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Ponencias

INTERLOCUCIÓN SOCIAL EN LA AGRICULTURA ESPAÑOLA

Eduardo Moyano Estrada
Instituto de Estudios Sociales Avanzados de Andalucía (IESA). Córdoba
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)


5. LAS ORGANIZACIONES PROFESIONALES AGRARIAS EN ESPAÑA

Los procesos de articulación de intereses que han tenido lugar en la agricultura de los países fundadores de la Unión Europea se diferencian claramente de los acontecidos en España. Como es conocido, en la agricultura española no ha existido continuidad histórica en el proceso de articulación de intereses. La riqueza asociativa del primer tercio de siglo, con numerosas experiencias sindicales y cooperativas, fue truncada por la imposición, tras la Guerra Civil, en 1940, de un sistema corporativo de articulación obligatoria. Hasta ese momento, el sindicalismo agrario español no desmerecía en nada del resto de las experiencias europeas más cercanas, estando en condiciones de haber abordado, en otras circunstancias políticas, procesos de desarrollo similares a los experimentados por el resto del sindicalismo europeo tras la Segunda Guerra Mundial.

El largo paréntesis de la Dictadura y la presencia continuada de los organismos corporativos ligados a ella impidieron, sin embargo, que se asentaran en la agricultura española las bases para la consolidación de un movimiento asociativo equiparable al de otros países europeos, bases que en esos países estuvieron fuertemente conectadas con los procesos de modernización agrícola experimentados durante los años cincuenta y sesenta. En dichos procesos se dio una estrecha relación entre los poderes públicos y las organizaciones profesionales, que recibieron, a cambio, reconocimiento institucional e importantes recursos para facilitar su implantación entre los agricultores (Hervieu y Lagrave, 1992; Moyano, 1993a).

En el caso español, por el contrario, la modernización agrícola de los años sesenta no fue el resultado de un proceso interno de concertación social, sino fruto más bien de la confluencia de factores ligados a la coyuntura económica internacional y a los cambios en la composición de la élite política del franquismo, con lo cual no se pudieron alcanzar en la agricultura española niveles similares de articulación social ni experimentar las prácticas de concertación que tanto éxito tuvieron en los demás países europeos. Con la instauración del régimen democrático y el reconocimiento de las libertades de asociación en 1977, el sindicalismo agrario español comenzó una nueva etapa, si bien en condiciones poco favorables para su desarrollo (De la Fuente, 1991).

El actual panorama asociativo

Aun a pesar de este desfavorable contexto, el sindicalismo agrario español ha acabado por consolidar, tras arduos esfuerzos y diversos proyectos de fusión, un panorama asociativo basado principalmente en tres opciones que son reconocidas tanto por los poderes públicos nacionales, como por las instituciones comunitarias de Bruselas. A modo de simple presentación, se expondrán de forma esquemática los rasgos característicos de las tres organizaciones profesionales ya citadas.

ASAJA (Asociación Agraria-Jóvenes Agricultores)

Es una asociación creada como resultado de la fusión de tres organizaciones preexistentes: CNAG, UFADE y CNJA. En la organización confluyen, de un lado, las élites empresariales de la agricultura extensiva de Andalucía, Extremadura y Castilla, aportadas por las bases sociales de CNAG y UFADE, y, de otro, el reformismo modernizador procedente del CNJA, movimiento de jóvenes agricultores con raíces en el catolicismo moderado y promovido, en su día, por grupos ligados a las élites tecnocráticas del franquismo y al Opus Dei. ASAJA articula en la actualidad los intereses de un heterogéneo sector de agricultores, liderado por titulares de grandes y medianas explotaciones modernizadas o con posibilidades de serlo aunque contando también con una base amplia de agricultores de tipo familiar. Desde el punto de vista organizativo,

ASAJA se estructura como una federación de organizaciones profesionales de ámbito regional, habiendo incorporado también en su seno a diversas asociaciones sectoriales, como las de productores de arroz, tabaco o remolacha. El diferente origen cultural e ideológico de sus bases sociales -la gran empresa de origen latifundista, junto a la explotación familiar moderna- hace que se produzcan conflictos en el seno de ASAJA, como el protagonizado en 1992 por un sector de jóvenes agricultores procedente del antiguo CNJA, que llegó incluso a separarse creando una nueva organización, Iniciativas Rurales, hoy integrada en COAG . En cuanto a sus relaciones con el resto del empresariado español, ASAJA mantiene unos lazos especiales con la CEOE, en cuya estructura se integran algunas de sus organizaciones regionales. Esta relación le permite beneficiarse de la importante infraestructura de servicios de esta confederación empresarial y participar, a través de ella, en foros de difícil acceso para las organizaciones agrarias (seguridad social, normativa laboral, fiscalidad, etc).

COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos del Estado español)

Es una coordinadora de organizaciones regionales y provinciales llamadas "uniones", surgidas en el seno de los movimientos de oposición al corporativismo franquista durante la transición democrática, y cuyos principales dirigentes procedían de las filas de la izquierda política, del nacionalismo catalán o del catolicismo progresista. Concretamente, las más importantes organizaciones de la COAG -como las uniones de Cataluña, Rioja o Aragón- fueron creadas en el marco de los conflictos surgidos, a mediados de los años setenta, con las industrias agroalimentarias en las zonas de agricultura intensiva; conflictos que, bajo el calificativo de "guerras campesinas", sirvieron para que los pequeños agricultores familiares adquirieran un cierto protagonismo e influencia a través de movilizaciones en forma de "tractoradas". En la actualidad, COAG es una organización escasamente centralizada -de hecho es una coordinadora- en cuyo seno las uniones gozan de plena autonomía. Aunque el eje de la explotación familiar agraria actúa como seña de identidad para el conjunto del movimiento, la base social de COAG es, sin embargo, bastante heterogénea, ya que en ella confluyen agricultores familiares con explotaciones modernas, junto a pequeños agricultores con escasas posibilidades de hacer viables sus propias explotaciones. Heterogeneidad que dificulta, en ocasiones, la adopción de un programa reivindicativo común ante la reforma de la política agraria y que inevitablemente es fuente de disputas y conflictos en el nivel interno de la organización.

UPA (Unión de Pequeños Agricultores)

Es una organización asociada a la central sindical UGT, gozando de un estatuto especial como federación de pequeños agricultores y aprovechando la infraestructura de "casas del pueblo" extendida por todo el país. Hasta 1989, la UPA era sólo una sección dentro de la federación ugetista FTT, según el modelo tradicional del sindicato socialista de integrar en una misma federación a los asalariados y a los pequeños agricultores. Desde que adquirió su autonomía como organización profesional, la UPA ha experimentado un proceso de expansión fuera de las zonas tradicionales de influencia ugetista, incorporando, a través de la llamada Plataforma Agraria Progresista, a diversas organizaciones de pequeños agricultores en situaciones de disidencia, más o menos importantes, con las ya citadas organizaciones ASAJA y COAG, como ha ocurrido en la Cuenca del Duero o en Asturias. Dada su estructura centralizada y la cobertura que recibe por parte del sindicato UGT, la UPA ha adquirido un importante protagonismo en el sindicalismo agrario español a pesar de la precariedad de sus bases sociales en muchas zonas. Unas bases que, si bien hasta ahora habían sido bastante homogéneas en torno al eje de la pequeña explotación familiar, están comenzando a hacerse más heterogéneas como consecuencia de la estrategia de expansión adoptada por la dirección de UPA, lo que inevitablemente dinamiza el debate sindical en el seno de la organización.

Discursos, estrategias y modelos organizativos de las OPAs españolas

Estas tres organizaciones de ámbito nacional constituyen hoy los ejes fundamentales en torno a los cuales se articulan, a efectos de representación, los intereses de los agricultores españoles . Tomando como referencia los dos discursos ideológicos antes analizados, y teniendo en cuenta las estrategias y modelos organizativos de las tres OPAs españolas pueden hacerse los siguientes comentarios. ASAJA es una organización que, en el perfil de sus dirigentes, así como en su cultura sindical, se acerca más al discurso "empresarial" -aunque algo más atemperado que en otras organizaciones europeas al enfatizar la necesidad de la función reguladora del Estado-, mientras que en UPA y COAG pueden verse con mayor nitidez los rasgos del discurso "neo-campesino" -sobre todo en lo que se refiere a su dimensión sociolaboral.

Así, en ASAJA puede observarse una dimensión más productiva que social y territorial de la actividad agraria y mayor énfasis en un status profesional del agricultor, definido en términos empresariales; asimismo, puede observarse en ASAJA un cierto recelo sobre las políticas integrales de desarrollo rural, un tratamiento menos entusiasta de las políticas agroambientales, un rechazo de la modulación y una apuesta decidida por la articulación sectorial y la vertebración interprofesional. En COAG y UPA, aunque con algunos matices diferenciadores entre ellas , que exigiría incluso un tratamiento específico que escapa a las posibilidades de este artículo, puede apreciarse un mayor énfasis en la dimensión social de la actividad agraria y en el trabajo directa y personalmente desarrollado por el agricultor en su explotación; en consecuencia, se aprecia mayor firmeza en la apuesta de estas dos organizaciones por las políticas de desarrollo rural, así como una cierta confianza en que las políticas agroambientales y el principio de multifuncionalidad supongan una vía para legitimar socialmente las ayudas públicas a la agricultura siempre que vayan acompañadas de sistemas de modulación.

