Web MAPYA
Web MAPYA



11 de julio de 2002

ILMO. SUBSECRETARIO DE AGRICULTURA, PESCA Y ALIMENTACION,
SR. D. MANUEL LAMELA FERNÁNDEZ


SR. D. ARTURO GIL

Muy buenos días, señoras y señores. Vamos a inaugurar estas jornadas correspondientes a la industria agroalimentaria, dentro del proyecto que el Ministerio de Agricultura tiene en marcha sobre la elaboración de un Libro Blanco que ya todos ustedes conocen porque ha habido varias jornadas.

Contamos y agradecemos la presencia del subsecretario de Agricultura que nos inaugurará estas jornadas, que espero sean fructíferas y que conduzcan a un buen capítulo de este libro.

Muchas gracias, subsecretario.

SR. D. MANUEL LAMELA FERNÁNDEZ

Muchas gracias, Arturo. Buenos días a todos y, en primer lugar, quiero decir que aunque no estaba previsto que fuese el Subsecretario quien inaugurara, pero el Ministro está fuera de España, en Bruselas, y no puede estar él como ha estado hasta la fecha inaugurando todas las jornadas.

Por lo tanto, en este caso me corresponde a mí el honor de inaugurar esta nueva sesión del Libro Blanco de la Agricultura y el Desarrollo Rural, esta vez dedicada a algo que consideramos que es esencial y que es la industria agroalimentaria, desde el punto de vista organizativo, desde el punto de vista estructural, desde el punto de vista sectorial, y desde el punto de vista de su apuesta por la calidad y por la seguridad alimentaria, que son indudablemente compromisos que demanda nuestra sociedad y que demandan nuestros consumidores, los consumidores españoles y los consumidores de la Unión Europea.

Quiero comenzar esta intervención agradeciendo al presidente de FIAB y a su secretario general la colaboración que han prestado al Ministerio de Agricultura en la celebración y en la organización de esta jornada. Y espero que el contenido de las ponencias y el contenido de las comunicaciones, y desde luego, y fundamentalmente de las intervenciones de todos ustedes a lo largo de los debates, constituyan un punto enriquecedor fundamental para el libro y determinen el inicio de los trabajos del Libro en lo que se refiere precisamente a la industria agroalimentaria.

El Gobierno del Partido Popular y el Ministerio de Agricultura en esta legislatura han hecho una apuesta importante en lo que entendemos es un cambio de orientación estratégico desde la perspectiva de la concepción de la industria agroalimentaria dentro de los sectores productivos, y especialmente en relación con el sector agrario. Estamos hoy hablando no de una concepción que podríamos denominar agrarista o tradicional de la industria agroalimentaria en el seno de la Administración del Estado, sino que estamos hablando de configurar y concebir la industria agroalimentaria como motor y sustento de la agricultura española y por lo tanto como un elemento esencial para garantizar su estabilidad, ese tejido productivo por el que todos apostamos, y la competitividad global de todo el sector agroalimentario español. Para garantizar en definitiva nuestros objetivos sectoriales agrarios de modernización de explotaciones, de competitividad de explotaciones, de desarrollo sostenido y desde luego de garantía de rentas de nuestros agricultores, creemos que un factor esencial es ser capaces de tener y de mantener una industria agroalimentaria eficiente, competitiva, vertebrada y, por lo tanto, capaz de liderar nuestros mercados dentro y fuera de nuestras fronteras.

Creo que está fuera de toda duda la importancia de la industria agroalimentaria. Es uno de los sectores más importantes de la economía española, tanto desde un punto de vista cuantitativo como desde un punto de vista cualitativo. Frente a la función tradicional de abastecimiento o suministro de bienes para atender las necesidades básicas de la población, hoy desde un punto de vista cuantitativo el peso económico que tiene en España la industria agroalimentaria con una participación de más del 16% de las ventas industriales y que ocupa por lo tanto el número 1 del ranking del sector industrial, hay importante distancia, hay que decirlo, del sector transportes con un 13,7% y del sector metalúrgico con un 11,9 %, justifica una apuesta decidida, en este caso no sólo ya del Ministerio sino del Gobierno, en favor de su progreso y de su desarrollo futuro.

