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23 de mayo de 2002
Excelentísimo
Sr. Ministro Miguel Arias Cañete. Ministerio de Agricultura,
Pesca y Alimentación.
Muy buenos días, señoras
y señores. Continuamos hoy con el proceso iniciado
en el mes de marzo, dentro de los trabajos para la elaboración
del Libro Blanco de la Agricultura y Desarrollo Rural, con
la celebración de la ya Tercera Jornada Temática,
bajo el epígrafe "EL MUNDO RURAL".
Una vez analizadas las estructuras agrarias en España:
el cooperativismo y el modelo de empresa agraria, nos toca
abordar y profundizar el otro de los aspectos fundamentales
de la agricultura: el medio rural, que constituye el soporte
físico, donde nuestros agricultores y familias han
de desarrollar no sólo sus actividades laborales, sino
también su vida familiar y personal.
Desde hace unos meses estamos debatiendo en la Unión
Europea sobre la reforma a medio plazo de la Agenda 2000,
que dará lugar a una propuesta de la Comisión
el próximo mes de junio.
En el marco de esta revisión se ha planteado la potenciación
del llamado 2º pilar la Política Agraria Común:
el desarrollo rural. Y los posicionamientos de los estados
miembros ante los ajustes venideros se están haciendo
desde posiciones y perspectivas muy distintas. Precisamente
por eso, la reunión informal del Consejo de Ministros
de Agricultura de la Unión Europea, que se celebró
en Murcia, estuvo dedicado a este tema, presentando la Presidencia
un documento para abrir el debate, y al final de esta intervención
les haré un breve resumen de la posición española
al respecto.
A lo largo de esta Jornada haremos un repaso de la situación
actual del mundo rural, exposición que efectuará
el profesor Benjamín García Sanz, de la Cátedra
de Sociología de la Universidad Complutense, mediante
la presentación de su ponencia sobre "Aspectos
generales de la sociedad rural y el desarrollo", que
he leído atentamente y considero un fiel reflejo de
la realidad actual desde un punto de vista profesional, no
agrarista, sino sociológico. Me gustaría resaltar,
aunque luego tendrán ocasión de verla con detalle,
desde un punto de vista político, alguna de sus aportaciones
que más interés me han despertado.
Citando literalmente al autor, respecto al comportamiento
demográfico, manifiesta que no estamos en una recuperación
abierta de población en el medio rural, pero sí
que es cierto que no se pierde población, como hace
algunos años. Otro aspecto que me ha llamado mucho
la atención, aunque no se le presta demasiada atención
actualmente, es el aumento creciente de la población
flotante, vinculado usualmente a la segunda residencia y motivado
por la nueva funcionalidad de la sociedad rural.
García Sanz pone de manifiesto varios hechos, sobre
los que este Gobierno pretende actuar en sus líneas
futuras. En primer lugar, que nuestra agricultora se concentra
en explotaciones cada vez más grandes y más
viables. En segundo lugar, que no se está produciendo
un proceso adecuado de renovación y rejuvenecimiento,
que necesitaría el momento actual. Y, que existen dos
tipos de agricultura: una, en la que se imponen criterios
de mercado y competitividad y otra, económicamente
inviable, residual, que permanecerá mientras pervivan
sus titulares.
El último aspecto que querría destacar de las
aportaciones, que son innumerables, es el referente al papel
que juega la industria o la alimentaria local y que afecta
muy positivamente a los datos demográficos. No he podido
disponer de la otra comunicación del profesor Eduardo
Ramos sobre un análisis crítico de las políticas
de desarrollo rural, pero estoy convencido de la importancia
de las aportaciones que se realizarán para planificar
futuras políticas en este ámbito.
Y quiero destacar también las ideas y posturas definidas
en las distintas comunicaciones que ponen encima de la mesa
muchas cuestiones, como experto en geografía Fernando
Molinero adelanta que los procesos de desarrollo de las distintas
comarcas europeas no siempre se deben realizar de la misma
manera y, por lo tanto, uno de los conceptos básicos
del desarrollo rural es definir el desarrollo en función
de las potencialidades y recursos endógenos.
En este sentido, me gustaría señalar que existen
dos concepciones en el concepto del desarrollo rural en la
Unión Europea. Una amplia y otra más restrictiva.
El enfoque que sigue nuestro Ministerio es el enfoque de la
Dirección General Sexta de la Unión Europea
de Agricultura. Es decir, un desarrollo rural vinculado a
la agricultura con sus aspectos de clasificación agraria.
Sin embargo, existe otro concepto contemplado desde una perspectiva
más amplia y con gran impacto sobre el medio. Me estoy
refiriendo a aspectos tan esenciales para la vida de las comunidades
rurales como las comunicaciones, la educación, los
servicios sobre los que, evidentemente, el Ministerio de Agricultura
no puede actuar por aspectos competenciales, pero sí
estará siempre coordinado con los ministerios responsables.
