| 17 de octubre
de 2002
Ilmo. Sr. D. Manuel
Lamela
Buenas tardes a todos tras una larga Jornada,
en la que me consta habéis debatido con profundidad
y ardor algunos de los temas que afectan, de manera muy importante,
al futuro del sector agroalimentario español.
Voy a hacer una breve intervención con
motivo de la Clausura de la Jornada sobre “Interlocución
y Vertebración” o “Vertebración
e Interlocución”, más tarde veremos en
qué orden situamos ambos conceptos.
En primer lugar quiero manifestar mi agradeciendo
a todos por vuestra presencia e invitaros a que la misma continúe
durante el resto de las jornadas Libro Blanco de la Agricultura
y del Desarrollo Rural. Quiero resaltar este hecho, porque
no sólo es importante vuestra participación
mediante las aportaciones escritas, sino también mediante
vuestra presencia física y activa. El objetivo del
Libro pasa precisamente por escuchar a los sectores productivos,
agrarios y ganaderos, a sus organizaciones, a la industria
agroalimentaria y a la sociedad civil en su conjunto. Todos
ellos tienen mucho que decir sobre el presente y el futuro
de nuestros sectores productivos.
Desde esa reflexión colectiva queremos
obtener un diagnóstico de la situación actual
y, desde el mismo hacer un planteamiento de futuro con las
medidas, las actuaciones de las políticas activas y
los marcos jurídicos en los que tienen que desarrollarse
esas políticas activas de cara a alcanzar y a lograr
esos grandes y difíciles retos que tienen hoy planteado
nuestro sector agroalimentario.
La vertebración sectorial es una pieza
clave y fundamental del desarrollo del sector agroalimentario.
Abordar su problemática nos lleva necesariamente a
un concepto jurídico, determinado, que es el de la
interprofesión. Nos conduce a hablar de capacidad de
diálogo de todos los que representan a las distintas
partes de los sectores productivos. El constituir foros de
diálogo permanente de carácter sectorial, en
donde confluyan los intereses de todos los sectores productivos,
donde se sea capaz de contraponer opiniones e intereses pero
donde se trabaje bajo un común denominador, a saber,
alcanzar y garantizar la competitividad y la estabilidad de
los mismos.
Es fundamental que las interprofesiones sean
una piedra angular del desarrollo del sector. A lo largo de
los últimos años la vertebración de los
sectores es una asignatura pendiente del sector agroalimentario
español. Pese a los esfuerzos realizados no hemos sabido
copiar de nuestros vecinos más próximos - con
una amplia tradición en la materia - los instrumentos
fundamentales para el desarrollo de los sectores productivos.
En este sentido en España, a mi juicio, no estamos
a la altura de las circunstancias.
En el Libro Blanco creo que se ha de abordar
no sólo el diagnóstico de la situación
actual de la vertebración del sector sino que hay que
establecer qué es lo que tenemos que hacer para que
esa vertebración prospere, para que sea una realidad,
para que esos foros de diálogo permanente de interés
sectorial, existan.
La experiencia de estos últimos años
- mucha de ella vivida en primera persona- ha demostrado que
cuando hemos sido capaces de dialogar, de negociar, de sentarnos
las horas que hayan hecho falta, para analizar, plantear y
buscar soluciones a los problemas, hemos sido capaces de encontrar
puertas y caminos para el consenso.
En la reciente crisis de la encefalopatía
espongiforme bovina, entre otras crisis que no voy a señalar
porque están en la mente de todos, se ha demostrado
que desde el diálogo y la cooperación hemos
conseguido poner un punto de luz para saber hacia donde tenemos
que ir, para identificar los objetivos que tenemos que alcanzar.
Un buen ejemplo a tener en cuenta es el del
seguro agrario, que a lo largo de los últimos 20 años
se ha desarrollado sobre la base de un permanente diálogo,
apoyo e interlocución. Fruto de todo ello es el sistema
de aseguramiento que tenemos en España, mejorable como
todo, pero altamente desarrollado y dispuesto para operar
como modelo a seguir por nuestros vecinos de la Unión
Europea.
El objetivo de la cooperación así
entendido - cooperación sectorial e intersectorial
-, trasciende y supera el concepto que habitualmente tenemos
de cooperación. Por lo general, cuando hablamos de
cooperación solemos pensar en la cooperación
interadministrativa, entre órganos administrativos
con competencias comunes o compartidas en la materia agraria.
