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Ponencias 
EL
SEGURO AGRARIO COMO INSTRUMENTO PARA LA GARANTÍA DE
RENTAS
Alberto Garrido Colmenero
Profesor Titular de Universidad. Escuela Técnica Superior
de Ingenieros Agrónomos Universidad Politécnica
de Madrid
1. El concepto
de riesgo y su gestión
2. Instrumentos
de gestión del riesgo en la agricultura
3. El
seguro como instrumento de gestión del riesgo
4. El
seguro de rentas
5. El
futuro del seguro como instrumento de gestión del riesgo
6. El
contexto de política agraria
7. Reflexiones
finales
El seguro
agrario tiene una triple finalidad para la agricultura de
un país. De un lado, permite a los agricultores reducir
su exposición a los riesgos productivos y económicos
ajenos a su propio control. Con ello, se logra que la corriente
de rentas generadas en la explotación sea más
estable y se reduzca la probabilidad de quiebra o inviabilidad
empresarial. Por otro lado, se favorece la creación
de riqueza general porque evita que los productores empleen
recursos económicos en protegerse de riesgos que un
sistema de seguros amplio y general puede asumir a un coste
mucho menor por su capacidad de compensar las pérdidas
entre riesgos causados por causas independientes. La transferencia
de riesgos entre asegurado y asegurador con criterios actuariales
aumenta el bienestar de las dos partes sin empeorar el de
terceros. Y, por último, asegura un mecanismo de compensaciones
automáticas ante catástrofes o calamidades,
evitando la necesidad de que el Estado deba habilitar medidas
extraordinarias para compensar los daños a las explotaciones
agrarias. Por estas tres razones, el seguro agrario constituye
un instrumento de importancia esencial y creciente para ayudar
a los agricultores a gestionar y eliminar parte de sus riesgos.
Pero, recientemente, las graves epidemias vividas
en Europa demuestran que el seguro agrario puede ser también
un arma eficaz para disminuir el daño económico
de los brotes y proporcionar un bien público para la
sociedad en su conjunto. Una mirada al Reino Unido nos mostrará
la importancia de esta nueva dimensión pública
del seguro agrario, y el papel esencial que puede desempeñar.
El objetivo de esta ponencia es situar al seguro
agrario en el contexto económico actual y previsible
de la agricultura y examinar su papel como instrumento de
reducción del riesgo. Pretende ilustrar la importancia
del seguro en un entorno incierto y cambiante y repasar algunos
elementos sobre los que convendría reflexionar si se
desea que el seguro agrario siga evolucionando, expansionándose
y cubriendo nuevos riesgos, como los derivados del mercado.
La ponencia concluye con algunas conclusiones que tal vez
ayuden a centrar el debate y a definir las estrategias futuras
para favorecer el desarrollo de instrumentos de gestión
de riesgo que gocen de aceptación, y muy particularmente,
el del sistema de seguro agrario español.
1. El concepto de riesgo y su gestión
La literatura distingue entre riesgo e incertidumbre
en razón a si se conocen o no las probabilidades asociadas
con los sucesos posibles. Si se ignoran estamos en un caso
de incertidumbre y, en caso contrario, de riesgo. El desconocimiento
de la probabilidad de los sucesos posibles dificulta, si no
impide, desarrollar o aplicar herramientas que permitan reducir
la exposición global de un productor a sucesos costosos,
dañinos o perjudiciales. Solo cabe el empirismo, la
intuición o la tradición; en definitiva, un
capital de conocimiento imperfecto, incompleto y, a veces
erróneo, del cual no se puede esperar mucho por parte
de quien ha de apoyarse en él para protegerse contra
los sucesos adversos. Además, si el propio sujeto ignora
las probabilidades de estos sucesos, no cabe esperar tampoco
que alguien ajeno a él las conozca, por lo que nunca
estará dispuesto a asumir sus riesgos aunque obtenga
por ello una remuneración.
Por tanto, para poder desarrollar y aplicar
instrumentos de gestión del riesgo es imprescindible
tener algún conocimiento sobre las probabilidades de
los distintos sucesos posibles. Más técnicamente,
ello equivale a conocer las funciones de distribución
de las variables aleatorias relevantes para una explotación
agraria: rendimiento, precio, incidencia de patologías,
probabilidad de pedrisco, etc. La literatura en materia de
riesgos agrarios y funciones de distribución muestra
que:
- Las funciones de rendimiento
cambian con la incorporación de tecnologías,
pero especialmente son muy dependientes de las prácticas
de fertilización (los mejores ajustes se dan con
distribuciones asimétricas).
