada a
invertir y en todos los países la industria la industria
alimentaria y los sectores agrarios y pesqueros son de los
que tienen un porcentaje menor.
FACTORES DEL RETRASO EN I+D
|
CARACTERÍSTICAS
SECTOR AGROALIMENTARIO EN I+D
- Baja intensidad de la tecnología
(Low-tech)
- Facilidad de la imitación (Me-too)
- Falta de cultura empresarial en I+D
- Política económica equivocada
|
Son numerosos los factores que determinan
el retraso de nuestros sectores en Inversión y Desarrollo.
Entre las características destacables, debemos mencionar
la baja intensidad de las tecnologías aplicables (lo
que en términos anglosajones, se denomina “low-tech”),
la facilidad que existe para imitar los productos (en vez
de tener que desarrollarlos nuevos), la existencia de unas
graves deficiencias culturales en la comprensión por
el sector de la importancia de la investigación y el
desarrollo y la falta de una política económica,
realmente incentivadora, de este tipo de inversiones.
Podríamos extendernos en la consideración
de estos factores, pero tan sólo realizaremos algunas
breves reflexiones sobre ellos.
Según los estudios realizados por la
propia industria alimentaria, de cada 100 productos teóricamente
nuevos que se ponen en el mercado, 82 son meros desarrollos
imitativos de productos ya existentes. El riesgo que se tiene
al imitar es claramente menor que el de innovar, pues de los
18 productos realmente nuevos de cada 100 que se lanzan al
mercado, tan sólo 2 tienen una vida superior a los
dos años y sólo 4 superior al año.
Ello lleva también a tener que contar
con una cultura empresarial que, históricamente, ha
dado la espalda a la investigación: los investigadores,
los “bata blanca” como se les conoce en el argot,
son más un coste del proceso que no una inversión
para el futuro. La inversión en Investigación
y Desarrollo es una inversión en intangibles y además
con resultados a medio y largo plazo. Hace falta directivos
bien formados en gestión para que comprendan la necesidad
de estas inversiones.
Además la política económica
está siendo equivocada. No estamos hablando de que
España tenga que intensificar sus esfuerzos en Investigación
y Desarrollo. No decimos que es necesario mejorar unas décimas
nuestros índices para acercarnos a las medias europeas.
Lo que necesitamos es una auténtica revolución
en investigación y desarrollo y duplicar, cuando menos,
en el menor plazo posible, lo que destinamos a investigación
y desarrollo y ello exige una política inequívoca
de fomento de esa inversión y no placebos. Por ejemplo,
hemos venido teniendo el marco más favorable del mundo
como apoyo fiscal (desgravaciones) a las inversiones en investigación
y desarrollo, pero los que tenían que aplicarlos eran
los inspectores de Hacienda que están programados para
recaudar lo máximo posible. Como no podía esperarse
otra cosa, apenas ha funcionado ese apoyo público.
Muy recientemente, se ha traspasado esa responsabilidad al
Ministerio de Ciencia y Tecnología, pero seguramente
este Ministerio no será dotado de los medios materiales
y humanos necesarios para asumir con eficacia esa nueva responsabilidad.
| DEFICIENCIAS
EN LA GESTIÓN DE LA I+D
- Escasa asunción del riesgo
- Fuentes de financiación escasas
- Escasez de recursos humanos especializados
- Poca disponibilidad de servicios externos
- Falta de eficacia de los apoyos públicos
- Alejamiento entre la investigación
pública y el sector económico
|
También hay problemas en la gestión
de Investigación y desarrollo. El español, sociológicamente,
no es una persona que le guste el riesgo que, sin embargo,
es necesario cuando en las empresas se trata este tipo de
inversiones. Tampoco el sistema financiero español
funciona adecuadamente para proporcionar el capital-riesgo
necesario en algunas de estas inversiones, o que en el sistema
económico español hay una gran escasez de recursos
humanos especializados en la investigación y desarrollo
o que seamos una sociedad con escasos servicios externos en
investigación y desarrollo o que el tiempo administrativo,
largo e inmóvil, cada vez es menos adecuado para gestionar
las ayudas ante la aceleración de los procesos del
conocimiento y de los procesos económicos: el tiempo
de gestión de los apoyos públicos empieza a
invalidar los propios apoyos públicos. O el tradicional
alejamiento en la investigación pública (que
supone un porcentaje superior al 50% de la investigación
total) y los sectores económicos, problema persistente
a pesar de las múltiples iniciativas desarrolladas
como las OTRIs, las Fundaciones Universidad-Empresa.