También la industria de productos alimentarios y de bebidas en el ámbito de la Unión Europea es la rama más importante de actividad de la industria manufacturera. España ocupa un papel destacado (con una participación del 10,3% del valor total de la producción) del sector alimentario, lo coloca en este sentido en el quinto lugar de importancia, muy cerca de Italia, por detrás de Alemania, Francia y Reino Unido. Y en términos de empleo, elemento muy importante, se sitúa en el cuarto lugar de la Unión Europea, sólo en este caso superada por personas ocupadas por Alemania, con un 22%, Reino Unido, 17%, y Francia, un 15%.

Estamos hablando de un sector que factura más de 60.000 millones de euros, unos 10 billones de pesetas aproximadamente, utilizando ya cifras históricas. Estamos hablando de un sector con una capacidad de generación de empleo de más de 400.000 personas ocupadas y un valor anual de exportaciones de más de 19 millones de euros o, lo que es lo mismo, más de 3 billones de pesetas. La actividad del sector tiene una serie de efectos inducidos positivos indudables en otros sectores económicos, como es el sector de la construcción, de la industria de la maquinaria, de los servicios y desde luego, y fundamentalmente en el sector primario que, como decía antes, actúa, debe de actuar y tenemos que conseguir que siga actuando como un auténtico motor de este sector primario ya que alrededor de las tres cuartas partes del valor de la producción final agraria se convierten en gasto de materias primas de la industria alimentaria respecto de dicho sector, siendo por tanto ambos, los proveedores y los clientes, a nuestro juicio absolutamente imprescindibles para su propio funcionamiento.

Indudablemente la industria agroalimentaria contribuye de manera decisiva a la mejora de la renta del sector primario, al mantenimiento del empleo rural, y facilita de una manera, yo creo, privilegiada lo que es la fijación y la estabilidad de la población rural y el aseguramiento de las salidas de las producciones de los agricultores y de los ganaderos y de los pescadores en el medio rural.

Todo ello contribuye de manera clara a una industria agroalimentaria que tenemos que calificar de manera objetiva con las cifras que he puesto sobre la mesa como sector estratégico de la economía nacional y que por lo tanto necesariamente tiene que tener una auténtica política sectorial o políticas sectoriales destacadas para todas las administraciones públicas. Políticas sectoriales que tienen que tener un sustento, un desarrollo y un apoyo en el ámbito de la Unión Europea y en las políticas que se desarrollan desde la Unión Europea, que tienen que tener un compromiso evidentemente importante desde la perspectiva de las políticas que se desarrollen desde la Administración General del Estado en los distintos ámbitos sectoriales en los que influye la industria agroalimentaria y, desde luego, en las políticas territoriales que desarrollen y que tienen que seguir desarrollando en el ámbito de sus competencias nuestras administraciones territoriales, es decir, nuestras comunidades autónomas.

Tenemos una industria agroalimentaria con más de 36.000, casi 37.000 establecimientos ahora mismo. Tenemos que ser conscientes que de esos 37.000 establecimientos, la tercera parte del total son establecimientos sin asalariados, y también hay que decir que del número total de empresas de las que llamamos habitualmente grandes empresas con más de 200 empleados, que puedan tener la categoría por tanto de gran empresa no llegan al 1% de esos 37.000 establecimientos. Por tanto, tenemos un sector que podríamos calificar de pequeña y mediana empresa, un sector de Pymes que es casi el 99%, y un sector que ha sabido ganar peso económico y peso específico en la economía nacional pero que requiere de una reflexión importante de cara evidentemente a los grandes retos que se le avecinan y de cara a garantizar su estabilidad y su competitividad.

