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Ponencias

INTERLOCUCIÓN
SOCIAL EN LA AGRICULTURA ESPAÑOLA
Eduardo Moyano Estrada
Instituto de Estudios Sociales Avanzados de Andalucía
(IESA). Córdoba
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
4. EFECTOS SOBRE EL SINDICALISMO
AGRARIO
Discursos ideológicos diferenciados
Con independencia de la mayor o menor diversidad
existente en el sindicalismo agrario europeo, puede resultar
interesante analizar si tal diversidad refleja, en sintonía
con el proceso general de diferenciación a que se ha
hecho referencia al comienzo de este artículo, la existencia
de formas diferenciadas de interpretar los problemas de la
agricultura -es decir, ideologías. Por ello, puede
ser útil en este apartado analizar los discursos ideológicos
que pueden observarse en el sindicalismo agrario europeo,
discursos que no tienen por qué coincidir integramente
con determinadas opciones organizativas, sino que pueden estar
presentes, con más o menos importancia, en todas las
organizaciones, si bien con distinto grado de dominancia .
Un problema que surge al definir los discursos
ideológicos se refiere a los criterios de análisis.
Tales criterios deben seleccionar elementos que cumplan dos
condiciones: que sean elementos relevantes del debate sobre
la agricultura y la política agraria, y que marquen
diferencias dentro del sindicalismo entre las organizaciones
profesionales. Son, por tanto, elementos contingentes, sometidos
a constante revisión conforme cambia el contexto en
el que se mueve el sindicalismo agrario. De ahí que
el panorama discursivo cambie a lo largo del tiempo, en periodos
más o menos largos, y en contextos sociales distintos.
El panorama discursivo que aquí se presenta pretende
reflejar el perido de los útlimos diez años
(desde la reforma Mac Sharry hasta la actualidad) y el contexto
de la Unión Europeo, aún a riesgo de simplificar
en exceso la diversidad social y económica que existe
entre sus países y regiones.
Los elementos seleccionados se refieren todos
ellos a las actitudes de los dirigentes sindicales ante los
siguientes temas: la función que desempeña la
agricultura, el status del agricultor, el rol asignado al
Estado y a la política agraria, y las relaciones entre
agricultura y medio ambiente. Son todos ellos elementos relevantes
en el actual debate sobre la agricultura y la política
agraria europeas, que marcan además diferencias dentro
del sindicalismo. Otros elementos -como los cambios en el
mercado de trabajo, con la presencia creciente de inmigrantes,
o los problemas surgidos en la seguridad de los alimentos
o los temas relacionados con la biotecnología- no han
sido seleccionados en nuestro a análisis por considerar
que, salvo en zonas muy concretas, son aún elementos
emergentes cuya presencia en el debate sindical está
en fase de definición y, por ello, no han provocado
todavía efectos diferenciadores entre las organizaciones
profesionales; no obstante, son temas que probablemente tendrán
que ser incluidos en el análisis futuro del panorama
discursivo del sindicalismo agrario europeo .
Con los elementos seleccionados, pueden apreciarse dos grandes
discursos claramente diferenciados : uno, orientado predominantemente
a la producción y el mercado (denominado aquí
"discurso empresarial"); y otro, orientado al trabajo
y el territorio (aquí denominado "discurso neocampesino")
(Cuadro nº 1) . En la órbita de cada uno de esos
dos grandes discursos se podrían encontrar algunas
variaciones, según se ponga el énfasis en uno
u otro de los elementos que los componen, si bien son variaciones
que deberían ser estudiadas para cada realidad empírica.
Así por ejemplo, hay países, como España
y el resto de los países mediterráneos -con
una fuerte tradición estatalista y una menor articulación
del empresariado agrícola en el sistema agroalimentario-,
donde el discurso "empresarial" se ve atemperado
por un menor énfasis en el mercado y mayor en la necesidad
de regular la producción a través de la acción
de los poderes públicos, mientras que en otros, como
Reino Unido, Dinamarca y muchos de los países centroeuropeos
-de una cultura liberal más consolidada y un tejido
empresarial más articulado con el sector agroindustrial-,
dicho discurso se presenta en estado más puro.