No obstante, en la práctica sindical, las estrategias adoptadas por las organizaciones agrarias se tienen que ajustar a un contexto de acción determinado, marcado por la presencia de políticas concretas que unas veces afectan a unos grupos y otras a grupos diferentes de una misma organización, lo que hace que, en ocasiones, aparezcan ciertas disonancias entre el discurso oficial y la práctica concreta. Por ejemplo, la heterogeneidad de la base social de ASAJA explica que no siempre se produzca sintonía entre el discurso sindical, de marcado color empresarial, y las estrategias concretas desarrolladas por algunas de sus organizaciones federadas. Disintonías similares pueden apreciarse también entre las uniones de la COAG, dados los profundos procesos de diferenciación que se ha producido dentro de la agricultura familiar .

Respecto al tema de la representatividad, puede decirse que, a tenor de los resultados de las elecciones a Cámaras Agrarias celebradas en los últimos cinco años, varía de unas regiones a otras, no pudiéndose afirmar que una organización sea hegemónica sobre las otras dos a nivel nacional. Así, por ejemplo, mientras ASAJA es mayoritaria en Castilla y León, COAG lo es en Cataluña y Aragón y UPA lo es en Asturias . Este panorama diversificado de organizaciones está, no obstante, en consonancia con el que existe en el resto de los países de la Unión Europea, en donde suele predominar la pluralidad sobre la unidad sindical. En pocos países, por no decir ninguno, podemos encontrar modelos unitarios de articulación de intereses . Lo que predomina en ellos es la coexistencia de distintas opciones, diferenciadas por motivos ideológicos o por tradiciones culturales y religiosas, pero sin que tales diferencias, y en este aspecto sí que no hay sintonía con lo que ocurre en España, sean óbice para coordinar esfuerzos a la hora de abordar algún tipo de reivindicación que afecte de un modo general los intereses de los agricultores.

No obstante, la principal diferencia entre el panorama asociativo de la agricultura española y el del resto de la Unión Europea radica en el hecho de que, en el caso español, las OPAs tienen una menor implantación entre los agricultores y una reducida presencia en la dinámica que se desarrolla en el sector agrario. Si bien la tasa de afiliación no es siempre un buen indicador para medir la presencia social de una organización de tipo sindical, es un hecho que las OPAs españolas tienen unos niveles de afiliación que están muy por debajo de los de sus homónimas europeas, siendo prácticamente insignificantes en algunos sectores . Aunque el bajo nivel de afiliación es algo consustancial con las asociaciones de tipo sindical (ver el apartado teórico), se convierte en un problema en el caso de las organizaciones de pequeños agricultores al no contar por sí solas con recursos económicos suficientes -dada la precariedad de su base social - para desarrollar con eficacia la labor de prestación de servicios que suele ser habitual en otros países. Eso convierte a las OPAs, y muy especialmente a las representativas de la agricultura familiar, en débiles actores, dependientes de las diversas modalidades de ayudas y subvenciones públicas, unas ayudas que, en muchas ocasiones, y debido a su escasa formalización, dependen de los criterios utilizados por las personas que en cada momento ocupan las máximas responsabilidades en la Administración pública. Para evitar el riesgo de clientelismo que ello puede comportar, las OPAs apuestan por un sistema basado en contrapartidas, es decir, que el poder público las remunere por su colaboración en las tareas de formación y gestión administrativa para la puesta en marcha de los distintos tipos de ayudas que cada vez con más frecuencia se aplican en el sector agrario -las de superficie de oleaginosas o cereales, las de trigo duro, las de ovino y caprino, etc.

En definitiva, el bajo nivel de afiliación, la debilidad de sus recursos económicos, la permanente discusión sobre la representatividad y su escasa participación en la dinámica que se desarrolla en las distintas formas asociativas que existen en la agricultura -por ejemplo, en asociaciones sectoriales, cooperativas, comunidades de regantes, etc- hacen que las organizaciones profesionales españolas, a diferencia de sus homónimas europeas, tengan todavía dificultades para ejercer con efectividad el papel de liderazgo que, por su condición de organizaciones de carácter general, les debiera corresponder en el ámbito de la articulación de intereses y en la interlocución social.