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Ponencias

INTERLOCUCIÓN
SOCIAL EN LA AGRICULTURA ESPAÑOLA
Eduardo Moyano Estrada
Instituto de Estudios Sociales Avanzados de Andalucía
(IESA). Córdoba
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
2. EL SINDICALISMO AGRARIO, COMO
FORMA DE ACCION COLECTIVA
Desde el punto de vista sociológico,
el entramado asociativo existente en la sociedad civil puede
analizarse como el resultado de procesos institucionalizados
de acción colectiva en los que los individuos o grupos
implicados formalizan sus relaciones enmarcándolas
en un sistema de reglas internas de funcionamiento (estatutos,
reglamentos,...). En este sentido, las asociaciones que surgen
de dichos procesos pueden ser concebidas como instituciones,
en cuyo seno los individuos definen sus sistemas de preferencias
y eligen las opciones de acción que consideran más
convenientes para obtener las metas que se proponen. Las asociaciones
desarrollan sus acciones tanto hacia dentro -orientando las
preferencias de sus miembros, prestándoles servicios,
transmitiéndoles información, dotándolos
de certidumbre, creando un sistema de valores compartido y
agregando intereses individuales-, como hacia fuera -hacia
el entorno exterior, formado por las instituciones con las
que se relacionan-, convirtiéndose en actores colectivos
.
Distintas lógicas de acción
colectiva
En la práctica, este proceso de acción
social colectiva se expresa a través de una gran diversidad
de formas y modelos de organización, con diferente
grado de formalización. Si nos centramos en la agricultura
y el mundo rural, basta con observar la realidad asociativa
existente para tomar conciencia de su diversidad. Cooperativas,
consorcios, sindicatos, organizaciones profesionales, asociaciones
sectoriales o por productos, sociedades agrarias de transformación,
comunidades de regantes, federaciones y uniones de cooperativas,
organizaciones de productores, agrupaciones de montaña,
asociaciones de defensa sanitaria, cámaras agrarias,
mutuas rurales de seguros y un largo etcétera, constituyen
una muestra ilustrativa de esta gran diversidad.
Observándola con algo más de
detenimiento, podemos concluir que cada una de esas formas
asociativas tiene definidas áreas o dominios específicos
de acción colectiva en donde desarrollan de modo preferente
sus acciones, respondiendo a lógicas diferentes. Responden,
en efecto, a distintas lógicas de acción colectiva
los procesos que se desarrollan en el seno de asociaciones
del tipo de las cooperativas, por ejemplo, en comparación
con los que tienen lugar en sindicatos o en cualquier tipo
de asociación de naturaleza reivindicativa.
Puede afirmarse, no obstante, y a pesar de
la creencia, ya tópica por tan usada, del individualismo
crónico de los agricultores, que, en el sector agrario,
se da una alta densidad asociativa, densidad que no es la
antesala del desorden y la dispersión, sino todo lo
contrario. En el sector agrario se da un asociacionismo bastante
bien articulado, cuya estructuración interna responde
a una cierta especialización funcional entre las asociaciones
existentes. Si bien no es oportuno detenernos aquí
a analizar este proceso de especialización funcional
, intentaremos poner orden en dicha diversidad clasificando
las formas asociativas en grandes categorías. Utilizando
un enfoque weberiano de tipos ideales, pueden distinguirse
dos grandes tipos de asociacionismo, a saber: el reivindicativo
(o sindical), y el no reivindicativo . Ambos son analizados
como los extremos de un continuum en donde pueden situarse,
a efectos de análisis, las formas concretas de asociacionismo
que existen en la realidad.
Centrándonos en el asociacionismo de
naturaleza reivindicativa o sindical, que es donde se incluirían
las organizaciones que defienden y representan intereses,
ya sean generales o sectoriales, podemos definirlo por tres
rasgos fundamentales . En primer lugar, por la naturaleza
"integral" de su finalidad. Ello significa que estas
asociaciones defienden y representan todos los intereses de
su base social -ya sea una base formada por agricultores en
su condición de titulares de explotaciones agrarias
(caso de las organizaciones profesionales), por agricultores
especializados en una determinada rama productiva (caso de
las organizaciones sectoriales) o por cooperativas (caso de
sus federaciones) . Es decir, defienden una lista permanentemente
abierta de intereses y no una lista centrada en un conjunto
específico de los mismos, como ocurre con las asociaciones
de carácter no reivindicativo, del tipo de las cooperativas
de comercialización de productos agrarios, de las SAT
(sociedades agrarias de transformación) o de las APAs
(agrupaciones de productores agrarios), cuyos intereses a
defender y su ámbito de actuación son los que
específicamente aparecen definidos en sus estatutos.
