| 12 de septiembre
de 2002
ILMO. SR. SUBSECRETARIO
DE AGRICULTURA Y PRESIDENTE DE ENESA, D. MANUEL LAMELA FERNÁNDEZ
Buenas tardes a todos. Tengo el enorme placer
de participar, nuevamente, en otra jornada del Libro Blanco
de la Agricultura y el Desarrollo Rural, dedicada a algo que
es esencial y que va a jugar un papel muy importante en el
futuro de la agricultura española, del campo español,
del desarrollo rural y de lo que es la estructura de rentas
de nuestro campo.
Comparecer hoy en esta jornada, en mi doble condición
de Subsecretario y de Presidente de la Entidad Estatal de
Seguros Agrarios, me produce una doble satisfacción.
Desde esas dos perspectivas voy a tratar de hacer una muy
breve intervención, en la que quiero hacer alguna reflexión
importante, que considero conveniente plantear.
El seguro agrario nace, al igual que todo sistema de aseguramiento,
desde el punto de vista histórico, como una necesidad
debida a la existencia de riesgos, - riesgos climáticos
en el caso que nos ocupa -, y que especialmente en el caso
de España, teniendo en cuenta la diversidad de cultivos
y la diversidad climatológica de la Península
Ibérica, son una realidad y una amenaza para las producciones
y para la estabilidad del rendimiento y la rentabilidad de
la propia producción.
Están ahí y todos los conocemos bien: las heladas
primaverales, los granizos, las sequías, las gotas
frías, las lluvias torrenciales que hemos padecido
hace muy poco tiempo. Soportamos un montón de fenómenos
climatológicos que afectan de manera, - en ocasiones
tremendamente grave y dura -, a nuestras producciones, a la
renta de nuestros agricultores y a la estabilidad de nuestras
explotaciones.
Creo que, desde esa perspectiva, es necesario una vez más,
contemplar la realidad del campo español, teniendo
en cuenta lo que es realmente la estructura productiva del
tejido agrario. Estamos, como hemos reiterado en muchas ocasiones
a lo largo de todas estas jornadas, ante un negocio al aire
libre y por lo tanto, ante un negocio que está sometido
a riesgos a los que otros negocios y otras empresas no lo
están.
Pero nuestro sistema no solamente ha atendido y atiende a
los riesgos climatológicos, sino que ha evolucionado
hacia otra realidad del sistema productivo agrario español,
el ámbito ganadero. Creo que uno de los ejemplos más
importante y reciente, que tenemos sobre la mesa ha sido el
esfuerzo, que en este caso considero cumplido satisfactoriamente,
de poner en marcha seguros para riesgos sanitarios ganaderos,
para epizootas o zoonosis. Enfermedades que afectan a la cabaña
ganadera y que, al igual que los riesgos climatológicos,
producen pérdidas en la renta, inestabilidad en la
realidad del tejido productivo y por lo tanto riesgo real
de reducción de la competitividad y del tejido citado.
Creo que esta realidad de los riesgos económicos que
tiene el sector es la que ha inspirado a lo largo ya de muchos
años y tiene que seguir inspirándolo, el sistema
de seguros agrarios. No es bueno que cuando hablemos del sistema
de aseguramiento seamos auto complacientes en el sentido de
mostrar satisfacción por el trabajo realizado, - realmente
y de manera objetiva así debemos de reconocerlo -,
sino que tenemos que abordar toda la tarea del desarrollo
del sistema con el rigor y con la objetividad que ello requiere,
pensando en que el sistema tiene que ser un sistema equilibrado.
Tiene que ser un sistema rentable, que parta necesariamente
del equilibrio financiero y que lógicamente asegure
riesgos pero no que asegure siniestros ya producidos.
El sistema de aseguramiento es un sistema que tiene que atender
la diversidad de nuestras explotaciones, de nuestros tejidos
productivos y de nuestros cultivos, y tiene que atenderlos
con mayor la cobertura posible, y ése es el esfuerzo
que a lo largo de todos estos años se ha venido haciendo
y que va a seguir haciendo la Administración General
del Estado y el Gobierno de España.
Tenemos en España el modelo de seguro agrario más
avanzado de la Unión Europea y quizás, del mundo
- excluyendo el norteamericano - pero en todo caso con elementos
en nuestro sistema que superan con creces al modelo norteamericano.
Y creo que eso ha significado que nuestros agricultores y
nuestros ganaderos cada vez apuesten más decididamente
por este sistema de aseguramiento y hayan sabido atender lo
que ha sido una política activa del Gobierno y que
es la del fomento de la suscripción de las primas de
aseguramiento.
En el año 2001 se alcanzaron más de 300.000
pólizas de seguros, 4.800 millones de euros de capital
asegurado, una superficie asegurada superior a las 6.200.000
hectáreas y casi 26 millones de toneladas de producción
asegurada. Estamos en un nivel de subvenciones a través
de ENESA, superior a los 113 millones de €/año,
en crecimiento a lo largo de los últimos años
y con la misma tendencia.