Cuadro nº 1:
Discursos dominantes de las organizaciones profesionales agrarias
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ELEMENTOS\DISCURSOS
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Empresarial
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Neo-campesino
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Concepción de la actividad agraria
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Dimensión productiva orientada
al mercado y la filiére.
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Dimensión social (trabajo) y
plurifuncional (producción, mercado y territorio).
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Status del agricultor
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Empresario (con una fuerte componente
profesional y técnica).
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Trabajador de la agricultura y el medio
rural (multifuncional y polivalente).
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Concepción de la explotación
agraria
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La explotación agraria como
empresa en la que hay rentabilizar el capital invertido
(su viabilidad se mide en términos económicos,
guiada por una lógica de mercado).
|
La explotación agraria como
lugar e instrumento de trabajo: su viabilidad se mide
no sólo en términos económicos,
sino sociales (por su contribución al interés
general).
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Papel asignado al Estado
|
Mínima intervención estatal
(garantizar la estabilidad de los mercados).
Crear condiciones para que el propio
sector se autorregule e integre en el sistema económico
a través de estructuras interprofesionales.
|
Máxima intervención estatal
(garantizar rentas agrarias y corregir desigualdades).
El Estado debe velar por el equilibrio
territorial, regulando las dinámicas del mercado.
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Función de la política
agraria
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Carácter subsidiario (acudir
allí donde el propio sector no pueda regularse
con sus propios medios).
Naturaleza productiva (en su doble
dimensión de política de mercados y política
de estructuras), guiada por una lógica de mercado.
Carácter compensatorio de las
ayudas públicas (rechazo de la modulación).
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Carácter central de la política
agraria en la regulación del sector.
Naturaleza integral (productiva y no
productiva) en el marco de políticas de desarrollo
rural guiadas por una lógica de equilibrio territorial.
Debe estar guiada por criterios de
equidad (apoyo a la modulación de las ayudas
públicas).
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Relaciones entre agricultura y medio
ambiente
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Ocupan un lugar secundario en su discurso.
El medio ambiente como recurso productivo
(capitalismo verde).
Relaciones basadas en la sustentablidad
económica.
Apoyo a la política agroambiental
como complemento de rentas.
La agricultura ecológica como
nicho de mercado, y la agricultura integrada como una
mayor racionalización de los insumos.
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Ocupan un lugar central en su discurso.
El medio ambiente como elemento del
equilibrio territorial.
Relaciones basadas en la sustentabilidad
social.
Apoyo a la política agroambiental
como una nueva fuente de legitimidad social del agricultor.
La agricultura ecológica como
una forma de evitar la exclusión social y económica
de los pequeños agricultores.
|
Asimismo, en lo que se refiere al discurso
"neocampesino", hay países, como España,
Italia o Portugal -donde existe en algunas regiones una fuerte
presencia de la pequeña agricultura de tipo familiar
y el trabajo a tiempo parcial-, en los que el discurso "neocampesino"
enfatiza más la dimensión laboral de la actividad
agraria que la territorial o ambiental, mientras que en otros,
como Países Bajos, Dinamarca o Francia -en los que
la agricultura familiar ha alcanzado altas cotas de modernización
y se viene reorientando hacia modelos guiados cada vez más
por el principio del desarrollo agrícola sostenible
y la multifuncionalidad-, este discurso da mayor énfasis
a esta segunda dimensión. Por todas estas razones,
el panorama discursivo que a continuación se presenta,
permite ser readaptado a realidades empíricas concretas.