Sin embargo, en esta Ponencia quiero referirme
especialmente a cómo resolver uno de los mayor problemas
específicos que tenemos los sectores agroalimentarios:
el escaso tamaño medio de las empresas y de las explotaciones.
Todos los estudios consultados confirman que
la intensidad de las inversiones en investigación y
desarrollo en las empresas crece con su tamaño. Es
más, en muchos sectores, en las pymes, sencillamente,
no hay inversión en investigación y desarrollo,
porque ésta requiere una masa crítica inalcanzable
para ellas.
Hace ya años, un estudio realizado por
el prestigioso Boston Consulting Group, determinaba que para
que una empresa de alimentación pudiera tener un departamento
de Investigación y Desarrollo con garantías
de éxito, requería abrir simultáneamente
10 líneas de investigación, dado de que cada
diez proyectos, siete fracasaban, dos daban origen a productos
de corta vida comercial y sólo uno podía perdurar,
dando beneficios en el tiempo.
El coste de cada línea de investigación
lo situaban en un millón de euros. Ello llevaba a que
la empresa debería dedicar a investigación y
desarrollo al menos 10 millones de euros. El 80% de las industrias
de alimentación existentes en España no llegan
a los 10 millones de euros... de volumen de ventas.
El mayor problema que tenemos que resolver
es por tanto el superar las claras deficiencias introducidas
por la atomización de nuestros sectores y ello es posible
mediante las acciones, ya puestas en marcha, a iniciativa
de a industria que he denominado:
| INVESTIGACIÓN
COOPERATIVA
INVESTIGACIÓN
COMPARTIDA
INVESTIGACIÓN
COORDINADA
|
Como ejemplo de la investigación cooperativa,
quiero exponerles los Centros Tecnológicos Sectoriales
que, a iniciativa de la FIAB, se empezaron a constituir en
1989. La idea fue compartida con el entonces Vicepresidente
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
D. Enrique Tortosa y consistía en un modelo arriesgado
y valiente en cuanto que exigía la estrecha colaboración
de las Administraciones públicas locales, autonómicas
y estatal y la complicidad de las pymes de un sector productivo.
Se trataba de que las Administraciones Públicas construían
un Centro Tecnológico operativo, cuya propiedad y gestión
se traspasaban al sector, con las necesarias cautelas que
garantizaban su utilización para los fines previstos.
Esta idea fue plasmada en una Resolución
de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología
que se publicó en el BOE de 1 de marzo de 1989. Los
ayuntamientos de las localidades donde se ubican proporcionan
gratuitamente el suelo, las Comunidades Autónomas construyen
físicamente el edificio y el entonces Ministerio de
Educación y Ciencia dotaba la infraestructura instrumental.
El sector receptor debería correr con todos los costes
de mantenimiento, debiéndose dedicar el Centro al apoyo
tecnológico de las empresas del sector, en la seguridad
de que con el tiempo, también llegarían a desarrollar
proyectos de investigación.
Estos Centros Tecnológicos de los que
se han constituido dos, el Centro Técnico Nacional
de Conservas Vegetales, situado en la localidad de San Adrián,
con 125 pymes, y el Centro Técnico Nacional de Productos
de la Pesca, situado en Vigo y soportado por 140 empresas
dedicadas a la conservación de pescados y mariscos.
Son entidades privadas, sin ánimo de
lucro, que están dirigidos por un Consejo Rector en
el que, obligatoriamente, la mayoría deben representar
a las empresas propietarias, pero en el que se encuentra representantes
de las entidades públicas que apoyaron su creación.
Después de más de diez años de funcionamiento,
su financiación es fundamentalmente privada (65%).
Otro 10% son ingresos procedentes de las Administraciones
públicas por cobros de servicios realizados y existen
un 25% de subvenciones por proyectos de investigación,
pues como cualquier Centro de investigación se presentan
a las convocatorias de los Planes Nacionales de I+D. Ambos
Centros tienen 4o profesionales o más, trabajando en
ellos y dan un servicio realmente inmejorable a las empresas
asociadas en todos los campos de actividad que requieren conocimiento
científico y tecnológico: control de materias
primas; controles de productos acabados; auditorias energéticas,
auditorías de proceso; sistemas de autocontrol en seguridad
alimentaria; implantación de sistemas de calidad ISO;
control de vertidos; análisis de impacto medio ambiental;...
hasta llegar al desarrollo de procesos y de productos, amparados
por las correspondientes patentes de invención.