Para 2002, con datos referidos a finales de agosto pasado,
el número de pólizas ha crecido un 51% respecto
al mismo mes de 2001. Es una cifra que considero muy importante
comparada con la del crecimiento de la superficie - un 5%
- y también de la subvención, con un aumento
de un 52%.
Se puede preguntar alguien sobre por qué el Gobierno
apuesta por este sistema de aseguramiento y por qué
la dotación económica del presupuesto de la
Entidad de Seguros Agrarios del Ministerio de Agricultura
es cada vez más importante, para atender en la demanda
del aseguramiento.
En primer lugar, entendemos que la política de seguros
agrarios es una de las principales políticas activas
que se puede desarrollar en el ámbito territorial en
tanto que instrumento imprescindible para favorecer la estabilidad
económica del sector productivo. Desde esa perspectiva
las cantidades que aparecen consignadas año tras año
en el presupuesto de ENESA son cantidades que nosotros entendemos
no como subvenciones, sino como inversiones. Son inversiones
reales de la Administración del Estado en el futuro
del sector, y son una de las mejores inversiones que se puede
seguir haciendo para garantizar el futuro del sector, un sector
por el que apostamos para que sea competitivo y por lo que
entendemos que debe de tener su reflejo esa política,
no en el presente sino en el futuro de las políticas
agrarias.
Todo lo anterior hace que la política de aseguramiento
se ajuste dentro del contenido del Libro Blanco y de ahí
que debamos utilizar esta jornada y las sucesivas reuniones
que la misma devengue, para pensar, reflexionar y diseñar
cuál es el futuro del sistema de seguros agrarios que
España, nuestros agricultores y ganaderos y nuestras
explotaciones necesitan.
Un sector competitivo es un sector estable y es un sector
estable que es capaz de saber que esa estabilidad conlleva
garantía de rentas. Esta es a nuestro juicio, la piedra
angular para poder hacer una política inversora necesaria
e imprescindible en el sector agrario. Una política
de modernización y de renovación del sector,
de mejora de infraestructuras sanitarias y productivas, de
políticas activas que generen riqueza productiva y
competitividad de nuestro sector frente a otros sectores productivos
dentro y fuera de España. Por lo tanto, ese elemento
que genera esa estabilidad o esa seguridad es un elemento
esencial para conseguir que todo lo demás sea una realidad.
es difícil apostar por la renovación de los
tejidos productivos, por su modernización y por la
de las estructuras productivas, con la espada de Damocles
amenazando con varias incertidumbres y desastres: la climatológica,
el desastre climatológico, el sanitario o incluso la
ruina de los precios. Existiendo una certeza, un umbral de
certeza mínima, de estabilidad mínima de la
explotación a través de un sistema de aseguramiento
y despejado el principal escollo para efectuar esas políticas
activas, el resto de esas actuaciones tendrá un cauce
más rápido, más seguro y más decidido
por parte de los titulares de las explotaciones. Desde esa
perspectiva, insisto, la política de seguros agrarios
es una política que contribuye a la creación
de riqueza en el sector agrario y al mantenimiento y a la
estabilidad de la misma.
He hecho referencia, anteriormente, a un tercer tipo de riesgo,
hasta ahora no contemplado en el sistema de aseguramiento
español y que es objetivo del Gobierno, ponerlo en
marcha con carácter experimental en algún cultivo,
para su posible generalización posterior. Me estoy
refiriendo al riesgo del precio, al riesgo del ingreso, a
la pérdida de rentabilidad de la explotación,
a la pérdida del umbral de rentabilidad de una explotación
como consecuencia de una crisis de precios.
En más de una ocasión muchos de los aquí
presentes me han oído hablar de lo que a mi juicio
es la imprescindible estabilidad de los precios en el sector
agroalimentario. Hoy hemos asistido una vez más al
dato del IPC del mes de agosto, y hemos conocido, una vez
más, que el sector agroalimentario español ha
vuelto a ser inflacionista. Un sector inflacionista, un sector
económico que avanza en sistema de dientes de sierra
en su estructura de precios, es un sector inestable y abocado
a crisis cíclicas, con dificultades objetivas para
evaluar posibles inversiones a corto, medio y largo plazo
y para generar riqueza, empleo y mano de obra. Es imprescindible
alcanzar el equilibrio en la explotación, en la cuenta
de resultados, en los precios de producción y en sus
costes y en la traslación, a lo largo de toda la cadena
alimentaria, hasta el propio consumidor.
También es importante abordar la realidad de estas
situaciones que se producen en una estructura de mercado,
de libre competencia y que, como vemos en la experiencia desarrollada
en otros países, es susceptible de aseguramiento. Creemos
que en España podemos desarrollar este ámbito
de actuación, una vez que a lo largo del próximo
año, abordemos una experiencia piloto en esta línea.