Tan esencial es un desarrollo rural como el otro. Los dos
tipos de medidas son necesarias ya que para asegurar la necesaria
presencia de población agraria en nuestros pueblos
tienen que disponer de asistencia sanitaria adecuada, centros
de educación y posibilidades suficientes de ocio, para
sus hijos y para ellos mismos, asequibles y en tiempos razonables
de desplazamiento.
En las comunicaciones, los autores inciden en el aspecto territorial
del desarrollo rural. La exigencia de una actuación
decidida a favor del desarrollo rural se justifica por el
hecho de que en las zonas rurales de la Unión Europea
ocupan el 80% del territorio. Y, por lo tanto, el desarrollo
rural es un verdadero modelo de gestión territorial,
que va más allá de la territorialización
de políticas sectoriales y que debe de tener en cuenta
la participación de todos los agentes territoriales
como elemento básico para el éxito de las políticas.
En esta línea estamos trabajando y necesitamos avanzar
en el futuro. Ayer tuve la ocasión de leer las aportaciones
de los dos representantes de la redes de desarrollo rural
existentes en España. Estas dos redes apuestan definitivamente
por el modelo LEADER, por el desarrollo local y comarcal,
por el territorio de los agentes que en él interaccionan
y por una política rural integral.
La iniciativa Comunitaria LEADER o el PRODER son instrumentos
válidos, pero no únicos para una política
de desarrollo rural. Instrumentos lógicos de participación
social, de colaboración de la sociedad civil, de aceptación
de acercamiento de las políticas al ciudadano, de agilidad
en la gestión; y que con sus problemas y dificultades
han demostrado en España ser un método muy válido
para el desarrollo del medio rural español.
España ha sido tradicionalmente el país que
más grupos de acción ha tenido en las distintas
iniciativas LEADER I, II y Plus, que reflejan un gran compromiso
de los territorios rurales con el desarrollo endógeno.
Esta fórmula en España ha pasado de ser un laboratorio
a ser uno de los modelos más eficaces para la implantación
de futuras políticas de desarrollo rural. Para el período
2000-2006 están previstos 150 grupos LEADER Plus y
157 grupos PRODER 2.
Pero también son herramientas válidas para los
procesos de desarrollo rural las acciones previstas en los
programas operativos regionales, en los que cada comunidad
autónoma elige las líneas en que quiere actuar
o los programas horizontales de mejora de estructuras, incorporación
de jóvenes o las propias medidas de acompañamiento.
Nadie podrá discutir que una verdadera política
de desarrollo rural es el Plan Nacional de Regadíos,
que vertebra el territorio, evitando, reduciendo, los procesos
de pérdida de población, abandono y envejecimiento
de zonas rurales, que mejora el nivel de vida de los agricultores,
incrementando la productividad del trabajo y la renta de las
producciones agrarias, que mejora las infraestructuras de
distribución y aplicación del agua de riego,
racionalizando el uso de los recursos hídricos y que
incorpora criterios ambientales en la gestión de tierras
y aguas.
Es probable que en un futuro se necesite una política
global rural e integrada, y en este sentido la política
de desarrollo rural debe de ser evolutiva para adaptarse al
mejor cumplimiento conjunto de los objetivos y de circunstancias
concretas.
En estos momentos son los derivados del modelo europeo de
agricultura, basado en la multifuncionalidad, definido en
la Agenda 2000. Llevamos dos años de camino y no podemos
plantear un cambio tan brusco a corto plazo y menos definir
este modelo para los nuevos Estados Miembros, en los que estas
estructuras de gestión territorial necesitarán
fases largas de adquisición de conocimientos.
Como comenté al principio, me gustaría finalizar
con algunas conclusiones, que reflejan la posición
española sobre el posible reforzamiento de una política
de desarrollo rural.
En cuanto a la subsidiariedad y el carácter común
de la política del desarrollo rural. Defendemos una
política de desarrollo rural, en el marco de la Política
Agraria Común, y más aún, que si se potencia
el segundo pilar mantenga el carácter común
de sus líneas básicas de actuación. No
sería lógico que las indemnizaciones compensatorias
de dos zonas de montaña, que tengan los mismos handicap
naturales de altitud y aislamiento, sean diferentes en una
región u otra de la Comunidad, en función de
la capacidad presupuestaria de los Estados Miembros.
Esta necesidad de reforzar el carácter común
de alguna de las medidas básicas de política
y desarrollo rural es compatible con la aplicación
de criterios de subsidiaridad, para que dentro de otras líneas
o ejes también comunes, en dicha política se
dejen margen de maniobra a los Estados Miembros y a las unidades
territoriales con la capacidad política de decisión
para elegir las líneas concretas complementarias, que
mejor se adapten a las condiciones específicas hacia
agriculturas y, por lo tanto, para establecer las correspondientes
prioridades.