En segundo lugar, por la naturaleza "universalista"
de su actividad, según la cual dirigen sus acciones
a un colectivo de referencia que es más amplio que
su propia base de afiliados. En consecuencia, los resultados
de sus acciones afectan no sólo al colectivo de afiliados,
sino también al formado por los que no lo están.
Por ejemplo, las acciones emprendidas por una organización
profesional en pro de la defensa y representación de
los intereses generales de los agricultores, tienen efectos
tanto entre sus afiliados, como entre los que no lo son. Lo
mismo puede decirse de una organización sectorial que
dirija sus acciones a la defensa y representación de
los intereses de un determinado tipo de productores (por ejemplo,
remolacheros o productores de tabaco) o de una federación
que agrupe a las cooperativas agrarias de una determinada
rama de actividad. Desde un punto de vista sociológico,
serían organizaciones que ofertan "bienes públicos"
-en tanto que la defensa y representación de intereses
es un bien de cuyo disfrute no pueden excluir a los que no
están afiliados-, respondiendo a las características
estudiadas por Mancur Olson en su ya clásico trabajo
The Logic of Collective Action (1965).
En tercer lugar, por la naturaleza "ideológica"
de su discurso, al haber siempre, de un modo más o
menos explícito, en este tipo de organizaciones, una
forma de interpretar los problemas e intereses de su base
social de referencia, guiando sus estrategias y preferencias
colectivas. En este sentido, las asociaciones de naturaleza
sindical agregan los intereses de sus miembros, definiendo
a partir de tal agregación un sistema de valores compartido,
que es el eje central de sus acciones. Otra cuestión,
que no será objeto de análisis en este trabajo,
es el hecho de si tales ideologías están integradas
en ideologías más amplias, es decir, en cosmovisiones
del mundo, o por el contrario se ciñen al ámbito
específico de la agricultura .
De esos tres rasgos, pueden deducirse algunas
de las características que acompañan la práctica
de las organizaciones de naturaleza sindical a la hora de
emprender la acción colectiva. Unas, procedentes de
la que hemos llamado naturaleza universalista de su actividad
y del hecho de ofertar bienes públicos, muestran la
escasa capacidad de estas asociaciones para hacer que su base
social de referencia coopere en pos de un proyecto común,
dando lugar a lo que los estudiosos de la acción colectiva
han denominado el "problema del gorrón" (free-rider):
si se puede disfrutar del bien público sin tener que
esforzarse por contribuir a su logro -es decir, sin afiliarse-,
un sujeto racional no se verá motivado a cooperar en
el proyecto colectivo (dilemas de la acción colectiva)
. Este problema se manifesta de forma elocuente en el bajo
nivel de afiliación que suele darse en las asociaciones
de tipo sindical, problema al que intentan hacer frente ofertando
incentivos selectivos en beneficio exclusivo de los afiliados.
El énfasis puesto en la oferta de incentivos selectivos
hace que muchas organizaciones de tipo sindical acaben concentrando
sus esfuerzos y recursos en el desarrollo de actividades de
prestación de servicios (seguros, gestión fiscal,
adquisición de inputs, etc), bien a través de
sus propias estructuras organizativas o bien a través
de filiales o sociedades interpuestas, lo que, en algunos
casos, conduce a una desnaturalización de los objetivos
esenciales de sus proyectos sindicales. En todo caso, sus
dificultades para autofinanciarse las lleva a establecer relaciones
de dependencia con el entorno exterior, ya sea con el Estado
para obtener financiación pública a través
del reconocimiento institucional como interlocutores o bien
buscando el apoyo de otros grupos de intereses con los que
se alían.