En todo caso, y centrando el análisis
general en estos dos grandes discursos, puede decirse que
el "empresarial" ha sido, con algunas variaciones
según países, dominante durante el periodo de
la modernización productivista de las décadas
60 y 70, en sintonía con las grandes directrices de
la PAC. Por el contrario, el "neo-campesino" ha
sido una especie de discurso de resistencia de los grupos
amenazados con la exclusión.
Discurso orientado al mercado y la
producción (empresarial)
Tal como he señalado en diversos trabajos,
en este discurso se unifica a los agricultores a través
del concepto de explotación "moderna y viable"
-familiar o no familiar-, entendida como empresa cuyo titular
ha de buscar la rentabilidad al capital invertido en ella.
Para este discurso, la agricultura ha de continuar jugando
un papel funcional en términos productivos para el
sistema económico, aceptando, no obstante, una intervención
mínima y subsidiaria del Estado cuando el propio sector
no pueda autorregularse. El discurso "empresarial"
entiende que, cuando actúa el Estado, debe hacerlo
con políticas destinadas a regular un sector de actividad
productiva, y acepta inluso que se modifiquen los tradicionales
mecanismos de regulación, pero siempre que los criterios
utilizados para dicha modificación sean coherentes
con una lógica productiva, sin que aparezcan mezclados
de forma espuria con criterios sociales, medioambientales
o de otro tipo.
En lo que se refiere al status del agricultor,
enfatiza la componente empresarial de la actividad que desarrolla,
si bien, a diferencia del resto del empresariado, la acompaña
con una dimensión profesional cuyo contorno es definido
en términos de eficiencia en la gestión de la
explotación de la que es titular (empresa agraria)
y en términos de la formación (sobre todo, agronómica
y económica) necesaria para ese cometido.
El discurso "empresarial" no se opone,
sin embargo, al papel plurifuncional que se le viene asignando
al mundo rural, ni rechaza los programas destinados a complementar
la actividad agraria con otras actividades no productivas,
como las artesanales, agroturísticas o forestales.
Pero lo que no acepta es que estas nuevas políticas
detraigan recursos de los programas de modernización
que, en su opinión, necesita el sector, si bien considera
que deben ser programas en sintonía con los actuales
paradigmas de la modernización reflexiva. Con lo que
no está de acuerdo, por tanto, es con que el apoyo
a las políticas de desarrollo rural se haga en detrimento
de los programas de modernización, y con que la reducción
del proteccionismo vía precios se pretenda compensar
con ayudas directas desligadas de la producción. Con
esta filosofía, opina el discurso "empresarial",
la agricultura europea perdería competitividad y se
reduciría la actividad en el sector agrario, teniendo
efectos negativos en todos los sectores con actividades ligadas
a la agricultura (industrias productoras de insumos, empresas
de servicios, etc). Esto puede explicar en alguna medida la
oposición que, en términos ideológicos,
han mostrado algunas organizaciones cercanas al discurso empresarial
-como ASAJA, en España, FNSEA, en Francia, Confagricoltura,
en Italia, CAP, en Portugal, DBV, en Alemania, o NFU, en el
Reino Unido-, respecto a los planteamientos implícitos
en la reforma de la Política Agraria Común abordada
en el marco de la Agenda 2000. Estas organizaciones se han
mostrado, por ejemplo, contrarias con la financiación
del nuevo reglamento de desarrollo rural con recursos procedentes
del Feoga-Garantía, pues, en su opinión, eso
supone detraer recursos para la regulación de los mercados.
Asimismo, se han mostrado críticas con la posibilidad
de que los gobiernos nacionales introduzcan criterios de modulación
en la distribución de las ayudas de la PAC, por entender
que dichas ayudas tienen naturaleza compensatoria.
En lo que se refiere a las relaciones
entre agricultura y medio ambiente, el discurso "empresarial"
las coloca en un lugar secundario dentro de sus preocupaciones,
que vienen marcadas, como se ha señalado, por la competitividad
en los mercados y por su orientación hacia la filiére.