- La aplicación de tecnologías
tiende a reducir el riesgo en las producciones, a la vez
que incrementan los rendimientos esperados.
- Las funciones de distribución de
los precios son también asimétricas, y normalmente
tienen una fuerte componente temporal, tanto en tendencias
como en ciclos.
- Los riesgos asociados a sucesos extremos
de naturaleza no climática son difíciles de
evaluar. Este es el caso de las epidemias y los trastornos
económicos causados por las interrupciones en la
producción causadas por las medidas de lucha contra
la propagación de enfermedades.
- En la mayoría de los casos, los
riesgos relevantes resultan de la combinación de
variables aleatorias no independientes, como es el caso
de precios y rendimientos. Por tanto, el riesgo económico
ha de evaluarse teniendo en cuenta la correlación
entre ambos.
- Las políticas agrarias influyen
en las funciones de distribución de los precios agrarios,
en ocasiones de forma negativa.
1.1. Definición de gestión
de riesgos
¿Qué entendemos por
gestión de riesgos? Hardaker y otros (1997) lo
definen como la aplicación sistemática de
políticas de gestión, procedimientos y prácticas
con el fin de identificar, analizar, evaluar, tratar y
realizar el seguimiento del riesgo (p.12). Estos mismos
autores proponen las etapas de que debe constar la gestión
del riesgo en la agricultura:
- Establecer el contexto e identificar
los parámetros en cuyos valores están representados
los riesgos a considerar.
- Identificar los riesgos, lo que implica
determinar qué podría ocurrir, por qué
y cómo, y cómo se ve afectada la explotación
agraria.
- Análisis del riesgo, que consiste
en determinar las probabilidades de los sucesos posibles
y evaluar sus consecuencias.
- Evaluación del riesgo, que
persigue determinar los riesgos para los que las prácticas
usuales de gestión de riesgos resultan insuficientes,
y por tanto es preciso aplicar nuevas estrategias.
- Gestión de riesgos, que integra
la identificación de estrategias posibles para tratar
las riesgos, su evaluación y el proceso de elección
y la aplicación de la que se considere óptima.
- Seguimiento y revisión son
tareas necesarias, por cuanto la información empleada
en las etapas anteriores siempre será imperfecta
e imprecisa, lo cual obliga a revisar las estrategias a
medida que se actualiza y mejora el conocimiento de los
riesgos, y posiblemente a alterar el conjunto de estrategias.
Con todo, la aplicación de metodologías
de gestión de riesgo está sujeta a serios
problemas y dificultades, que provocan que la toma de decisiones
sea compleja debido a:
- La información disponible sobre
un problema es siempre incompleta e imperfecta
- Las personas tenemos tendencia a:
- Infravalorar la probabilidad de que
nos afecten ciertos sucesos adversos.
- No corregir nuestro cálculo
de probabilidades cuando se verifican hechos que restringen
el campo de variación de alguna variable clave para
nuestro bienestar (Dificultades de entendimiento del Teorema
de Bayes ).
- Pensar que la lejanía o proximidad
en el tiempo de un evento aumenta o disminuye la probabilidad
de que vuelva a ocurrir.
- Tener una conducta que la literatura
ha dado en llamar de 'racionalidad limitada', y que consiste
en considerar sólo una parte del problema y actuar
siguiendo pautas de comportamiento excesivamente simples.
- El problema integra objetivos múltiples
y, muchas veces, en conflicto; el más clásico
y evidente, la maximización de los beneficios y la
reducción del riesgo.
- Puede haber más de una persona
con poder decisión o que se vea afectada por las
consecuencias de las decisiones.
- Los problemas complejos pueden estar
relacionados entre sí.
- El contexto en que se toman las decisiones
puede ser dinámico e incluso turbulento.
- La resolución de un problema
puede exigir compromisos costosos o irreversibles.