El marco del Libro Blanco no sólo nos
ayuda a hacer un diagnóstico certero de la situación
actual, sino que nos invita a pensar en el futuro. El sector
necesita menos historiadores y más personas dedicadas
a pensar en su futuro, conociendo su pasado, pero sin limitarnos
por una evocación nostálgica del mismo. Debemos
de pensar en el futuro con una visión económica
de nuestro sector, pensando en el tejido social que sustenta,
en su tejido productivo, considerándolo como sector
económico. Cualquier solución que demos excluyendo
esta consideración económica, pensando que el
sector agrario es otra cosa, será una solución
que en el mejor de los casos será un parche y estará
abocada al fracaso.
Tenemos que penar qué es lo que tenemos
que hacer todos - Administraciones Públicas, poderes
públicos y los propios protagonistas - para que esto
funcione y funcione bien en el futuro. El futuro ha de plantearse
con generosidad, con criterios de cohesión territorial
y social.
Todo el sector agroalimentario es el resultado
final de una suma de factores que considerados de manera aislada,
difícilmente permitirán conseguir el objetivo
de la Administración del Estado y del Gobierno, que
es la competitividad global de todo el sector en su conjunto.
La Jornada de hoy se refiere a dos temas fundamentales:
la vertebración y la interlocución. Hablar de
vertebración significa hablar de diálogo, de
cooperación, del análisis de los problemas desde
distintos puntos de vista. Significa hacer una apuesta real
por algo que se demanda por todos y para lo que todos tenemos
la obligación de trabajar, que es la estabilidad económica
del sector agroalimentario, su crecimiento ordenado.
En más de una ocasión se puede
pensar y en muchos ámbitos se piensa y se aplica, que
tener un sector vertebrado con interlocutores potentes, es
un mal negocio para las Administraciones. Este planteamiento
es un inmenso error. Es cierto que para la Administración
es más difícil defender determinados planteamientos
cuando se enfrenta a un sector organizado, pero lo que es
igualmente cierto, es que lo que necesita una Administración
es un interlocutor serio, con criterio, capaz de defender
y de negociar los intereses del sector con criterios homogéneos.
De alguna manera hay un interés egoísta en apostar
por la mejor vertebración posible del sector, porque
es la forma más idónea para ordenarse, ser competitivo
y moderno y para las administraciones públicas, es
la mejor forma de trabajar para la consecución de los
objetivos comunes.
Uno de los retos pendientes es el de despejar,
concretar y saber qué modelo queremos para el futuro
de vertebración e interlocución. Es malo que
haya múltiples foros paralelos para discutir los mismos
problemas. Es malo que dependiendo del foro en el que nos
encontremos se digan o se planteen distintas alternativas
o soluciones ante un mismo problema. Todos tenemos algo que
aportar: las administraciones tenemos que coordinarnos para
alcanzar un criterio común frente a los problemas existentes,
las organizaciones agrarias, las organizaciones sectoriales,
las asociaciones, en definitiva, los que forman el sector
tienen que hacer el mismo esfuerzo para tener posiciones y
criterios comunes, con independencia del foro en el que se
sienten.
No solamente hay que trabajar en la vertebración
sino en la clarificación de los foros de interlocución.
Este es otro esfuerzo y otro reto pendiente, que tendrá
que analizarse e incluirse en el contenido del Libro y que
nos tiene que llevar a planteamientos y a marcos concretos
de futuro de interlocución.
Desde esta perspectiva es importante unir la
interlocución a otro concepto, el de la representatividad.
Cuando una Administración se sienta a hablar con alguien
tiene que saber con quién está hablando, saber
por qué se sienta cada uno en cada sitio y a quién
representa en cada momento. Sin esta base, – aunque
parezca una obviedad – cualquier solución que
alcance un foro determinado corre el riesgo de quedar descalificada
el mismo día o 24 horas más tarde, bien porque
los que no habiéndose sentado resulten ser interlocutores
válidos o bien por los que creyéndose interlocutores
válidos o con la representatividad suficiente, resultaran
no serlo en ese foro.