Este nuevo reto debe de formar parte del modelo de aseguramiento
español como tercer componente del mismo. Modelo que
pretendemos exportar a la Unión Europea para su implantación
en la misma. En algún momento, no muy lejano, el sistema
de aseguramiento formará parte de las políticas
comunitarias como una política más dentro de
la Unión, como una política de estabilidad de
rentas. Por desgracia, no está muy lejana la catástrofe
producida en Centro Europa durante este verano, que ha afectado
a inmensas extensiones de cultivos productivos. Si se hubiese
contado con un sistema de aseguramiento como el nuestro, el
esfuerzo que hoy hacemos todos los países de la Unión
para apoyar el resurgimiento y la reordenación de todos
los destrozos producidos por estas inundaciones sería
indudablemente menor.
Quiero aprovechar esta intervención
para renovar el compromiso del Ministerio de Agricultura,
del Ministro y del Gobierno de España, en profundizar,
de manera decidida e imparable, en el desarrollo del sistema
de aseguramiento y de intentar, con todos nuestros medios,
el mismo alcance la condición de comunitario en el
menor plazo posible.
Durante el ejercicio próximo de 2003, hay numerosas
actuaciones pendientes. Se pondrá en marcha una experiencia
piloto para avanzar en el seguro de ingresos en patata así
como otras nuevas líneas de seguros y garantías,
como la extensión del seguro de retirada de animales
muertos en la explotación a todas las especies y Comunidades.
La cobertura de daños excepcionales en los seguros
de cítricos, el seguro de rendimientos en explotaciones
frutales en el ámbito territorial de Zaragoza, el seguro
de rendimientos en explotaciones frutales en Albacete, en
Hellín, para ser más exactos, seguros de rendimientos
en otras zonas de España continuando así, una
línea de trabajo que se centra en el reconocimiento
de la diversidad climática española implantando
líneas de seguro a la medida de esa diversidad.
En el ámbito ganadero, podemos destacar el seguro de
explotación de ganado equino en razas selectas, la
ampliación de la cobertura de los daños producidos
por la sequía en pastos y el seguro de ganado vacuno
de alta valoración genética. También
abordaremos dos compromisos en el ámbito del sector
cunícola y en el de la producción de carne de
ave, que están contemplados en sendos acuerdos y en
los que estamos trabajando y seguiremos trabajando a lo largo
del año próximo.
La revisión de los rendimientos en el seguro de olivar,
los gastos de salvamento de las estructuras de uva de mesa,
la revisión del seguro de rendimientos de viñedo,
el perfeccionamiento de las condiciones de aseguramiento de
las tarifas de las distintas líneas, y la mejora de
las normas de peritación, forman parte de ese conjunto
de actuaciones para el ejercicio 2003.
Y termino con una cuestión importante. Para que el
sistema de seguros agrarios siga funcionando es necesario
que todas las partes del sistema de aseguramiento lo hagan.
Si este sistema ha funcionado a lo largo de veinte años
es porque no es un seguro de exclusiva responsabilidad de
la Administración del Estado, de exclusiva responsabilidad
de las organizaciones agrarias, las cooperativas, las Comunidades
Autónomas o los propios aseguradores. Es un sistema
que está diseñado desde el principio de cooperación
y de trabajo leal entre las distintas sus distintas partes.
Y es ésa la única fórmula, a nuestro
juicio, posible para seguir trabajando con perspectiva nacional.
Como decía al principio de mi intervención,
es una de las políticas nacionales más justificadas,
de las menos discutidas desde el punto de vista del reparto
de competencias de nuestros entes territoriales, de nuestras
Comunidades Autónomas. Pero sólo un sistema
sólido de implantación nacional, con un equilibrio
financiero y un fondo de reserva nacional, puede asumir con
garantía la cobertura real de los riesgos que es capaz
de asegurar. A nuestro juicio, la piedra angular o la razón
fundamental de entender que la política de seguros
agrarios es una política que debe de seguir ubicada
en el ámbito de la Administración del Estado
y contando con la total y absoluta cooperación de las
administraciones territoriales y del resto de los protagonistas
del sector.
Yo os invito a seguir trabajando en esta línea, a reflexionar
sobre cuál tiene que ser el futuro del sistema de aseguramiento
más allá de 2006 y a plasmar en el Libro Blanco
de la Agricultura y el Desarrollo Rural, ese modelo de aseguramiento
que motivará las reformas normativas que sean necesarias
para permitir su adecuación a las demandas del sector
y a la realidad productiva nacional.
Muchas gracias por vuestra asistencia y por vuestra paciencia.
Os invito de verdad a trabajar en este apasionante y fundamental
tema.
Y sin nada más, declaro clausurada la jornada sobre
“La garantía de rentas. El seguro agrario”.
Buenas
tardes.

|