Solo lamento que no hayan progresado mas iniciativas
bien por que no ha habido interés por parte de los
sectores económicos, bien por la miopía de algunas
Administraciones Autonómicas, perdidas en su laberinto
próximo y sin querer ver los efectos determinantes
a largo plazo de estos centros tecnológicos. El todavía
no constituido Centro del Sector Avícola de Puesta
es unas buena prueba de ello.
He querido llamar a esta experiencia de éxito
investigación cooperativa, puesto que se trata de numerosas
pequeñas y medianas empresas de un mismo sector que
cooperan entre ellas hasta llegar a hacer investigación.
Pero hay otros ejemplos de empresas de diferentes
actividades económicas que comparten sistemas de investigación
comunes. Es la investigación compartida.
El caso más claro es el de la Asociación
de Investigación para la Mejora del Cultivo de la Remolacha
Azucarera (AIMCRA).
AIMCRA nació como una iniciativa de
la industria azucarera, aunque en 1980 se incorporaron los
agricultores, tanto en los órganos de gobierno, como
en la financiación de las actividades. Es una entidad
privada, sin ánimo de lucro. Con una dilatada experiencia,
pues se creó en 1966. Hoy es una entidad de la interprofesional
azucarera. La financiación es mayoritariametne privada
y en la actualidad se financia en un 52% por cuotas que soportan
a partes iguales la parte industrial y la parte agrícola.
Venden servicios a terceros con unos ingresos del 30% del
total. También perciben subvenciones públicas
por los proyectos de investigación financiados por
los planes nacionales de I+D.
En este caso, el órgano rector que es
la Junta Directiva está formada, exclusivamente, con
socios de la interprofesional.
Lógicamente, se dedica a investigar
todo lo que influye en el cultivo agrícola: variedades,
control de plagas, herbicidas, sistemas de riego, fertilización,
producción integrada,.... Realiza también la
extensión de sus resultados entre los socios.
Después de tantos años, gracias
a los trabajos realizados por la AIMCRA la remolacha azucarera
sigue siendo una opción de cultivo en amplias zonas
de España, singularmente, en la Meseta Norte, habiendo
llegado a multiplicar por más de tres, los rendimientos
por hectárea.
Es posible hacer investigación compartida
entre el sector agrario y el sector industrial. Para ello
las organizaciones interprofesionales agroalimentarias se
constituyen en pieza clave, pero el ejemplo del sector azucarero
no es sencillamente extrapolable a las demás interprofesionales,
pues existe una altísima concentración en el
sector industrial que lleva a que todas las empresas participen
en el AIMCRA sin que necesariamente haya que imponer, por
extensión de norma, una contribución económica.
Además, la posibilidad de crear contribuciones
económicas obligatorias en el seno de las organizaciones
interprofesionales para financiar investigación y desarrollo,
sencillamente no está contemplada en su Ley Reguladora.
Por ello, es preciso modificar el Artículo
8 de la Ley 38/94 para introducir entre las normas de posible
extensión “las acciones tendentes a promover
la investigación, el desarrollo tecnológico
y la innovación en los diferentes sectores”.
| ES
PRECISO MODIFICAR LA LEY 38/94 REGULADORA DE LAS ORGANIZACIONES
INTERPROFESIONALES PARA INCLUIR ENTRE LAS NORMAS DE
POSIBLE EXTENSION “LAS ACCIONES TENDENTES A PROMOVER
LA INVESTIGACION, EL DESARROLLO TECNOLOGICO Y LA INNOVACION
EN LOS DIFERENTES SECTORES (Art.8)
|
Intentamos introducir esta modificación
en la Ley de Acompañamiento a la de los Presupuestos
Generales del Estado de 2000, pero una vez más, el
Ministerio de Economía y Hacienda no entendió
la profundidad de lo que se quería conseguir y sencillamente,
no lo aceptó.
| INVESTIGACIÓN
COORDINADA
LOS CENTROS DE COMPETENCIA
CIENTIFICA EN RED:
|
Investigación coordinada. El problema
que nace cuando existen muchas pequeñas unidades de
investigación privadas o públicas es que puedan
caer en una inoperante descoordinación. La investigación
agroalimentaria se realiza, fundamentalmente, en Centros Públicos
que tienen diversas dependencias orgánicas: el centro
más especializado es el del INIA, del Ministerio de
Ciencia y Tecnología, no solo por su masa crítica,
sino porque coordina la política de investigación
de todas las Comunidades Autónomas. Existen diversos
centros especializados en el área agroalimentaria,
dependientes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
del citado Ministerio. Existen otros centros públicos
de investigación agroalimentaria en la totalidad de
las Comunidades Autónomas y, poco a poco, van entrando
en la investigación del sector la mayor parte de las
universidades españolas.