Tales relaciones entre agricultura y medio ambiente se plantean
en términos de sustentabilidad económica, al
percibirse que el deterioro de los recursos naturales puede
amenazar la disponibilidad del medio ambiente como factor
de producción para su uso agrícola -haciendo
suyo el denominado discurso del "capitalismo verde"
(Garrido Fernández, 1999; Garrido Fernández
y Moyano, 2000).
Discurso orientado al trabajo y el territorio (neo-campesino)
Junto al anterior, puede observarse un segundo
discurso ideológico, que podríamos denominar
como "neo-campesino" -también denominado
"neo-rural" en otros trabajos -, basado en una concepción
plural y diversificada del mundo agrícola y rural,
un mundo renovado culturalmente en el que la agricultura de
tipo familiar (un nuevo campesinado abierto a la sociedad
más amplia) debe continuar ocupando un lugar central
como elemento dinamizador. Este discurso rechaza la pretensión
del discurso empresarial de definir en términos homogeneizadores
el sector agrario, y proclama el carácter heterogéneo
del mismo, asumiendo su diversidad social y estructural.
En este sentido, proclama la diferenciación
de los agricultores por razones de tamaño de sus explotaciones,
y sobre esta base construye una filosofía reivindicativa
para los pequeños agricultores familiares, diferenciada
claramente de la de los empresarios agrícolas. No acepta,
en consecuencia, el concepto de explotación "moderna
y viable" como criterio para determinar la composición
del colectivo de agricultores, ya que entiende que las explotaciones
agrarias tienen diferentes significados según las características
sociales y económicas de sus titulares. Así,
mientras que el agricultor-empresario concibe su explotación
como una empresa que hay que rentabilizar de acuerdo con el
capital invertido, para el pequeño agricultor familiar,
dice el discurso "neo-campesino", su explotación
es fundamentalmente un modo de vida y un instrumento de trabajo.
De ahí que este discurso defina el contorno de la profesión
de agricultor tomando como referencia el trabajo polivalente
que realiza y no sólo la componente empresarial de
su actividad. De acuerdo con este planteamiento, las organizaciones
donde está más presente este discurso "neo-campesino"
-como COAG y UPA en España, la CNA en Portugal, la
Confédération Paysanne en Francia o la CIA en
Italia- no aceptan que la viabilidad de las explotaciones
agrarias y, por ende, la definición de un determinado
perfil de agricultor, se determine sobre la base de criterios
de eficiencia productiva y competitividad, ni de formación
agronómica o gerencial, ya que, en su opinión,
la agricultura no juega sólo un papel productivo, sino
también social como actividad fundamental para el mantenimiento
de un tejido articulado en el mundo rural. En esta línea
de pensamiento, este discurso ideológico asume, en
términos positivos, el papel de la agricultura a tiempo
parcial y la pluriactividad como formas socialmente útiles
para la dinamización de determinadas regiones.
Respecto al tema de la modulación, existe
unanimidad en estas organizaciones neo-campesinas sobre no
sólo la conveniencia, sino la necesidad de aplicar
criterios diferenciadores en el reparto de las ayudas públicas.
Para estas organizaciones, la modulación es necesaria
porque ante las restricciones cada vez mayores que se presentan
a la hora de disponer de recursos para regular las distintas
OCMs, las ayudas deben concentrarse en los segmentos de explotaciones
con mayores dificultades para ser competitivas, si se desea
que los pequeños agricultores no abandonen su actividad.
Pero consideran que la modulación es también
conveniente para que la política agraria recupere su
legitimidad ante el conjunto de la sociedad, que ve con perplejidad,
cuando no con indignación, que unos cuantos grandes
agricultores amasen grandes fortunas mediante la recolección
de unas ayudas públicas que, financiadas con cargo
a los contribuyentes, se conceden sin contrapartida alguna
y sin una clara justificación. Criterios como la generación
de empleo, el nivel de renta, la residencia en el medio rural
o la protección ambiental, son algunos de los criterios
que proponen estas organizaciones para aplicar los sistemas
de modulación.