Otras características del sindicalismo
agrario, deducidas del análisis teórico anterior,
inciden, por el contrario, de forma positiva en el desarrollo
de sus acciones colectivas. Así, la naturaleza integral
del fin que persiguen -incorporando en sus programas reivindicativos
la totalidad de los intereses y problemas que afectan a los
agricultores- convierte a los sindicatos agrarios en unas
organizaciones mejor capacitadas que otras para asimilar los
cambios que se producen en su base social, y con mayor capacidad
para definir, de acuerdo con tales cambios, las áreas
en donde desarrollar sus acciones en defensa de tales intereses
.
Centrándonos en este último aspecto
y continuando con el análisis teórico, diremos
que las áreas de acción colectiva del sindicalismo
agrario pueden dividirse en dos grandes categorías,
a saber: el área de las instituciones públicas
(del Estado y de las instituciones y organismos encargados
de formular y gestionar la política agraria), y el
área de las instituciones de la sociedad civil.
En el primer área, la acción
del sindicalismo agrario consiste principalmente en ejercer
influencia, bien directa o indirectamente, en los centros
de decisión relacionados con la política agraria,
ya sea a través de estrategias de confrontación
o concertación con el poder público, o bien
de ambas a la vez . Esta estrategia de incidir en el área
de las instituciones públicas ha venido guiada por
una doble convicción de los dirigentes sindicales.
De un lado, por la convicción de que el contenido de
la política agraria se determina en instituciones públicas
relativamente accesibles a la influencia directa o indirecta
de las organizaciones de naturaleza sindical; y de otro, por
el convencimiento de que tales instituciones gozan de suficientes
grados de libertad y autonomía como para merecer la
pena invertir recursos organizativos y participar en ellas.
Por su parte, la acción del sindicalismo
agrario en el segundo área (el de las instituciones
de la sociedad civil) ha tenido diversas expresiones. Por
un lado, ha consistido en actuar como grupos de intermediación
social en las relaciones de los agricultores con otros grupos
de interés (industriales en los acuerdos interprofesionales,
movimiento obrero organizado en la negociación colectiva,...).
Por otro, se ha manifestado en su actuación, principalmente
en el caso de las OPAs, como actores intermedios para la aplicación
de determinadas políticas estatales necesitadas de
la cooperación de la sociedad civil, como por ejemplo
las políticas socioestructurales .
Asimismo, tales asociaciones de tipo sindical
han actuado como importantes centros de formación,
dentro o fuera del sistema público de formación
profesional, ejerciendo también una importante labor
como promotores de otras formas de asociacionismo, particularmente
del movimiento cooperativo. No puede olvidarse tampoco el
papel que las OPAs juegan como lugares privilegiados de referencia
ideológica para los agricultores, una labor que no
sólo se desarrolla en el terreno de lo simbólico,
sino en el terreno más práctico de la autoprotección
ante determinadas situaciones que amenazan los intereses de
sus afiliados, dotándolos de certidumbre.
Discursos, estrategias y modelos organizativos
Enfatizar uno u otro área de la acción
colectiva por parte de una organización de tipo sindical
significa definir una estrategia determinada para la defensa
de los intereses de sus miembros y dotarse de las estructuras
organizativas más adecuadas para ese menester. Por
ello, no puede juzgarse el modelo organizativo del que se
dota una organización sindical para el desarrollo de
su acción colectiva (modelo sectorial versus multisectorial;
centralizado versus descentralizado; autónomo versus
articulado a otras estructuras organizativas), sin antes ponerlo
en relación con la estrategia definida. No cabe hablar,
pues, de que un modelo centralizado, por ejemplo, sea más
apropiado que otro descentralizado, o que uno sectorial sea
mejor que otro multisectorial, a menos que tales juicios estén
referidos al tipo de estrategia elegida por cada organización
para desarrollar la acción colectiva que entiendan
como la más adecuada para el logro de sus objetivos.
Lo prioritario para el análisis será, por tanto,
determinar en cada caso las estrategias de acción colectiva
utilizadas y juzgar posteriormente, a la luz de tales estrategias,
la idoneidad de los modelos organizativos adoptados para desarrollarlas.
Lo esencial, por tanto, será analizar las estrategias
de acción colectiva utilizadas por cada organización
de naturaleza sindical, determinando qué factores inciden
en la elección de las mismas, aspecto éste del
que nos ocuparemos a continuación.
En primer lugar, hay que destacar la importancia
que tiene en dicha elección el discurso ideológico
de cada organización, enfatizando uno u otro tipo de
estrategia de acuerdo con sus particulares concepciones sobre
la mejor forma de defender los intereses de los agricultores.