Se trata por tanto de un sector que, utilizando terminología agronómica, sería minifundista en este caso o atomizado y con características por otro lado que constituyen en ocasiones un condicionante para asumir determinados retos con garantías de éxito. Todos los subsectores de la industria agroalimentaria, en todos ellos se observa la existencia de un número de empresas de tipo medio y grande que tienen un importante peso o cuota de mercado. Y hay que decir que desde esa perspectiva, unas 2.000 empresas del sector agroalimentario español asumen o absorben las tres cuartas partes de las ventas totales del sector, de esas 37.000, aproximadamente 2.000. En definitiva, tenemos un tejido productivo dual, conviven pequeñas y medianas empresas con grandes empresas, y cada una de ellas además en sus dos segmentos vienen atendiendo normalmente a segmentos a su vez distintos del mercado.

La evolución de nuestra industria agroalimentaria en los últimos años es notablemente positiva. Se ha producido un incremento de las ventas y un incremento de las cifras de inversión reales del sector agroalimentario. Se ha producido a lo largo de los últimos años un esfuerzo por la moderación en lo que son la estructura de precios del sector agroalimentario. Se ha producido un incremento espectacular de las exportaciones hasta invertir la tendencia del saldo deficitario en un saldo de superávit. Y se ha completado esta evolución con creación de empleo neto y con reducción por tanto del paro.

Las cifras son contundentes, entre el año 95 y el año 2000, último año disponible en la encuesta del Instituto Nacional de Estadística, la tasa anual ha crecido un 3,5%, por lo tanto, se ha pasado de 47.000 millones de euros a 56.000 aproximadamente millones de euros en el año 2000. La tendencia de precios, como decía antes, ha tenido como elemento de referencia un crecimiento moderado a lo largo de los últimos años, con unas tasas de variación positiva muy inferiores a las que tuvieron lugar en la primera década de los años 90, y por lo tanto contribuyendo de manera eficaz los criterios de convergencia en materia de inflación. En los años anteriores al 96, los precios crecían a una media del 5% en el sector; en los años 96 a 2000, la tasa media está en torno al 1,4%. Tengo que decir, y eso sí que es cierto, que esta tendencia se ha roto y que se ha roto en este año pasado, y que parece que no se corrige en lo que va de este año. Y esto no es una buena noticia ni para la consecución de los objetivos de estabilidad y crecimiento ni, por tanto para la consecución de los objetivos de competitividad de nuestra industria dentro y fuera de las fronteras.

Entre el año 95 y 2001 se crearon 34.850 puestos de trabajo. Se ha alcanzado el máximo histórico del sector con 403.000 empleos en el tercer trimestre del año 2001, y por tanto se ha producido una reducción de más de 20.000 parados entre los años citados. Hemos pasado de una tasa de paro en cinco años del 16,1% al 11,2%, es decir, una reducción de 5 puntos de la tasa de paro. Y en comercio exterior, como decía antes, hemos dado un salto verdaderamente espectacular pasando de una balanza deficitaria a una balanza de superávit de más de 500 millones de euros en el año 2001.

Por tanto, estamos ante una industria atomizada pero una industria dinámica, una industria inversora, una industria que ha conducido a un importante grado de modernización a todo el sector agroalimentario y que ha garantizado y garantiza hoy un sector agroalimentario emergente. Una industria que además es fuente de inversiones y de creación de riqueza, de mano de obra y de empleo, y que ha contribuido de manera eficaz a la política de creación de empleo del Gobierno. Pero una industria que en el día de hoy requiere un esfuerzo de reflexión, de sosiego y de pensar en su futuro desde lo que es la realidad de su presente. Una industria que ha apostado por estándares de calidad y de seguridad alimentaria y que ha apostado por la trazabilidad de nuestros productos y que está apostando por la trazabilidad de nuestros productos, pero que todavía en estos elementos le queda mucho trecho que recorrer para atender lo que es la demanda de nuestros consumidores en materia de seguridad alimentaria, de calidad y de garantía de nuestros productos.

Estamos por tanto ante grandes retos que significan además nuestra pertenencia a un mercado cada vez más globalizado, grandes retos que significan tener que apostar porque nuestra industria no sea solamente competitiva a nivel nacional sino que sea competitiva dentro de la Unión Europea y en el ámbito de terceros países, y que sea capaz de captar cuotas de mercado más serias y más sólidas en otros mercados emergentes, tanto en el ámbito de la Unión Europea, de la ampliación de los países del Este, como en los mercados centroamericanos e iberoamericanos.