Esta propuesta de diferenciación atraviesa
todo el programa reivindicativo de las organizaciones de ideología
"neo-campesina", ya sea en los programas de ayudas
a la modernización de las explotaciones, en los programas
de reordenación del sector lácteo y de reasignación
del sistema de cuotas, en los criterios para distribuir el
agua de riego en épocas de escasez, en los conflictos
en torno al precio del gasoil o en asuntos relacionados con
la fiscalidad agraria . Respecto al status de las futuras
políticas agrarias, abogan por políticas integrales
de desarrollo rural en las que se incluyan acciones destinadas
al fomento de las actividades agrarias en las explotaciones
de tipo familiar, no con criterios de competitividad, sino
con una lógica de sustentabilidad social para evitar
la exclusión de los pequeños agricultores, ya
que reconocen el papel fundamental que desempeñan en
el dinamismo de las zonas rurales. En este mismo sentido integrador
sitúan a las políticas agroambientales, en las
que ven nuevas oportunidades para complementar las rentas
agrarias valorando sus posibilidades para una nueva integración
de los agricultores en la sociedad y para una nueva legitimidad
de la política agraria.
En definitiva, frente al discurso modernizador,
que fue dominante en la fase de la modernización productiva,
se abre ahora un escenario de pluralidad en el que coexisten
diferentes percepciones del actual proceso de cambio y donde
se debate el nuevo status de la agricultura y sus relaciones
con el territorio y el medio ambiente, así como la
posición que han de ocupar los agricultores.
En ese debate, las OPAs definen sus estrategias
de acción colectiva y se dotan de los modelos organizativos
que consideran más adecuados para defender los intereses
de los grupos a los que representan. Así como al paradigma
de la modernización le acompañaba una especie
de pensamiento único -el de la viabilidad económica
de las explotaciones agrarias- al paradigma de la multifuncionalidad
le acompaña ahora una diversidad de discursos que,
en el terreno sindical, se corresponde con una pluralidad
de organizaciones de tipo sindical legitimadas todas ellas
para ejercer las funciones reivindicativas que les posibilita
el marco democrático de representación donde
actúan.
Efectos sobre las estrategias y los
modelos organizativos
La adopción de un discurso ideológico
por parte de una organización agraria, en coherencia
con la naturaleza de sus respectivas bases sociales, conlleva
la definición de la correspondiente estrategia de acción
colectiva y la opción por un determinado modelo organizativo.
Es un hecho que los cambios en el papel de
la agricultura y en las limitaciones de la política
agraria están comenzando a mostrar también sus
efectos sobre las estrategias de las OPAs, independientemente
de que se identifiquen con uno de los discursos anteriores.
Estos cambios pueden observarse de un modo general en el conjunto
de países de la Unión Europea, si bien con algunas
diferencias por ser distintas las situaciones de partida de
cada país.
Para comprender tales efectos, habría
que comenzar por admitir que la política agraria ha
perdido, en la fase de su formulación al menos, gran
parte de la autonomía que hasta ahora tenía
como política sectorial, de modo que la tendencia actual
es hacia su práctica subordinación a la lógica
de la política económica global, una política
cada vez más determinada por decisiones que se adoptan
en foros supranacionales alejados del ámbito específico
de la agricultura. El énfasis puesto hasta ahora por
las OPAs en el ámbito de las instituciones públicas
-es decir, de influir en las distintas instancias de las administraciones
públicas- se les está descubriendo como una
acción insuficiente, por cuanto que muchos de los factores
que determinan el contenido de la política agraria
proceden cada vez más de áreas de decisión
que escapan a su propia capacidad de influencia. Por ello,
el sindicalismo agrario de cualquier signo comienza a tomar
conciencia de que este ámbito, si bien no debe ser
abandonado, no puede continuar siendo el área exclusiva
en la que concentrar todos sus esfuerzos de acción
colectiva.
