Web MAPYA
Web MAPYA



Ponencias

INTERLOCUCIÓN SOCIAL EN LA AGRICULTURA ESPAÑOLA

Eduardo Moyano Estrada
Instituto de Estudios Sociales Avanzados de Andalucía (IESA). Córdoba
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)


6. CONCLUSIONES

El actual proceso de cambios que acontece en las sociedades industriales avanzadas ha modificado el marco de referencia de la agricultura y el mundo rural, reformando los tradicionales sistemas de regulación y generando una crisis de identidad en los agricultores. Dicho proceso supone el final de la etapa de proteccionismo uniforme, que había sido característica de las décadas anteriores, y abre un período en el que la regulación del sector agrario y el mundo rural comienza a abordarse a través de mecanismos diferenciados.

En ese contexto, el sindicalismo agrario está viéndose afectado por importantes factores de diferenciación interna, tanto al nivel de los discursos ideológicos, como de las estrategias de acción colectiva y de los modelos organizativos, de modo que las proclamas en favor de la unidad de los agricultores, típicas del discurso corporativista tradicional, suenan cada vez más a pura retórica. Este proceso de diferenciación que experimenta el sindicalismo agrario en todos los países europeos está en consonancia con la propia heterogeneidad de la estructura social agraria y de la diferente forma en que sus grupos de interés se integran en el conjunto de la sociedad, una vez desaparecidos, o en trance de desaparición, los tradicionales sistemas de protección. El principio de multifuncionalidad se ve acompañado así por la pluralidad sindical en la agricultura, una situación en la que cada organización se siente con el mismo nivel de legitimidad que otras para defender los intereses del grupo social al que representa. La disputa en la época álgida de la modernización productiva entre un discurso dominante (sancionado como el discurso oficial modernizador) y otros de resistencia (condenados a los márgenes de la representación) ha dado paso a una explosión de pluralidad que puede verse como un importante patrimonio de la agricultura y el mundo rural europeo.

El caso español no es una excepción. Existe un sindicalismo agrario plural y diversificado, que, sin embargo, se encuentra todavía lejos de haber consolidado unas estructuras organizativas lo suficientemente implantadas en el conjunto de la sociedad rural española como para jugar el papel de liderazgo que debiera corresponderle. El bajo nivel de afiliación de los agricultores a las OPAs, la debilidad de sus recursos organizativos y su escasa complementariedad con las asociaciones de tipo económico, son algunos de los factores que impiden al sindicalismo agrario español alcanzar la presencia social y el reconocimiento institucional tan característicos en otros países de la Unión Europea. Esta debilidad se refleja inevitablemente a la hora de ejercer influencia en los foros de decisión relacionados con la política agraria -COPA y comités consultivos, principalmente-, en donde la presencia de los intereses agrarios españoles no se corresponde con la importancia económica y social de nuestra agricultura. Tras más de veinte años de libertad sindical, el sindicalismo agrario español está aún pendiente de afianzar su presencia entre los agricultores y de adquirir el respeto y la consideración social e institucional que el esfuerzo realizado por muchos de sus dirigentes merece. Bien es cierto que, para ello, los cuadros directivos de las organizaciones profesionales deben ser receptivas a los cambios que experimenta el debate público sobre la agricultura, renovando sus discursos y estrategias, participando con propuestas constructivas en ese debate y abriendo alianzas con nuevos grupos sociales. Sólo de ese modo ayudarán a definir una nueva legitimidad para la agricultura y la política agraria, y se armarán de argumentos para que la sociedad, a través del Estado, continúe destinando fondos públicos a la regulación de un sector que, adecuadamente reestructurado en sintonía con la ordenación del territorio y el buen aprovechamiento de los recursos naturales, desempeña una función básica, aunque diferente a la de antaño, en la dinamización de las áreas rurales españolas y europeas.