Trabajamos con la idea de una nueva ayuda, más desconectada
con la producción, ligada a la multifuncionalidad,
que incluso podría instrumentarse con la experiencia
de la aplicación del método simplificado de
ayudas para los pequeños productores. El momento adecuado
para tomar decisiones sobre esta ayuda estará obviamente
relacionado con el desarrollo de las negociaciones en la Organización
Mundial de Comercio. Hay que definir este concepto con más
exactitud y las modalidades de su aplicación. El debate
está abierto y existen varias ideas de cómo
establecer una ayuda a la multifuncionalidad que conecte la
actividad agraria y el desarrollo rural.
Por un lado, hay países que opinan que las ayudas estructurales
no deben de responder sólo a criterios productivos,
sino que deben hacerlo también a otros no económicos.
En este sentido plantean que la multifuncionalidad se incorpore
a la mejora de las explotaciones, como es el caso de los contratos
temporales en Francia. Por otro lado, otros Estados Miembros
plantean incorporar aspectos de desarrollo rural en el primer
pilar, reverdeciendo este pilar.
En el momento actual, las ayudas y regulaciones del primer
pilar son globalmente imprescindibles para mantener una adecuada
ordenación de la actividad agraria y para sostener
las rentas de los agricultores correspondientes, aunque puede
haber algunos márgenes sectoriales o para algunas categorías
de productores.
Dicho esto, se estima que los posibles recursos traspasados
del primero al segundo pilar deben de reforzar, en su aplicación,
los criterios de cohesión para conseguir los objetivos
generales de la Política Agraria Común.
No es fácil definirse, concretamente, sobre cuál
sea la estructura de distribución más racional
de recursos entre el primer y el segundo pilar. En las declaraciones
fundacionales del FEOGA se preveía un reparto de dos
tercios, un tercio entre los recursos de mercados y las estructuras
agrarias. El segundo pilar ha ido incrementándose y
actualmente está en cifras del orden del 15% para el
conjunto de la Comunidad.
Entendemos que el ritmo de trasvase adicional de recursos
que hubiera que realizar tendría que estar relacionado
con el desarrollo de las negociaciones en la Organización
Mundial de Comercio y, en todo caso, defendemos la aplicación
de criterios de cohesión, tanto en la asignación
de los recursos, como los ajustes que haya que hacer para
trasvasar recursos del 1º al 2º pilar. Si estos
ajustes se hacen con niveles de cohesión tendrán
el efecto de reforzar la posición comunitaria sobre
la multifuncionalidad de la agricultura.
En cuanto a la modulación, a la tan traída y
llevada modulación, repetidamente he manifestado que
tendría que tener carácter común, ser
aplicada de forma obligatoria y con importes iguales de ajuste
a todos los agricultores de la Comunidad. Y estos recursos
se podrían utilizar para aumentar la cofinanciación
comunitaria de la totalidad de las ayudas al segundo pilar
y reducir el esfuerzo de los estados miembros.
Debemos de actuar con precaución construyendo, a partir
de lo ya consolidado, y sin dar bruscos cambios de timón.
Esta estrategia forma parte de la cultura del método
comunitario de toma de decisiones y de una forma más
segura de lanzar. Apostamos, ciertamente, por reforzar el
segundo pilar, pero sin poner el peligro las ayudas del primer
pilar, que son esenciales también para el mantenimiento
de la población activa agraria.
El desarrollo rural debe de ser una herramienta fundamental
de la Política Agraria Común. Debe de ser un
elemento complementario de la Política Agraria Común
clásica para cumplir los objetivos establecidos en
el Art. 33 del Tratado de la Unión Europea y con el
fin de mejorar la posición de la Unión Europea
en el futuro, en el marco de la Organización Mundial
de Comercio, es necesario desvincular la producción
de las subvenciones agrícolas y, por tanto, reforzar
el papel de las ayudas a la Caja Verde, es decir, reforzar
el segundo pilar de la Política Agraria Común
del desarrollo rural.
Este compromiso del Ministerio de Agricultura se va a reforzar
con la elaboración Libro Blanco del Desarrollo Rural
y con las aportaciones que harán todos ustedes.
No me puedo quedar a la ponencia, pero puedo asegurar que
he pasado un fin de semana delicioso leyéndola, y sé
que a ustedes les puede aportar nuevos conocimientos. Como
todas las aportaciones, que están haciendo a este Libro
Blanco, están teniendo un gran nivel y va a ser muy
complejo reducir el volumen ingente de documentación
que disponemos a la ambición de un Libro Blanco, de
uno que ya va para dos tomos, en el que queremos centrar al
final este ejercicio de análisis de la realidad española
y de proyección de políticas para el futuro.
Muchas gracias a todos los que participen en esta Jornada
y espero que saquemos las conclusiones tan importantes como
las dos Jornadas anteriores.

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