Así, en lo que respecta a las organizaciones
identificadas con el discurso "empresarial", aun
sin abandonar su interés por este ámbito político,
enfatizan cada vez más la importancia de desarrollar
sus acciones en el ámbito de las instituciones de la
sociedad civil, potenciando sus propias redes de prestación
de servicios, desarrollando actividades de formación
para facilitar la introducción de nuevas técnicas
productivas en la agricultura e impulsando la incorporación
de los agricultores a las nuevas tecnologías de gestión
empresarial; todo ello, con el objetivo de seguir avanzando
en el proceso de modernización de las explotaciones
agrícolas aunque desde coordenadas distintas de las
que guiaron la modernización de los años sesenta.
Desde un punto de vista organizativo, proponen una mayor integración
con el sector de las industrias agroalimentarias a través
de estructuras de tipo interprofesional dentro de cada filiére
y apuestan por un modelo sectorial para la vertebración
de los intereses , en detrimento de los modelos tradicionales
de carácter territorial (ver de nuevo el cuadro nº1).
Para las organizaciones partícipes del
discurso "neo-campesino", el ámbito de las
instituciones públicas continúa siendo enfatizado
como un área importante de actuación que no
debe ser abandonada, ya que, para ellas, el Estado ha de continuar
jugando un papel equilibrador que compense las desigualdades
propias del mercado. La participación en dicho ámbito
tiene que hacerse, en opinión de estas organizaciones,
a través de modelos de representación general
y no sectorial, ya que tales modelos son los únicos
que garantizan una percepción integral de los problemas
de la agricultura y el mundo rural. Abogan, no obstante, por
ir dando mayor énfasis a las actuaciones en el ámbito
de la sociedad civil, pero con un matiz diferente al de las
organizaciones de tipo empresarial, a saber: proponiendo vías
de diálogo y colaboración con otros grupos sociales
que participan en la utilización del espacio rural
(ecologistas, jóvenes rurales,...), para contribuir
de modo conjunto al diseño de las políticas
de desarrollo rural. Respecto a los temas de formación,
estas organizaciones enfatizan la multifuncionalidad del agricultor
y, a partir de ese principio, proponen un perfil polivalente
en el que se combine la dimensión productiva con otras
más acordes con las nuevas demandas de la sociedad.
En este sentido reclaman una reforma en profundidad de los
actuales programas de formación profesional agraria
para permitir la inclusión de módulos más
diversificados y mejor adaptados a los elementos que componen
el marco de referencia de los agricultores (ver de nuevo el
cuadro nº 1).
No obstante, un rasgo común a todas
las OPAs europeas sin excepción, es la importancia
que le dan al ámbito de la sociedad civil, llevándolas
a adoptar posiciones que van más allá de una
simple cuestión estratégica. En efecto, al cambiar
el orden de prioridad de sus actuaciones se están viendo
obligadas a dotarse de nuevas estructuras organizativas -más
descentralizadas, más arraigadas en los niveles locales
y comarcales-, acordes con el nuevo escenario en que deberán
desarrollar su acción colectiva.
Así, por ejemplo, es frecuente que las
OPAs creen departamentos específicos destinados al
tema del desarrollo rural, para canalizar su participación
en los programas LEADER, o que establezcan secciones especializadas
para los jóvenes o las mujeres o incluso para los agricultores
ya jubilados, respondiendo así a las demandas de estos
colectivos. También está siendo habitual incorporar
el tema agroambiental dentro de las estructuras organizativas
de las OPAs, si bien aquí se observan algunas diferencias
entre las organizaciones según sus discursos ideológicos,
a saber: desde las que optan por una estrategia de asimilación,
creando sus propios departamentos específicos -en concreto
para la agricultura ecológica-, a las que prefieren
una estrategia de cooptación, promoviendo organizaciones
colaterales, pero fuera de su propia estructura sindical (Garrido
Fernández, 1999; Garrido y Moyano, 2000).

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