Por lo tanto, una industria que tiene necesariamente, insisto, que aprovechar a nuestro juicio las reflexiones del Libro Blanco de la Agricultura y el Desarrollo Rural para tener una parte específica dentro del mismo como sector agroalimentario que es, como motor del sector agroalimentario que es y como sector estratégico de la economía nacional que es.

Creo que desde esa perspectiva, a la vista de todo esto, podríamos preguntarnos qué pretende el Libro Blanco en este ámbito tan concreto. Pues bien, profundizar en el análisis de la situación del sector, profundizar en los problemas que padece el sector. He hecho un panorama descriptivo de la evolución del sector y he dicho que es una evolución positiva, que es una evolución buena, pero eso no significa que estemos ante un sector sin problemas y sin inquietudes y sin necesidad de acometer políticas activas que palien, mitiguen o eliminen esos problemas y esas inquietudes. Y, desde luego, tenemos todos conjuntamente que buscar las recetas, las medidas adecuadas para su aplicación a corto, medio y largo plazo que garanticen esos objetivos que antes he dicho de competitividad y de crecimiento sostenido.

Creo que es momento de pensar en una posible revisión dentro del ámbito del Libro Blanco y de las normas que en el futuro desarrolle el Libro Blanco de todo aquello que hoy impida, limite, dificulte o restrinja el crecimiento sostenido y estable de la industria agroalimentaria, y, por lo tanto, en todas aquellas cuestiones que desde un punto de vista jurídico-mercantil, desde un punto de vista social o laboral, desde un punto de vista comercial, desde un punto de vista estrictamente económico o desde un punto de vista fiscal que hoy puedan ser elementos de incertidumbre, de zozobra, corsés o problemas de nuestra industria agroalimentaria, reflexionar sobre su realidad y plantear alternativas de futuro.

Creo que tenemos igualmente la oportunidad de garantizar políticas de futuro que a su vez avalen las estrategias en materia de calidad, en materia de seguridad alimentaria y en materia de trazabilidad. Creo que es buen momento para que la industria agroalimentaria se plantee seriamente un auténtico contrato con los consumidores y con la sociedad en materia de seguridad y trazabilidad, un compromiso de futuro con el sector primario español, con nuestro sector productor, asumiendo el protagonismo de ser motor de su evolución, asumiendo un compromiso de garantía, de estabilidad de nuestro sector productor correctamente dimensionado, y asumiendo por lo tanto un compromiso de estabilidad de rentas en el sector productor que es un objetivo indudablemente de nuestra política agroalimentaria.
Y creo que también es momento para que la industria agroalimentaria haga un firme compromiso con nuestro medio rural, un medio rural en el que la industria agroalimentaria es un instrumento fundamental para garantizar el mantenimiento de nuestra población en núcleos a veces con riesgo objetivo de despoblación, un compromiso con el medio rural para garantizar un mayor dinamismo en las políticas de diversificación que tenemos que emprender y que tenemos que desarrollar en el ámbito de la reordenación de los sectores productivos y en el ámbito de la mayor eficiencia de las políticas activas de desarrollo rural.

En definitiva, creo que hoy debemos de comenzar con todas estas reflexiones, a aportar los elementos que creamos necesarios para los trabajos del Libro Blanco, y debemos comenzar a trabajar no sólo ya en la escritura del Libro Blanco en lo que se refiere a todos estos elementos, sino en el diseño de todas aquellas medidas que en el futuro, es decir, como consecuencia del contenido del texto que se eleve en su momento al Gobierno, signifique modificaciones normativas de disposiciones o de otro tipo que garanticen los objetivos pretendidos.

Por mi parte, nada más. Les doy las gracias a todos ustedes, espero y deseo y estoy absolutamente seguro de que tendrán una jornada tremendamente fructífera. Y, por lo tanto, doy paso a las jornadas propiamente dichas y a los ponentes, que seguro que serán mucho más interesantes que yo.

Muchísimas gracias y buenos días.