La representatividad tiene que ser clara, debe
alcanzarse con criterios de absoluta transparencia, con criterios
de clara vinculación al sector o sectores productivos
del que se forma parte y cuyos intereses se defienden y ha
de ser alcanzada con criterios, estructuras y procedimientos
democráticos.
Y esto nos lleva, a tres reflexiones importantes.
La estructura de representatividad que hoy tenemos, ¿es
correcta? Esta sería la primera reflexión sobre
la que el foro del Libro Blanco deberá trabajar y sacar
sus conclusiones. La segunda de las reflexiones es, si además
de correcta, la estructura actual es operativa. Y, en tercer
lugar, si es necesario apostar por un sistema de modernización
de esa representatividad.
El marco de interlocución, no puede
establecerse al margen o en contra del sector porque estaría
abocado al fracaso. Tiene que hacerse desde un consenso básico
y amplio que permita encontrar un marco y una estructura jurídica
que garantice esos principios reales a los que antes he aludido,
en interés de la propia legitimidad del sector, de
sus representantes y de una mejor defensa de los intereses
del sector.
Desde esa perspectiva, sé que a lo largo
de la Jornada se ha planteado otro elemento importante vinculado
a la interlocución, a saber, de la suficiencia de estructura
organizativa de las propias organizaciones, y perdón
por la redundancia. Suficiencia que se traduce en su capacidad
para actuar dentro de un marco jurídico, para relacionarse
con las Administraciones, para su financiación.
Este es otro elemento que tendremos que analizar
en el ámbito del Libro y que se encuentra condicionado
por una serie de premisas. Premisas vinculadas a la transparencia,
a la objetividad, a los criterios que se utilicen en cada
momento para esa financiación, a la exclusión
de nadie que pueda tener derecho en función de esa
representatividad.
Son muchas las cosas que se plantean en el
día de hoy. Quizás muchas y muy apretadas para
ser vistas en tan sólo una Jornada, pero quiero decir
que los trabajos realizados no son el principio y el fin de
un capítulo del Libro Blanco, son el principio de los
trabajos de un capítulo del Libro Blanco.
Hoy es buen día para continuar trabajando
en la línea y en las directrices que habéis
ido planteando para profundizar en todos y cada uno de los
problemas que aquí se han ido viendo y en todas y cada
una de las cuestiones que aquí se han ido planteando.
Cuando escribamos este capítulo se tiene que ver reflejada
la realidad de todo el sector y sus aspiraciones legítimas,
junto a los planteamientos también legítimos
de las Administraciones Públicas en relación
con estos dos elementos fundamentales.
Creo que sin la presencia en una misma mesa
de todos y cada uno de los componentes de los subsectores,
es difícil atender a los problemas que se plantean.
Los subsectores productivos del sector agroalimentario español
tienen siempre algún problema en alguno de los segmentos
de su cadena, por lo que sus protagonistas tienen el derecho
y la obligación de sentarse a analizar y resolver las
dificultades que se plantean. Si no lo hacemos así
resolveremos mal los problemas. Si sesgamos el tratamiento
de los problemas hacia una de las partes y creemos que así
solventamos las dificultades lo único que hacemos es
trasladarlos al futuro y antes o después resurgirán
y, probablemente, agravados. Así lo demuestra, de manera
tozuda, la experiencia.
Cuando elegimos entre centenares de posibilidades,
el eslogan del Libro Blanco, lo hicimos apostando por uno
que refleja el pensamiento del Gobierno y del Ministerio de
Agricultura: "La agricultura de España es un compromiso
de todos". Es el futuro de todos y por ello todos tenemos
la obligación de trabajar dentro de nuestras responsabilidades
y en función de nuestros intereses, pero todos apostando
globalmente por el futuro del sector agroalimentario español.
Termino esta intervención como comenzaba,
en primer lugar, agradeciendo a todos vuestra presencia, vuestro
trabajo, vuestra colaboración y vuestras aportaciones.
En segundo lugar, deseando que las mismas se intensifiquen
en los próximos meses hasta la conclusión del
Libro Blanco. En tercer lugar, reiterando que en el Ministerio
estamos a vuestra disposición para seguir trabajando
en este ámbito, que es parte del futuro de nuestro
sector.
Muchas gracias a todos y declaro clausurada
esta Jornada del Libro Blanco sobre “Vertebración
de Sectores e Interlocución”.
Muchas gracias.

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