1.2. Medición del riesgo
Para simplificar el análisis, pensemos
en un productor cuyo único elemento aleatorio es
el rendimiento. Si conoce la media de sus rendimientos
y una medida de dispersión, fruto de su experiencia
y de la de otros agricultores de su zona, puede asumir
que su rendimiento sigue una función de distribución
(posiblemente asimétrica) ajustada a los parámetros
conocidos. La forma más simple de medir el riesgo
de su producción es el coeficiente de variación
(CV), que resulta del cociente entre la desviación
típica y la media de los rendimientos. En la Tabla
1, se muestran los CV de distintas producciones agrícolas
europeas.
Tabla 1. Distintos
riesgos en los rendimientos de producciones europeas (Coeficientes
de variación, entre paréntesis).
| Producto |
Región
con el |
| Máximo
riesgo |
Mínimo
riesgo |
| Trigo
|
Alentejo
y Algarve (40,4)
|
Ile de France
(9,7) |
| Patatas |
Centro (67,7)
Centro (67,7)
|
Valencia
(8,9) |
| Remolacha |
Piedemonte
(28,9)
|
Holanda
(1,4) |
| Leche |
Toscana
(30,3)
|
Suecia (4,7) |
Fuente: Comisión
Europea (2001)
Para entender los datos de CV de la Tabla,
piénsese que si CV=100% la desviación típica
es igual a la media. Ello implica que si la media es 'x',
existe la misma probabilidad de tener un rendimiento de
0 kg/ha que de 2x kg/ha; un riesgo que en cualquier proceso
productivo se consideraría muy elevado. Baste comentar
aquí que en dos sectores de importancia territorial
y económica en España, cereales y olivar,
el CV se situaría entre el 35-45 % para los rendimientos
en el sector cerealista (Garrido y otros, 2002) y del 40%
como promedio para los ingresos del sector olivarero, que
en la actualidad cuenta con un apreciable nivel de apoyo
(Sumpsi y otros, 2001).
Sin embargo, el CV es una medida insatisfactoria
de la magnitud del riesgo, tanto desde el punto de vista
técnico-estadístico como desde la perspectiva
psicológica de las personas, como veremos más
adelante.
1.2.1. Análisis formal
del riesgo
Supongamos que la variable clave para un
agricultor es el ingreso que ha obtenido una vez finalizada
la campaña. El ingreso es el resultado del producto
de dos variables aleatorias: rendimiento y precio de venta.
Para simplificar el problema, supongamos que sólo
el rendimiento es aleatorio, siendo éste la única
fuente de aleatoriedad del ingreso.
Al objeto de comparar estrategias, resulta
interesante analizar un conjunto de indicadores que permitan
jerarquizar las posibles estrategias productivas o empresariales
disponibles para el agricultor.
En la literatura se pueden encontrar numerosos
estadísticos o indicadores de riesgo:
- Medidas basadas en el segundo momento
de la variable aleatoria: Varianza o desviación
típica y Coeficiente Variación. Estas
medidas tienen el problema de que otorga el mismo peso
a las desviaciones positivas sobre la media que a las
negativas; y, como veremos, no proporcionan una medida
del riesgo que esté en correspondencia con las
preferencias de las personas sobre resultados económicos
aleatorios.
- Análisis de dominancia estocástica.
Existen dos formas relevantes de dominancia estocástica
:
- De primer orden: Estrategia A domina
a la estrategia B, cada una con una función de
distribución sobre la variable ingreso 'x', FA(x)
y FB(x), si para todo 'x'; FA(x)
< FB(x). El sentido de esta dominancia
es bien sencillo, la estrategia A asegura que para todo
valor de 'x', la probabilidad de obtener un valor x0
>x es siempre mayor con A que con B.
- De segundo orden: A domina a B en dominancia
estocástica de segundo orden, si para todo nivel
de ingresos x', se verifica que:

Esta dominancia estocástica
es algo más sutil que la anterior, porque está
basada en el supuesto de que las personas tienen aversión
al riesgo. Como se representa en la figura 1, en la que
se representan la función de distribución
de 3 posibles estrategias, F, G y H. Mientras que G y
H tienen dominancia estocástica de primer orden
sobre F; G no tiene dominio sobre, ni es dominada, por
la estrategia H. Sin embargo, H domina en segundo orden
a G. Es decir, todo productor averso al riesgo siembre
preferirá la estrategia H sobre la G, aunque eso
implique renunciar a unos beneficios máximos mayores.