La multiplicación de unidades y equipos
especializados en líneas concretas del sector agroalimentario
y el no crecimiento de los recursos dedicados a financiar
esa investigación, están provocando una disminución
de la dotación financiera media por proyecto y que,
además pudieran existir proyectos muy similares, en
centros de Investigación muy diferentes, sin coordinar
entre ellos.
Nuevamente, fue la industria alimentaria la
que en el vigente Plan Nacional de I+D 2000-2003 propusiera
la creación de Centros de Competencia Científica
en Red (CECOC).
Se trataba de crear en áreas temáticas
Centros virtuales, dirigidos por un centro de reconocido prestigio
en dicha área, y al que pudieran asociarse todos los
grupos de investigación de excelencia que existieran
en dicha área temática.
Se pretendía que fuera la Red, participada
por todos, la que elaborara grandes proyectos de investigación,
que tuvieran una financiación preferente.
Esa nueva concepción requería
cambios no pequeños en la gestión de los proyectos
de I+D en el seno del propio Ministerio de Ciencia y Tecnología,
sobre todo, en las competencias de la Agencia Nacional de
Evaluación y Prospectiva.
El sector industrial propuso la creación
de dos Centros en ese Plan Nacional: el correspondiente a
industria de la carne (CECOC-PTC) y el correspondiente a seguridad
alimentaria (CECOBA). El primero por ser el sector cárnico
el mayor sector de la industria alimentaria española,
que además tenía numerosos grupos de excelencia
trabajando en él, y en el que existía un centro
con una especial relevancia que podía constituirse
en el director de la red con el apoyo de todos los demás.
La idea fue recogida en el Plan Nacional de I+D, incluso con
carácter prioritario, y su aplicación fue asumida
por el INIA, cuyo Director, D. Adolfo Cazorla, ha dedicado
muchísimos esfuerzos a lo largo de estos últimos
años para ponerlo en marcha.
| CENTRO
DE COMPETENCIA CIENTIFICA EN PRODUCTOS TRANSFORMADOS
DE LA CARNE (CECOC-PTC)
- Formados por grupos de excelencia
públicos y privados seleccionados por la ANEP.
- Con un centro director:
C. de Tecnología de la Carne del
IRTA.
- Realizarán proyectos
de I+D coordinados que no pasaran por la ANEP.
|
En el mes de enero de este año se presentó
formalmente el CECOP-PTC, abriéndose el periodo de
recepción de intereses a los que han acudido 18 grupos
de investigación de los que tres de ellos pertenecen
a empresas privadas.
El segundo Centro en Red (CECOBA) se diseñó
en seguridad alimentaria como un instrumento para captar las
informaciones sobre problemas emergentes en esta área
y se está a la espera de que pueda engarzarse con la
recién creada Agencia Española de Seguridad
Alimentaria.
Al menos el sector de derivados de los productos
de la pesca y el sector lácteo quieren constituir nuevos
Centros en Red, en el Plan Nacional de I+D 2004-2007 que se
está empezando a elaborar, estándose a la espera
de nuevas iniciativas en estos temas.
Quisiera acabar incidiendo nuevamente en que
la sociedad española debe proceder a un cambio radical
en su consideración de la investigación y del
desarrollo tecnológico y ello, obliga a que los administradores
públicos retomen, con valentía, ese difícil
reto que es especialmente complicado en sectores antiguos
como la agricultura, la ganadería, la pesca y la elaboración
de alimentos.
Pero la posibilidad de avanzar en la superación
de este reto no parte de cero, Existen pasos que, de diferente
forma, la industria alimentaria ha venido dando, con la comprensión
de unos pocos administradores públicos y que han sido
claramente exitosos.
Se trata tan sólo de copiarlos,
mejorarlos y extenderlos a todas las actividades de la cadena
agroalimentaria.

|