En este sentido pueden encontrarse organizaciones que han
hecho de la estrategia de confrontación con el poder
público su principal seña de identidad, junto
a otras caracterizadas por haber optado claramente por la
concertación y el diálogo. Asimismo, pueden
encontrarse organizaciones que han centrado sus esfuerzos
en el ámbito de la sociedad civil, y particularmente
en el terreno de la formación, de la animación
sociocultural o de la promoción de otras formas asociativas
complementarias a las sindicales. Discursos y estrategias
de acción colectiva aparecen, no obstante, estrechamente
relacionados con la naturaleza del colectivo de referencia
definido por cada organización, no siendo iguales en
el caso de una organización cuya base de referencia
está formada, por ejemplo, por agricultores empresarios,
cuyos intereses se sitúan preferentemente en aquellas
áreas de las que depende la rentabilidad de sus explotaciones,
que en otra donde dicha base social está formada por
pequeños agricultores, cuyas preocupaciones pasan también
por la mejora de las condiciones de vida en el medio rural
o por las oportunidades de acceso a los recursos que ofrecen
las políticas sociales.
En segundo lugar, la elección de la
estrategia de acción colectiva por parte de las organizaciones
profesionales depende del modo como los poderes públicos
les otorguen el reconocimiento como interlocutores para poder
participar en las instituciones relacionadas con la política
agraria . Los criterios para medir la representatividad y
la distribución del status de interlocutor pueden hacer
que una organización no reconocida como tal se vea
abocada a la periferia del marco institucional y opte por
una estrategia de acción colectiva más centrada
en otras áreas o dominios A la inversa ocurre con aquellas
organizaciones que sí son reconocidas por el poder
público como interlocutores, y que por ello se involucran
directamente en los procesos de elaboración y aplicación
de la política agraria, dotándose de las estructuras
organizativas que consideren más idóneas para
ese menester.
En tercer lugar, y estrechamente relacionado con lo anterior,
hay que señalar que para que el reconocimiento como
interlocutores tenga un efecto directo sobre las estrategias
de acción colectiva de las organizaciones, tal reconocimiento
debe ir acompañado de cauces reales de participación
en las instituciones y del convencimiento de que dicha participación
puede ser eficaz para la defensa de los intereses de su base
social. En caso contrario, las organizaciones agrarias, aun
siendo reconocidas como interlocutores, optarán por
estrategias de confrontación y por enfatizar otros
dominios de la acción colectiva como lugares preferentes
de actuación.
En cuarto lugar, por último, cabe señalar
la importancia que tiene en este proceso de elección
de las estrategias de acción colectiva por parte del
sindicalismo agrario el propio contexto institucional en el
que se formula y aplica la política agraria, tanto
desde el punto de vista territorial (si es un contexto regional,
nacional o supranacional), como sectorial (mercados, estructuras,
desarrollo rural). Dicho contexto puede hacer, en efecto,
que una organización profesional agraria opte por una
estrategia de participación en instituciones de tipo
regional, por ejemplo, y dotarse, en consecuencia, de un modelo
organizativo más descentralizado. Al mismo tiempo,
la participación de una organización de este
tipo en instituciones supranacionales, como las que existen
en la Unión Europea (comités consultivos, COPA
y COGECA), le obliga a optar por modelos más centralizados
en una cúpula dirigente y a emprender acciones coordinadas
con otras organizaciones afines. En la práctica, a
las organizaciones agrarias europeas se les plantea la necesidad
de equilibrar ambas estrategias y responder a ellas con un
modelo organizativo flexible para actuar en los dos niveles
del marco institucional (Lagrave, 1992, para el proceso de
representación general en el COPA, y Pesche, 2000,
para el proceso de representación sectorial).
Como conclusión de este apartado teórico,
podríamos señalar que no puede juzgarse un modelo
organizativo como más apropiado que otro para desarrollar
eficazmente la acción colectiva, a menos que lo pongamos
en relación con la estrategia definida por cada organización.
Una estrategia que, como hemos indicado, depende, a su vez,
de su discurso ideológico, de la naturaleza de su base
social de referencia, del reconocimiento institucional como
interlocutores y del contexto en que se formula la política
agraria.

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