La estrategia H es mejor que la G porque deja menos probabilidad
en la cola de la izquierda, que es la menos favorable.
Figura 1.
Dominancia estocástica

- El Valor en riesgo se trata de un instrumento
de análisis usualmente empleado por los analistas
financieros para evaluar el riesgo de una posición
de porfolio. Calatrava (2002) lo define como el valor
V (€) de una posición global financiera
que deja a su izquierda una masa de probabilidad, por
ejemplo, del 20%. Ello equivaldría a que la probabilidad
de que el resultado sea peor a V (€) es del 20%.
Tanto la dominancia estocástica
como el valor en riesgo son dos medidas del riesgo más
adecuadas para la gestión del riesgo de una explotación
agraria que las medidas de dispersión más
sencillas, como CV o varianza. Hay muchas razones para
que analicemos el riesgo de este modo, pero existe una
bien confirmada en los estudios psicológicos que
confirman el deseo de las personas por asegurarnos contra
ciertos riesgos: siempre estamos dispuestos a sacrificar
más beneficios de los resultados más favorables
de lo que logramos mejorar en los más adversos.
Dicho de otro modo, las personas no compensamos en pie
de igualdad los resultados positivos con los resultados
negativos, de ahí que las medidas simples de riesgo
sean insuficientes.
Obviamente, para un asegurador una medida
de dispersión sencilla es relevante desde la óptica
actuarial, y ello es así porque desde la óptica
actuarial los resultados negativos se compensan con los
positivos. El asegurador es, por lógica actuarial,
neutro al riesgo. No obstante, las medidas de riesgo que
hemos mencionado también son de interés
porque en gran medida la demanda de seguro de un productor
tiene relación tanto o más con sus preferencias
ante el riesgo como el resultado esperado y su desviación
típica.
1.1.2. Las preferencias de
los agricultores ante el riesgo
Mucho se ha escrito sobre las preferencias
de los agricultores ante el riesgo. Basta aquí
resumir lo más concluyente y aceptado entre los
analistas:
- Los agricultores son aversos o
renuentes al riesgo. Esto se explica verbal y gráficamente.
La aversión al riesgo equivale a formular dos postulados:
- Un agricultor prefiere siempre
un pago seguro a un pago medio idéntico pero no
seguro.
- Un agricultor siembre está
dispuesto a sacrificar parte de su renta segura por reducir
la dispersión de sus resultados.
Estos postulados se pueden poner en relación
con la función de utilidad representada en la figura
2. La aversión al riesgo de un agricultor equivale
a una función de utilidad U(W) que está
combada hacia arriba. La curvatura implica que una persona
prefiere una riqueza segura de 500 €, a una lotería
que asigne con igual probabilidad - 50%-- una ganancia
nula y una ganancia de 1000 €. Aunque la esperanza
de este juego es también 500 €, una persona
pagaría significativamente menos de 500 €
por jugarlo, pongamos 300 €. Pues bien, a esta cifra,
la que marca el valor de un juego para una persona, se
le llama Equivalente Cierto, y se trata de un parámetro
muy utilizado en la teoría del seguro (ver figura
2, el valor Ws).
Las mismas ideas se pueden expresar de
otra manera, pensando en un contexto más próximo
a la actividad productiva, aquel en el que el agricultor
por sí solo no puede evitar el estar sujeto a procesos
ajenos a su control (por ejemplo, la precipitación).
En este caso, su aversión al riesgo le lleva a
estar dispuesto a pagar por reducir su riesgo. En el caso
representado en la figura 2, su disposición a pagar
por reducir el riesgo se aproxima a la diferencia entre
el valor esperado del juego y el equivalente cierto (`W-Ws).
La base de la demanda de servicios de aseguramiento reside
precisamente en este deseo por reducir la dispersión
de los valores extremos del juego.
Nótese que el hecho de que
un agricultor esté dispuesto a pagar por reducir
su riesgo una cantidad superior a lo que una lógica
basada estrictamente en los valores esperados le dictaría
es la base del seguro. Si no fuera así, ocurriría
que asegurar a los agricultores no podría generar
beneficios al asegurador, o que bien las primas ofrecidas
nunca serían suficientemente atractivas para los
productores. La aversión al riesgo es la esencia
de la demanda de servicios de aseguramiento.

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